
002
☾
Jimin caminó con la gran bolsa al hombro y la arrojó al basurero con todas sus fuerzas.
Tenía rabia acumulada de hace una semana, así que de pasó aprovechaba de desquitarse pateando el gran container como si tuviera la culpa de todos sus problemas.
Aunque, en cierto modo, lo era. Realizar la labor en la cocina del casino donde comían los novatos, era un gran problema.
El lugar se atestaba de hombres y mujeres, igual de agotados ante todos los cursos y entrenamientos que llevaba a cabo la academia militar de los lobos. Los jóvenes llegaban exhaustos, con un estómago del porte de un agujero negro, porque no solo se servían una ración, sino que a veces iban por más de dos.
Jimin solo se dedicaba ayudar, acatando las órdenes de los cocineros y luego siendo el último en quedarse, limpiando platos y realizando el aseo de todo el recinto.
Y lo hacía molesto. Que el líder le haya dado ese castigo, bajándolo de su cargo le había herido el orgullo enormemente.
Yoongi podía ser el más grande gilipollas si se lo proponía. Jimin estaba seguro que, si hubiera ocurrido el hecho con otro lobo, entonces el trato habría sido diferente.
De seguro lo habría tratado mejor, de seguro se habría preocupado por él mejor. Y de seguro no habría puesto esa jodida distancia que parece colocar ante él, como un muro transparente que lo hacía incapaz de avanzar.
En conclusión, Yoongi era un líder estúpido, incapaz de ejercer su cargo de manera igualitaria. El trato hacia los lobos se notaba, por lejos, ser mejor, en comparación al que recibía él: un humano.
—No es la gran cosa de todos modos —resopló molesto—, humanos, hombres lobos, somos lo mismo al final... comemos y cagamos igual, jodido imbécil —Soltó un gruñido al tiempo que pateaba nuevamente el container de basura, esta vez haciéndole una abolladura debido a la fuerza.
Suspiró. Definitivamente tendría una sesión con el saco de boxeo en el gimnasio más tarde.
—Wow —silbó alguien a lo lejos. Jimin ni se inmutó cuando reconoció la voz al instante—, alguien está de muy mal humor.
El sonido de pisadas terminó frente a él, obligándolo a encontrarse con el rostro sonriente y socarrón de Jungkook.
Jungkook era el hermano menor de Jin, lo cual lo convertía en su hermano también.
Así que, por lo mismo, por primera vez en todo ese rato, tuvo la seguridad de bajar todos sus muros y desarmarse ante el chico frente a él.
—Odio esto —bufó, pateando con sus zapatos el suelo bajo sus pies—, odio que Yoongi me haya hecho esto.
—Yoongi-hyung es así, lo hace porque se preocupa.
Jimin le dio una mirada dura, indignado sin creer en lo que había escuchado.
—Eres horrible intentando animar a alguien ¿lo sabías? Aparte, sabes que no se preocupa por mí —Agachó la cabeza, concentrándose en sus manos y notando como la piel de sus yemas parecía arrugada de tanto tiempo que pasó lavando lozas sin usar guantes—. Él sólo se preocupa por los lobos de esta manada... no por... un humano...
Podría no ser la persona más inteligente, pero hasta un tonto se daría cuenta de la diferencia. Él sabía, podrían pasar cinco años, diez años y seguiría existiendo esa distancia que no hacía más que hacerle fruncir el ceño y atormentarlo.
—Ya deja de decir eso... —Jungkook lo siguió hasta la cocina. El menor se subió a la encimera y agarró una manzana para darle un mordisco antes de seguir hablando—. Ya te dije que se preocupa por ti, incluso más que el resto de nosotros.
—Porque soy humano y no confía en mí.
Bien. A esas alturas, Jungkook quiso gruñir, cabreado porque era muy difícil hacerle entender a Jimin cómo eran las cosas. Aunque cierta parte de él, encontraba divertida la reacción del mayor, colocando esas caras de dos metros, serio y sin una pizca de emoción en sus palabras.
Así que simplemente lo escaneó, escuchándolo murmurar mierda de Yoongi que a él le pareció divertido. Y cuando Jimin se paró cerca de él, para guardar la loza, fue que levantó su mano y rozó con sus nudillos la mejilla tersa y suave del mayor, acariciándole con la única intención de animarlo, porque, a pesar de lo enojado que sonaba cada que soltaba una palabra más hiriente que la primera, su lobito era consciente de la tristeza que emanaba, y eso como que le entristecía a él también. Después de todo, era su hermano.
—Sabes que no te miento, hyung... —le dijo, con una voz mucho más gentil porque las emociones que estaba soltando Jimin parecían querer hacer estragos en él. El pelinegro no lo notaba, pero toda la sala pareció rodearse con ese manto de tristeza—, puedo sentirlo. Cuando él te mira, lo puedo sentir, hyung. No te estoy mintiendo cuando digo que se preocupa.
