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07

—¿Un vampiro?

Las mejillas de Seungkwan arden de inmediato cuando Mingyu lee el título garabateado en la pizarra en medio de su sala.

—No es lo que crees —asegura, y esconde la pizarra debajo de uno de los sillones. Hace un puchero cuando el más alto se burla con ternura.

Por petición de Mingyu habían regresado a casa de Seungkwan. El moreno se había excusado diciendo que aún no tenía un kit de primeros auxilios a su disposición en su propia vivienda.

—Definitivamente es lo que creo, ¿verdad?

—En mi defensa... desde que te mudaste has sido algo extraño —admite el de cabellos desteñidos.

—¿Quieres comprobarlo? —juguetea de pronto Mingyu. —Ya sabes, si soy o no un vampiro.

Seungkwan muerde su labio, arrastra al chico hasta la cocina, tratando de ignorar su atrevimiento,y simplemente se deja hacer cuando Mingyu lo sube a las encimeras y lo deja sentado ahí, metiéndose entre sus piernas. El mayor comienza a limpiar alrededor de sus rodillas con todo el cuidado que puede tener.

—¿Estás seguro de que hace un rato hablabas solo? —cuestiona Mingyu una vez más.

Seungkwan enarca una de sus cejas, cansado de contestar lo mismo.

—Ya te lo dije, no recuerdo haber estado hablando con nadie más —asegura y hace una mueca cuando Mingyu pasa el algodón con alcohol sobre los raspones.

—Lamento si te hago mucho daño —se disculpa mientras se incorpora un poco, pasando ahora a darle atención a las rosadas palmas contrarias que también se encuentran heridas.

—Está bien. Gracias. —Seungkwan gira su rostro, ligeramente apenado por la cercanía del contrario. —Desde que llegaste has hecho más por mí de lo que yo he hecho por ti.

Mingyu sube su mirada, una de sus manos pierde el rumbo y termina tomando el mentón de Seungkwan hasta que lo tiene de frente. Es así como encuentra los ojos del peli-azul. Puede escuchar incluso el latido acelerado de Seungkwan y aquello lo hace sonreír.

—Está bien. Ya has hecho suficiente por mi —le dice, y las mejillas del menor enrojecen con violencia.

El rostro de Mingyu está tan cerca del menor, que Seungkwan se sorprende de no encontrar el aliento del chico.

—Mingyu —lo llama entonces.

—Dime, Kwannie.

Seungkwan no puede evitar tragar en seco de manera nerviosa ante el tono de voz tan bajo que usa el moreno, tan cerca de sus labios que los roza y puede incluso saborearlos.

—Tú...

No termina la frase cuando un estruendo interrumpe el tenso momento y la luz cegadora de un rayo se asoma por la ventanas antes de que todo caiga en completa obscuridad.

Seungkwan aleja de inmediato a Mingyu, empujándolo levemente del pecho.

La noche había caído más rápido de lo que había notado, y parecía que una tormenta acaba de unirse a aquel extraño día.

Baja de la encimera de un salto, seguido inmediatamente por el mayor, para encontrar las luces de los postes y de casas cercanas aún encendidas.

—Parece que mi casa es la única que se ha quedado sin electricidad—dice algo molesto, maldiciendo internamente a sus generadores.

Mingyu toma delicadamente su cintura antes de acercarse a su oído.

—Déjame pasar la noche aquí —murmura, y la piel de Seungkwan se eriza —. Iré a casa por un par de velas para tener luz, ¿está bien? —El menor se limita a asentir, creyéndose incapaz de formular una sola oración coherente. —No pongas ni un pie fuera, y no dejes entrar a nadie que no sea yo —pide antes de desaparecer fuera de la cocina.

Cuando pasan unos tres minutos escucha un par de golpecitos en la puerta de madera de la sala.

Seungkwan piensa que Mingyu ha vuelto demasiado rápido, de cualquier manera decide no cuestionarlo y se apresura a abrir sin siquiera molestarse en fijarse antes.

Abre los ojos en demasía cuando a quien encuentra fuera no es quien esperaba.

—¡Hola! —lo saluda aquel extraño con una sonrisa mal formada. —Lo siento mucho, estaba caminando por aquí cuando la tormenta ha soltado y no tengo batería en el celular —explica —, ¿te molesta si espero a que la lluvia pase aquí afuera?

Seungkwan vacila. Jamás ha visto a ese chico en la vida y la curiosidad por saber su nombre lo carcome.

—¿Te conozco?

Él niega, abrazando sus brazos por la fría brisa. —No, mi nombre es Joshua. Estoy pensando en mudarme por aquí.

—Oh, con que es eso. Soy Seungkwan, es un placer —se presenta, con una sonrisa amable y extendiendo su mano hacia el chico castaño.

Joshua no duda en darle un apretón de manos y Seungkwan siente un escalofrío recorrer su espina dorsal.

—Espero que podamos ser vecinos pronto, entonces.

Seungkwan cree que Joshua es agradable, y también piensa que parece un buen chico. Así que, aunque Mingyu le ha pedido que no deje entrar a nadie, le da pena dejar a Joshua esperando bajo el frío de la tormenta.

—Ven, pasa. Te congelaras si te quedas ahí afuera —dice, moviéndose un poco de la puerta para dar paso a Joshua —. Te prepararé un café —asegura cuando el contrario da un paso dentro de su casa —, tendrás que ser paciente porque la electricidad se ha ido y tendré que hacerlo a lo tradicional —explica y se ríe —. Tú sólo espera aquí.

Joshua forma una media sonrisa cuando el contrario lo deja en la sala para dirigirse a la cocina.

Y sus filosos colmillos por fin se asoman.

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