
7._Ver
Whiss no volvió hablar para concentrarse en revisar a Luk quien despertó poco antes de que el joven sacerdote lo tocara. El muchacho pareció un poco confundido al descubrirse al interior del templo, pero pronto entendió la situación dejándose atender por el sujeto de peinado extravagante que mostró bastante interés por la mordedura en su mano. Whiss la limpió, pero no la curo. En lugar de eso dibujo un extraño símbolo a su alrededor con tinta que saco de un frasquito que escondía bajo la manga de su atuendo.
-¿Qué está haciendo?- le preguntó Rox algo preocupada.
-Poniendo un sello sobre la marca de la maldición- respondió Whiss apartando el pincel con el que dibujo ese signo extraño- Él ha sido marcado por el dios del bosque y ahora le pertenece.
-No puede ser. No sé transformó como Ann y yo lo hicimos- le dijo Rox abandonando su silla, aunque más pareció decírselo a ella.
-No cabe duda de que ustedes han tenido la oportunidad de verlo de cerca y de experimentar su poder, pero hay mucho que desconocen de él y los dioses de este lugar- les dijo Whiss levantandose para retirarse- Si quieren un consejo es mejor que se vayan cuanto antes.
-No podemos- exclamó Luk- Nuestras amigas siguen en el bosque.
Whiss no mostró interés en ese dato, pero el muchacho le contó toda la historia despertando una ligera curiosidad en el sacerdote que lo escuchó con atención, pero que terminó diciéndoles que la suerte de Ann y Mary estaba echada. Una vez que un maldito se internaba en el bosque no podría volver a salir de él sin el permiso del dios y el dios nunca dejaba salir a alguien de sus límites sin un buen motivo.
-Ustedes fueron afortunados- agregó- Lo lamento por sus amigas, pero no hay algo que puedan hacer por ellas.
-¿Está seguro?- le insistió Luk.
Whiss observó el preocupado semblante del chico. Él si parecía aguardar por una respuesta positiva. La mujer parecía más interesada en irse de una vez. El sacerdote rodeo la cama hasta llegar con una escultura de gato que reposaba junto a la puerta y en ella descansó su larga mano.
-Hace mucho Bills era el dios de esta isla. Un dios de buena fortuna- le comenzó a contar el sacerdote viendo la escultura y obteniendo la atención de los jóvenes.
Hacia mucho, pero muchos años, cuando los primeros residentes llegaron a la isla los azotó una tempestad terrible que destruyó todas las embarcaciones pesqueras sumergiendo a las personas en una terrible hambruna. Desde el continente les negaron la ayuda por ser una isla pequeña e irrelevante para el reino de ese entonces. Las personas pensaron que allí morirían, pues pronto cayeron víctimas de enfermedades producto de la falta de recursos. En medio de ese desolador panorama, un día, en la playa apareció un gato viejo, sin pelo, de piel oscura y ojos ambarinos que unos pescadores vieron sentado sobre un montón de oro entre las ruinas de una embarcación. El animal, pese a estar seriamente herido, los miraba orgulloso desde la cima de ese montículo dorado.
Nadie se pudo explicar como esa riqueza no acabo en el fondo del océano y fue a parar a la playa. Mucho menos el como ese gato pudo sobrevivir a esas heridas tan profundas y mostrarse tan altanero sobre su oro. Posesión que protegía gruñendo a cualquiera que intentará acercarse. Los más viejos consideraron que el gato podía ser un demonio. No había otra razón para su extraña y sobretodo tentadora aparición, de modo que para no desatar la ira de esa criatura salida del infierno, reunieron las pocas cosas que les quedaban y le ofrecieron una ofrenda en forma de comida a cambio de que los dejara tomar un poco de su oro. El animal se mostró desconfiado de la pieza de pan, guiso de lentejas y el poco de cerveza que pusieron a su disposición, pero ante el asombro de todos las aceptó siendo la bebida lo primero que probó. Después de eso pareció olvidarse del oro y la gente lo tomó solucionando con él sus problemas.