Recién ahí pudo ver una reacción de Jimin, una real reacción y no todo ese disfraz de enojo que llevaba hace unos segundos atrás.
El pelinegro abultó los labios y le miró con aquellos ojos tristes, cual cachorro perdido.
—¿No lo dices porque Jin-hyung te envió a ver cómo estaba?
Jungkook soltó una risita, la cual pareció tener el poder de disipar la tensión del ambiente y a su vez volverla cálida. Todo cálido.
—No, de hecho, vine por otra cosa... —Su sonrisa se ensanchó y Jimin enarcó una ceja cuando le vio su rostro coqueto—. Hay una reunión de capitanes, dijeron que no estabas en tu cargo, pero convencí a Yoongi-hyung para que participes y él aceptó. Solicitan tu presencia ahora.
Tan pronto terminó la frase, los sentimientos de Jimin cambiaron, sus ojos brillaron esperanzados y con cierta emoción cuando no pudo hacer más que formar una perfecta "o" con sus labios, a lo que Jungkook respondió encogiéndose de hombros, diciéndole con esa simple acción "no me lo agradezcas."
—¿E-entonces puedo ir? —titubeó, relamiéndose los labios, ansioso. Bastó un asentimiento de cabeza por parte del castaño para que él saltara en su sitio, quitándose el delantal y lo tirara en cualquier parte.
Jimin lucía emocionado, emocionado por participar porque parte de eso alimentaba su orgullo. Jungkook no pudo evitar soltar una risita mientras lo veía ordenar rápidamente las últimas cosas del casino antes de comenzar a caminar a la sala de reuniones.
Jungkook se dedicó a observarlo en silencio, sintiendo como la nostalgia y la melancolía comenzó a invadir sus pensamientos. Y es que no podía evitarlo, no podía evitarlo cada vez que lo veía así de feliz. A su mente llegaba el recuerdo del miedo vivo en los ojos de un Jimin de 15 años. Ausente e inseguro.
—¿Jimin-hyung? —le llamó, haciendo que el nombrado se gire tan pronto escuchó su nombre. La sonrisa que posaba en sus labios desapareció cuando se encontró con su rostro serio. Los ojos de Jungkook cambiando a unos esmeraldas, dejando salir a su lobo por unos breves segundos antes de que volvieran a los negros de siempre—. ¿Puedo saber por qué? —preguntó, haciendo que, en respuesta, Jimin sólo frunciera el ceño a lo implícito de su pregunta—. ¿Puedo saber por qué te perseguían esos humanos hace cinco años atrás? No sé muy bien la historia, pero Jin-hyung dijo que te estaban cazando y yo- —Jungkook bajó la vista, negando con la cabeza al tiempo que fruncía el ceño cuando su lobo, con enojo, quiso gruñir, mostrarse de nuevo ante el urgente llamado de querer protegerle—. No lo entiendo... por qué hacían eso... si eras un niño...
Cuando volvió a levantar la mirada, Jungkook supo que había preguntado algo delicado y fuera de lugar. El ambiente se tensó, sobre su cuerpo. Como si le costara respirar, como si una bruma comenzara a drenar todo el aire.
Jimin no lo notó, porque eran sus sentimientos los que no tenían control sobre nada. Haciendo el ambiente lo tomara todo y lo arrojara por el aire.
Tensó sus labios, y le miró a los ojos, casi como si se sintiese amenazado, alerta de pensar que algo podría pasar si llegaba a quitar la mirada del contrario.
—Lo siento —dijo, su voz ni temblaba, su rostro lucía venerable, muy al contrario de aquella tristeza y el miedo que sentía y veía Jungkook emanar de su cuerpo—, pero no puedo decirlo.
Con eso Jimin le dio la espalda, terminando los últimos quehaceres, sintiendo cómo aquella simple e inocente pregunta había comenzado a revivir todos sus recuerdos. No es que lo haya olvidado, pero trataba de no pensar en eso la mayor parte del día.
Y fue como una desconexión, fue como llevar su mente al pasado, los recuerdos proyectándose como tiras de películas en su cabeza, viéndose a sí mismo con 15 años, aterrado, asustado, despavorido.
Siendo nada, convirtiéndose en nada.
Quiso llorar, quiso gritar, esconderse de todos y quedarse quieto para siempre, sin que nadie le mire, sin que nadie lo pueda juzgar.
Porque Jimin había jurado, había jurado solemnemente ante el cielo claro del bosque de Seúl, que podrían pasar mil años, pero el secreto de ese día, el secreto que involucraba a toda su familia, se lo llevaría a la tumba.
Y eso no quería decir que no existía confianza en la manada, al contrario, depositaba gran parte de su confianza en ella, pero siempre existía ese miedo. Estuviese muy al fondo de sus sentimientos o muy a la superficie, Jimin siempre sentía aquel miedo de revelar todo y ser juzgado, ser perseguido nuevamente para ser asesinado. No le temía a la muerte, le temía al dolor, al dolor de pasar por eso dos veces, porque estaba seguro, que no podría con eso. Para él, que la manada le dé la espalda, sería como asesinarlo de la manera más tortuosa posible.
