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|22| La chica que quería volar termina cayendo

N/A: ¡Perdón! Siento muchísimo la demora. Ni siquiera me di cuenta que pasó tanto tiempo. Estaba en época de exámenes y, sinceramente, no hice otra cosa más que ensayos, parciales, estudiar y escribir mi otra historia (Twice) desde el móvil mientras viajaba en los trenes. De verdad, lo lamento. Estuve sumergida en la Universidad y recién ahora siento que vuelvo a la vida, ¿cómo es que se respiraba? Ayuda, jaja. 

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Últimos 4 capítulos
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Apenas atravesó el umbral, Justin cerró la puerta de un golpe detrás de él. El potente sonido retumbó en su departamento junto al de sus sollozos. No podía controlar que éstos escaparan de sus labios al tiempo que lágrimas calientes mojaban sus mejillas.

Desde que era niño, lo único que había conocido era dolor. Los adultos más significativos en su vida (e incluso algunos de sus pares) solo le habían causado daño. Podía decirse que ya estaba acostumbrado a eso, que era todo lo que esperaba de ellos...

Pero nunca, jamás, lo hubiera esperado de Linda.

Por eso, la pena indescriptible asentada su pecho en ese momento no se asemejaba a otras que hubiera sentido. Estaba entrelazada también con el sentimiento de traición.

Esa tarde, cuando se había dirigido al campo de deportes mientras las porristas practicaban, se asombró mucho al notar que Linda no se encontraba allí. Preocupado, procedió a llamarla de inmediato solo para percibir una actitud rara de su parte en el teléfono. Sin embargo, su novia le había asegurado que todo estaba bien, y él le había creído. Confiaba en sus palabras. Confiaba en ella... Había sido un error.

Al terminar la llamada, colgó su mochila al hombro y empezó a alejarse de las gradas. Cuando estaba a punto de alcanzar la salida, alguien gritó su nombre a sus espaldas. Se dio la vuelta, encontrando a una de las animadoras caminando apresurada hacia él.

La reconoció: su nombre era Annie, una amiga de Linda, aunque hacía mucho tiempo había dejado de salir con ella y sus otros amigos.

—Hola, Justin —lo saludó con una sonrisa en cuanto estuvo frente a él.

—Hola —respondió él, inseguro sobre qué decir a continuación.

A pesar de que sus habilidades sociales estaban progresando, todavía se sentía incomodo a la hora de entablar conversaciones con personas nuevas. Aún no podía quitarse del todo la sensación de que, en cualquier momento, éstas lo atacarían de alguna u otra forma.

Y, finalmente, no estaba del todo equivocado sobre eso con Annie, porque lo que procedió a comunicarle fue como una violenta arremetida:

—Escucha... —comenzó a enunciar, suspirando— No sé si, quizás, ya estás enterado, pero creo que debo decírtelo en caso de que no lo sepas... —la chica hizo una pausa antes de revelar: —Vi a Linda junto a su ex novio aquí hace aproximadamente dos días. Estaban hablando allí, en las gradas del campo, sentados muy cerca uno del otro. Estuvieron mucho tiempo así.

Justin parpadeó repetidas veces, asimilando la información. Habían pasado cuatro días desde su encuentro con Logan Roy, cuatro días desde que Linda le había prometido no volver a tener contacto con él. Miró hacia las gradas, imaginando la situación que Annie acababa de describirle, sintiendo su corazón doler ante la perspectiva de su novia rompiendo su promesa.

No.

Obligó a su mente a detener el rápido transcurso de sus hirientes pensamientos. No debía torturarse de esa manera. Estaba seguro que aquello debía tener una explicación. Por supuesto, Logan iba a volver a buscarla. Seguramente, ella estaba aclarando las cosas con él, advirtiéndole que se mantuviera alejado. Confiaba en Linda, confiaba en que ella sería fiel a sus palabras.

Volvió a posar su vista en Annie, quien lo miraba expectante. No le gustaba ese gesto ansioso, como tampoco le había gustado lo que le había dicho. Hasta él había discernido su evidente intención de difamar a su novia y perjudicar su relación. Intentó no fruncir el ceño y asintió, otra vez, sin saber qué decir.

—Bueno... Debo irme —anunció, dándose la vuelta y retomando su camino hacia la salida.

—¡Ella siempre hace lo mismo! —exclamó la muchacha, causando que volviera a detener su paso — Siempre regresa con su ex novio. Es enfermo.

