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"Ofertas"

[Dorian]

Sentí un dolor punzante en mi cabeza por la mañana, eso mismo me hizo tener que levantarme de la cama.

Escuché mi celular sonar y tuve esa sensación de estar fuera de casa, como cuando despiertas en un lugar que no es tuyo, me sentí ajeno en mi propio cuarto cuando no escuché la marea ni la arena golpear en mi ventana.

Lo único que si agradecí fue deshacerme del rechinido frustrante que tenía la otra cama.

Respondí la llamada y mi voz sonó extraña.

— ¿Estabas dormido bebé? — preguntó Brais en la línea.

Me alegró completamente escuchar su voz tan temprano.

— No — estiré mi cuerpo — ¿Por qué llamas tan temprano? — eran apenas las ocho de la mañana.

— Creo que no tomamos en cuenta la diferencia de horario, son las tres de la tarde — dijo y rió.

— ¿Qué? — claro que no había pensado en eso.

— Tranquilo, tú dime a que hora puedo llamarte y te llamo — mencionó.

Nunca había sentido tanta impotencia por no poder abrazarlo o simplemente verlo.

— Está bien, ¿cómo va tu día? — le pregunté y me puse de pie para entrar al baño de mi habitación.

— Pues bien, ya desempaqué muchas cosas y parece que mañana iré a ver unas universidades — contó.

— Yo no he hecho nada — hice un puchero aunque no pudiera verme.

Comencé a cepillarme los dientes.

— Era de esperarse, — rió en la otra línea.

— Oye, pude haber hecho algo — reproché.

Solo hubo una risa como respuesta.

— Amor.

— ¿Mande? — pregunté.

— Mamá me ocupará para algo, prometo hablarte más tarde, ¿si?

— No te preocupes, más tarde hablamos.

— Te amo.

— Te amo más — sonreí al teléfono.

Luego de hablar dejé el celular a un lado pero volvió a sonar, creí que era Brais de nuevo pero era Sydney.

— Aló — respondí.

— ¿Qué haces despierto? — preguntó extrañada — Creí que tendría que levantarte.

— Estuve hablando con Brais — le dije.

— Wow, si lo quieres, Dorian despierto antes de las doce del día en vacaciones es bastante extraño.

Solo reí como respuesta porque era muy cierto.

— ¿Y tú? ¿Por qué llamas tan temprano? — pregunté.

— Las tiendas con descuento abren en una hora, William no tiene auto así que te toca pasar por nosotros.

— Está bien, solo tengo que bañarme y desayunar algo — ví todas las cajas en mi habitación y me estresó saber que hoy tampoco ordenaria mucho.

Terminé la llamada sin decir más.

***

Me bañé más rápido de lo que esperaba, logré desayunar un poco de huevo con tocino, solo, seguramente Paige seguía dormida y mis padres ya estaban trabajando.

Extrañé por un momento el comedor lleno en la cabaña.

Me arregle un poco el cabello y me vestí con la poca ropa que tenía limpia la demás mi madre la había enviado a la lavandería.

Tomé las llaves de mi auto, él era mi pequeño tesoro y probablemente lo que más había extrañado de la ciudad.

Recogí a Sydney en su casa pues estaba más cerca de la mía que la de William.

— ¡Hola! — saludó animadamente.

Su vibra era totalmente única.

Seguí hasta casa de William.

— Ya que estamos los tres tenemos que hablar — sentenció Sydney.

— ¿De que hablas? — preguntó William de inmediato.

— Pues necesitamos reglas para lo que vamos a realizar ahora — se refirió a las compras.

— Creo que después de cinco años, estamos bien entrenados — la intenté convencer.

— Es nuestro último año en preparatoria y por ello tenemos que ser más inteligentes que todos ellos, saben que ahí dentro todo se vale ¡todo!

— Claro que si, no voy a olvidar que el año pasado me hiciste robarle una blusa a una chica — inquirió William.

— ¡A mí me robaron una chaqueta! — chillé.

— ¡Por eso! Debemos ser un equipo — dirigió Sydney.

— ¡Equipo! — gritamos William y yo.

**

La tienda era el caos más grande que mis ojos hayan podido captar, había niñas golpeandose en el suelo, otras jalandose el cabello y simplemente arrastrándose por el suelo.

Esta tienda era una de las más caras y reconocidas de todo México y justo antes de volver a clases hacía un descuento extremo que volvía loca a la gente.

