Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

|18| Aunque impetuoso júbilo, rompe en la orilla

—¿Te he dicho ya lo hermosa que te veías con ese vestido? —interrogó Justin, el sonido de su voz salió amortiguado debido a que estaba escondiendo su cara en el cuello de Linda.

—Sí... Justo antes de arrancármelo —se burló ésta.

Estaba tumbada boca arriba en el colchón y su novio se encontraba encima de su cuerpo. Podía sentir que no estaba recargando todo el peso sobre ella, pero sí el suficiente para que experimentara una cálida sensación de seguridad. Ambos estaban desnudos y percibía (con hipersensibilidad producto de una larga sesión de sexo) cada uno de los puntos donde sus pieles estaban haciendo contacto.

—¿Estás quejándote? —inquirió el chico, levantando su cabeza para hacer contacto visual con la joven, revelando la sonrisa en sus labios.

—En absoluto —se apresuró a negar la aludida.

Él procedió a besarla con dulzura antes de deshacer el enredo de anatomías que habían formado debajo de las sábanas. Abandonaron la cama y Linda volvió a ponerse el vestido. Aunque el verano estaba a punto de terminar, las temperaturas no disminuían y avalaban aún el uso de ropa ligera.

Justin regresó a la habitación luego de descartar el condón en el baño y se detuvo en el umbral. Sonriendo, se inclinó hacia el costado para apoyar su hombro en el marco, al tiempo que cruzaba los brazos sobre su pecho.

Su novia se encontraba de pie, en medio del cuarto, con la atención fija en el teléfono celular que sostenía en sus manos. Cuando levantó la mirada del mismo y notó su presencia, le devolvió la sonrisa.

—Rose me está esperando —anunció, tomando su bolso y guardando el móvil dentro— Creo que pretende ir al cine. Que el cielo se apiade de mí porque, seguramente, escogerá alguna cosa de terror —comentó, acercándose al muchacho.

—Bueno, si la película te da mucho miedo, puedes venir conmigo luego —ofreció él, enredando sus brazos en la cintura de la chica —Yo te protegeré.

—Sé que lo harás —sonrió Linda, besando los labios de su novio brevemente antes de apartarse— Debo irme.

Justin asintió y caminaron juntos hacia la sala. Abrió la puerta para que ella pasara y la besó una última vez para despedirse.

—Adiós, Lin. Que te diviertas mucho... Cuídate, ¿sí? Y avísame cuando llegues a tu dormitorio en la noche.

—Lo haré... Nos vemos, Jay.

La chica se dispuso a marcharse, mas su novio la tomó por la muñeca y tiró suavemente de ésta. Volvió a centrar su atención en él y descubrió el tenue color rojizo que pintaba sus mejillas, combinando con la tímida sonrisa en sus labios.

—Te amo, princesa —murmuró.

Aquellas palabras lograron que el corazón de Linda latiera con mayor júbilo. Se acercó a él de modo que sus labios quedaron suspendidos a escasos centímetros.

—También te amo —sentenció en susurro, para luego besarlo.

La sonrisa seguía exhibida en el rostro de Justin aún cuando se encontró en soledad. Comenzó a acomodar algunas cosas en su hogar y, mientras llenaba unas botellas con agua para guardarlas en el refrigerador, encontró pegada a la puerta de éste una hoja.

Era la ficha de inscripción a la Facultad de Artes que su novia había impreso para él. La tomó y observó los espacios en blancos donde podrían estar sus datos. Las admisiones de la Universidad eran la semana próxima y todavía no estaba seguro de aplicar.

Días atrás, su jefe en la Farmacia volvió a ofrecerle el ascenso hacia atención al público. Esperaba que lo rechazara, como siempre, pero Justin lo sorprendió (y también a sí mismo) aceptándolo. Eso significaba más dinero por menos horas de trabajo. El beneficio era muy grande y si él no lo había tomado antes era porque sus complejos lo incapacitaban para ello. La tarea de enfrentarse a los clientes era una perspectiva aterradora para su persona, considerando el constante miedo que lo asaltaba al tener que interactuar con otros debido a su baja autoestima.

Sin embargo, ya no se atribuía tan poca valía. Se sentía mucho más seguro, más confiado, más fuerte. Así que había abandonado el frío depósito y llevaba ya varios turnos tras el mostrador. Eso le dejaba tiempo libre suficiente para poder matricularse a una o dos materias de Música en la Facultad.

Continuó observando la hoja de inscripción mientras mordía su labio inferior. Finalmente, buscó un lápiz y comenzó a completarla.