Así que no podían, no podían saber su secreto.
Sus manos de pronto temblaron y sus ojos picaron, la vista se le volvió nublosa cuando sus recuerdos en esa bruma de sensaciones que tanto evitaba sacar.
Jimin no era del todo consciente, pero hasta el día de hoy le afectaba. Y cree que quizá le afectaría por siempre.
Jungkook quién presenció el cambió en todos sus estados, rápidamente fue hasta su lado, sintiéndose culpable por haberle provocado aquello. Se sintió como un idiota, pero no podía evitar la curiosidad, él tenía 19 años y le causaba extrañeza y curiosidad el hecho de que los humanos hayan tenido la intención de asesinar a un niño. Estaba seguro que Yoongi no dejaría que tocaran el pelo de ningún cachorro si algo así llegase a pasar en la manada.
Y a lo largo de los cinco años, habían sido muchas las pláticas con Jimin, pláticas ridículas como conversaciones profundas, pero ni una sola vez, Jimin tocó el tema, ni siquiera hablaba de sus recuerdos en Seúl, la ciudad de los humanos. Era todo un misterio, un tema tabú porque siempre que se tocaba, aunque sea una parte del tema, ocurría esta reacción, se terminaba por envolverse en sí mismo, haciendo el cascarón mucho más grueso que la vez anterior.
Jungkook no entendía, no lograba comprender el motivo por el cual el menor luchaba tanto por esconder esos recuerdos. Esa verdad.
Sin embargo, dejó de cuestionarse las cosas al verlo así, todo decaído y a punto de echarse a llorar en sus hombros.
Así que pasó un brazo por su cintura, medio abrazándole mientras caminaban hacia la oficina de reuniones.
—No importa, Jimin-hyung, de verdad no importa, así que no pongas esa cara ¿mh? —El corazón de Jungkook dolía, verlo así, cabizbajo mientras que prácticamente él lo llevaba le dolía—-. Solo fue una pregunta de curioso, perdón, no tienes que decirlo ¿de acuerdo?
Jimin asintió en silencio, y cuando llegaron al edificio de dos pisos, donde en el segundo se encontraba su destino, se detuvo, saliendo de su agarre para poder mirarlo a los ojos.
—Kookie... —el nombrado le miró con cierta angustia, la preocupación bañando sus bonitas facciones cuando sintió la inseguridad de Jimin—. ¿T-tu... me ves cómo alguien de la familia?
De todas las cosas, nunca se esperó esa pregunta, la sorpresa enmarcada en sus ojos era la clara respuesta de la impresión ante tal cuestionamiento de Jimin. Y eso no hizo más que hacerlo sentir peor que antes. Quería arrullarlo.
—Por supuesto que sí —no tardó en responder, con toda la seguridad del mundo porque la pregunta de Jimin se sintió como algo demasiado obvio—. Eres mi familia, no por la manada... tenía 13 cuando llegaste y te convertiste en mi mejor amigo... Jin-hyung te cuidó mejor que yo porque yo aún era muy pequeño, pero ahora no dudaré en cuidarte si hace falta, hyung. Eres mi hermano, tonto.
Jimin se lanzó hacia él, envolviéndolo en un apretado abrazo y sintiendo la calma al instante cuando Jungkook le abrazó de vuelta.
—Gracias. —fue un susurro, pero Jungkook olisqueó su aroma volverse dulce, el miedo y la tristeza quedando a un lado cuando la calma y la seguridad era lo único que lo rodeaba.
Siguieron su camino, mucho más tranquilos, como si nunca hubiese ocurrido algo minutos antes.
Jungkook le bromeaba sobre cosas triviales y Jimin soltaba risas, respondiéndole de manera absurda a lo que el menor soltaba.
Sin embargo, cuando terminó por subir los últimos peldaños de a escalera, encontrándose con el extenso pasillo para llegar a la sala, lo sintió, aquel calor recorrer toda su columna, propagándose y volviéndose tan intenso que se apagó y desapareció en cuestión de segundos.
Era efímero, pero la intensidad con la cual llegaba no le hacía ni burla a la rapidez con la que se iba.
Jungkook no lo notó, su tensión, el castaño abrió la puerta, dejándolos expuestos ante todo un grupo de capitanes que ya se encontraban sentados, listos para empezar la reunión.
Jimin se colocó nervioso, e incómodo. No por la atenta mirada de aquellos lobos, sino por una mirada en especial, la mirada de aquel hombre que se sentaba al medio, con los ojos fijos en los suyos, como sólo estuvieran ellos dos ahí.