El aludido volvió a girarse para enfrentarla. En esa ocasión, no se molestó en ocultar el desagrado que sentía y permitió que se exhibiera en su semblante. Tenía la urgencia de defender a su novia.

—Se supone que Linda es tu amiga, ¿por qué estás hablando así de ella? —interpeló.

—Ya no somos amigas hace mucho tiempo —negó Annie— Especialmente luego de que la vi allí con su ex. No mereces que te haga esto, Justin.

—¡Annie! —una de las animadoras gritó desde el campo.

—Ella no es tan perfecta como aparenta —insistió la joven, ignorando el llamado.

Justin tensó su mandíbula, pero suavizó su expresión tan solo un segundo después mientras procesaba en su mente lo que sucedía.

—Estás celosa de Linda —conjeturó, comprensivo, provocando que su interlocutora se mostrara sorprendida— Mira, entiendo lo que es tener problemas de autoestima y espero que puedas saber algún día lo valiosa que eres —deseó— Pero, para eso, deberías ocuparte de ti misma y no de mi novia —agregó con firmeza, logrando, por fin, abandonar el campo y dirigirse a sus clases.

Pasó la mayor parte del resto del día distraído. Habló menos de lo habitual, al punto que hasta Adam notó el cambio:

—¿Ocurre algo? —inquirió su amigo.

—N-no... Bu-bueno, sí —incurría nuevamente en la tartamudez ya que estaba nervioso por compartir su preocupación, mas decidió proseguir— U-unos días atrás alguien vi-vio a Linda hablando con... u-un chico que... di-digamos que... Bueno, es su ex novio —terminó confesando— Vieron a Linda ha-hablando con su ex novio, cre-creo que ella solo estaba diciéndole que la deje en paz, pero... No me ha me-mencionado nada al respecto, ¿po-por qué no lo haría?

—¿Tal vez para no preocuparte? —sugirió Adam— Si estás seguro de que ella solo estaba enviándolo al demonio, quizás no tuvo mucha importancia como para decírtalo... Aún así, tal vez debas preguntarle sobre eso.

—Sí —asintió Justin— Lo haré.

Apenas concluyó su clase, se dirigió al departamento de Linda. Rose atendió la puerta y se mostró sorprendida cuando preguntó por su amiga.

—¿Linda? Creí que estaba contigo —comentó.

—Eh... No. No la he visto en todo el día —repuso él.

—Cielos, eso es raro. Ni siquiera ha ido a las prácticas hoy —manifestó la joven, preocupada.

—Me dijo que estaba en unos depósitos de deporte o algo así.

—¿SportShop? Puede ser. Un amigo de su padre es el dueño, pero ¿por qué estaría allí? Fabrizio estuvo en el campo hoy.

—No lo sé. Dijo que iba a explicármelo todo cuando llegara —rememoró Justin— Así que voy a esperarla por aquí.

—¿Quieres pasar?

—No. Gracias. No te preocupes.

El chico apoyó su espalda contra la pared del departamento una vez que Rose volvió a meterse dentro del mismo. La espesa oscuridad lo rodeaba y tenía la sensación de estar siendo engullido por las sombras. Los nervios lo asaltaban a causa de ello, mas no tuvo que soportarlo por mucho tiempo.

Tan solo unos minutos después, divisó a su novia caminando en dirección al departamento. Sonrió al verla, no obstante, su sonrisa se borró de inmediato cuando notó que ella no estaba sola...

Y ahí fue cuando sintió su corazón siendo desgarrado en miles de pedazos.

Recorrió las cuadras que lo guiaban a su propio departamento corriendo casi a trompicones. Aquella carrera y el llanto del que era prisionero lo habían dejado sin aire. Linda había intentado seguirlo, había gritado su nombre, seguramente para explicarle algo que, en su noción, no podía tener justificación alguna.

Cruzó la sala y golpeó el respaldo del sofá con su puño, necesitando expresar el dolor que sentía para que saliera de su interior y dejara de partir su alma. Luego, con aire derrotado, se sentó sobre el mismo sofá, apoyo los codos en sus rodillas y se tapó la empapada cara con las manos.

Amaba tanto a Linda. Tanto. La intensidad de ese amor se había tornado en la potencia de su pena al descubrir que, en realidad, ella no lo amaba a él. Lo había lastimado, exactamente como todas las demás personas de importancia que habían pasado por su vida.