—¿Qué es lo que encuentras de satisfactorio en el miedo? —se quejó Linda.

Ella y su mejor amiga habían salido del cine y se encontraban sentadas una frente a otra a la mesa de un restaurante.

—Todo —respondió Rose, tajante— Esa sensación de que tus entrañas se revuelven, tu corazón se acelera, los vellos en tu nuca se erizan... Todo es emocionante.

—Pero no en un buen sentido —repuso su interlocutora— Podrías buscar emociones un poco más agradables. No lo sé, tal vez, ver una historia de amor.

Su compañera soltó una carcajada.

—Lo que te pasa a ti es que estás en las nubes por Justin y no puedes pensar en otra cosa.

Linda intentó reprimir una sonrisa, mas no lo logró.

—No podría siquiera calificar lo bien que él me hace sentir —confesó en un suspiro— Lo que tenemos es tan bueno que a veces me asusta, ¿sabes? Tengo esta sensación aquí, como si algo fuera arruinarlo todo en cualquier segundo.

—Estabas acostumbrada a eso —comentó Rose en voz baja— Era normal para ti no poder tener períodos de paz demasiado extensos, así que ahora solo esperas el próximo golpe como si fuera un deber que aparezca. Pero no es así, Linda. La vida no es eso... El amor no es eso. El amor no lastima, eso es seguro.

La aludida asintió, deslizando la mirada hacia su plato mientras sus pensamientos rumiaban aquellas palabras. Notó que, por primera vez, no sentía ese pinchazo de dolor en su corazón al recordar a Logan. Antes estaba sumida en la añoranza de volver a verlo y la simple idea de no poder hacerlo causaba en ella una profunda angustia. No obstante, ya no estaba allí. Había desaparecido. Ninguna emoción emergía en su pecho frente al fantasma de su ex novio.

Finalmente, Logan Roy se había ido.

—Oye, ¿oíste lo de James?

La interpelación de Rose provocó que Linda volviera a centrarse en ella, abandonando su aire taciturno.

—¿James? ¿James Bieber? —consultó.

—Sí. Ha tenido un par de problemas este verano y no saben si podrán incorporarlo al equipo de fútbol para la próxima temporada.

Linda se sintió verdaderamente consternada por la declaración. Por muy desagradable que aquel muchacho fuera como persona, era uno de los mejores jugadores del plantel. No podía concebir que lo apartaran de éste cuando estaban por empezar a competir en el campeonato nacional. Fabrizio no le había dicho nada al respecto, por lo que su primera presunción fue que no era cierto.

—Debe ser un rumor —dijo— ¿Qué clase de problemas podrían sacarlo del equipo?

Rose se inclinó hacia adelante, apoyando sus codos sobre la mesa, para que su amiga pudiera escuchar el murmullo que emitía:

—Sus padres se están divorciando y, al parecer, su padre no quiere cederle ni una sola moneda a su madre.

—¡¿Qué?! ¿Los Bieber se están divorciando? —repitió la joven, incrédula.

—¡Shhh! Sí, eso me dijo Chad. Y el mismo James se lo dijo a él, aunque no le dijo los motivos de la separación. Sin embargo, apuesto a que es por... Tú ya sabes... —insinuó, y su interlocutora supo de inmediato que se refería a la situación con su novio— Lo que hicieron fue grave, pero lo que esa mujer hizo empeoró todo. Saben que aún podrían tener problemas serios si Justin los denuncia —volvió a reclinarse, apoyándose en el respaldo de la silla— Si me lo preguntas, no siento pena por ninguno de ellos. Cada quien obtiene lo que se merece, ¿no?

—Supongo, pero... vaya. No me esperaba esto —expresó Linda.

—Sí. Lo único malo es la modificación que tendrán que hacer en el equipo. Espero que pongan un buen reemplazo. Si queremos durar en nuestras presentaciones nacionales, esos malditos holgazanes deben ganar, con o sin James Bieber.

La mención de la gira nacional que iban a realizar ese año con las animadoras causó que el ánimo de Linda, congelado por la estupefacción, volviera a entusiasmarse. Ambas se sumergieron en una fervorosa conversación sobre los planes para sus exhibiciones, cada oración que compartían teñida de la más alegre emoción.

Era como si el futuro estuviera resplandeciendo debido a las esperanzas depositadas en él. Así también lo sentía Justin cuando, una semana después, entregó la ficha de inscripción en la Universidad. La señora del departamento de admisión ingresó sus datos al sistema en el mismo momento y le entregó un usuario y una clave que, dijo, le permitirían acceder a través de una computadora al listado de materias disponibles.