— No me pierdan de vista, por favor — dijo Sydney y entró a la multitud.

Desde lejos me quedé observando que nadie la lastimara pues ésta era normalmente no función y la de William aunque apenas me giré él ya no estaba.

Sydney estaba encima de dos chicas intentando arrebatarles una falda muy bonita la verdad. Sydney parecía tener el control así que con la mirada busque a William.

Busqué su cabellera rubia pero luego recordé el tinte marrón que se había realizado por lo que me dispuse a buscar, pero había tantas personas castañas que no fue posible.

— ¡Es mía! — escuché un grito y reconocí la voz de W al instante.

— ¡Hey! — le grité pero estaba bastante concentrado peleando una chaqueta.

Intenté moverme con agilidad para intentar ayudarlo pero haberme comido dos hamburguesas hace apenas treinta minutos delimitaba mis posibilidades.

Me metí entre varios chicos que peleaban por la misma chaqueta, no tenía ni idea que era lo especial pero quise ayudar.

Uno de los chicos logró tumbarme y hacerme caer sobre William, me lancé de nuevo encima de uno de los más grandes y no sé si fue por accidente o intensional pero golpeó fuertemente mi estómago, intenté aguantarme pero luego de segundos mi facilidad por vomitar apareció y se derramó por todos los chicos que peleaban la chaqueta.

Agradecí no haberme vomitado a mi, ni a la chaqueta ni a William pero si a los demás chicos.

Se fueron directo al baño, William ganó la chaqueta y se acercó a mí.

— ¿Estás bien? — me preguntó.

— Si si, creo que hasta me siento mejor después de eso — reí para convencerlo.

— ¡Alerta roja! ¡Vámonos ya! — gritó Sydney y corrimos a la caja para pagar.

Los tres salimos estallando en carcajadas después de todo eso.

— Nos extrañaba juntos — dijo Sydney abrazándonos con un montón de bolsas de papel con ropa.

— Yo también los extrañaba — les dije.

Estando en mi auto le pedí a William que condujera poniendo como excusa el haber vomitado aunque no era eso por lo que no quería manejar, simplemente o me gusta mucho hacerlo.

En el asiento trasero comencé a comer nuggets que habían sobrado de hace un rato.

— ¿Qué? — pregunté cuando ambos me miraron.

— ¿Qué haces comiendo de nuevo? — preguntaron.

— Pues tengo que reponer lo que tire, ¿no?

Me dejaron en paz después de eso.

Comencé a revisar redes sociales pues ya que aquí eran las diez de la noche en Francia eran las cinco y Brais estaba dormido.

Me llevé una gran sorpresa cuando noté que la mayor página de chismes del colegio estaba suspendida.

Revisé otra y era exactamente igual.

— ¿Alguien sabe por qué todas las páginas de chismes están caídas? — les pregunté confirmando que absolutamente todas estaban así.

Se quedaron callados por algunos segundos en los que estoy seguro compartieron miradas aunque yo no los haya visto.

— Están así desde hace poco más de un mes — dijo Sydney al mismo tiempo que William detenía el auto pues estábamos frente a su casa.

— Los veo luego — dijo y me bajé del auto para conducir.

Estuve callado la gran parte del camino a casa de Sydney porque no paraba de pensar en que algo estaba mal, algo que ellos sabían y que estaba casi seguro querían ocultarme.

Yo no era para nada una persona que se quedaba con las ganas de preguntar y sentí que Sydney podría ser más sincera si William no estaba.

— ¿Qué está sucediendo? — le pregunté.

— ¿He? — preguntó.

— Desde que llegué, William y tú han estado demasiado raros con todo — dije con la vista en el camino aunque quería ver su rostro.

— No está sucediendo nada — dijo en tono de obviedad.

— Tenía esperanza en que al menos tú fueras honesta — admití ya a pocos metros de su casa.

Ella se quedó callada hasta que llegué a su casa, estaba claro que no quería decirme que sucedía y me molestaba demasiado.

Desde muy pequeños siempre habíamos estado juntos los tres con absolutamente todo, sabía que tal vez sería extraño volver después de dos meses, que me perdería de cosas pero también quería que ellos me contarán todo.

— Dorian, yo — comenzó a hablar pero parecía callarse a si misma — Sabes que lo último que quiero es dañarte, jamás querría eso.