Eso era todo. En ese momento, perdió absolutamente todas las esperanzas a las que se había aferrado aún en las peores instancias de su existencia. Ya no tenía fe en el mundo, en un futuro mejor. Veía todo oscuro y roto en su perspectiva, imposible de arreglar. Concluyó en ese momento que no había ni un solo individuo en ese planeta en el que él pudiera confiar...

Pero, entonces, una pequeña luz se encendió en su mente y se expandió hasta desplazar aquellos pensamientos sombríos. Repentinamente, dejó de sollozar y levantó la vista, parpadeando hasta que sus ojos estuvieron libres de lágrimas.

Se dio cuenta de que sí había alguien a quien podía entregarle su confianza sin miedo a que lo hiriera. Alguien que iba a cuidarlo y a valorarlo siempre, sin importar las circunstancias que atravesasen. Alguien que iba a amarlo incondicionalmente, como ninguna otra persona podía...

...era él mismo.

Linda trató de contactarse con Justin, pero él no respondía a sus llamadas. De hecho, cuanto lo intentó por quinta vez, en lugar de escuchar los habituales pitidos, fue recibida directamente por la contestadora del muchacho. Esto sucedió nuevamente al día siguiente, por lo que supo enseguida que él había bloqueado su número.

Era evidente que estaba molesto, así que decidió darle un tiempo hasta que sus emociones se calmaran y estuviera listo para hablar con ella. Sin embargo, pasaron cuatro días y él continuaba sin comunicarse. Linda se sentía cada vez más angustiada.

Jamás había tenido la intención de herir a Justin. Tan solo al pensar que le había causado semejante daño provocaba que su estómago se revolviera y tuviera fuertes oleadas de nauseas. Era esa noche, justo esa fatídica noche, en la que ella había planeado confesarle la verdad, pero, como consecuencia de sus propios errores, no llegó a hacerlo. Debería haber sido sincera desde el principio. Ahora, pagaba las consecuencias.

Mientras tanto, transcurría su tiempo sumida en un constante estado de nervios, incluso llegó a equivocarse varias veces en algunos trucos durante las prácticas con las porristas.

—Chicas, deberíamos tomarnos un descanso —sugirió Rose, fingiendo estar sofocada, mas en cuanto sus compañeras se dispersaron le dedicó a Linda una mirada que transmitía sus verdaderas pretensiones— Tú ven conmigo —murmuró.

Entraron a los vestuarios y se metieron a la zona de las duchas. Una vez que se encontraron a solas, su mejor amiga habló:

—¿Qué sucede, Lin? Sé que Justin y tú siguen peleados, pero esto es extraño. Nunca has descuidado las prácticas, ni siquiera por... Ya sabes —señaló, deteniéndose antes de mencionar el nombre de Logan— ¿Qué pasó con Justin?

—Un malentendido —se limitó a contestar la aludida.

—Ya me dijiste eso como cinco veces. Quiero saber exactamente cuál fue ese malentendido por el que estás así —enunció Rose, comenzando a irritarse.

—Las cosas van a arreglarse —aseguró Linda, evadiendo el tema.

Su amiga suspiró, denotando seria preocupación.

—Estás muy rara.

—Estoy bien.

—No. Estás inquieta. Respondes a todo automáticamente. Es como si ni siquiera me estuvieras escuchando justo ahora.

—Estoy perfecta, Rose.

—Lin, necesitas hablar. Necesitas contar lo que te está sucediendo. Es la única forma en la que los demás podemos ayudarte.

—No hay nada qué contar —mintió la joven.

Cuando sintió la culpa golpeando su pecho, trató de volver a anular esas emociones negativas como venía haciendo durante los últimos días... durante los últimos años... durante toda su vida...

Esa noche tuvo pesadillas y, cuando se despertó al día siguiente, no podía recordar el contenido de sus sueños, sin embargo, todavía podía sentir el pánico dentro de ella.

Pánico. Angustia. Ansiedad. Estrés. Simples palabras que nombraban sensaciones tortuosas, las cuales no habían parado de asediar a Linda en ese tiempo. No estaba segura cuál había sido el verdadero detonante, si el regreso de Logan, si lo sucedido con Justin, si ambas cosas juntas, o si había algo más que ella no podía siquiera especificar. Lo único que sabía con certeza era que, no importaba a donde fuera, aún si se encontraba al aire libre, sentía que estaba atrapada entre paredes que se cerraban, aprisionándola cada vez más.

