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▪️◾◼️[ Playa ]◼️◾▪️

"Cuando te das cuenta que ser tú puede ser tan peligroso como terminar ahogado."

–Ihhh, el sol es tan fuerte en esta época del año —el castaño movía su mano a modo de utilizarla como abanico, mientras sus compañeros terminaban de colocar la sombrilla.

¿Y como no iba a sentir calor? si llevaba una polera gris que cubría desde su cuello, hasta la punta de sus dedos de las manos, parecía ser demasiado grande para él.

Sus compañeros rodaron los ojos ante el parloteo del más bajo y solo siguieron buscando una forma viable de colocar la sombrilla.

–Mejor trata de ayudarnos Rafael —dijo uno de sus compañeros, claramente molesto, un beta pelinegro para nada llamativo.

–Oh, ¿Así que necesitas la ayuda de un kappa? —usó un tono burlón que sacó de sus casillas al otro chico.

–Tsk, ¿Quién te necesita?

A causa del enojo terminó de colocar la sombrilla, a lo que el otro aplaudió de manera divertida mientras lo felicitaba falsamente.

Cansado de lidiar con él, se alejó de la vista de los demás, el pequeño (en estatura) castaño sonrió en sus adentros al ya no escuchar ni su respiración cerca suyo. Comenzó a buscar con su azulada mirada a su acompañante, mientras permanecía debajo de la sombrilla.

–¡Mateo! —saltó hacia aquel chico de tez morena que le ganaba en altura por una cabeza, un alfa dominante.

–¿Pasa algo?

–Oh no, solo quería verte

Mantenía una sonrisa mientras se abrazaba al cuello del chico de lentes, y con sus piernas se sostenía de su cintura cual koala y desprendía feromonas que demostraban su estado de ánimo.

Mateo al notar esto, sujetó los muslos del pequeño castaño con cuidado para mayor seguridad, notando como este reía ante el cuidado que le proporcionaba.

–¿Entrarás al agua? —dijo con esa voz inexpresiva, mientras olfateaba el cuello de su contrario, tenía un aroma cítrico, pero también a moras, le recordaba a una ensalada de frutas.

–No sé nadar Mateo

Hizo un puchero mientras sentía como era llevado por ese poste hacia donde se empezaba a acumular la gente.

Pudo sentir cómo el pelinegro lo soltaba una vez estaban un poco más allá de la orilla, estaba algo asustado, pero igualmente ya estaban allí, ¿Qué podría salir mal?

–Bájate

–Sí sí —dejo de aferrarse al cuerpo del más alto, y puso los pies en el agua, sacándole un respingo por lo frío que estaba.

–Si te quedas aquí, nada malo te podrá pasar

–Si me quedaba allá —señaló dónde habían estado hace unos momentos—. Igualmente nada malo me podría pasar, y estaría seco.

–Estamos en una playa

–Me vale verga, incluso si estuviéramos en Cancún

–Rafael

Parecían tener un reto de miradas, hasta que finalmente el kappa notó que algunos de los amigos del alfa se acercaban, suspiró.

–Está bien, diviértete

Hizo una señal de aprobación con su mano mientras lo empujaba con la otra. Salió corriendo entre risas al ver al alfa completamente empapado, era una linda vista.

[•••]

«¿Qué había pasado?»

Sintió un empujón algo brusco y pudo ver cómo ese beta se alejaba con un rostro asqueado, antes de caer otra vez al agua.

Comenzó a entrar en pánico al notar que el rebote lo alejó de su lugar seguro, aunque también podría ser culpa de su estado en constante movimiento.

Sintiendo como era arrastrado lejos de la orilla y como se hundía cada vez más en el proceso, su mente se nublaba. Comenzó a moverse de manera frenética para tratar de llamar la atención de alguien cerca, quién sea, incluso ese chico estúpido le serviría en un momento como ese.

–¡AH!

Por un momento pudo salir al exterior, pero no duró más de uno o dos segundos, cuando volvió a sumergirse en el agua y sentía como su corazón latía tan fuertemente tratando de mantenerse vivo.

Dejó de pelear y se quedó completamente quieto, dándose por vencido solo cerró los ojos y dejó escapar el oxígeno que trató de guardar en un intento desesperado.

Vivir no era la gran cosa realmente, morir parece una buena idea, sí.

Toda su vida lo trataron como la mierda por su condición de kappa, él nunca pidió nacer y ser llamado puta a los 5 años en cuanto se presentó su género secundario, inclusive a sus 16 años lo seguían haciendo. Estar en constante movimiento estaba en sus genes, no era algo que realmente pudiera controlar, ¿tan difícil era entender eso? Tal vez sí, estaría mejor muerto.

Sentía como el agua se adueñaba de sus fosas nasales y como entraba por sus oídos, dolía, su vista comenzó a oscurecerse cuando sintió como alguien parecía abrazarlo.

[•••]

Despertó en la orilla, con su cabeza descansando sobre el regazo de Mateo, sintiendo sus feromonas de una manera chocante y su grisácea mirada clavada en él; estaba confundido, lo último que recordaba era estar aceptando que moriría.

–¿Qué mier... —comenzó a toser, le dolía el pecho, sintió las manos del pelinegro en su espalda tratando de ayudarlo a expulsar los restos de agua que quedaban en su sistema, dándose también cuenta de que estaba sin su poleron, prácticamente desnudo de la cintura para arriba.

