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Capítulo 26

Punto de vista de Alejandra.

Cuando me desperté y me acordé de que Carla y Marcos habían dormido juntos, sentí como si el mundo hubiese caído sobre mí. Vale si, tal vez sea un poco dramática, pero eran dos personas despechadas, a saber qué pasaría ahí.

Mi hermano ya había bajado a desayunar y se había llevado a las niñas, yo por el contrario hoy me sentía un poco más rota y no quería bajar a desayunar.

Carla entró por la puerta y me miró.

—¿has dormido aquí? —preguntó yendo hacia el armario para cambiarse de ropa.

—Sí, tú no estabas. —respondí levantándome de la cama.

—no sabes el drama que me hizo ayer tu hermano.

—me hago una especie de idea. —ella bufó, cambiándose de ropa. —¿No será que a lo mejor lleva razón?

—¿qué dices, Ale? No he sentido nada por Ferran nunca, solo fue un polvo. —terminó de vestirse.

—¿y por Marcos? —pregunté seria y frunciendo el ceño.

—¿Alejandra, vas fumada? Llevo casada un año y medio con tu hermano, y Marcos está casado contigo.

—Ya, pero no sé, anoche erais dos personas despechadas. Tú estabas enfadada con Eric y Marcos y yo nos estamos separando. —Ella suspira y se dirige hacia mi.

—Ale, entiendo que ahora mismo todo te parezca cara o cruz, pero Marcos jamás te haría eso y yo tampoco, es mi amigo y anoche solo nos dimos apoyo. —se sentó a mi lado y puso mi mano en su hombro. —Hey, de verdad, tienes que desahogarte, sacar fuera toda esa rabia que tienes ahora mismo por dentro.

—Como si fuera tan fácil, de verdad que sigo sin entender porqué de todo esto. —eché mi cabeza en su hombro. —¿de verdad que se acabó? ¿Su inseguridad es más grande que todo lo que siente por mi?

—Marcos cree que estás confundida.

—Pero yo sé que no lo estoy, Neymar me besó él a mi, yo le separé y le dije que Marcos era lo mejor que me había pasado en la vida, pero si lo que él estaba esperando era que lo tratase como una mierda para poder mantener sus celos a raya está muy equivocado, porque sencillamente Neymar no se merece eso.

—Yo sé. —dijo. —Solo tienes que darle tiempo, él mismo se dará cuenta de las cosas.

—No, Carla. Si ni siquiera estando casada y teniendo una hija, puede entender que quiero estar con él, lo mejor será eso, que no lo estemos.

Salí de la habitación dejando a mi mejor amiga sola, yo estaba un poco enfadada y cansada de esta situación, si es Marcos la persona que quiere separarse de mí, esta vez no pienso arrastrarme de ninguna forma, él gana.

Aparecí por el comedor y lo primero que hice fue acercarme a mi hija, que estaba al lado de su padre, al cual ni siquiera miré, la situación era tensa evidentemente.

—Me las bajé porque no quise despertarte. —dijo mi hermano que estaba en frente.

—Gracias, Eric. —le sonreí levemente.

—Alejandra, tenemos que hacer horarios de reparto para ver con quien se queda Dani. —me dijo Marcos, fríamente.

Su tono de voz dejó en shock a los presentes, Pedri no hacía más que mirarnos a los dos.

—A ver, sé que igual me estoy metiendo donde no debo, pero venga, sois una pareja preciosa y tenéis una hija en común que no merece que sus padres se hablen con la frialdad que vosotros lo estáis haciendo. —habló Pablo.

—Por lo que a mí respecta a Daniela no le va a faltar de nada. —habló el que todavía era mi marido. —por lo que a mí futura exmujer respecta ya no lo sé tanto.

Me entraron ganas de levantarme de la silla y de darle un guantazo, pero entonces recordé que no le iba a hacer una escenita, él solo se estaba retratando y demostraría lo que es, que quedaba muy lejos del Marcos que yo me había enamorado.