Su interioridad era una bomba a punto de estallar, no obstante, ella se ocupaba de ocultarlo, incluso a ella misma. Así había sido siempre, después de todo, era Linda D'amico: no podía exteriorizar sus defectos sin sentir que estaba violando una ley importante.

Había solo una cosa que la muchacha no podía y no quería bloquear, y eso era lo mucho que extrañaba a Justin. Ya no podía seguir esperando. Quería hablar con él y decirle cuánto lamentaba lo que había hecho. Por eso, se presentó en la puerta lateral de la Farmacia ese día. Apoyó su espalda contra la pared del callejón y lo esperó con impaciencia, golpeando su pie contra el suelo para dejar salir así la inquietud que sentía.

Finalmente, Justin salió. Al principio, no la vio allí. Cruzó la puerta mientras se ponía una chaqueta y miraba las nubles que volvían gris al cielo. Entonces, Linda se alejó de la pared con objeto de pararse derecha y, al captar ese movimiento, los ojos del chico se fijaron en su dirección.

Primero, mostró una expresión de sorpresa, pero segundos después su semblante se volvió impasible al punto que su rostro lucía aún más idéntico al de Logan. La joven tuvo que tragar saliva para deshacerse del nudo atado en su garganta.

—Justin, necesitamos hablar —dictaminó, aunque su voz falló.

El aludido suspiró y miró al cielo una vez más.

—Supongo... Pero de nada va a servirnos hablar si vas a mentir, así que procura ser sincera esta vez —advirtió, deslizando en su tono un atisbo de enojo.

Linda ignoró el agudo dolor que provocaron en su pecho aquellas palabras y su entonación para proceder a explicar:

—Antes que nada, necesito aclararte que nada pasó entre Logan y yo ese día... Me refiero a que no te he sido desleal ni nada por el estilo.

Justin volvió a mirarla, elevando sus cejas.

—Él estaba acariciándote y luego te besó, y tú se lo permitiste.

—Fue un beso en la mejilla...

—¡Ah! Me salteé la parte en la que él dijo algo así como: "me alegra que lo nuestro siga igual" —agregó el muchacho con ironía.

La joven rememoró toda la secuencia en su mente y maldijo en voz baja.

—¡Él te vio allí! Sabía que estabas escuchándonos... ¡Ese maldito desgraciado!

—Ajá —pronunció Justin, observándola fijamente— Pretendamos que todo eso que dices es cierto, aún así, pasaste todo ese día con él, ¿qué estaban haciendo juntos, cuando me prometiste (me prometiste, Linda) que no volverías a verlo? —la acusó.

—Él me pidió ayuda —se apresuró a exponer la aludida— No está pasando por un buen momento y necesitaba que alguien lo ayudara a salir de todo eso en lo que está atrapado. Solo lo acompañé a una entrevista de trabajo, eso es todo, te lo juro.

El chico frunció el ceño.

—¿Por qué accediste a ayudarlo?

—No podía dejarlo solo en una situación así —apuntó su interlocutora, como si se tratara de algo evidente— Solo está buscando mejorar y no tenía otra persona a la que recurrir.

—No es tu deber arreglar sus desastres.

—No lo entiendes. Logan tuvo una vida horrible...

Justin bufó, interrumpiéndola.

—Yo también tuve una vida horrible, Linda —le recordó— Y no a causa de eso ando por ahí haciendo miserables a otros.

Ella abrió la boca para contestar, pero, entonces, se dio cuenta que no sabía qué decir ante esas palabras. Mientras las meditaba, parpadeó varias veces, como si acabara de experimentar una profunda revelación.

Justin tenía razón. Y él sabía que tenía razón. Elevó la vista al cielo una vez más, tratando de que las lágrimas acumuladas en sus ojos no resbalaran por sus mejillas.

—Es a él a quien quieres y nunca vas a dejarlo ir —formuló con voz resquebrajada.

—No, no es así ¡No quiero a Logan! —declaró Linda— Te quiero a ti, Justin.

—¿Sabes? Yo... —él apretó sus labios y exhaló con fuerza antes de continuar: —Ya no confío en lo que dices, Linda.

Se giró y empezó a caminar hacia la salida del callejón. No podía quedarse ahí con ella por más tiempo sin ceder a sus intensas ganas de tocarla, de estrecharla con fuerza entre sus brazos, de besar sus labios.