— Lo sé Sydney, lo que quiero saber es que sucedió, quiero que sean honestos conmigo.

— Si por mi fuera te lo diría ahora mismo, pero no soy solo yo la que tiene que decidir, tengo que hablar con William para poder decírtelo — que admitiera que si ocultaban algo me dolió mucho más que sospecharlo.

— ¿Cómo esperas que él quiera decírmelo? Está claro que es lo último en sus planes — le dije sincero.

— El Viernes habrá una fiesta para dar inicio a él nuevo ciclo escolar entre los alumnos — mencionó.

— ¿Eso en qué me ayuda? — pregunté.

— Sabes cómo es William en las fiestas.

— ¿Que toma demasiado? Eso todos lo sabemos — le dije.

— Y qué borracho, dice todo lo que le preguntes — inquirió.

— ¿Estás diciendo que..

— Solo lo mencioné, ya tu sabrás que haces con mi información, te veo el Viernes, ve con cuidado — beso mi mejilla y bajó del auto rápidamente.

Llegué a mi casa pensando en todo este asunto casi a las once de la noche.

Hablé con mis padres, cosa que probablemente no haría hace meses.

Luego subí a mi habitación, tomé el celular y noté una notificación, era una solicitud de amistad.

Brais McQuaid.

Sonreí al leer su nombre, acepté la solicitud de inmediato y le envié un mensaje.

Holaa, ¿ya despertaste?
11:04

Si, hoy tengo que ir a la universidad temprano.
11:05

Yo recién llego a casa y tú ya tienes que irte:(
11:07

Prometo llamarte más tarde y contarte cómo me fue, ¿si?
11:07

Está bien, mucha suerte bebé, te extraño.
11:08

Te extraño mucho más.
11:08

Me deprimia demasiado pensar en lo poco que hablábamos y lo mucho que nos afectaba la diferencia de horario pero me sentía algo feliz sabiendo que podíamos estar juntos pasará lo que pasará.

Cada que sentía que no podía más, recordaba todo lo que habíamos pasado y me fortelecia la idea de estar juntos para siempre.

***

Días después.

Estaba cenando en videollamada con Brais como ya era costumbre aunque a diferencia de mi, él estaba desayunando pues era su primer día en la universidad.

— Come las verduras también Dorian, te estoy viendo — regañó.

— Me como todas menos las zanahorias, en serio no me gustan — chillé y seguí separandolas.

Eran las once de la noche, estaba comiendo algo antes de ir a la fiesta con Sydney.

— Deberías comer todas las verduras — volvió a regañar.

— ¿Y tú? ¿Solo tomarás café? — le pregunté.

Él sonrió ampliamente sosteniendo el termo entre sus manos.

— Por ahora sí, aún es temprano luego de esto me bañaré y almorzaré bien — explicó.

Pensé en seguir reprochando pero no quería parecer demasiado.

— Bueno, pero almuerzas bien he — él asintió y yo levanté mi plato de comida y lo llevé al fregadero — Oye, ¿no estás nervioso? — pregunté.

Suspiró.

— Si, la verdad me da muchos nervios, más que nada por el idioma.

Me detuve para lavarme los dientes y acomode bien el celular al frente.

— Pero tú si hablas bien el inglés, ¿no? — pregunté.

Brais no hablaba Francés pero en la escuela a la que iba podía comunicarse con Inglés.

— Si, pero me da miedo pensar en que haya personas que no me entiendan — dijo preocupado.

— No te preocupes bebé, te irá bien — intenté convencerlo.

— Yo espero que sí — dijo no muy convencido.

— ¡No dudes! — casi le suplique, él solo rió.

— Bueno, ¿Y tú? ¿A dónde irás tan tarde? — fingió estar molesto.

— Habrá una fiesta por el inicio del año en la escuela e iré con Sydney y William — le expliqué.

— ¿Harás lo que te dijo Sydney? — me preguntó, ya le había explicado todo.

— Aún no sé, quisiera que fueran sinceros conmigo sobrios — admití.

— No voy a decirte que es lo correcto porque no lo es pero, ellos no están siendo muy correctos que digamos — me dijo.

— Lo sé — dije algo ¿desepcionado?

Escuché el claxon afuera y me sentí triste por tener que colgar con Brais.

— Tengo que irme — dije triste.

— No te preocupes, diviértete cariño — sonrió.

— Te amo — le dije.

— ¡Yo más! — dijo animadamente.