Y no negaría que a veces aquella intensidad le daba miedo, porque lo escrutaba como si quisiera conseguir ver bajo toda su piel, bajo toda esa racha con la cual intentaba mantener apacible, imperturbable ante él, como si él supiera exactamente qué era lo que estaba sintiendo ahora. Lo jodido de todo, según Jimin, era que su cuerpo también parecía responder a Yoongi, como si le estuviese llamando.
Si hubiera sido un lobo, lo hubiera atribuido a esas cosas jodidas de instintos animales por estar cerda de su líder, pero él era un simple humano y el hecho de que él, siendo como era, reaccione así, no hacía más que molestarlo y confundirlo.
Porque Yoongi era un océano de dudas para él, dudas que sólo se volvían más y más confusas.
Yoongi carraspeó, echándose en su silla y cruzándose de brazos. No quitó la vista de Jimin.
Y Jimin tampoco.
—Tarde como siempre, Park.
El nombrado no dijo nada, a su vez, alzó el mentón, tragando saliva cuando su garganta se sintió seca y manteniendo aquel descanso militar.
Estuvo a punto de hablar, su lengua mordaz parecía actuar rápido cuando se trataba de Yoongi, sin embargo, Jungkook caminó unos cuantos pasos al frente, llamando su atención.
—Fue mi culpa —dijo el menor, mirándole de una forma que Yoongi no pudo descifrar—, lo retuve por un tiempo.
Yoongi ignoró el mensaje que quería darle Jungkook con los ojos, pensando que era pésimo en eso, se burlaría de eso más tarde, cuando entrenen juntos, pensó, y sin dejar pasar más tiempo, se acomodó en su sitio y soltó una risa seca.
—Como siempre, defendiéndolo Jeon.
Jungkook iba a volver hablar, pero esta vez fue Jimin quién se le adelantó.
—Estaba haciendo los deberes que me asignaste luego de bajarme de mi cargo —dijo, fuerte y claro, casi echándole la culpa, aunque claro, la tenía. Pero su voz ni temblaba, su expresión mucho menos.
Jungkook pasó la vista hacia los capitanes y se encontró a Jin, sentado cerca de Yoongi, frunciéndole el ceño tanto a él como a Jimin. A su vista, lucía divertido, como si de pronto se pondría de pie y se los llevaría de una oreja a ambos por ser tan falta de respeto con sus mayores.
Jimin por otro lado no se dio el tiempo de escanear con mayor ahínco la sala. Sus ojos existían sólo para Yoongi en ese momento.
Y él, ahí de pie, en aquella posición de descanso militar, con la vista al frente, se veía como una roca dura que ni el más fuerte martillo podría derribar.
Dios. Cómo le encantaba eso a Yoongi.
—Entonces, no entiendo cómo no te quedaste a terminarlos en vez de venir acá, si ya no es tu cargo.
Cada uno de los capitanes se tensó en su sitio, agachando la cabeza y pegando la vista en alguna parte del suelo alfombrado, sin tener el deseo de presenciar lo que sea que estaba pasando entre el líder Min y el subordinado Park.
Los únicos más preocupados parecían ser Jin, quien empuñaba las manos sobre la mesa, dándole miradas a Yoongi y a Jimin, sin saber cuándo interrumpir; y Jungkook, quien soltó un suspiro, no entendiendo qué demonios pasaba por la cabeza de su líder para llevar a cabo una discusión bastante innecesaria.
—Hyung —volvió a decir, sintiéndose harto—, ya te dije, fue mi culp-
—Que me hayan bajado de mi cargo no significa que no pueda participar en reuniones comunicativas —claro, Jimin tenía que interrumpirlo de nuevo porque al parecer, por su cabeza, pasaba la misma mierda que tenía Yoongi—. Si voy a ser un aporte, lo seré para la manada, porque igual me importan.
Silencio.
Yoongi le miró serio, luciendo enojado y Jimin le mantuvo la mirada en todo momento, su mandíbula perfilándose y sus labios gruesos enmarcados en una línea recta. Ambos sin poder desconectar lo que sea que pasaba entre ellos.
El ambiente comenzó a volverse tenso, por parte de ambos, aunque era más Yoongi el que causaba tal sensación en el aire, haciendo que más de un lobo se colocara nervioso al sentir la imponente presencia del lobo de Yoongi.
—Ya, ya, —Fue Namjoon, la mano derecha de Yoongi, quién aplaudió en un intento de llamar la atención de todos ahí, poniéndose de pie mientras pasaba la mirada desde el alfa hasta Jimin—. Está bien que hayas venido, Jimin, lo que queremos hablar es importante, así que por favor... —hizo un gesto con su mano, señalando las dos sillas vacías que quedaban en la esquina de la mesa, justo frente a Yoongi—. Tomen asiento y comencemos.
