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FASE 2. 𝐓𝐡𝐞 𝐇𝐚𝐫𝐝𝐞𝐬𝐭 𝐏𝐚𝐫𝐭 𝐨𝐟 𝐋𝐢𝐟𝐞

Elsa estaba tan cansada.

Tan monótono, tan carente de sentido y de brillo, ¿Cuál era el sentido de vivir en un mundo tan gris como aquel lo era? ¿Qué sentido tenia vivir en un mundo tan carente de colores? ¿Qué sentido tenia vivir en un mundo en donde los sueños se habían convertido en pesadillas? Ninguno, no tenía ningún sentido. No tenía sentido alguno el seguir viviendo en un mundo donde las sonrisas y el sol habían perdido su brillo, no valía la pena seguir viviendo en un mundo de miradas vacías y corazones rotos. Y por más que Elsa se esforzara, por más que Elsa tratara, jamás encontraba el sentido a aquello, no le encontraba el sentido al seguir viviendo en un mundo muerto.

El problema sin embargo, era que ella sola parecía estar atrapada en aquel triste y frío mundo.

Todo era risas, diversión y más risas. Todo era sueños, amor y el sentimiento de sentirse vivo bajo los rayos del sol. Como si fuera un verano eterno, un verano eterno del que Elsa no era parte. Porque Elsa estaba atrapada en un frío invierno, carente de risas y diversión, risas y diversión que eran reemplazadas por una fuerte presión en el pecho que estaba presente a cada segundo del día y por saladas lagrimas a la medianoche. Todos parecían estar viviendo en una película de comedia adolescente, mientras que Elsa parecía estar atrapada en una tragedia.

-Odio a mis padres, ¿Sabes? Siempre están peleando y gritando como si se les fuera la vida en ello. A mí no me importa tanto, ellos hacen de su vida lo que quieran, pero, ¿Cómo le explico todas las noches a los trillizos que sus padres nunca vendrán a leerles su cuento de buenas noches ya que están más ocupados matándose entre sí? La verdad es que mi casa es un maldito infierno y... - "¿A quién diablos le importa tu vida?"

Tampoco era como si Elsa se esforzara por hacer de este mundo un lugar mejor.

No podía, simplemente no podía. No sentía nada, absolutamente nada. Mérida podría venir ahora y decirle que toda su familia había muerto de la manera más desgraciada posible y ella seguiría ahí, mirándola, esperando que deje de parlotear para poder hablar de cosas que realmente importaban. Podría decirle que pare, podría decirle sutilmente que nada de aquello le interesaba y que ya estaba más que hastiada de escuchar la misma historia de cómo sus padres discutían por un matrimonio que no funciono desde un primer momento una y otra vez.

No era como si Mérida fuera una buena amiga después de todo.

Nadie sabía realmente la razón por la que estaban juntas, la razón por la cual dos personas totalmente diferentes habían decidido unirse. Muchos justifican su unión con las típicas frases de "los polos opuestos se atraen" o "buscan en la otra lo que no tienen en sí mismas". Idioteces, simples idioteces. Porque cada vez que Elsa escuchaba aquello, podía jurar que prefería morirse mil veces antes de ser igual a la que, según los ojos de todos, era su mejor amiga.

Porque si Elsa de por si era una arrogante hija de puta, Mérida había sido creada por el mismísimo diablo.

Era cruel, falsa, portadora de una gran sonrisa sin brillo y una mirada carente de calidez. Sus palabras eran toscas, vagas, totalmente insulsas, expresadas como si estuvieran cargadas de conocimiento y sentimiento cuando en realidad eran la peor idiotez nunca antes escuchada. Una persona que se consideraba superior a todos, cuando en realidad, era menos que nada.

Los polos opuestos no se atraen, simplemente necesitan a otro para subsistir.

Porque Elsa la odiaba, la odiaba más que a nadie en el mundo. No la soportaba, no la quería cerca, y en parte la culpaba a ella por ser como era. Era mala, más mala de lo que Elsa seguramente llegaría a ser en su vida, era la viva reencarnación de un mundo sin brillo, y Elsa ya tenía suficiente con su miserable vida como para también soportar las miserias de otro. Pero la platinada sabía que había un motivo más profundo, un motivo más fuerte, un motivo que se basaba en una sola cosa.

