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Capitulo 3

Natalia Bledel, hija de Jonathan Bledel y Lucia Amudson dueños de la finca que quedaba justo al lado de la de mis padres y socios de los mismos en la fabrica de cerámica "Bledel's & Monroe's" había sido mi inseparable compañera de travesuras hasta la adolescencia, que fue cuando empecé a enamorarme de ella, y mi eterno amor imposible. Ahora se había convertido en una hermosa mujer que podía atrapar la atención de cualquiera.

Mientras la observaba no dejaba de preguntarme ¿cuando se había vestido?

—Natalia estas... —dije y me quede en silencio viendo que se resistía a tomar mi mano.
No entendía porque estaba a la defensiva conmigo si era obvio que me había reconocido. Ignorando mi mano aun extendida se puso en pie con dificultad sacudiéndose el polvo del short y la blusa que traía, ambos blancos, y se paro en frente mio frunciendo el seño.
—Aun no me dices que hacías espiandome Tomy —me dijo con desprecio.
—Yo no sabia que eras tu —respondí escondiendo la mirada.
—Así que ahora te dedicas a espiar mujeres ¡que bajo has caído! —me dijo indignada.
—No es lo que parece. Perdón ¿si? —me defendí avergonzado.
Ella me escudriñó detenidamente un rato con gesto de desagrado hasta que el enojo pareció pasársele.
—¿Cuándo llegaste? —pregunto tras un suspiro.
—A...anoche —dije con los hombros encogidos.
—Ya cambia esa cara, estas perdonado —dijo buscando mi mirada— pero eso si, solo por esta vez.
—¿Desde cuando tienes un tatuaje? —pregunte recordando su cuerpo en el río sin poder evitar estremecerme.
—¿Cual? Este... —dijo levantándose la blusa dejando ver justo al final de su espalda el dibujo de un corazón rodeado por lo que parecía ser el tallo de una flor con 9 espinas que se le clavaban haciéndolo sangrar— hace como unos 3 años.
—¿La fecha en que me fui? —dije pensativo.
—No. Tu te fuiste hace 3 años, 11 meses, 3 semanas y 5 días, casi 4 años —dijo y añadió mirando el reloj de pulsera que traía en la mano izquierda— y mas o menos unas 12 horas.
—Wou, oye enserio perdón por... —comencé a decir pero ella me interrumpió: —¿Por marcharte sin despedirte destrozando mi corazón y mis sueños? No hay problema hay cosas peores, cosas como pedirle a alguien matrimonio y luego largarse ¡oh espera! Eso también lo hiciste.
—Iba a decir por espiarte pero eso también amerita una disculpa.
—Ni te molestes, lo que hiciste no tiene perdón de Dios.

Natalia se dio la vuelta y comenzó a caminar a paso veloz pero se detuvo en cuanto llego a donde estaba Moe, yo la seguía sin saber que decirle.

—¡Moe! —exclamo con ternura lanzándose a abrazarlo.
—¿Tenias mucho sin verlo? —pregunte tratando de suavizar las cosas.
—Tu padre nunca lo saca, antes solía ir a verlo a la casa pero luego solo deje de ir.
—Esta enorme ¿no? —pregunte viéndola mas calmada.
—Los habrías visto crecer si alguna vez vinieras —respondió secamente.
—¿Los? —pregunte confundido.
—Ammmm... Si, a Moe y a los otros caballos —respondió nerviosa— pero tienes razón esta casi tan enorme como tu idiotez.
Me dio la espalda y siguió acariciando y hablando con Moe como si yo no estuviera ahí.
—Naty ¿no vas a hablar conmigo? —pregunte de la manera mas dulce que pude.
—No me llames Naty —respondió aun de espaldas.

Me pare a su lado observando su rostro en silencio, al igual que todo en el pueblo ella era la misma solo que lucía diferente. Tenia los ojos de un marrón suave, la nariz fina pero no demasiado, los labios suaves y rosados a la vista, el pelo negro y largo le llegaba mas abajo del busto y las pecas que solían cubrir sus mejillas habían desaparecido por completo, además tenia la piel bronceada y se había oscurecido ligeramente por el sol, a diferencia de la ultima vez que la vi tenia el busto crecido y el trasero mas firme, la cintura se le había moldeado mas y las caderas se le habían ensanchado un poco, tenía el abdomen plano y sus piernas seguían largas como siempre, sus brazos se veían mas fuertes al igual que su voz, ahora firme al hablar. Había madurado mucho y sin saber como ella se había convertido en toda una mujer.

—Ya no eres la misma niña pecosa —se me escapo decir.
—Pero tu sigues siendo el mismo mocoso de siempre —respondió y luego se echo a reír.
Camino hasta el lago y se paro frente al agua observando detenidamente su reflejo en la misma, yo hice lo mismo. Busque a un niño despeinado y sudoroso pero en vez de eso me encontré con un hombre de 24 años madurado a la mala por los años, de ojos verdes, nariz perfilada, labios carnosos y suaves, rasgos faciales ligeros, pelo castaño peinado ligeramente hacia arriba, caucásico, alto, de complexión delgada y fuerte por las tardes en el gimnasio y con las orejas ligeramente rojas por el calor del sol.
—Creo que hemos crecido —dije volviéndome hacia ella.
—Si —dijo con un largo suspiro.

Natalia se volvió hacia mi y sus ojos se encontraron con los mios tan cerca que se tocaron las puntas de nuestras narices, pude ver como se sonrojaban sus mejillas por la vergüenza y rápidamente se separo de mi dando un paso hacia atrás, me acerque a ella pero volvió a apartarse esta vez tropezando con una roca, intente sostenerla pero se echó hacia atrás cayendo de espaldas en el suelo y haciéndome caer también, aterrice de rodillas encima de ella con las piernas abiertas. Había mucha tensión y algo de electricidad en el aire, pude ver como se sonrojaba mas y trataba de ocultar su pena cerrando los ojos.

La fuerza que me había mantenido unido a Natalia durante mi niñez había regresado con mas fuerte y mas grande. Mis orejas y sus mejillas parecían arder mientras afuera el mundo no quería enfriarse. Coloque mis antebrazos en el suelo a ambos lados de la cabeza de Natalia y acerque mi rostro al suyo, ella abrió los ojos e inmediatamente se encadenaron con los mios, me acerco a ella abrazándome por la cintura y dejando de resistirse suspiro débilmente, abrió los labios y cerrando los ojos me beso cálidamente. Pareció asustarse y se separó bruscamente de mi pero sin darle espacio a la duda acerque mi boca a la suya y nos fundimos en un ansioso beso que no termino hasta que nos quedamos sin aliento.

Me eche hacia atrás y luego me levante, le extendí la mano a Natalia que no pudo negarse y la ayude a ponerse de pie, cuando estuvo en frente de mi intente besarla de nuevo pero giro el rostro y se echo atrás cuidándose de no tropezar. La mire confundido y ella traduciendo mi mirada me dijo algo nerviosa:

—Ya no soy una niña Tomy, no tropezare tres veces con la misma piedra—.

Cuando termino de hablar se echo a correr yo la seguí con la mirada y vi como, cuando subía el sendero, se tropezó y cayo de cara al suelo.

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