Yoongi no dijo nada cuando todos tomaron sus puestos. Su cabeza no podía pensar de manera táctica y fría cuando Jimin permanecía a su alrededor. Estaba un poco molesto, pero no con alguien más, sino que con su lobo y su maldita forma de joderlo de todo el tiempo. Rogándole, aullando, volviéndose una tempestad por querer tomar algo del menor. Lo que fuera.
Por lo mismo se prometió a sí mismo no observarlo tanto, porque en serio, cree que pasaría horas mirando todos los cambios que su expresión tenía.
Simplemente se estaba conteniendo. Jimin no estaba ahí sólo para que él le observara por horas su rostro. Había cosas más importantes en las cuales enfocarse, así que dejó atrás a su lobo cuando este le pedía a Jimin, Jimin, Jimin, Jimin.
Yoongi se forzó a concentrarse cuando la encargada del equipo de telecomunicaciones se puso de pie, con varias carpetas en sus manos, las cuales fue entregada a cada uno de los capitanes sentados ahí.
—Los animales del bosque han estado inquietos —comenzó la mujer, la cual Jimin recordaba como Heeyeon—, las hienas nunca nos habían atacado antes, la convivencia siempre suele ser normal entre todos los animales que habitan dentro de nuestro perímetro. Cuando mordieron a Jimin, el equipo de Jin tomó muestras de sangre, buscando algún problema que pudiera justificar la conducta agresiva que tuvieron.
La castaña abrió la carpeta que llevaba consigo, incitando a los demás que hicieran lo mismo. La imagen de un dispositivo se encontraba en la primera hoja, Jimin frunció el ceño, no entendiendo lo que estaba pasando.
—No había nada en su sangre, pero sí encontramos una especie de dispositivo incrustados en la zona subcutánea a nivel de la cabeza —El dispositivo plateado lucía tan pequeño que cualquiera podría decir que era más diminuto que la yema del dedo de una mano—. Por nuestras investigaciones, es una especie de neurotransmisor que altera las vías nerviosas, haciendo que los animales tengan comportamientos similares a los de la rabia, sin la sintomatología. Es como si los llenara de ira.
—Imposible... —murmuró alguien. Jimin levantó la vista del documento, observando por fin la conmoción de la mayoría de los capitanes, serios al no entender lo que estaba pasando.
No pudo evitar echarle un vistazo a Yoongi, quien simplemente miraba con una profunda seriedad la imagen de aquel transmisor.
Alguien se puso de pie, Jimin lo reconocía como Chanyeol, quien era encargado de hacer control de las fronteras.
—Nosotros somos los lobos que controlamos todo el perímetro —dijo aquel chico alto, su voz soltando cierta indignación al no creer lo que Heeyeon estaba contando—, las hectáreas del bosque del sur le pertenecen a nuestra manada, por lo tanto, nos hacemos responsable de todos los animales que son parte de nuestro ecosistema, es imposible que nosotros hayamos creado algo así con el fin de alterar la vida de los animales y perjudicar la nuestra.
—Es cierto —Interfirió Namjoon, de acuerdo con las palabras de Chanyeol—, es imposible que nosotros hayamos hecho esto.
—Humanos —murmuró Yoongi, ganándose la atención de todos.
Jimin se tensó de inmediato, como si la palabra humanos fuera lanzada directamente hacia él siendo que nadie le estaba tomando atención. Todos tenían la vista posada en las palabras que Yoongi soltó.
Heeyeon asintió. —Concuerdo contigo, cuando desarmamos el dispositivo, ni siquiera las piezas pertenecían a las que ocupamos en nuestras instalaciones. No es una creación nuestra. Todo el material que ocupamos es importado desde la manada de Rusia. Los componentes de este neurotransmisor son de otra zona. Hay una posibilidad de que pudieron haber sido los humanos.
—¿Pudieron haber sido ellos? —Preguntó esta vez Jin.
Heeyeon suspiró y negó con la cabeza a medida que pasaba una mano por su largo cabello laceo. —No sabemos... ninguna alarma a detectado movimiento alrededor de las fronteras, sólo sabemos que no son de aquí —con eso, bajó la vista hacia Yoongi—. Tenemos que conseguir el origen. Conseguir una manera de entrar a Seúl antes de que esto se haga más grande.
Jimin se agitó ante la sola mención de su ciudad natal. Volviéndose tenso en su sitio, sin tener la valentía de poder mirar hacia el frente como lo había hecho minutos atrás.
—No podemos mezclarnos con los humanos —soltó Chanyeol, poniéndose de pie para enfrentar a Heeyeon—. Nuestras relaciones no son buenas desde el incendio de hace años. Que un lobo entre es como matarse a sí mismo. Todos sabemos que romper el tratado de razas significa la muerte.
En cierto punto, Chanyeol tenía razón. No entendía muy bien lo del tratado de razas, pero sabía que se había formado un acuerdo político y social para intentar mantener la paz entre las razas, siendo que aún existía cierta aberración entre lobos y humanos. Como si fueran enemigos naturales.