-Oye, de verdad, gracias por escucharme, nunca tengo a nadie con quien hacerlo... - Elsa solo asintió, sonrisa falsa entrando en escena. Sonrisa que se borró en cuestión de segundos cuando la pelirroja volvió a abrir la boca – Dios, mira a ese chico – Siguiendo la dirección de la mirada de Mérida, Elsa rápidamente se encontró con Louis, un delicado y hermoso chico de su clase cuyo rostro parecía haber sido tallado por los mismos Dioses. Y fue cuando vio al pequeño castaño besándose con un alto chico castaño, que se dio cuenta del nuevo rumbo de la conversación – Es un chico tan bello y nunca llegara a nada en su vida por preferir andársela de marica. Dios con suerte perdonara tal asquerosidad.

Un motivo que se basaba en que Mérida también estaba atrapada en un mundo muerto, pero que a diferencia de Elsa, parecía disfrutarlo.

Elsa siempre había querido ser un superhéroe.

Siempre había deseado tener súper poderes, el que la magia fuera real, el sentirse malditamente a salvo. Era un deseo tonto, un deseo infantil que todos los niños aunque sea alguna vez han tenido. Porque todos alguna vez hemos imaginado cual sería nuestro súper poder, como seria nuestro traje especial, cual sería nuestra identidad secreta, y muchas otras características totalmente propias de los superhéroes. Elsa siempre se imaginó portando una larga capa celeste, con su pelo recogido en una coleta alta y con unas grandes alas naciendo de su espalda. Todo esto sumado al - ahora a sus ojos - inútil poder de convertir cualquier cosa que tocará en hielo. Totalmente infantil.

Lo curioso es que nadie nunca se imagina ser el villano.

Y es curioso, porque muchos quieren ser el héroe de la historia, aquella persona que salve a todos con su sonrisa y valeroso actuar. Todos quieren ser aquel valiente caballero de brillante armadura que rescate a la princesa del temible dragón que la custodia. Todos quieren ser Batman, todos quieren ser Thor, pero nadie quiere ser el villano. Porque nadie quiere ser aquel temible dragón que custodia a la princesa, nadie quiere el Joker de Batman y nadie quiere ser el Loki de Thor. Y es irónico, porque luego están allí, haciendo todo lo contrario a lo que un superhéroe debería hacer. Porque esos pequeños niños que juegan a ser Superman y Batman, esos pequeños niños que pretenden ser el héroe de la historia, a la larga no terminan por ser más que el peor villano de todos.

Es curioso que nadie nunca se imagina ser el villano cuando el mundo está plagado de ellos.

Porque todos absolutamente todos, desgraciadamente, fuimos, somos o seremos un villano. Porque para ser un villano no es necesario tener poderes o tener un pasado trágico. Porque ser un villano es herir a alguien con comentarios con respeto a su físico, gustos, orientaciones y pensamientos. Ser un villano es rechazar a otras personas por tener un color de piel o sexualidad diferente. Ser un villano es ver como alguien le está haciendo daño a otra persona y no hacer nada para evitarlo. Ser un villano es apoyar a aquellas personas que maltratan y acosan colectivamente a una persona por diversión o por fanatismo.

Porque el ser humano, por naturaleza, es un villano.

Y Elsa también lo era, porque Elsa no hacía nada cuando Mérida juzgaba a Louis o a muchas otras personas solo por el simple hecho de no compartir sus mismos gustos. Porque Elsa se reía cuando sus compañeros de clase hacían comentarios despectivos sobre sus compañeros más tímidos. Porque Elsa veía todo y no hacía nada, limitándose a ver como maltrataban a aquellas personas; Limitándose a ver como todas aquellas personas eran acosadas por cosas totalmente insignificantes que jamás serían capaces de justificar el maltrato que los mismos recibían.

Los héroes no existen, es un hecho.

Y Elsa estaba tan cansada, cansada de esperar a su caballero de brillante armadura. Cansada de seguir esperando a aquella persona que se supone debería salvarla. Cansada de seguir pretendiendo que los héroes existían cuando en realidad solo era un tonto sueño infantil. Cansada de seguir esperando a aquella persona que debería venir a rescatarla de aquel mundo muerto en el que se encontraba atrapada; Porque ningún héroe vino a rescatarla antes, y nadie vendría a rescatarla ahora que se encontraba totalmente hundida en su mierda.

Porque no siempre había sido así, porque Elsa había esperado a su superhéroe, porque Elsa tenía esperanzas de que alguien viniera y la salvara de toda la mierda que su vida era, que la salvara del mundo muerto que poco a poco la iba consumiendo. Pero nunca llego, nadie nunca llego a rescatarla de aquellas personas que solo se encargaban de hacerla sentir como la nada misma; Nadie nunca llego a rescatarla de las sonrisas falsas y las miradas carentes de brillo; Nadie nunca llego a rescatarla de sus pesadillas. Nadie nunca llego a rescatarla del temible dragón.

Nadie nunca llego a rescatarla del mundo muerto.