—Prácticas —dictaminó cuando estuvo devuelta en su departamento y se encontró sentado en el sofá junto a su novia, quien tenía el portátil apoyado en sus piernas— Anótame solo en clases prácticas. No podría afrontar las teóricas aunque quisiera —admitió, sonrojándose.

—Veamos...

Linda empezó a recitar cada curso, apenas siendo capaz de disimular el contento en su voz. Estaba feliz por el enorme progreso que Justin estaba haciendo con su vida, purgando al fin los fantasmas que vivían acechándolo y avanzando a paso firme hacia nuevas metas.

No obstante, la confianza del chico flaqueó cuando se encontró en el primer día de clases. El edificio de la facultad constaba de varios pisos y se alzaba hacia el cielo vespertino con aire imponente. Tragó saliva, echando su cabeza hacia atrás para observarlo. De repente, lo asaltó la urgencia de echarse a correr.

—¡Jay!

Miró sobre su hombro, la dirección desde la cual provenía aquel llamado, y se sorprendió al encontrar a Linda trotando en su dirección. El cabello de la chica estaba húmedo y un bolso colgaba de su hombro.

—¡Lin! ¿Qué haces aquí? —interrogó, asombrado. Echó un vistazo a su reloj— ¿No empezaban hoy con las prácticas?

—Me escabullí unos minutos antes. Necesitaba verte —explicó ella, mostrando una dulce sonrisa que derritió el corazón de su pareja— Quería desearte suerte.

Justin sonrió cuando la joven plantó un beso en su mejilla. Olvidando el anterior pánico que lo asaltaba, acarició la mejilla de Linda y la miró a los ojos.

—Gracias, princesa.

—Llámame más tarde y cuéntame todo, ¿sí? —pidió su novia.

El aludido asintió, inclinándose para dejar un prolongado beso en sus labios.

—Te amo —susurró cuando se separaron, y sentía esas palabras en el fondo de su alma.

Para su fortuna, las dos materias que había escogido eran multitudinarias, por lo que podía pasar desapercibido hasta que el profesor se acercaba a dar indicaciones individuales. Aun así, tampoco recibía atención ya que cada quien estaba ocupado con su tarea.

Pero su anonimato no duró mucho.

Tendría que haber anticipado que sus demostraciones públicas de afecto con Linda D'amico iban a convertirlo en un blanco de interés. La Universidad era demasiado grande y poseía diversas facultades, mas todas ellas se unían para compartir la recreación de los deportes, por lo que una gran cantidad de alumnos sabían quién era la capitana de las animadoras y estaban más que intrigados por su nuevo novio.

—No te preocupes —le dijo uno de sus compañeros de Piano, cuando estaban recogiendo sus cosas al concluir la clase— Lo superarán.

Justin había notado un grupo de muchachas al fondo del aula que cuchicheaban entre ellas y lo señalaban sin disimulo. Se sentía incómodo, al punto de querer desaparecer. Llevó su atención al chico que acababa de hablarle y éste le dedicó una sonrisa cordial.

—Soy Adrian —se presentó— Y salí con una porrista en la escuela secundaria, así que te entiendo profundamente.

Resultó ser que Adrian realmente lo entendía. Él también era una persona bastante tranquila y reservada que sentía fervorosa pasión por la música. Se llevaron bien de manera instantánea. Bastaron pocas semanas para que una fluida amistad se gestara entre ellos, lo que era otro motivo de alborozo para Justin.

A diferencia del verano, donde había gozado plenitud de tiempo junto a Linda, en ese momento debían esforzarse por hacer coincidir sus agendas y conseguir unas horas juntos. Mas esos instantes en los que podía verla, tocarla, besarla, valían más que el oro para él y eran los que su interior ansiaba cuando se enfrentaba a las obligaciones semanales.

En ocasiones la echaba tanto de menos que (esos pocos minutos que tenía entre la salida de su empleo y el comienzo de sus clases) se escabullía al campus de deportes para verla ensayar con las animadoras. Procuraba que ella no notara su presencia, escondiéndose en el punto más oscuro de las gradas. Allí, la contemplaba por un rato mientras pensaba lo afortunado que era por tenerla. Era la chica más hermosa que habitaba la tierra y todavía le costaba creer que fuera suya.