El gato fue llamada Bills. Una palabra cuyo significado tenía que ver con la primera ofrenda que aceptó, pero no fue la única que tomó. La gente se convenció de que el animal traía la buena fortuna así que le construyeron una casa en medio del pueblo y a diario lo colmaban de todo tipo de atenciones, pero siempre pidiéndole algún favor. De algún modo todo lo que le pedían se cumplía. En especial los deseos relacionados con la riqueza. La devota fe de los aldeanos, poco a poco, fue dándole a ese gato la categoría de una deidad, hasta que un día en lugar de un animal cuadrúpedo encontraron a una quimera con cuerpo de hombre con la capacidad de hablar, razonar y demás. Asombrados y atemorizados, ante el nuevo ser, los residentes lo vistieron con los atavios de un rey y él se comportó como tal, pero su ánimo era el de un demonio. Nada lo hacía gratis y empezó a exigir ofrendas más difíciles de brindar. Primero mujeres vírgenes, luego niños para hacerles de esclavos, pronto el amado dios de la fortuna se convirtió en un tirano.
Desesperada la gente del pueblo trató de deshacerse del dios, pero obviamente él se hizo inmortal por lo que todo lo que consigueron fue hacerlo dormir. Llevaron su cuerpo al bosque y lo encerraron allí en un templo alzado entorno a él y su cama con forma de plato. Al despertar estaba furioso y desató una tempestad que devastó la isla. El problema es que habían pasado doscientos años y esa gente no era la misma que lo durmió. Esa nueva generación no sabía mucho de la historia del pasado del pueblo y su mezquina deidad, sin embargo, no querían indisponerlo así que lo apaciguaron con ofrendas y él, tras conceder unos favores, caprichosamente se regresó al bosque a dormir diciendo que mientras descansaba todavía podía satisfacer sus peticiones, pero que mas les valía cumplir sus promesas o los destruiría.
-Pero el dios mintió. Nunca volvió a cumplir ninguna petición, despertando siempre de mal humor y dispuesto a hacer sufrir a los habitantes de la isla- terminó de decir el dios.
Luk y Rox intercambiaron unas miradas entre asombro y confusión. Whiss prosiguió.
-Tiempo después, los isleños, escogieron un nuevo dios. Uno que sí concede favores a aquellos que demuestran serle fiel y entregan grandes ofrendas, aunque como toda deidad también es caprichoso y en muchas oportunidades ignora las peticiones de su pueblo. De todas formas él si permanece despierto a diferencia de Bills.
Un silencio meditabundo los abrazó a todos, pero el más reflexivo pareció ser Luk. Rox se mostraba nerviosa poniéndose de pie tras frotar ansiosamente sus muslos y comenzando a caminar de un lado a otro de manera lenta, con la cabeza gacha y metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.
-Tenemos que irnos- exclamó.
-¿Sabe cómo podemos ayudar a nuestras amigas?- preguntó Luk obteniendo la desaprobación de Rox.
-Mí trabajo aquí no es nada especial- le respondió Whiss con indiferencia-Solo soy un servidor de este templo que cuenta historias a los turistas y mantiene el misticismo de la isla.
-Pero nos acaba de decir que sabe él es real- le señaló Luk y el sacerdote lucio como si acabara de notar que había cometido ese desatino, haciéndose inmediatamente el desentendido- ¡No finja! Nosotros lo escuchamos.
-¿Ay, pero qué cree que podría hacer yo que soy un simple hombre contra un dios capaz de causar tempestades?- le cuestinó un poco nervioso y haciendo cara de inocente.
-Eres un sacerdote, trabajas en un templo dedicado a ese tal Bills ¿Y no sabes nada?- le reclamo Luk-¡Me pusiste un sello sobre esta marca!
Whiss se medio encogió de hombros y llevándose un dedo hacia la mejilla, subió la mirada para quedarse pensando.
-Quiza haya algo que hacer- murmuró- Pero tendría que revisar los libros y...
-¡Hágalo por favor!- exclamó Luk saltando de la cama- No podemos dejar a Ann y Mary con esas criaturas.
Whiss miró al muchacho y tras otra breve meditación aceptó ayudarlos, pero argumentando que estudiar el asunto le tomaría tiempo, le pidió a Luk que barriera los tres patios del lugar y a Rox que limpiará algunas habitaciones.