Hasta que finalmente su héroe apareció.

Tez pálida y una figura alta y delgada. Cabello blanco corto, lacio y sedoso. Labios finos pero rojos como la mismísima sangre. Una nariz corta y respingada, sumada a una mandíbula hermosamente marcada y unas cejas perfectamente arqueadas. Y dios bendito, sus ojos.

Su héroe era portador de unos ojos tan azules como el cielo mismo y más brillantes que cualquier estrella. Portador de una mirada que pese a ser sería y escrutadora, tenía la capacidad de tener a cualquiera a sus pies.

Jackson Frost era simplemente el sinónimo de perfección.

Ambos se conocieron una tarde cualquiera en un pintoresco café al que ambos casualmente concurrían. Entre miradas y sonrisas, comenzaron a conocerse cada vez un poco más, hasta el punto de llegar a ser grandes e íntimos amigos. Claro que, ninguno sabía los sentimientos que el otro escondía. Claro que Elsa no sabía cómo el ojizarco había quedado hipnotizado por aquellos bellos y grandes orbes azules y como su corazón parecía hundirse en su pecho cada vez que aquellas adorables arruguitas se formaban en la comisura de los ojos ajenos cada vez que esta reía. Mientras que Jack no sabía cómo Elsa había quedado flechado por los hermosos hoyuelos que se formaban en las mejillas del más alto, ni tampoco sabía que había quedado perdidamente enamorado cuando encontró un brillo que nunca antes había visto en aquellos ojos tan celestes como el cielo.

Luego de lo que parecieron siglos - solo fueron dos meses de amistad - el peliblanco finalmente se atrevió a proponerle una cita al que en ese entonces era su mejor amiga. En pocas palabras aquella primera cita fue sensacional, dando inicio a una segunda, que dio inicio a una tercera y luego a una cuarta. Y así sucesivamente hasta que llegaron a la vigésima cita, en donde finalmente, se dieron su primer beso. Y si bien para algunas personas podía ser algo tonto el besarse recién en la vigésima cita, para Elsa y Jack había sido el momento perfecto.

Fue en la cita número cincuenta cuando Jack se le propuso a Elsa.

Elsa recuerda cada detalle de esa tarde lluviosa de un miércoles, día en donde ambos tenían planeado una escapada a la playa que fue arruinado por el gran temporal que se daba en toda la región, impidiéndoles por ende abandonar la casa. Sin embargo, contra todo pronóstico, Elsa apareció en la casa del rizado con una caja de pizza en sus manos y una bolsa llena de dulces en la otra, unos minutos antes de que la tormenta se desatará afuera. Entre risas y chistes y una que otra tonta película de Netflix que ni siquiera recordaban haber puesto, la noche termino con un ojizarco arrodillándose ante la más pequeña recitándole lo que parecía - parecía porque Jack se olvidó varias partes, lo cual Elsa encontró adorable - un discurso que el más alto le había preparado para aquella noche en la playa.

Elsa acepto, con lágrimas en los ojos y una gran sonrisa en su rostro. Y en ese instante Jack pudo jurar que un brillo que nunca antes había visto, apareció en los ojos de Elsa.

Y Elsa, Elsa solo podía sentirse irremediablemente feliz, porque había descubierto lo que sentía por el amor de su vida. Había conocido lo que era estar en el cielo. Había sido el único momento en el que Elsa pudo sentirse viva. Donde todas las preocupaciones y problemas habían abandonado su sistema. Algo parecido a los efectos de una droga. Una droga de lo más adictiva.

Pero los pocos héroes que existen, no son más que villanos disfrazados con una capa.

Porque Jack estaba lejos de ser un héroe, porque Jack jamás sería un héroe. Porque una persona que lastima al resto para sentirse bien consigo mismo no puede ser considerado un ejemplo a seguir. Porque una persona que incentiva a otra a destruirse a sí misma, no es más que un simple y cruel villano.

Porque eso era Jack, un villano.

Disfrazado bajo el papel de un héroe, Jack no había terminado por ser el peor villano de todos. Cruel, manipulador, un total abusador que representaba todo aquello que la platinada odiaba.

Y hablando de drogas

- Tómalo - menciono el peliblanco, tomando entre una de sus manos la pequeña quijada de la ojiazul, dejando la marca de sus dedos en aquella delicada piel.

Elsa no sabe muy bien en qué momento todo se derrumbó a sus pies. 