Se mordió los labios, recordándose a sí mismo que era humano. El nerviosismo invadió cada parte de sus fibras, tensando toda su musculatura cuando dejó salir el aire retenido y se puso de pie, ganándose la atención de varios. Incluida la de Yoongi.
Levantó por fin la vista, y la posó en cada uno de ellos. —Yo puedo hacerlo.
Todos le miraron en silencio. Siendo Yoongi el que frunció el ceño, arrugando la frente con mayor ahínco cuando procesó sus palabras. Sus cejas parecieron casi juntarse cuando le observó agachar la cabeza y pegar la vista al suelo.
A su lado, Namjoon le dio un vistazo molesto, quería decirle a Yoongi que de pronto su mal humor estaba volviendo tenso el ambiente, al igual que hace minutos atrás, alterando a los lobos de varios.
Pero no alcanzó ni a tocar su brazo cuando escuchó pisadas.
Mirando hacia el frente, notó a Chanyeol colocarse frente a Jimin.
—¿Cómo? —le dijo, la voz dura resultaba intimidante—, si mal no recuerdo, te venían persiguiendo cuando te encontraron...
Jimin tragó duro, intranquilo cuando se sintió expuesto por él. Entendía perfectamente la situación y lo que aquel chico quería decirle. Al igual que los lobos, y en las circunstancias que fue encontrado, cualquiera diría que él también era un enemigo de su propia raza.
—Puedo hacerlo —volvió a decir, con mayor confianza—, eso ocurrió hace cinco años, si me dan una identificación falsa podré infiltrarme.
Chanyeol le miró de pies a cabeza.
—¿Cómo sabemos que no nos engañaras?
—Chanyeol... —Yoongi rugió, desde su sitio, sintiéndose cada vez más enfermo ante la escena que se estaba mostrando justo frente a sus malditas narices.
Ante tal pregunta, Jimin le miró directo a sus ojos, con toda la sinceridad del mundo y dijo: —Porque soy parte de la manada.
—Pero eres humano, volverás al lugar donde te criaste, tu lugar de nacimiento.
Y solo eso bastó para que aquel caparazón se hiciera añicos. La seguridad desapareció y en su cuerpo sólo existía el miedo, la vergüenza y la angustia. No sabía qué responder. Era su lugar de nacimiento, sí, pero era fiel a la manada, se lo debía. Juraría a cualquier santo que él no haría nada para destruir al clan.
Sin embargo, noto que, por la mirada amenazante de Chanyeol, decir eso no bastaba para que sus palabras resultaran creíbles.
Por otro lado, Yoongi notó las emociones de Jimin en su propio cuerpo, y el instinto de defenderlo recorrió cada parte de su cuerpo, desbordándose y plagando cada uno de sus pensamientos.
Proteger, proteger, protégelo.
Peligro.
Él no lo quiere.
Se sintió enfermo, tan colérico que los músculos de su cuello se tensaron, marcándose al igual que el perfil de su mandíbula y prácticamente todo de él.
Yoongi simplemente estaba aguantando.
—Suficiente, Chanyeol —dijo esta vez, en un tono más grave, casi dejando salir a su lobo cuando sus ojos lucharon por cambiar hacia aquellos dorados
Chanyeol mantuvo su silencio, pero solo por unos segundos, su vista se perdió desde Jimin y se dirigió a la de Yoongi.
—Es verdad lo que digo. Es humano, no podemos fiarnos.
Amenaza, fue lo que sintió cuando, ante aquella frase, sus oídos lograron captar el jadeo de Jimin, y bastó echarle un vistazo al pelinegro, quien tenía la mirada cabizbaja para sentir que Chanyeol le estaba amenazando, directamente.
Chanyeol frunció el ceño, confundido ante la actitud de su líder cuando sintió su presencia espeluznante levantarle los pelitos de la nuca.
Yoongi estaba ahí, conteniéndose, queriendo sacar a su lobo, rugir y mostrarle los colmillos a Chanyeol. Y eso no hizo más que asustar al mismo Yoongi, porque él no era ese tipo de persona, mucho menos ante un capitán tan fiel como lo era Chanyeol. Además, si pensaba fríamente, le podía dar la razón a su subordinado. Jimin era humano, y ante la historia que tenían con ellos, existía la leve posibilidad de que pudiera traicionarlos.
Aunque su lobo y él le creían, confiaban en Jimin a ojos cerrados.
Así que suspiró, sabiendo que la discusión no iba a tener fin, miró a Chanyeol y le dijo: —Yo iré con él.
—¿¡Qué!?
Todos se alteraron, los lobos parecieron soltar un jadeo colectivo que en otras circunstancias hubiera sondo chistoso. Más ahora, sólo demostraba la ansiedad y miedo que vivía cada uno al escuchar al líder de su manda ir a Seúl.
Y Jimin se unió hacia aquella histeria colectiva. Mirándole con sorpresa, sintiendo algo apretarle el estómago cuando notó la decisión en cada rastro de su cara.