Luego de un rato en el que intentó calmarse, puso sus ideas en orden y su atención se dirigió a la persona a su lado, quien no dejaba de desprender esas feromonas que tanto le gustaban, le recordaba a las montañas o bosques.

Él negó, y luego con la mirada señaló a un chico, un alfa común, que estaba más alejado de ellos y con la piel levemente bronceada, mientras jugaba vóley con otras personas.

–No puede ser —llevó sus manos a su rostro, queriendo que la tierra lo tragase—. Pensé que me odiaba.

–Yo también —pareció escupir aquello con un tono cargado de vinagre, tenía un sentimiento conflictivo en su interior.

–¡Oh, mi Mateo!

Se abrazó al cuello del de tez caramelo, estaba divertido con la idea de que fuera exactamente esa persona quien le salvó la vida.

Comenzó a repartir caricias por el rostro y cabello del alfa mientras desprendía feromonas para tranquilizarlo, sintiendo como este hundía su rostro en el espacio entre su cuello y hombro, era relajante para ambos.

–¿Cómo te sientes? —susurró contra el cuello del castaño, quien de inmediato recordó que estaba sin polera dejando que la vergüenza tome su rostro.

–¡Mateo! —lo alejó inmediatamente, recibiendo un leve gruñido por parte suya, pero igualmente ignorándolo—. ¿Dónde está mi polera? —vergonzosamente se tapaba su pecho como si fuera una chica en paños menores.

–Secando —se levantó un momento y se dirigió a donde se encontraban sus cosas, sacando una casaca de su mochila y volviendo con el kappa—. Puedes usar esto por mientras.

El de mirada azulada agradeció en voz baja mientras se colocaba aquella prenda, terminando abrazando sus piernas con su vista clavada en la playa, pudo haber muerto.

Ni siquiera se dio cuenta de en qué momento el alfa trajo comida y se sentó a su lado.

–Debes comer

–No tengo hambre

–Entonces voy de vuelta al agua —se levantó de su sitio listo para irse algo enojado, cuando sintió como el pequeño castaño tomaba su muñeca, sintiendo sus temblores pasar al más alto.

Se acercó rápidamente al escuchar un extraño chillido por parte del kappa, sintiendo la total necesidad de reconfortarlo. Lo sentó en sus piernas mientras lo acurrucaba contra su pecho, como acunándolo, susurrándole que todo estaba bien ahora, que él estaba allí.

Pudo sentir cuando el castaño empezó a llorar, asustado de la idea de volver al agua, asustado de que Mateo también vaya al agua. El alfa repartió dulces besos por el rostro y cuello del kappa, desprendiendo sus feromonas y a la vez advirtiendo que nadie se acerque, funcionaba.

–P-perd-ón...

–Está bien, estoy aquí, estás aquí... —repartía suaves caricias por toda la longitud de la espalda de Rafael, notando como éste se acurrucaba más contra él, buscando protección.

"Parece un cachorro" pensó el alfa dominante.

[•••]

Se tomaron lo suyo, pero finalmente el kappa pudo sentirse seguro en los brazos de su alfa, una pareja peculiar de la que no se dejaba de hablar en su instituto.

–Gracias por ayudar a este pobre adolescente —ahora era él el que daba caricias a su contrario, felicitándolo y agradeciéndole su arduo esfuerzo.

–Mn

–Sonará estúpido, pero... —se tomó un momento para pensar lo que iba a decir—. No recuerdo cómo terminé ahí.

Hablaba seriamente, solo recordaba estar en el agua, ahogándose, pero no cómo llegó allí. El alfa desprendió unas feromonas algo agresivas, a lo que el kappa, algo confundido, trato de contrarrestarlo con sus feromonas.

–Alguien te empujó

–Oh

–¿"Oh"? ¿Solo eso tienes por decir?

–Bueno, es que realmente no lo recuerdo

Sonreía despreocupado, manteniendo las caricias en las manos del alfa.

–Pudiste morir —lo separó levemente de él, dejando al kappa algo sorprendido—. Si nadie hubiera visto que ese bastardo te empujó, tú...

–Pero no pasó —tomó las manos del alfa con cariño y besó sus nudillos, desprendiendo sus feromonas para tranquilizarlo—. Estoy vivo, gracias a otro bastardo, pero vivo al fin y al cabo.

El kappa río ante el gruñido del alfa, y siguió riendo durante un rato al sentir como el alfa atacaba su cuello con el afán de hacerle cosquillas, era feliz y eso era lo que importaba en ese momento.

Las personas ajenas a la situación los veían asqueados, ¿Qué hacía un alfa dominante con un kappa? ¿Qué podría salir de esa unión? Los kappa, considerados la escoria de la sociedad y el peor error de la misma, que desastre.

El mismo castaño se cuestionaba eso muy seguido, tenía miedo, ansiedad, y le aterraba sus propios genes, pero ahí estaba, siendo feliz y disfrutando el presente junto a ese alfa al que considera un hogar.

¿Qué importaba que fueran un kappa y un alfa dominante? Rafael amaba a Mateo, y Mateo amaba a Rafael, eso era lo único que necesitaban.

[31/07/21]
2:43 a. m.
Palabras: 1653
Como su humilde servidor, no sé porqué decidí hacerlo Omegaverse, pero a la vez siento que tiene todo el sentido del mundo. No le encuentro ni pies ni cabeza, pero alch me gustó.

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