Podía jurarlo, Elsa podía malditamente jurar que todo iba bien, que todo marchaba de maravilla en su relación. Todo era risas, diversión y sentirse malditamente flotando pese a no estar realmente haciéndolo. Elsa se sentía viva, más vivís de lo que alguna vez se había sentido en su vida, con su corazón martillando de felicidad a cada segundo en su pecho y llendo mese a dormir con una gran sonrisa plasmada en su rostro; siendo todas aquellas noches de llanto felizmente reemplazadas por el sentimiento de sentirse amada.

Hasta que todo se arruinó.

- No quiero. - Elsa sacudió su cabeza, tratando inútilmente de soltarse del agarre que el más alto ejercía sobre sus mentón. Obteniendo el resultado contrario - Jack, cielo, me lastimas.

- Oh, ¿Te estoy lastimando? - Elsa asintió con lentitud, sintiendo como el agarre en su rostro se desvanecía- Oh, amor, lo siento mucho, de verdad...

El mundo de Elsa se vino abajo tan pronto como aquella mano impacto en su mejilla.

- Tómalo maldita zorra, no me hagas repetirlo - Elsa sacudía su cabeza, negando entre lágrimas, totalmente asustada del que se suponía era el amor de su vida - ¿No quieres? Bien.

Y como a un maldito perro, Jack tomo su rostro entre sus manos, gruñendo molesto ante los movimientos frenéticos de la más pequeña, desesperada por soltarse. Con una de sus manos, abrió la boca de la platinada, insertando una gran cantidad de pastillas en la boca de la platinada, sin importarle como la misma se ahogaba en el acto.

Jack gruñó con fastidio - Dios, deja ese teatrito, es totalmente desesperante - frunció el ceño al ver qué la platinada no se recuperaba de su aparente ataque - Y ni siquiera pienses en vomitar aquí, o te juro que te lo haré limpiar con tu lengua.

Y Elsa quería salvarlos, realmente quería salvarlos.

-Deja eso, es malo, no nos hace bien, ni a nosotros ni a nadie – murmuro la ojiazul, extendiendo con cautela su mano, esperando que la droga fuera puesta en la misma.

-Eres como un perro, ¿Sabes? Como uno de esos molestos perros maltratados que pateas y siguen volviendo contigo, pensando que si son buenos los van a amar.

-Jack - Volvio a extender su mano, esperando a que la droga fuera depositada en ella por segunda vez. Que tonta ilusa.

Una fuerte y sonora cachetada fue lo que recibió a cambio.

-¿Estas teniendo un complejo de héroe, acaso? – Menciono el peliblanco, tomando con su mano libre el mentón de la ojiazul, lastimándola en el proceso debido a la fuerza ejercida en el acto - Eres menos que nada Elsa – Dijo para dar una calada a su cigarrillo - Ni siquiera en tus mejores sueños podrías siquiera llegar a parecerte a un héroe. – Y exhalo.

Y Elsa exploto.

-¿Y acaso tú te crees un héroe? ¿Solo por andar drogándote y humillando a las personas piensas que eres superior a alguien? ¿Crees que golpear a una mujer te hace mejor que alguien? No eres más que un cobarde que solo se droga para no enfrentar la realidad en la que vive. – tal vez, en otro momento, Elsa se habría asustado por la mirada enfurecida del que hace unos días era el amor de su vida. Tal vez, en otro momento, Elsa inmediatamente se habría arrepentido de sus palabras suplicando de rodillas el perdón del más alto. Tal vez en otro momento, se habría desvivido por hacer feliz a un hombre que no valía nada.

Jack inhaló hondo, cerrando sus manos en puños y mirando a la platinada como si fuera el mismísimo diablo – Te vienes comportando muy mal Elsie, no me hagas volver a golpearte por tu irrespetuosidad.

-¿Comportando mal? No tengo porque comportarme bien solo por complacer a un hombre que vale menos que nada. No eres superior a nadie, un cobarde, eres un...

El golpe esta vez fue en el estómago.

-Te lo repetiré una última vez – Elsa grito con dolor cuando una fuerte patada fue dirigida a sus costillas – Vuelves a faltarme el respeto aunque sea una sola vez más, y puedo asegurarte que ningún maquillaje cubrirá tus heridas. – Y luego Jack estaba allí, con su rodilla sobre su cuello prohibiéndole respirar, con Elsa tratando inútilmente de rasguñar alguna parte del cuerpo arriba de su ser con tal de obtener algo de oxigeno - ¿Debo recordarte quien vino a mí en primer lugar? ¿Quién vino corriendo a mis brazos buscando el consuelo que nadie más le podía dar? No das más que lastima Elsa, no eres más que un maldito perro maltratado.

-S-Sueltam-me – Y Elsa intentaba, pero la fuerza ejercida en su cuello y en todo su cuerpo parecía no hacer otra cosa más que aumentar. Su cabeza martilleaba a horrores, sus uñas sangraban de tanto haber rasguñado el suelo, y su pecho ardía de sobremanera.

