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~Cara a cara~

Elsa

Solo estaba esperando que Tadashi terminara su llamada para que pudiese darme las últimas indicaciones de la organización de un almuerzo para ejecutivos y escritores de la editorial. Sería en al menos en una semana y tenía mucho que hacer.

—Regreso en un segundo, olvidé algo en recepción — Tadashi volvió dentro de la empresa con su teléfono aún en el oído, dejándome en la entrada con ese idiota.

Él era el anfitrión de dicha comida, pero Hans había ofrecido su pretensiosa casa para hacer el evento en el cuidado jardín de su madre. En muy poco yo debía estar en su casa cerciorándome para que todo estuviese en orden con los preparativos. Al menos, mi jefe dijo que no era algo que no podría hacer en mis establecidas horas de trabajo, y de necesitarme un par de horas más obviamente las pagaría.

Sin embargo, mi cabeza daba vueltas todo el tiempo. En ese momento solo podía esperar a que Jack no se acercara a mí, nada bueno iba a salir de eso. No quería problemas, y lo último que quería era que Jack se involucrara en algo.

—¿Se molestará mucho si sabe que estarás más cerca de mí de lo que quisiera? —la sorna en sus palabras era tan clara como el agua. Tenía una patética sonrisa como si le satisficiera la idea. Me hablaba bajo, para que Tadashi no escuchará—. Porque eso sería muy divertido para mí.

Me alejé dos pasos de él, guardando mi distancia de él evitando cruzar palabra. Ocultar mi desagrado hacia él era difícil incluso con Tadashi frente, pero debía esforzarme. Normalmente me ignoraba si Tadashi estaba entre nosotros, y solía provocarme con sus infantiles comentarios. Suponía que sabía de sobra que yo le contaría a Jack, lo hacía más que todo para fastidiarlo a él que a mí. Aunque la perjudicada y la que soportaba a ese imbécil todo el tiempo, era yo.

—¿Seguirás sin dirigirme la palabra?, eso es muy maleducado de tu parte tomando en cuenta que soy uno de tus jefes, ¿no lo crees, linda?

Miré a Jack en la distancia, pidiéndole que leyera mis labios y supiera que le pedía no acercarse. Veía en su rostro lo mucho que odiaba tener a este imbécil de mí, pero realmente no había mucho que pudiera hacer.

Escuché al pelirrojo soltar una asquerosa risa—. Son tan patéticos los dos.

—¿Nosotros patéticos? —le dirigí una filosa mirada, riéndome de él de la misma forma con la que él pretendía ofenderme—, Hans, vives con tus padres y mami te paga tu puesto en una empresa. No te preocupes por si somos o no patéticos y enfócate en soltar la enagua de tu madre.

Soltó una falsa risa, notaba en sus ojos que con solo mis palabras en cuestión de segundos lo hice enojar. Pero claro, era más sencillo pretender que no importaba.

—¿Jack no vendrá a saludar?

Me reí ofreciéndole tanta burla como podía—. ¿Ves cómo sigues siendo un inmaduro? —crucé mis brazos respirando profundo para ni siquiera darle otro gesto de mi rostro a él—. Crece un poco, ¿quieres?

—Quizá debería, pero no puedo cuando me divierte lo hastiado que debe estar verme tan cerca de su esposa, ¿sabes? Aunque no debe preocuparse, debes estar tan gastada que ni siquiera provoca tocarte. Es mera diversión mía.

Su teléfono también sonó y procedió a ver quién era, aunque ni siquiera le tomó la importancia y volvió a guardar su móvil dirigiéndome la mirada.

Él me causaba tanto maldito repudio, cada palabra que salía de su boca no podía soportarla. ¡Era un maldito!

—Ahora, una pregunta fácil. Según sé, mi hija es amiga de tu pequeño error, ¿no es así?

Apreté la mandíbula con fuerza, mordiéndome la lengua para no soltarle el veneno que merecía ser escupido como acido sobre el rostro.

Jaló mi brazo hacia él, apretando con fuerza donde me sostenía, provocando que mi cuerpo girara a su dirección. Mi pecho palpitó con fuerza al sobresalto de su acción. Era la única forma de que pudiese tener mi atención en ese momento.

—Te estoy preguntando algo.