Bills atrapó a Ann. Al voltear hacia donde había dejado a Mary solo encontró un pequeño remolino de viento que se desintegró en un instante.
-Tendré que conformar contigo- le dijo a la chica y sujetandole por la piel tras la nuca intentó llevársela con él, pero el animalito se resistió- ¡Deja de agitarte!- le ordenó al levantarla a la altura de su rostro.
La gata no dejaba de maullar de forma frenéticamente o eso hubiera parecido a cualquiera. Bills podía entender perfectamente todo lo que ella estaba diciendo. Se sonrió ladino y la sostuvo con un poco más de cuidado.
-Asi que tú si quieres hacer un trato conmigo, Ann- le dijo el dios.
Liquir se llevó a Mary con él por la fuerza. Por supuesto ella no se quedó tranquila con eso y comenzó a golpear la espalda del dios zorro sin clemencia, en un desesperado intentó por librarse de él y el destino que le esperaba. Consiguió hacerlo detenerse para que acabará arrojándola contra el suelo. El impacto fue muy doloroso, pues Liquir no midió su fuerza, sin embargo, lo peor vino después. El dios cerró su mano entorno al cuello de la mujer y la amenazó con una esfera de fuego que creo en la otra diciéndole que sí no dejaba esa actitud la convertiría en un espíritu ardiente, un alma que ardería por siempre sin llegar nunca a quemarse. Mary sabía que le estaba hablando en serio, que era capaz de cumplir la aterradora amenaza. Así que no tuvo más opción que desistir en su resistencia, bajando los brazos que había subido para intentar repeler a ese sujeto.
Tendida de espaldas sobre la hierba y sin ánimo de defenderse, la muchacha, se quedó viendo a Liquir con los ojos poblados de lágrimas que no caían producto de un orgullo vilipendiado, pero que se negaba a caerse a pedazos.
-Asi está mejor- exclamó el dios quitando su mano del cuello de la mujer y permaneciendo hincado a su costado. Le hice una caricia en el rostro que ya soportó cual si fuera el último ademán de una tortura- Las mujeres de esta época son bastante diferentes a las de la última vez que tomé una esposa. Tú serás la última. No tengo intenciones de complicarme la existencia con una criatura de ánimo insurgente.
-Que privilegio- murmuró Mary con ironía y resignación.
-Deberias realmente considerarlo así. No envejeceras, ni morirás. Vivirás por siempre...
-Nunca me ha parecido una idea atractiva vivir para siempre- le respondió Mary.
-Hmm- murmuró Liquir llevándose la mano a la barbilla- Eso me recuerda que como mi prometida que eres estoy obligado a darte un regalo. Dime ¿qué deseas antes de contraigamos nupcias?
Mary se le quedó viendo como si le hubiera dicho la cosa más insólita del universo. La naturalidad de esa criatura al referirse a cosas como esas no hacía más que recordarle que no pertenecían al mismo plano. Unos segundos atrás estaba amenazándola con someterla una tortura eterna y súbitamente le estaba ofreciendo el regalo que ella quisiera. Por más desenfadada que ella fuera y por más naturalidad con la que se tomara las cosas, no podía evitar sentirse desconcertada.
-Dejame ir- le pidió, pese a que sabía era un deseo imposible.
Liquir rió. Fue cómico escucharlo porque no se oyó diferente a como se oiría un zorro ordinario. Y si has oído reírse un zorro ordinario sabrás que su risa es bastante extraña. A él no apareció avergonzarle el sonido que causaron sus carcajadas. De buen ánimo le ofreció la mano a la mujer para ayudarla a incorporarse, diciéndole que había hecho un buen intento, pero que justo eso era lo único que no podía concederle.
-No te mentire- continúo diciendo mientras caminaba entorno a ella- Puedo llegar a ser muy vengativo si no me complaces y obedeces, pero también muy generoso si te esfuerzas en mantenerme feliz. Mis otras esposas, las que aún viven, entienden esto y sus vidas son muy placenteras. No tienes de qué preocuparte, siempre y cuando, te apegues a las reglas- terminó de decir viéndola desde atrás- Eres una buen espécimen...
Mary se abrazo a sí misma viéndole de reojo con bastante desconfianza, pero también comprendiendo que no tenía muchas alternativas para escapar de su destino.
-Dime una cosa ¿Por qué me escogiste a mí?- le pregunto recordando lo que oyó de la discusión de él y Bills.
-Hmm... En realidad no te escogí solo eras la única opción que tuve cuando las condiciones se cumplieron- le respondió.
-¿A qué te refieres?- le consultó la muchacha.
-Hace hace siglos hice un trato con los isleños. Dejaría de tomar a su gente como mis concubinas y sirvientes si a cambio construían para mí algunos templos, pero también le solicité que construyeran unas trampas- le explicó acariciando la cola de Mary- Si no podía tomar a ninguno de ellos debía tomar a otros. Las cabañas han funcionado para captar a mis posibles futuros adeptos que conforman mi séquito de este lado. Claro que existen condiciones una de ellas es que solo puedo tomar a uno por cada vez que esas cabañas tengan visitantes y solo puedo tomar al que encuentre solo. Esa noche tú eras la única que estaba ahí. La única con forma humana- agregó.
-Maldita sea mi suerte- exclamó Mary medio riendo.
-Serás la esposa de un dios reconsidera tu percepción de estos eventos- le dijo Liquir.
-Todavia quedan unas horas antes del ocaso ¿Crees que podrías dejarme ver a mis amigos por última vez? Ni siquiera hablaré con ellos. Solo déjame verlos, a la distancia, es todo lo que quiero...
Liquir la miró como analizando aquella petición. La condición de no hablarles llamó su atención, pero suponiendo que ella anhelaba poder mirar a sus compañeros, una última vez era entendible que renunciara a dirigirles la palabra.
-Son las dos de la tarde tienes hasta las seis- le dijo dando un paso al costado para soplarle encima- Disfruta este tiempo. No regresarás a ese mundo jamás después de esto- le indicó y extendiendo su brazo de manera señoral, le indicó una senda de pastos dorados que súbitamente se abrió entre los árboles hacia el pueblo.
Liquir le dijo que solo podía permanecer dentro de esa huella. Si la abandonaba se desvanecería y si no retornaba antes de la hora señalada también se desintegraría. Sin perder el tiempo Mary se echó a andar por aquel camino. Ni siquiera sabiendo a dónde dirigirse. Recordaba haber visto un templo en el pueblo, pero no estaba segura si allí podría encontrar ayuda. Mas le parece una pérdida de tiempo ir con sus amigos que posiblemente tendrían toda la buena voluntad de socorrerla, sin embargo, desconocían cualquier cosa respecto al tema. Cuatro horas y su destino sería sellado. Esperaba que Ann hubiera podido escapar, pero la verdad tampoco contaba con ello.
Una vez llegó a las casas descubrió que nadie podía verla, que pasaba entre las personas como un fantasma y que ella las escuchaba lejanas y veía borrosas. Continúo su carrera sintiendo que iba más lento. A cada paso que daba, se iba formando el sendero dorado. Tal parecía que era ella quien guiaba lo que fuera que diera el suelo ese color metálico. Ignoró eso para acercarse a la santa construcción que se encontraba saturada de turistas. Entró en el lugar un poco perdida. No sabía si buscaba algo o alguien y no veía nada que pudiera guiarle a algún objetivo. Trás correr un cuarto de hora por por los estrechos pasillos de madera, Mary se encontró de frente con un hombre de dos metros, delgado y con un estrafalario peinado. Iba a darse la vuelta creyendo que él no podía verla, sin embargo, algo en la expresión de ese sacerdote la hizo quedarse pendiente de él.
Whiss, que cargaba unos libros y pergaminos, la vio. La vio, pero hizo como si no lo hubiera hecho para darse la vuelta y alejarse por el corredor hacia su habitación. Mary sospechó que ese tipo era capaz de mirarla, por lo que fue tras él avanzando casi a su mismo ritmo. Al sentirse perseguido Whiss aceleró un poco el paso y ella hizo exactamente lo mismo.
-Hey, espera- lo llamó Mary- Tú puedes verme...
-No, no puedo y por favor no me siga- le contestó y tiró lo que cargaba para cubrirse la boca después de cometer tamaño disparate.
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