Finalmente terminé la llamada, me despedí de mis papás y salí.

Al subir al auto la mezcla de perfumes me invadió.

— ¿Por qué tanto perfume? — les pregunté.

— No seas llorón — se quejó Sydney.

Llegamos a la fiesta y fue imposible no sentir el ambiente con la música y las bebidas.

— Ahora vuelvo — dijo William y se fué con un chico que yo nunca antes había visto.

— ¿Quién es él? — le pregunté a Sydney.

— Es Benja, es nuevo, William a estado ayudándole a adaptarse y a entrenarlo para el equipo todo el verano.

Solo asentí.

— ¡Vamos a bailar! — dijo y no pude evitar sonreír.

El verano había sido increíble pero las fiestas de la ciudad me animaban a seguir aqui y me recordaban porque en un principio no había querido irme de vacaciones.

Luego de un par de horas estaba sudado y al cansado de bailar con los chicos, aunque no ayude en eso, William estaba bastante tomado me lo decía lo rojo de sus mejillas y nariz como lo despeinado y poco equilibrio que tenía.

— Creo que es hora de irnos — le grité pues era la única manera en la que me escuchaba por la música.

— ¿Tan pronto? — preguntó riendo.

— Son las tres de la mañana, le dijiste a tu madre que te quedarías en mi casa y si no nos vamos ahora mi madre llamara a la tuya — le respondí.

— Está bien, me despediré rápido — le quite las llaves y lo dejé ir.

Camino a casa estuve pensando en intentar hacerlo hablar, no sabía si tenía miedo de lo que podría pensar de mi, o de lo que pudiera descubrir.

— No hagas ruido — le dije ayudándolo a bajar de su auto.

Cerré la puerta de la casa con lentitud para que mamá no se despertara, puse las llaves en su lugar y con esfuerzo lo llevé hasta mi habitación.

— Tú casa está muy fría — dijo por el aire acondicionado y se acostó en mi cama.

— Hey, tú duermes en la otra cama — le dije, había otra cama pues si no era él el que venía conmigo después de una fiesta era Sydney.

Con pesadez se levantó y fue a la otra cama donde se dejó caer con todo el peso.

— Ponte esto — le tiré una pijama gruesa para que no tuviera frío.

La sostuvo en sus manos y la vió con extrañez.

— ¿No es muy pequeña? — preguntó.

— No, cállate — respondí y comencé a cambiarme.

Él hizo lo mismo y ambos nos acostamos.

Luego de pensarlo por mucho tiempo no quería quedarme con la terrible duda.

— William — le llamé.

— ¿Si?

— Somos mejores amigos desde hace mucho y sabes que puedes decirme lo que quieras, ¿cierto? — silencio — ¿William?

Temí que se hubiera quedado dormido.

— Lo sé — respondió.

Luego de eso nos quedamos en silencio de nuevo pero sabía perfectamente que no faltaría mucho para que quisiera hablar.

— ¿Te puedo contar algo? — preguntó.

— Si — dije de inmediato.

Caminó hasta mi cama y yo me senté imitandolo.

Estuvimos sentados segundos en los que ninguno habló, no quería forzarlo.

— Dorian yo siempre te he contado todo pero.. — le interrumpí.

Se veía demasiado honesto, tanto que no podía dejarlo decirme algo que tal ves no quería.

— Si quieres puedes contarme luego que te sientas mejor — le dije.

— No tomé demasiado, exageré un poco para no conducir — rió.

— Idiota — le dije riendo también.

— ¿Entonces si puedo decirte? No quiero arrepentirme después.

— Si — le respondí.

Suspiró pesadamente y me hizo sentir más ansioso.

— Es que, no es grave pero...

— ¡Dime! — ahora sí exigí.

Dudó por segundos.

— También soy gay.

¿Qué?

Ojalá hubiera podido emitir alguna palabra pero solo me quedé con una mirada profundamente extraña y sin poder decir nada.

Solo pude pensar, ¿qué mierda?

¿Otro gay?

***

Holisss! Este capítulo está bien largo JAJAJJAJ

Oigaan quería ver si querían que respondiera preguntas de la historia o de los personajes solo si ustedes quieren, si no pos no jajsjaja yo decía para que resuelvan sus dudas o curiosidades ajhsaj

Muchas gracias por leer, votar y hasta comentar, no tienen idea de lo mucho que los amoooo<3 bais

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