Capitulo 4
Cabalgue un rato por la finca, me encontré con rostros familiares agradables y con lugares que evocaban sentimientos en mi poco gratos. Estaba sumido en mis pensamientos cuando una imagen conocida reventó mi ensimismamiento, lo que a simple vista parecía ser un columpio rojo en medio de un prado verde resulto ser mas que eso. En mi niñez solía dejarme mecer por la brisa y el impulso que ofrecían los brazos de mi madre durante largo tiempo, terminando luego con el trasero adolorido y embriagado de felicidad. Cuando me hice un niño mas grande reemplace a mi madre por la compañía de otros niños, entre ellos Natalia Bledel, que al igual que yo veían en aquel columpio la forma mas divertida de volar.
Cuando se es pequeño todo parece grande, un columpio es un cohete, un avión o un águila, una madre es un súper héroe y un niño sigue siendo un niño que es sin duda el estado mas puro de la vida.
Bajando del caballo me acerque al columpio y lo toque buscando entre mis memorias algún recuerdo que no se haya teñido de gris, falle, así como le falle a Natalia, a mi padre, a mi caballo y a mi madre alguna vez, falle en la vida y amargamente me convencía de que también le había fallado a la muerte. Me senté en el columpio sintiendo que desvanecía pero me levante de golpe al escuchar que alguien hablaba a mis espaldas.
—Tomás Monroe ¿qué te trae por aquí, te has acordado de los pobres acaso?
Cuando me volví me encontré con Alex Amudson, un viejo rival de la infancia al cual apreciaba mucho por ser además medio hermano de Natalia.
—Hola Alex —dije extendiéndole la mano pero este la intercambio por un efusivo abrazo— ¡cuanto tiempo hermano!
—El tiempo no se detiene por nadie ¿hace cuanto que estas aquí? —pregunto soltandome.
—Apenas llegue anoche, quise venir a la finca solo para ver como han cambiado las cosas.
—Entonces habrás notado que todo sigue igual —dijo recorriendo el lugar con la mirada.
—Si, solo faltan un par se niños jugando y saltando como locos por doquier.
—Y una dulce señora sirviéndole jugo de naranja con ternura —dijo y ambos hicimos un silencio reflexivo— Oye —continuo algo triste— quisiera...
—Debo irme —le interrumpi evitando una conversación triste.
—Tranquilo, solo quería saber si te gustaría venir a casa más tarde y recordar los viejos tiempos con un amistoso juego de billar, una amistosa partida de pocker o algún juego de vídeo —dijo con voz desafiante y una sonrisa torcida.
—Para patearte el trasero querrás decir —respondí con el mismo tono de voz.
Alex me estaba desafiando y por los viejos tiempos estaba dispuesto a darle una paliza en cualquier juego que aceptara, me sentía aliviado al ver que él no quería darme el pésame o atocigarme con la interminable pregunta de como lo estoy pasando. Al parecer alguien me conocía lo suficiente en el pueblo como para saber que no quería tener ese tipo de conversaciones.
—Te esperó a las 3 en casa ¿sabes el camino o debo mandar una limusina a recogerte? —pregunto Alex en tono burlón.
—Conozco el camino pero si consigues la limusina mandala —respondí y ambos estallamos en risas.
Alex y yo nos despedimos entre risas e intimidaciones, mire mi reloj y viendo que eran las 1 menos 20 minutos me dirigí de vuelta a la casa de mi padre sin saber que haría hasta la hora de nuestro encuentro. Era la clase de persona que siempre tenia un plan, a pesar de que básicamente me la pasaba sin hacer nada todo el tiempo, pero incluso esas horas de ocio interminables en la ciudad estaban planeadas en mi itinerario. No era como: trabajo, procrastinar y cena, mas bien era un plan mental en el que sabia lo que venia sin necesidad de detenerme a escribirlo. En cambio cuando llegaba al que fue mi hogar por casi toda mi vida, en donde el sonido del viento y el canto de los pájaros reemplazaba el ruido de la ciudad, todos mis planes se venían abajo dejándome a la deriva de la imaginación y la improvisación.
El suave galope de Moe me daba el tiempo necesario para pensar pero aun así no se me ocurría nada por lo que decidí dejar todo en manos del cosmos, del destino, del universo o de cualquier otra fuerza a la que un ateo pueda atribuirle los poderes que los creyentes le dan a Dios. Cuando era niño veía en Dios la grandeza, un ser "omnipotente" que era capaz de todo y el responsable de nuestras vidas, era lo bueno, sin embargo cuando comenzaron a pasar las cosas malas en mi vida y conocí la muerte fui perdiendo la fé en él ¿egoísta no? Pues egoísta o no ese es el camino que he decidido tomar y al final cual es la verdad "Dios creo al hombre o los hombres creamos a Dios" . Me extrañe cuando Moe se detuvo pero al ver que habíamos llegado a casa supe que se me había alargado el tiempo pensando.
Al entrar a casa me encontre con mi padre cortándole las ramas secas a los manzanos y cubriéndolos de paja, me imagino que para protegerlos de la crudeza del otoño. Sentí frío y me metí a la casa para resguardarme, le encargue el caballo a mi padre y al sentir que un profundo sueño se apoderaba de mi me recoste a tomar una breve siesta.
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