No sabía qué hacer con el sentimiento que se arremolinaba en su pecho, no sabía si tomarlo para bien o para mal.
Chanyeol gruñó. —No puedes, eres el alfa, el líder, si algo te pasa-
—Están ustedes —replicó Yoongi, calmado, sin perder aquella seriedad de su rostro, casi como si no hubiera estado minutos atrás a punto de atacar el cuello de Chanyeol—. Está Jungkook, y confío suficientemente en cada uno de mis capitanes.
—¿Estás hablando en serio, Yoongi? —Chanyeol parecía a punto de explotar. Namjoon frunció el ceño cuando lo notó, tensándose en su sitio y preparándose por si tuviese que transformarse para calmar la mierda que sea que estaba pasando por su cabeza ahora—. ¿Estás diciendo que irás con ellos? ¿con los humanos? Eres la persona más importante del bosque ahora mismo. Cazarte será como ganar la lotería.
—Chanyeol tiene razón —habló otro capitán—, quizás es esto lo que buscan, que vayas hacia ellos.
—No me conocen, Seunghoo, además, no podemos dejar a Jimin que haga esto solo, es demasiado peligroso para una sola persona.
Y eso, aquella simple frase, fue suficiente para que Chanyeol por fin terminara de explotar.
La ira y la furia bramándose en el fuego de sus ojos cuando le miró con cizaña.
—Ese es el maldito problema —le dijo, gruñéndole—, tú sólo te preocupas por Jimin. Siempre es lo mismo con eso —escupió, ganándose la mirada reprochada de un par de capitanes al ver la forma en como le hablaba a su líder, más Yoongi, simplemente se dedicó a mirarlo, pensando en que, si no lo calmaba, el chico terminaría por sacar a su lobo—. El chico está lleno de tu olor, todos sabemos que te preocupas demasiado por él.
Jimin por su parte, jadeó, sintiendo el calor acunarse en sus mejillas cuando dijo aquello. Aunque no entendía a qué se refería con lo del olor, según él, recordaba echarse perfumes todos los días, bañándose incluso con aquellos jabones naturales que Jin le regaló para su cumpleaños.
Quizás era cosa de lobos.
Y entonces, junto con ese pensamiento, la realización lo golpeó justo en la cara. Y tan pronto lo entendió, su corazón se agitó, avergonzado al entender lo que Chanyeol intentaba decir.
Joder, estaba siendo un manojo de nervios ahí de pie, pensando en cosas que no tenían sentido mientras que Chanyeol a metros de él parecía que y ase iba a transformar, sucumbido en la ira y comenzaría a ladrarle a todos ahí, sin embargo, eso ni siquiera le importaba.
Su olor. El olor de Yoongi, del alfa.
Por los años que había estado con ellos, Jimin aprendió que cuando alguien te marcaba con su olor, era signo de pertenencia, y no es que Jimin sea algo así como una cosa que le pertenece a alguien, pero tenía sentido para los lobos, considerando lo territoriales que eran.
Yoongi se puso de pie y descruzó sus brazos cuando Chanyeol lo enfrentó.
—Jimin tiene mi olor porque no crea el mismo aroma de un lobo —dijo de manera apacible—, es para que la manada entienda que Jimin es de la familia.
De la familia.
Jimin quiso llorar.
Y a pesar de que Yoongi mostraba ese rostro inalterado ante las palabras de Chanyeol, por dentro estaba siendo un desastre, era una atenuación decir que estaba confundido.
Porque por dentro estaba completamente perplejo, la incertidumbre se lo quería comer vivo desde su pecho al no entender las palabras de Chanyeol.
Nunca, pero nunca en los cinco años le había dado su olor a Jimin. Era imposible lo que estaba diciendo.
La gente a veces que interactuaba con él, permanecía con su olor, porque era un poco fuerte, sin embargo, duraba apenas minutos.
Él nunca había abrazado a Jimin, nunca había interactuado con él de tal forma como para que su olor se grabase como una segunda capa en su piel.
Nadie sabía, pero aquellas palabras estaban haciendo tantos estragos en él, que no pudo más que tensar los labios, sin saber de qué otra manera refutar las palabras mordaces de Chanyeol.
Pero no tuvo que decir nada. Jimin tomó una respiración profunda, caminando hasta colocarse detrás de Chanyeol
—Si tienes algún problema conmigo, o si desconfías de mí, puedes decirlo —le dijo, haciendo que el chico se volteara y tomara toda su atención.
Chanyeol sólo lo miró con asco, pero eso ni siquiera consiguió hacer a Jimin pestañear.
—Los humanos son una raza que nos ha traicionado, nada personal, pero no confío.
—Pero yo no te he traicionado.
Jimin se veía tan respetable ahí, aguantando la mirada de un lobo imponente como Chanyeol, que Yoongi sabía que, si hubiese sido un lobo, entonces su presencia definitivamente habría sido majestuosa.