Había notado que Linda era bastante codiciada entre el alumnado masculino de la Universidad. No podía ocultar que eso le provocaba un pinchazo de celos en su estómago, pero de ninguna manera había permitido que lo acomplejara. Al contrario, inflaba su confianza el hecho de que, entre muchos pretendientes, su novia lo escogiera a él.

—¿Se te perdió algo, muchacho?

Justin estaba absorto observando a Linda practicar, por lo cual aquella voz lo tomó por sorpresa. Se sobresaltó de manera tal que casi cae del asiento. Tuvo que agarrarse al respaldo para evitarlo.

Elevó su mirada y se encontró con la expresión divertida de Fabrizio D'amico.

Se sonrojó, consciente que el hombre sabía que él estaba allí admirando a su hija.

—N-no, yo s-solo... —tartamudeó.

—Lo sé, lo entiendo —lo interrumpió Fabrizio, sonriendo— ¿Cómo van tus clases, hijo? —inquirió, tomando asiento a su lado.

Habían desarrollado una buena relación entre ambos. El entrenador había hecho mucho por Justin cuando éste lo necesitaba y los sucesos que habían transitado juntos los habían acercado, al punto que el joven lo había agregado a su casi desierta lista de personas en las que podía confiar.

Sin embargo, aquella era la primera vez que lo llamaba "hijo" y eso causó que se sintiera sumamente conmovido.

—Bien —respondió, volviendo a fijar sus ojos en Linda— Más que bien —agregó— ¿Qué hay del equipo? ¿Cómo va este año?

Fabrizio resopló antes de contestar:

—Podrían estar haciéndolo mejor. Supongo que ya sabes lo que está ocurriendo con James... —apuntó y su interlocutor asintió— Bueno, él no está poniendo lo mejor de sí en los partidos y eso me preocupa. Estamos en el campeonato nacional, los necesito a todos concentrados.

—Linda está muy emocionada por las presentaciones nacionales —comentó Justin, sonriendo al evocar el entusiasmo de su novia.

Era cierto. La capitana de las animadoras estaba exigiendo el doble de esfuerzo ese año, no solo de ella, sino de todo su equipo. A pesar del trabajo duro, estaba extasiada con los acontecimientos. Sentía que, finalmente, estaba en un buen lugar en todos los ámbitos de su vida.

Pero su mayor alegría, sin dudas, era Justin.

Él le había enseñado un tipo de amor que nunca creyó que existía. Era dulce, afectuoso, benigno. Cuando tenían un desacuerdo, lo conversaban con parsimonia hasta que llegaban a entenderse. No había gritos, ni insultos, ni violencia física. Solo amor. Verdadero amor.

Y eso bastaba para llenar de optimismo todas las perspectivas de Linda. De repente, todo parecía más brillante, más prometedor. Incluso si algo salía mal, no iba a significar gran cosa mientras tuviera el abrazo de su novio al final del día.

Cerró su taquilla y salió de los vestuarios. Atravesó el campo de deportes, admirando el sol escondiéndose en el horizonte justo detrás de un arco. Se encontraba sola, pues la práctica había concluido mucho tiempo atrás, mas ella había olvidado uno de sus libros de clases en el casillero, por lo que tuvo que volver a recogerlo.

Su paso era lento, sus ojos seguían fijos en el ocaso al tiempo que su mente viajaba por lugares agradables. Todo marchaba bien. Sabía que todas esas señales maravillosas auguraban el final feliz que la historia merecía.

—Linda...

Detuvo su andar de forma abrupta cuando oyó que pronunciaban su nombre a sus espaldas. No se giró, pues el sonido había sido tenue, tan suave y bajo en volumen, que creyó haberlo imaginado.

No obstante, volvió a escucharlo, y en esa ocasión con mayor claridad, como si quien lo estaba emitiendo se hubiera acercado más a ella.

—Linda.

Su corazón empezó a latir con tanta violencia que podía sentirlo golpear contra su pecho. Sus manos temblaban de tal manera que el libro que sostenía cayó al suelo, produciendo un ruido sordo al golpear contra el césped.

Se forzó a sí misma a tragar saliva y a tomar una profunda respiración. Se convenció de que su mente estaba jugándole una mala pasada. Quizá estaba demasiado cansada por las prácticas y su cerebro empezaba a reprochárselo, incidiendo en alucinaciones. Sí. Seguramente eso era.

Comenzó a girar con lentitud, esperando encontrar detrás de ella la vasta extensión del campo totalmente desierta...

Pero, en cambio, encontró los ojos verdes de Logan Roy observándola fijamente. 

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro