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XXVII. Unfaithful;

Aprieto mis dedos al mármol frío observando fijo mi reflejo. El dolor en mi cabeza se acentúa como mi puño y en un intento de controlarlo, cierro mis ojos.

Estoy molida, pero la situación no me permite aflojar los músculos y creo que a eso se debe mi jaqueca. A mi estado de alerta profundo. Y es que todos los que vivimos en esta casa sabemos que una visita de mis padres no es simbolismo de buena suerte. Diría más bien que es comparable a una dosis de veneno, silenciosa, peligrosa y enfermiza.

Inspiro fuerte y soltando el aire vuelvo a observarme. No sé porque me he quitado mi camiseta de The Who y me he puesto esta horrorosa blusa blanca. O sí, lo descubro al momento en que lo considero. Es la blusa que me ha regalado mi madre para mi último cumpleaños. De pronto quiero arrancármela y azotarme a mí misma con ella por caer inconscientemente. Pero estoy segura que aparecerme en la sala con otras ropas sería un desencadenante perfecto para sus listas de reclamos.

Mejor renuncio a eso.

Reuniendo oxígeno de nuevo, giro el picaporte de la puerta y abandono el baño.

En la cocina todos están sentados a la mesa. Mi madre deja el último platillo sobre ella antes de acompañarlos también. Hace unas horas yo estaba tirada boca arriba en la cama de Tae, desnuda, con sus manos acariciándome, su voz profunda y trémula del cansancio, hablándome de esa manera en la que hace que todo luzca sencillo. Ahora estoy aquí, con mi espalda tensa como si estuviera al flanco de una batalla, aún en mi propia casa. Ni siquiera hace falta cuestionarme dónde me hallo más.

Busco los ojos de mi amiga, desesperada por un aliado. Sohee ya llevaba su mirada en mí cuando la encuentro. Eleva las cejas un instante y aprieta sus labios con un gesto burlesco, siempre quitándole hierro al asunto. Y yo por fin espiro, me acerco a ellos y ocupo uno de los dos asientos vacíos.

Mi madre lleva su sonrisa falsa en el rostro. Mi padre apenas levanta la vista del plato, como si nadie aquí fuera digno de su atención, mientras llena su boca de comida.

Soy la única que no ha dado bocado aún. Y es que estoy demasiado ensimismada en una cadena de pensamientos. Una idea que trae consigo otra, y otra, y en la que cada paso nuevo me asusta más que él anterior. Estoy más incómoda que nunca, pero ahora mi incomodidad es tan honesta y profunda, tan distinta a la acostumbrada, que de pronto, la sensación de que de verdad desprecio todo este ritual, comienza inquietarme profundamente. 

—¿Qué tal los estudios, Joonha? —rompe el silencio mi padre.

Mi vista se despega de la madera de la mesa y la elevo hacia él, aunque es en vano porque sólo observa su plato. Recordandome lo esencial del momento, comienzo a comer yo también tardándome en darle una la respuesta.

—Saben, señor y señora Jung —interviene Sohee con su voz cantarina, mientras yo barro el resto de mis ideas bajo el tapete y repaso la pregunta una vez más. Sohee me observa a mí y a ellos, con una sonrisa, mientras mi padre apenas le lanza una mirada pero por pura sorpresa, seguro está pensando que es una maleducada—, Hoseok la está haciendo en grande, ¿verdad, Hobi?

Mi madre la ve con una mueca de desagrado mientras Sohee observa ahora a mi hermano, con un gesto diametralmente opuesto al que recibe. Hoseok entrecierra un poco sus párpados, no dice nada pero sé que está cuestionándose "¿En serio va a intentarlo?". Y sí, va hacerlo. Algo que me ha alegrado desde el primer instante en que supe que ese par estaba saliendo, es que ella nunca se rinde. Y sé de primera mano que los Jung somos propensos a necesitar de fuerzas externas. Cuando hallo una leve similitud entre mi dinámica con Kim Taehyung y la de ellos dos, me sonrío sin evitarlo.

—¿Y eso? —termina por cuestionar mamá, más con reparo que curiosidad.

—Sí, no sólo le está yendo de maravilla con sus clases de baile, también ha comenzado con presentaciones. Y ha ganado una buena pasta eh.

Sé que el silencio es justo lo que esperaba Sohee. También sé que igual lo intenta porque quiere que sepan que mi hermano no es un fracasado, como en algún momento mi padre trató de hacerle creer. Y además, una pequeña parte de ella, espera que puedan verle con sus mismo ojos. Es esa parte la que al final logra arrancarle un suave suspiro de tristeza, cuando por no recibir respuestas vuelve con su vista a la mesa.

Desde aquí no los veo, pero estoy segura que ahora mismo Hoseok le afirma la mano en su pierna.

—¿Joonha? —vuelve hablar mi padre, como si nada hubiera pasado entre un silencio y otro. ¿Cómo pueden ser así? —. Un colega de aquí me dijo has presentado tu tema para el concurso. ¿No hay nada que quieras decirme?

Mi corazón se agita en mi pecho. ¿Por qué de pronto me siento más cobarde que nunca? Las palabras del profesor Davis suenan en mi cabeza como advertencia.

"¿Eres consciente de que el concurso será evaluado por personas que probablemente se sientan ofendidas por esto?"

Abro la boca pero nada sale de ella y cuando mi garganta suena sin saber con qué, el timbre de la puerta irrumpe en el silencio. Mi hermano me mira de inmediato, cuestionando con sus ojos, y la verdad es que aunque no tengo ni idea quien puede ser, me paro de golpe de la silla.

—Yo voy.

Mis rodillas tiemblan cuando me dirijo a la puerta del apartamento, odiandome, sacudiendome internamente frente a la rabia que me causa mi incomprensible sometimiento. Me lleva un momento discernir que es Tae quien está del otro lado. Su sonrisa ensancha en sus labios arrastrándome despacio a la realidad, una que no me apetece. En lugar de que mi pánico desaparezca, lo único que hace es crecer.

No, vete, no quiero que...

—¡Jungsie!... —exclama con una alegría que vuelve todo aún más confuso. Lo observo un instante, está agitado, su cabello miel revuelto y su ropa como si acabara de juntarla del piso. Tiene el casco de su scooter bajo el brazo y con ilusión se acerca a mí—. La termine... —dice, y sus dedos largos se dirigen de pronto a mi mejilla, mientras unas pisadas que identifico perfectamente suenan tras mis espaldas.

Joder... no... 

Los dedos de Taehyung caen al vacío cuando doy un paso atrás, alejándome de él. Caen despacio, tan lentos y perdidos como nace ese gesto de su rostro, ese que de a poco borra su bonita sonrisa. Ese que pesa tanto como lo hace esta madeja de contrariedad que tengo alojada en el pecho.

—¿Quién es? —El picaporte desaparece de mis dedos. Mi madre está de pie a mi lado, ahora sostiene ella la puerta. Los ojos de Taehyung siguen fijos en los míos. No puedo dejarlos. Sus comisuras descienden a un límite imposible, su mirada impaciente espera mi respuesta, y aunque aún observo a Tae, siento que los ojos de mi madre me desafían incluso más—. ¿Joonha?

—Un... compañero. Ya se iba...

No me atrevo a llevar la vista a ella, no quiero ver ninguno de sus gestos de desprecio ahora mismo. No quiero ver como le tuerce negativamente sus labios al chico más sorprendente que he conocido, no quiero ver nada de eso porque bastante me averguenzo de mí en este instante; pero sobre todo, porque sigo sin poder abandonar su rostro. Esos ojos negros, dulces y briosos, que despacio se aletargan, se mueren frente a mí y yo no hago nada. Al instante comprendo que mi esfuerzo de salvarnos de esto, ha sido incluso peor. Mi cuerpo sigue tieso en el mismo sitio. Lo veo tragar duro. El silencio me aturde como si estuviera gritandome con fuerza.

Mi madre suelta la puerta. Tras un instante se da la vuelta y marcha a la mesa.

—Menos mal... —rompe bajo su voz detrás de mí, empeorándolo todo. 

Taehyung deja caer la mirada. De pronto mis ojos arden y no sé si es por haberlos tenido tan fijos en los suyos, o porque estoy increíblemente furiosa. Como si mi alma estuviera enajenada pero mi cuerpo no la dejara actuar. Una guerra se desata en mi interior mientras mis pies siguen afianzados al suelo, y mi lengua apretada dentro de una boca incapacitada de expresarse.

—Menos mal... —repite él, elevando su sonrisa falsa hacia mí, antes de darse la vuelta y marchar.

Escucho un murmullo tras de mí que no logro interpretar.

Tae... Taehyung espera...

—Joonha. —pronuncia fuerte mi padre, haciéndome dar un respingo, despertándome, mientras la espalda de Taehyung desaparece escaleras abajo—. La cena, regresa a la mesa por favor.

No.

No.

No.

—No. —se apresuran mis labios.

—¿Qué has dicho?

—Que no. Que no voy a regresar a la mesa. —Mi corazón me aturde los oídos, no escucho mi propia voz y ni siquiera sé que está soltando mi boca pero no puedo detenerme cuando me giro hacia ellos. Los cuatro pares de ojos crecen en mi dirección—. No tengo ánimos de tener esta cena. ¡Por Dios! ¡Ni siquiera fueron capaces de preguntarnos si nos apetecía! Sólo han venido aquí con sus caras de oler mierda a imponer sus porquerías.

—¡Joonha! —mi madre vuelve a ponerse de pie de golpe. 

—¡Estoy harta de esto! ¿Por qué... por qué no pueden tratar a mi amiga como se merece? Es mejor persona de lo que yo lo seré jamás. Y Hoseok, ¿ni siquiera son capaces de preguntarle si está bien? ¡¿Que carajos pasa con ustedes?! —Mis pies me voltean hacia la puerta nuevamente antes de siquiera escuchar lo que tengan para decirme.

—¡¿A dónde crees que vas?! —brama mi padre. De pronto la prepotencia de su voz me parece tan ridícula, toda esta situación lo es, y no puedo evitar soltar una risa incrédula. 

—Tienes razón, antes voy a contarte de mi ensayo, padre. Es sobre como tu generación es una puta mierda y nos han envenenado a todos, para después flagelarnos con sus miradas de decepción... No te preocupes, ustedes también nos decepcionan...

—Si cruzas esa puerta no regreses.

Lo último que veo antes de seguir mi camino, es la enorme sonrisa de mi hermano y Sohee.

Los escalones se escurren bajo mis pies, uno tras otro. Los pisos destellan a mi alrededor a una rapidez insólita. Me siento jodidamente liviana y mi pecho agitado lo hace ahora de emoción y no pánico.

Tengo que llegar a él.

Cuando cruzo desesperada el hall del edificio, mis ojos desorbitados lo buscan por toda la calle. Y no es hasta que los faroles de su scooter se encienden, que lo veo.

—¡Tae! —grito al instante en que hace sonar su motor y sube uno de sus pies—. ¡Taehyung espera! —Y justo cuando pensé que iba a marcharse, el sonido se aminora y sus zapatillas se clavan ambas en el suelo. Aún estoy agitada, pero me apresuro en acercarme a él, que quita el casco de su cabeza—. Tae... lo siento, no quise...

Su brazo escapa de mi mano, al igual que mi mejilla se deshizo de sus dedos hace unos minutos.

—Y una mierda Joonha... Si quisiste, claro que quisiste... Joder... —masculla bajo. La risa que suelta cuando restriega su mano por su frente se siente como un golpe directo en mi estómago.

—No es lo que piensas ¿vale? Sólo quise evitarte un mal momento porque sabía que-

—¡Vaya! ¡Gracias Jungsie! Qué considerada...

—Tae...

—¿Sabes que es lo peor de todo esto? Que ni siquiera es a mí a quien niegas, juro que podría con eso si fuera honesto. Pero es a ti misma... Mirate ¿Qué es eso que llevas puesto? —mis ojos me punzan, mis dedos se ciñen al borde de mi blusa, y estoy tratando de comprender si es por la dureza de sus palabras o la pena que lleva en su mirada. Joder, le he hecho daño—. Siempre intentando ir contra todo el puto mundo pero solo logras ir contra ti... Da igual... —chasquea la lengua y lleva la vista al frente cuando rápidamente sus manos devuelven el casco a su cabeza—.  Eres una cobarde...

Y antes de que pueda decir nada, arranca.

Su scooter rosa desaparece al final de la calle, dejándome el alma a los pies.

Soy una idiota.

###

El ruido del ascensor me hace levantar la frente de mis rodillas. Yoongi sale rápido de allí y se frena de golpe al verme sentada junto a la puerta de su estudio. Cuando sus ojos encuentran los míos, lanza un suspiro de alivio.

No dice nada. Despacio se deja escurrir por la pared hasta mi lado en el suelo, y apoya los codos en sus rodillas. Lleva una gorra de visera negra que se quita, para pasar la palma de su mano por su frente húmeda y cabello, y luego vuelve a colocársela mientras yo dejo caer mi cabeza en su hombro. 

—Parece que hoy me he perdido de toda la diversión. —dice bajo.

—Eso te pasa por evitar a mi padre.

Su hombro se eleva un poco y sé que se ha reído aunque no hace sonido alguno.

—Tu hermano estaba preocupado. Dejaste el móvil.

—¿Me estabas buscando? —pregunto alejándome un poco para verlo.

Hace una mueca de desagrado con su boca.

—¿Sabes lo que es tener a Sohee amenazándome al teléfono con que mis huevos terminaran en una plaza si no te encuentro?

Una risa desganada sale de mi nariz y termina volviéndose un sollozo.

—La he cagado... —acabo por soltar, y otra vez devuelvo mi cabeza a su hombro.

—Bueno... depende de donde lo veas. Si te refieres a que somos tres sin techo, pues sí. En todo lo demás: Enhorabuena Juan.

—¿Como que "tres sin techo"? ¿Qué pasó con Hobi? —vuelvo a despegarme para mirarlo preocupada.

—No lo pille mucho porque tu amiga bajo estrés es verdaderamente incoherente pero, creo que, todo lo que sea que hayas dicho hoy, Hope lo respaldo.

Joder... este es el día más largo de mi vida. Por tercera vez dejo caer mi cabeza en su hombro cuando suspiro profundo. Lo gracioso de todo esto es que, aunque la bomba haya estallado y haya arrasado con todo, no tengo ningún pensamiento atormentándome, más que la mirada triste Taehyung. Es como si la explosión hubiera calmado el constante "tic,tic, tic" de mi cabeza.

Solo lo necesito a él.

—Le hice daño. Lo vi en sus ojos.

—Debería comenzar a llamarte Yoongi, y no Juan. —cierro mis párpados y río sin ganas, solo para respaldar un poco su humor ácido. Supongo que Yoongi ya ha estado en mi lugar antes—. Te lo aseguro, Joonie, lastimar a alguien que quieres es mil veces más doloroso que ser herido.

—Hoy... le dije que estaba aterrada... Taehyung me dijo que nunca me haría daño. ¿Cómo no pude ver que yo no sería la única víctima de mis dudas? Necesito hablar con él, Yoongs. —Cuando digo lo último entierro más mi cabeza en su brazo porque mis ojos comienzan a punzarme de nuevo.

—Tranquila, dale un poco de tiempo ¿si? —Siento sus dedos tejerse en mi cabello y después una presión en mi coronilla que interpreto como un silencioso beso—. Ahora vamos adentro. Tenemos que jugar un piedra papel o tijera para ver quien duerme en el sofá. 

—¿Crees que van a desmatricularme de la Universidad?

Yoongi se pone de pie y estirando las dos manos en mi dirección me ayuda a mí a hacer lo mismo.

—¿Estás de coña? ¿Y llamar la atención de todos sus colegas? Tranquila, no pasará.

—De todas formas, no quiero volver a casa. De verdad, no quiero nada de ellos.

Antes de terminar de abrir su puerta Yoongi se vuelve a mí.

—No podemos competir cada noche por el sofá, pero creo que sé de un lugar que te gustará.

Eran demasiado felices, eww
JAJAJAJA
NO ME ODIEN
Yo l@s amo

¿Qué piensan? ¿Quién actuó bien? ¿Quién actuó mal? ¿Quién peor?

Fue algo corto pero es que no quedaba bien unirlo con lo que sigue. Trataré de actualizar antes del siguiente Domingo 🙏

En otras noticias:

R.I.P Mimi ⚰️💐

Si no actualizo es culpa de este señor.

💕♥️💕

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