Su cuerpo entero tembló cuando escucho la horrorosa risa a sus espaldas.

-¿No que eras una héroe Elsa? ¿Dónde está esa valentía de hace unos minutos? No logro verla. – Su cuerpo estaba bañado en sudor, su garganta estaba seca y dolió más que nunca cuando profirió un fuerte grito de dolor cuando su muñeca fue quebrada. Moriría, no había nada que hacer, moriría - ¿Lo ves? Eres débil. ¿Qué harías sin mí allá afuera Elsa? ¿Buscarías a otro hombre que te proteja de ese mundo muerto al que tanto le temes? – un fuerte tirón en su cabello la hizo gemir de dolor, Jack solo se reía a sus anchas – Respóndeme cuando te hablo maldita zorra.

-N-No.

Jack rió, como si le estuvieran contando el chiste más gracioso de toda su vida - ¿No? ¿No buscarías a nadie? ¿Pero si por sí sola no eres nadie? Morirías tu sola haya afuera, y lo sabes – Elsa inhaló aire bruscamente cuando las uñas del mayor se enterraron con fuerza en las cicatrices de sus muñecas, Jack riéndose más fuerte a sus espaldas.

-M-moriría antes que ser una cobarde. – La presión en su cuello aumento considerablemente. Elsa ya no sentía sus piernas, su estómago dolía y ya a duras penas podía respirar. Y Elsa sabía las simples palabras que resolverían todo, Elsa sabía todas las formas en las que podría humillarse a sí misma para salir viva de esta.

Pero prefería hacerse matar antes de humillarse a sí misma.

Y con las últimas fuerzas que le quedaban, murmuro - M-moriría antes que ser como tú.

Y la oscuridad se llevó todo consigo.

Sinceramente, Elsa no esperaba despertar.

Dolía, cada parte de su cuerpo dolía. Su pecho ardía con cada respiración y se sentía terriblemente mareada. Su visión se hacía presente poco a poco y fue en ese momento en el que se dio cuenta de su soledad. Sola, estaba sola. El departamento estaba totalmente vacío, sin personas gritándole groserías a sus espaldas ni Jack drogándose a su lado. Sola, totalmente sola. Totalmente libre.

Y a pesar de tener todo su cuerpo prácticamente roto, Elsa nunca se sintió más viva.

Con unas fuerzas que Elsa nunca sabría de donde vinieron, la ojiazul logro ponerse de pie. Sus piernas estaban débiles, flaqueando a cada paso que daba, teniendo que necesariamente sostenerse de algo. Su pecho punzaba a cada segundo y su muñeca ardía con cada sutil movimiento que su cuerpo realizaba. Su nariz y boca sangraban, pero Elsa se puso de pie con una sonrisa en su rostro.

Libre, era libre.

Ni siquiera se molestó en guardar sus cosas, ni siquiera se molestó en pasar horas frente al espejo tratando de inútilmente cubrir sus heridas. Ya no, porque ahora serían sus marcas de guerra.

Serían la prueba de que había vencido al mundo muerto.

Porque Jack era la viva representación de un mundo muerto. Jack era todo a lo que siempre le había temido pero a lo que sin embargo se aferró como si su vida se fuera en ello. Jack era cruel, falso, portador de una sonrisa falsa y una mirada carente de brillo. Jack era el mismísimo diablo, pero la ojiazul había estado demasiado hechizada por el falso brillo de aquellos hermosos ojos azules como para darse cuenta de la falsedad de los mismos.

Había estado demasiada ocupada buscando un héroe en alguien que no era más que un villano.

Pero ahora era libre, con millones de oportunidades a sus pies y una nueva vida esperándola. Una vida en donde ya no esperaría a su caballero de brillante armadura, una vida en donde ya no esperaría a que nadie la salvará del mundo muerto. Una vida en donde no esperaría a ningún héroe, porque ella ya se había convertido en el suyo.

Porque nosotros debemos convertirnos en nuestros propios héroes, porque los héroes deben nacer de nosotros mismos; Porque somos nosotros quienes debemos defendernos de los villanos, somos nosotros quienes debemos luchar contra las falsas sonrisas y las malas intenciones, somos nosotros quienes debemos luchar contra el mundo muerto; Porque nadie más que nosotros podrá rescatarnos de este último, porque nadie más que nosotros debe luchar nuestras batallas. Porque en un mundo lleno de villanos, nosotros debemos aprender a ser nuestros propios héroes.

Y esa, es la parte más difícil de la vida.


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