Era un martirio que cada fragmento de su ser estuviera tan enamorado de Linda. No solo su corazón, sino también las extremidades de su cuerpo dolían a medida que avanzaba alejándose de ella, pero se obligó a seguir caminando. No volvería simplemente a agachar su cabeza y a aceptar que los demás hirieran sus sentimientos. Lo había permitido durante toda su vida... Ya no. Nunca más.

Linda condujo devuelta al campus de la Universidad. Por el horario que exhibía el tablero de su automóvil, sabía que ya estaba llegando tarde a la práctica de las animadoras y, aún así, no se sintió afectada por eso. De hecho, no se sentía afectada por absolutamente nada. Era como si estuviera desconectada de su propio cuerpo. Su mente vagaba lejos, por lugares que ni ella reconocía. Las imágenes que captaba su visión eran meras manchas irreconocibles y sus oídos no percibían ningún sonido, como si el mundo se hubiera quedado mudo.

Salió de su coche una vez que estacionó cerca del campo de deportes. Empezó a dirigirse a éste, mas sus pasos eran demasiado lentos. Su teléfono sonó en ese momento. Apenas fue capaz de escuchar la melodía, sin embargo, contestó la llamada de todas formas.

—¿Sí? —habló, aunque escuchó a su propia voz como un sonido lejano.

—Hola, Linda. Habla Steffano —la saludó el dueño de SportShop— ¿Cómo estás?

—Eh... Bien, ¿cómo está usted?

—Estoy bien, gracias. Quería comunicarme para hacerte saber que tu amigo, Logan Roy, no se ha presentado a trabajar ninguno de los días acordados —develó.

Aquella información hizo que el suprimido interior de Linda comenzara a reaccionar.

—¿Qué?

—Y, aunque se hubiera aparecido por aquí... —continuó el hombre— No lo hubiera dejado acercarse a mi recinto, Linda. Hice unas averiguaciones y descubrí que ese muchachito tiene tres denuncias en su haber por robo de automóviles.

—¡¿Qué?! —repitió la joven, porque no podía articular nada más.

—Solo quería advertirte para que tuvieras cuidado con tus amistades, Linda. Sabes que te aprecio, y me preocupa...

Pero ella dejó de oírlo. El brazo con el que sostenía el móvil cayó a un costado de su cuerpo mientras un remolino de pensamientos golpeaba su cráneo.

Logan le había asegurado que no había incurrido en los robos. No le había creído del todo, por supuesto, no obstante, una parte de ella sí lo había hecho y fue precisamente esa parte la que sintió morir en ese instante, causándole un dolor agónico.

Su teléfono volvió a sonar y el ruido la sobresaltó, provocando que diera un respingo. Divisó un número desconocido en la pantalla y, por inercia, atendió.

Lo último que esperaba era escuchar la voz de su madre.

—¡Lilin! —chilló— Estoy realmente enfadada contigo. Has sido grosera la última vez que hablamos y no me has respondido desde entonces. Eres una niña desconsiderada... Pero te perdono, porque mi boda es en tres semanas y necesito que estés en mi fiesta, luciendo toda deslumbrante y preciosa para mí.

Y ese fue el punto de quiebre.

Linda sintió que algo explotó en su pecho, produciendo daños irreparables. Todas las emociones que siempre había reprimido estaban desbordando en ese instante. Apretó con fuerza el celular antes de tomar impulso y arrojarlo lejos de ella. Al caer el aparato al suelo, se rompió en decenas de pedazos, mas eso no hizo que se sintiera mejor. Al contrario, sus manos empezaron a temblar, así como todo su cuerpo. Ni siquiera podía respirar, sentía que estaba ahogándose.

Cuando logró aspirar una bocanada de aire, lo primero que hizo fue comenzar a llorar. Sus sollozos eran largos y penosos y, mientras los expedía, se dejó caer de rodillas al suelo, pues no se sentía ya capaz de soportar el peso de su propia anatomía.

—¡Linda!

Alguien se acercó y se puso de cuclillas delante de ella. Lo único que la chica pudo distinguir de esa persona era que llevaba puesto el uniforme del equipo de fútbol.

—¡Linda! ¡¿Qué sucede?!

No respondió, no podía hacerlo en medio del caos en el que estaba sumergida, pero reconoció que era la voz de Chad.

—¡James! Llama al entrenador.

No supo cuánto tiempo transcurrió. Para ella, fueron como semanas. Continuó expresando su aflicción hasta que un par de brazos familiares la rodearon y la apretaron con vehemente fuerza.

—Sh. Está bien, Damita —la arrulló su padre— Vamos a casa. 

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