—Suéltame —desprendió su mano de mí. Respiré con dificultad, estaba furiosa—. ¿Preguntas por tu hija?, ¿cuál, exactamente? Tú no tienes una.

—Supe que se llama Artemis, lindo nombre, ¿no crees? Tooth hizo un lindo trabajo. Aunque me molesta que tu mocoso esté siempre a su alrededor.

¿Su madre seguía yendo con la niña?, ¿era ella quien le decía todo eso?

—No te atrevas a hablar así de mi hijo, ¿entiendes? Toda esta mierda tuya tiene un límite. Además, ¿ahora te importa ella? Vete a la mierda.

Observé a Tadashi, queriendo asesinar a quien sea que fuera que lo llamaba. Se estaba haciendo eterno y él solo sonría, saludando con un gesto a quienes se despedían de él.

De pronto sentía unas manos a mi espalda, tomando mi cintura despacio creando un espacio más grande entre Hans y yo. Comencé a temblar, Jack había hecho exactamente lo que le pedí que no hiciera. Ahora estaba cerca de él, lo que yo simplemente quería evitar.

—Ya era hora, Jack —se burló, sin alguna expresión en el rostro.

—No la toques.

Lograba apreciar su profundo enojo, su expresión fácil hablaba mucho más que su actuar. Estaba tenso, lo sentía con el agarre de sus manos en mi cuerpo. Escalofríos bajaban por mi cuerpo provocándome un sudor frío que me calaba. Llevaba ya mucho tiempo sin verlo de esa sombría manera.

De volví mi mirada hacia Hans. Furiosa, me sentía muy aferrada al asco que concebía por él. A su sonrisa burlona florecer de nuevo en su pútrido rostro, y esa aura de creer que tenía poder sobre nosotros. Y lo odiaba, porque de cierto sentido, lo tenía. Sabía que mi familia vivía bajo una amenaza suya.

El pelirrojo levantó sus manos, como si no hubiera hecho nada—. Solo le preguntaba por mi hija, Jack. Creo que hablaste con mi madre acerca de ella. ¿Quién te crees para prohibirle ver a su nieta?

—A diferencia de ella y tú, he visto crecer a esa niña con sus padres. No tienes derecho para referirte a ella o proclamarte su padre.

—Le mencionaba a Elsa que no me gusta que tu bastardo sea quien esté todo el tiempo con ella. ¿Podrían alejarlo? —nos miró como un par de seres totalmente inferiores a él—, es molesto que me cuenten de ella y que siempre tenga que oír de él también. Me da asco, y no quiero ser yo quien tenga que alejarlo, ¿saben?

Aterrada y paralizada, escuchaba como acababan de amenazar implícitamente a mi pequeño.

Jack tiró de mí hacia atrás de él, cubriéndome de la venenosa mirada esmeralda—. Aléjate de mi familia, maldito imbécil. Ni se te ocurra amenazar a mi hijo.

—¿A un niño? ¡qué va! No sería tan ruin de hacer algo como eso.

De reojo, vi como mi jefe se acercaba sonriente. Cuando llegó, tomé la mano de Jack apretándola fuertemente para que al menos disimulara lo que acababa de pasar. Algunas personas que pasaban para salir al estacionamiento solo miraban con extrañeza, no estaba segura si ponían atención o no. Lo más seguro es que fuera que no.

—¡Bien! —le dedicó una sonrisa amable a mi esposo, quien intentó de volverle el gesto sin poder lograrlo del todo—. Jackson, que gusto verte.

—El gusto es mío —intentó ser tan amable como pude en un momento como eso. 

—Lamento retener a Elsa en su salida, pero necesitamos terminar algunas cosas.

—No, está bien —dio un paso atrás, dándome espacio para hablar con él.

—De acuerdo Elsa, ¿tienes la dirección de la casa?

Asentí levemente, también tragándome lo que pasaba en mi mente—. S-sí, la tengo.

—Perfecto, entonces mañana cuando tengas contratados los servicios de comida y demás, envía la dirección. Estaré pasado mañana ahí contigo cuando lleguen, no quiero que salga mal, pero siendo sincero no soy bueno organizando almuerzos o cosas así —rio enérgicamente, estirando su mano hacia mí siendo tan optimista como siempre—. Cuento con su sexto sentido para que salga bien.