—Marcos, no. Por ahí no vayas. —habló mi hermano, yo le puse la mano en el hombro.

—No, Eric. Déjale que hable lo que quiera. —miré fijamente al rubio que había frente a mi. —Sé muy bien la madre que soy.

—Felicidades. —dijo de forma sarcástica. —Desde luego, estás muy lejos de ser la Alejandra que conocía, o la que solía conocer.

—Perdón, es que tú eres perfecto y no has cambiado. —le respondí.

—Cuando te das cuenta de que todo lo que has vivido es una mentira, pues es normal que cambie. —bufé.

—Mira, que paso de responderte, que creas lo que te salga de los huevos, pesado. —di un golpe en la mesa y me levanté.

Fui insultándolo mentalmente por todo el pasillo hasta llegar al Living, donde en uno de los sofás estaba Neymar con su móvil, posteriormente me miró. Iba a pasar de largo, porque era lo que me faltaba, que encima Marcos me viera con él, para rematar los motivos de separarse.

—Alejandra. —me llamó el brasileño. —no me evites.

Me puse frente a él.

—No te evito, de verdad quiero irme.

—Por Marcos... —habló. —Me he enterado.

—Joder, como rulan las noticias  en este hotel. —dije.

—Si quieres hablo con él...para volverle a aclarar las cosas...

—No, Neymar. Las cosas están mejor así.

Le esquivé y me marché hacia el pasillo de la selección española, donde me encontré con César. Quien por supuesto iba a pararme por dos razones: Sabía que no estaba bien y era el cumpleaños de Pedri.

—Le hemos organizado una fiesta en un bar de por aquí, es un reservado para que puedan estar las niñas, así también celebramos el pase a octavos.

La verdad es que César me hablaba y no le estaba prestando mucha atención, en mi mente solo reproducía mi discusión con Marcos, quería llorar, porque es que me costaba creer tanto que nuestro matrimonio se haya ido a la mierda de esta forma, me cuesta creer tanto que Marcale se haya roto.

—Es un idiota, y el día de mañana se levantará y se dará cuenta de que eres lo mejor que tiene y te habrá perdido. —dijo César abrazándome.

—Es que yo no quiero que se dé cuenta que me ha perdido, Azpi. Yo quiero estar con él, me he casado con él por algo y es que como se cierre en banda con algo, no le entra nada.

—Grábate estas tres palabras, Ale: Que le den.
Si no es capaz de ver tus ojos más allá de la mierda de inseguridad que tiene, no te merece. —me secó una lagrima que caía por mi mejilla

Pasé la mayoría del día encerrada en la habitación de mi hermano y Carla con Daniela, pues no quería salir de aquí y ver a nadie, menos a Marcos, para que me vuelva a hablar de esa forma. ¿Como puede pasar del amor al odio tan rápido?

—Venga, súbete al vestido rojo y al taconazo. —dijo Carla intentando levantarme de la cama.

—No, de verdad, no tengo ganas. —dije volviendo a sentarme.

—Venga, son los veinte del enano, jamás te lo perdonará si no vas.

Y al final no me quedó más remedio que ir, pero bueno, tampoco podía fallarle a Pedri, a él no, porque simplemente ha sido todo para mi.

—¡Venga juguemos a la botella! —grita Dani.

Hace un año se hubieran quejado por jugar, pero es que ahora somos la selección más morbosa del mundo y nos encantan estos juegos.

Así que la botella se puso en el suelo y como sucedió un día de Nations League en octubre, ésta se paró en Gerard y Pau, quienes ya no eran los mismos de aquel día y se dieron tal Morreo que me quedé un poco en blanco. Unai volvió a posarla en el suelo y todo parecía estar repitiéndose de nuevo, se paró en Pedri y en mí, quienes nos dimos un pico tímido, nada que ver con el pedazo de beso de aquel día que no significó nada, pero no iba a dejar a Marcos con la satisfacción de pensar que me seguía teniendo atada, así que cogí la nuca de Pedri y estampé su boca contra la mía.

