Capítulo II
Apague el reproductor de música desde que abrí la caja y descubrí que estaba llena de sobres con cartas que nunca entregue. Mi habitación se inundó del silencio que albergaba el resto de la casa.
Me encuentro totalmente inexpresiva, sentada en un almohadón a un costado de mi cama, recargada en la mesita de noche, con la caja llena de cartas entre mis piernas y los primeros sobres rasgados a mi lado derecho sobre la alfombra.
Mi vista se cristaliza por todos los refuerzos que hago para recordar y las sensaciones que me provoca el leer aquellas cartas, mis ojos se han inundado tanto que la primer lágrima cae sobre mi mejilla izquierda dejando un rastro de su recorrido, lo mismo sucede en mi mejilla derecha y así una lágrima tras otra comenzan a caer como cataratas en completo silencio.
Es como si cada pedacito de mí que creí haber reparado - sin saber que estaba tan rota-, cada pieza que logré encajar con tanto esfuerzo hoy se han vuelto a quebrar con cada palabra. Por que los sentimientos con los que estas cartas fueron escritas, dolor, miedo, rabia, impotencia, tristeza, han resurgido y los siento a flor de piel, son tan intensos como la primera vez que surgieron.
Cinco sobres han sido rasgados para conocer su contenido. Abro el siguiente y leo en silencio la carta que le he escrito a mi madre y las lágrimas me obstruyen mi visión, haciéndome recordar aquella frase que mi mamá siempre me decía hasta que logro grabarla en mi memoria. "Yo no sé que pecado tan grande cometí, para que Dios me lo hiciera pagar con una hija inútil y buena para nada como tú". La verdad siempre me lo he preguntado, ¿porqué yo nunca fui lo que siempre soñaste que fuera? ¿ O todo cambió a raíz del accidente?, del cual, por cierto no recuerdo que sucedió.
Miro el siguiente sobre que va dirigido a Byron, no tengo ni la más mínima idea de quien es él, pero por alguna extraña razón un escalofríos me recorre el cuerpo y una opresión en mi pecho trata de decirme algo.
Un par de ojos verde aceituna llegan a mi mente, justo en el momento que comienzo a rasgar el sobre con su nombre.
No puedo creer todo lo que estoy leyendo, todo parece tan irreal, poco a poco recuerdos que tengo de él se arremolinan en mi cabeza, desde el día que me cruce por primera vez con ese par de ojos verde aceituna, hasta aquella última vez que lo vi cerca del instituto y me amenazó con que me iba a costar muy caro el error que había cometido.
Y él tenía razón mi único error fue creer en todo lo que él decía, por que el haberlo conocido no lo considero como error, pues sin eso la historia sería completamente diferente; yo más bien lo considero ahora como una experiencia no tan agradable, pero que me dejo aprendizaje.
Es terrible que tu primera experiencia en el amor sea tan desagradable y que en tan poco tiempo se haya encargado de destruirte de una manera sobrehumana. Pero más triste aún enterarte de todo tu sufrimiento por hojas de papel que tu misma escribiste.
Recorro mi habitación con la mirada en su búsqueda y cuando lo encuentro dejo la caja encima de los sobres y me voy gateando hasta mi escritorio, para tomar mi un par de hojas de la impresora, una pluma del portalápices y una tablilla de plástico.
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