Tomé su mano con una sonrisa tensa y fingida, como si cerráramos un trato—. Todo saldrá bien.

—Bien, nos vemos mañana entonces. Ten un lindo día, Elsa. Nos vemos Jack.

—Gracias, también ten un lindo día.

Tener a Tadashi por jefe era muy agradable, siempre era optimista y una hermosa persona. De hecho, tenía muy buena suerte por trabajar con él. Lo único que odiaba, era que desconocía la clase de víbora que era al que llamaba amigo.

—Como siempre, Elsa, es un placer trabajar contigo —se despidió el pelirrojo, yéndose por la misma dirección que Tadashi.

Debía lidiar con ese casi todos los días que llegaba a la empresa. Odiaba con mi alma tener que pretender que no deseaba gritar la clase de delincuente que era. Gritar que merecía ser encarcelado y ser tratado como una vil basura.

Alcé la mirada hacia Jack, veía en él la misma rabia que movía mi cuerpo.

—Vamos.

Jack condujo fuera del estacionamiento, furioso. La presión en mi pecho me volvía el cuerpo inútil, estaba temblando porque ahora más que nunca podía ver con claridad la amenaza latente por los míos. No solo por Jack, a mi niño lo involucro sin tener porque hacerlo. Solo le daba asco su mera existencia y ya. Nos advirtió con él porque pudo y le dio la gana. Si a ese maldito le seducía la idea de simplemente asesinarlos, lo haría. Tenía a esos dos gorilas para hacer el trabajo sucio por él. Lo intentó una vez.

Un vuelco en mi estómago casi me hace vomitar ante una idea tan devastadora como esa. Realmente quería vomitar.

—¿Te dijo algo? —lo miré de inmediato cuando lo escuché hablar—. Vi que hablaban.

—Solo me provocó y caí —bebí mucha agua antes de continuar y fui sincera con él—. Sé que no debo hacerle caso, lo sé, es solo que debo soportar sus comentarios en cuanto se presenta y mi enojo. Prometo no hacerlo de nuevo.

—No le dirijas la palabra, Elsa.

—Lo sé, lo sé —tragué muy grueso, relamía una y otra vez mis labios secos—. Jack, él...

—No le hará nada.

—¿Quién nos asegura eso?

No respondió nada nuevo, repitió que no le haría nada. No hacía falta que dijera nada más, él tanto como yo; estaba aterrado de eso.

—¿Seguiremos sin hacer nada?

—Lo dudo.

Llegamos un poco tarde a la escuela para recoger a Derek. Era rutina deber ir hasta la entrada para recogerlo, él de inmediato se levantó al divisarnos, arrastrando su lonchera consigo. La maestra nos indicó que debíamos pasar, como de costumbre para mí cada semana, con la psicóloga de la escuela.

—¡Hola mami!, ¡hola papi! —alzó su lonchera para que yo pudiera sostenerla por él—. Tengo mucha, mucha hambre.

—Iremos por hamburguesas, ¿sí? —Jack se agachó a su altura y posó su mano en la cabeza, despeinando su descontrolado cabello—, pero primero quiero escuchar cómo está esa cabecita hiperactiva.

—Sisisisi —respondió de corrido, alzando sus manitas para que lo cargara sobre sus hombros. Una vez sentado en su lugar preferido y bien agarrado, preguntó—: ¿y me vas a dar mi juguete?

—Si te portaste bien, lo haré peque.

—Bebito —miré las tareas que su maestra me había dado, pensando que con eso mi mal rato desaparecería—, ¿si haces caso haciendo lo que ella te dice cierto? porque en casa tú lo haces bastante bien.

Pegó su mejilla sobre el cabello de su papá, mirando hacia otro lado sin querer contestarme. Obviamente me ocultaba algo.

Bianca, la psicóloga, nos hizo sentir muy cómodos con ella, sobre todo a Derek; a quien le notaba mucho apreció hacia él. Nos contó de primera mano las recientes actividades que él había hecho en clases, en las que le había ido de maravilla, menos en una: matemáticas. Nos informó que su maestra tomó nota que ahora, cambiando sus hábitos para que no interrumpiera a sus compañeros en actividades que no requería jugar entre ellos, era más sencillo para él concentrarse y tener buenas notas en aquellas materias que le interesaban. Sin embargo, en matemáticas se estresaba a niveles muy altos. Eso provocaba que mi pequeño diablillo perdiera el hilo de la clase.