—Madre mía, Ale. Es el mejor regalo de cumpleaños del planeta. —dijo el enano extasiado, yo me empecé a reír.

—¡yo también quiero, Carla! —gritó Gavi mirando a mi amiga.

—Tú, mocoso, aléjate de mi mujer. —dijo mi hermano manteniendo a Pablo a raya.

—Ya me he cansado de jugar a esto. —dijo Marcos levantándose del suelo y tirando la botella contra éste.

Ja, jaque mate.

—¿puedo dormir esta noche en tu habitación? —le pregunté a Pedri, sabría que este hombre cotilla me ayudaría a desahogarme.

—Por supuesto. —dijo y luego me dio un beso en la mejilla.

La fiesta había terminado pronto, porque estos seres mañana entrenaban, así que cada cual se fue a descansar. Daniela dormía esta noche con Marcos, así que antes de que su padre pasara a buscarla, para no tener que verlo me despedí antes y fue mi hermano quien se encargó de dejarla en el lugar.

Me adentré en la habitación del canario. Me senté en la cama y solté un largo suspiro.

—¿Estás bien? —preguntó sentándose a mi lado.

—Pues no, canario. No lo estoy. —dije tornando mi boca en señal de tristeza. —No dejo de pensar en que igual he hecho las cosas mal con Marcos.

—Ay, Ale que tonta. —me miró. —Hay que ser muy gilipollas para no valorarte y Marcos lo es. Cualquier tío desearía tener lo que él tiene y hasta me incluyo.

Me acerqué lentamente a él y le di un leve pico hasta que él se echó para atrás.

—No, Alejandra. Como te dije una vez, estás mal y yo no quiero que hagas algo de lo que mañana te vayas a arrepentir. —me seguí acercando a él. —Ale, si te sigues acercando no voy a parar, te tengo ganas desde hace mucho y no soy de piedra.

—Prefiero arrepentirme mañana, que quedarme con las ganas hoy. —dije a centímetros de sus labios.

Y claro, tenté demasiado al chaval.

Me cogió de las caderas y me puso ahorcajadas sobre él y me besó, pero un beso bastante agresivo que me hizo desear más y más de él. En menos de un minuto estaba tumbada sobre la cama y él encima mía arrancándome la ropa. Ahora mismo no estaba para pensar en nada, ni en Marcos ni en nada, solo quería la boca de este hombre sobre la mía.

La maravilla comenzó cuando acercó su boca a mi entrepierna y empezó a hacer cosas que muy pocos saben con la lengua, me hizo estremecerme de una forma tan exquisita que recuerdo aferrarme a su corto pelo para que aumentase la intensidad con la lengua en dicha zona.

—¡Madre mía! —grité de placer, claro.

Cuando llegué al primer orgasmo, él terminó de desnudarse y dejó por ver un abdomen tonificado, no tanto como el de cierto rubio, pero este hombre estaba tremendo, no veas si ha echado músculos en un año.

—Alejandra, ¿estás segura? —dijo acercándose a mi. Yo le miré y solo hice una cosa, ponerme encima de él.

—No he estado más segura de nada. —dije mientras me colocaba para que pudiese entrar.

Se sintió bien, los movimientos de caderas estaban muy bien compenetrados y los gritos se hicieron sonoros en la habitación, vamos que me la sudaba que se enterase alguien. Dimos cuatro vueltas sobre nosotros mismos, turnándonos el control del acto y estuvo bien, demasiado bien, ver gemir a Pedri no tenía precio y me ponía cada vez más. Hasta que en uno de esos empujones ambos llegamos al orgasmo.

El jugador del Barça cayó desplomado a mi lado.

Y fue entonces cuando solo entonces, sus ojos azules y su pelo rubio, volvieron a mi mente, mi corazón se rompió.

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holaaaaa💜

Apuesto a que esto no lo esperabais!!!✨

Verás Marcos cuando se entere🙄🙄

Fin del maratón!!💘

Espero esos comentarios.❤️

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