—¿En casa recibes ayuda cuando se trata de esa asignatura, Derek?

—Mi mami me ayuda, ella sabe mucho y me ayuda —confesó mi niño coloreando aquella hoja que Bianca le dio, tratándose de esos dibujos en los que debía colorear según el número que le indicaba el color—. En clases mi maestra me ayuda, pero mi mami lo hace más fácil...

—Bien, cariño —la psicóloga me miró casi acusatoriamente. Derek había destapado nuestro pequeño secreto—. ¿Cómo lo ayuda, Elsa?

Oh, mierda, ahora incluso tenía la mirada de Jack esperando que explicara eso. No era tan malo, yo intentaba explicarle justo lo que decía su tarea. ¡Solo eso!

—Es que Derek interpreta de manera muy distinta lo que hay en la hoja, e intento explicarle con algo que entienda...

—¡Pokémon y Doki! —gritó mi pequeño con una sonrisa, dejando en evidencia mi método de explicarle las cosas.

—¿Pokémon y Doki? —ahora Bianca confundida—. ¿Cómo?

Jack presionó sus labios intentando no soltar una carcajada, estaba conteniéndose por no reírse de mis métodos de enseñanza.

—Es extraño, lo sé — contesté sintiéndome muy nerviosa. Me sentía muy roja y presionada. ¿Estaba haciéndolo muy mal? —. Es solo que, si le explico con sus cosas favoritas, él no se estresa y tiende a entenderme mejor.

La sonrisa de Bianca hizo que me tranquilizara un poco, porque en mi mente ya estaba culpándome de muchas cosas y sobre el inexistente fracaso de mi hijo en las matemáticas para toda su vida. Debía calmarme mucho.

—De acuerdo, entiendo lo que haces, pero debes entender que su maestra atiende a muchos niños a la vez; será imposible que ella le expliqué con tanta especificación solo a Derek.

—¿Qué sería lo correcto entonces? —preguntó Jack, tomando mi mano solo para que me relajara y que el rubor nervioso de mi rostro comenzara a desaparecer.

La señora sacó su usual libreta de apuntes y escribió un par de cosas—. Sugiero que le expliquen las cosas tal y como vienen en sus tareas, aplicando solo lo que su profesora le expone en clase. Si su maestra usa peras y balones, será eso, no pokemones o Doki.

—Bien —respondí avergonzada queriendo ocultarme de su mirada inquisitiva de psicóloga.

De nuevo escribió cosas en su libreta—. Así a su cerebro se le hará más fácil seguir las indicaciones en clase y el estrés disminuirá —volvió su mirada a nosotros—. Comprendo que puede llegar a ser agobiante para ustedes tener que explicar una y otra vez la misma cosa, pero deben hacerlo y tener paciencia hasta que el niño aprenda por si solo.

Nos dio un pequeño libro de matemáticas infantil, que se organizaba en niveles; desde lo más sencillo hasta lo más complicado en algo para su edad. Con ese practicaría en casa con él, por supuesto no sería sencillo sentarlo para aprender matemáticas, ningún niño quería eso en su tiempo libre.

Derek disfrutó de su almuerzo, Jack no probó bocado y aunque insistió en que yo comiera algo, no me apetecía nada. Solo no dedicamos a escuchar como él y Arti habían hecho una nueva amiga en el patio de juegos. Me sorprendí al saber que había pedido otro emparedado para ella. Era tan lindo verlo creciendo y haciendo amigos a los que ayudaba con su lindo corazón. Arti siempre había sido su mejor amiga, ni siquiera había nacido cuando su madre y yo pretendíamos que lo fueran. No iba a separarlos por nada del mundo. Derek en su mayoría también jugó con ese nuevo juguete de la cajita feliz, pero nos contaba cómo le gustaba cuando su maestra los ponía a dibujar animales en la clase de ciencias. Su clase favorita de todas

Me daba pánico lo que pudiera pasar si no lo alejábamos de ella. Ninguno de los dos íbamos a saber si Hans solo estaba jugando con nosotros o lo decía en serio. Necesitaba hablar con Tooth, ella nunca nos dijo nada más acerca de la madre de Hans. No sabíamos si esa señora la frecuentaba a escondidas o con permiso de ellos. Sea como fuera, era obvio que había sido ella quien le hablaba de Arti a Hans.

Cuando nos dejó en casa lo hice prometerme que no le daría vuelta a todo el asunto en su trabajo.

—Hablamos esta noche, ¿sí? —se inclinó dándome un rápido beso para despedirse—. Debo irme.

—Ten cuidado, por favor.

—¡Adiós papi!

Jack chocó los puños con el niño, sacándole una sonrisita a él—. Hazle caso a mamá, ¿sí?

—¡Si, señor!

Derek desde la ventana sacudiendo su manita. Una vez su papá correspondió su saludo pudo bajarse de la silla en la que estaba.

Llego hasta donde mi bostezando un poco y abanicándose con la mano—. Mami, tengo sueño.

Con esa energía que tenía, era muy regular para él dormir un poco después de llegar de la escuela y almorzar. Naturalmente solo dormía una hora y luego hacía sus tareas.

—¿Tienes calor, mi amor? —le pregunté caminando hacia el pequeño control que encendía el aire acondicionado—. ¿Quieres ducharte primero?

—No mami —tiró varias veces de mi falda, frotando un ojo con su puño—, tengo sueño.

Lo llevé a su cuarto haciendo que se cambiara a ropa mucha más fresca y poner en la lavadora esa ropa sucia que llevaba puesta. Lo hice beber agua fría para que al fin pudiera tomar su usual siesta. Dándome a mí el tiempo de cambiarme también y poder recostarme en mi cama pensado en todo lo que debía realizar.

No haría completamente todo para la organización de ese almuerzo, sin embargo, debía ser en la casa de ese imbécil y presentía que solo esa idea iba a desagradarle por completo a Jack; tanto como yo la detestaba. Al principio quería omitirle ese detalle para no causarle preocupaciones de ningún tipo, es decir, no necesitaba eso cuando ya tenía más cosas en su cabeza; pero yo le prometí que no le mentiría en eso de nuevo. Además, con el desastre de ahora no pensaba ocultarle más.

Era simplemente difícil, porque una parte de mí no quería agobiarlo, pero otra me decía que no debía faltar a la promesa que hice. La ventaja era que mi tiempo laboral era corto, sin embargo, me ponía altamente nerviosa estar tan cerca de él. Le tenía miedo.

Quería sacármelo de encima, a mí, a Jack, a mi hijo, necesitábamos denunciarlo; pero, ¿cómo lidiar con su advertencia?, ¿cómo pelear con el hecho que no sabía en qué clase de persona se pudrió? Más de lo putrefacto que fue. Eso era él, una persona asquerosamente consumida que no avanzó en ninguna manera. Me provocaba lastima, y al mismo tiempo, demasiado miedo. No sabía de qué podía ser capaz, siendo que muy joven casi comete un asesinato sin tener remordimiento de ello. No mostraba signos de haberse arrepentido, solo mostraba frustración por no haberlo logrado.

Quería encontrar la manera de librarnos de él. ¿Hacerlo confesar? Era un idiota, pero apostaba que no se dejaría distraer de esa manera si por consecuencia se perjudicaba a sí mismo. Lo dejó claro al vernos como gusanos a Jack y a mí, sintiéndose tan alzado como para seguir amenazando la vida de mi hijo como si fuera nada.

Una luz en mi cabeza se iluminó dándome ese gran impulso. ¡Por supuesto! El cirujano que atendió a Jack tenía su historial médico, ese que era clave en todo lo que pasó cuatro años atrás. Fue ese doctor quien nos dijo que en su supuesto accidente no podía haber sido provocado por alcohol, simplemente porque su sistema decía que no estaba alcoholizado. ¡Era ilógico que fuera un accidente! Ese cirujano lo sabía, lo intuyó en su momento y dudaba que no lo haría hasta el sol de hoy. Ese hombre sería un testigo para nosotros, porque Jack nunca dijo nada y él siempre mantuvo sus dudas.

Literalmente era meternos a la boca del lobo y procurar que no nos clavara sus colmillos.

No sabía qué pensaría Jack si se lo decía, pero me negaba a vivir todo el tiempo con el miedo de qué podía hacernos, no quería someterme a un niño mimado desequilibrado.

Y sabía que Jack quería lo mismo.

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