Aunque ya lo era, sin embargo.
Jimin y Chanyeol mantuvieron la mirada en el otro por todo el tiempo que duró el silencio, ambos escaneándose, como si quisieran rebuscar algo en cualquier acción, agitación, lo que sea.
—Jimin ¿no hay ningún contacto tuyo con los humanos, cierto? —Pero bastó esa pregunta para que toda la tensión se hiciera añicos y él ahora mirara a Namjoon, el dueño de aquella voz.
Y todo se rompió. Tragó saliva, sintiéndose de pronto ahogado en sus propios sentimientos e intentando controlarlos, porque era consciente de que todos los lobos ahí presentes podían estudiar cada una de las emociones por las que pasaba su cuerpo.
Jodidos lobos de mierda y sus poderes sobrenaturales. Pensó.
Tenía que calmarse, calmarse y responder esa pregunta, pero cuando formuló la respuesta, se colocó más ansioso, lo cual lo dejaba en un jaque-mate.
No podía mentir, si mentía ellos lo notarían y podría ser incluso tratado como un traidor.
Por un momento escaneó a las personas en la habitación, su mirada se cruzó con la de Jin, quien le miraba con un rostro angustiante y doloroso. Eso sólo le había hecho sentir mal, porque lo que menos quería era preocupar a su hermano.
Así que regularizar sus respiraciones y observó a Namjoon, intentando ordenar sus palabras antes de hablar y quizás arruinar todo.
—¿Jimin? —Susurró Jin ante aquel tortuoso silencio, el mayor se estaba poniendo de pie con la intención de protegerlo de todos ellos si era necesario, incluso su líder, sin embargo, se detuvo cuando sintió la mano de Namjoon apretando su muslo, haciéndolo sentar en su sitio nuevamente.
Terror. Jin miró a Jungkook a la distancia, quien asintió cuando lo vio murmurar un "prepárate". Estaban dispuestos a sacar a sus lobos con tal de proteger a Jimin si es que las cosas se ponían feas.
La tensión era alta, porque todo podía ocurrir en cuestión de segundos.
Jimin tomó una bocanada de aire antes de apretar los puños y decir: —M-mi familia —sus labios temblaron automáticamente, no por miedo a ellos, sino por el miedo de revelarlo—, t-tengo su número... pero ellos no responden. Nunca lo han hecho.
Chanyeol soltó un rugido desde su pecho. —¿¡Los llamaste!?
Namjoon se puso de pie, caminando cerca del alto, no para juzgar a Jimin, sino para estar cerca de Chanyeol por si algo malo fuese a pasar.
—Sabes que las llamadas son rastreables, Jimin —negó el rubio, su voz marcaba desaprobación, sin embargo, no reproche, después de todo, Namjoon siempre tuvo una debilidad por él, el hermanito de su novio—. Cualquier llamada fuera de las instalaciones es rastreada, los humanos podrán saber la localización de nuestra manada.
—Lo hice con uno satelital —se defendió rápidamente—, sé que son rastradas...
Chanyeol se movió hasta quedar a centímetros de él. —¿De dónde sacaste uno? —le cuestiono, escudriñando todo su rostro como si quisiera encontrar en sus facciones la respuesta.
Jungkook, quien vio aquel movimiento como una amenaza, se puso rápidamente de pie, caminando hasta el lado de Jimin y tirando de él para quedar frente a Chanyeol y Jimin atrás de su espalda.
—Jin-hyung tiene uno —le dijo, la voz grave mientras le enfrentaba la mirada, el color esmeralda de sus iris mostrándose ante el alto chico y haciendo que este, ante la mirada de su lobo, diera un paso hacia atrás. Con esa respuesta, Jungkook miró a Namjoon, apacible, sin las muecas divertidas con las que siempre le observaba porque en este momento no era nada, solo una conversación entre capitán y capitán—. Lo ocupamos para llamar a nuestra familia de Busan, Jimin lo ocupa para llamar a su familia también. El teléfono fue dado por el servicio de inteligencia, así que no debería ser un problema.
—Pero es distinto, Jungkook —Chanyeol le encaró, más calmado que antes debido al encuentro con su lobo—, ustedes llaman a la manada, Jimin llama a su familia de Seúl. La ciudad de los humanos.
Y de nuevo con eso. Jimin quiso salir del agarre de Jungkook, pero el menor le sujetaba el brazo tan fuerte que lo único que pudo hacer fue moverse hacia adelante y colocarse a su lado para mirar mejor al alto.
—Tranquilo, Chanyeol —su mirada penetrante era únicamente para él—, porque en estos cincos años, ni una sola vez me han contestado.
—Suficiente —Yoongi se puso de pie, pensando que ya todos habían tenido demasiado presenciando aquella discusión—. Acabaremos la sesión mañana, quiero que se forme un grupo para buscar animales que hayan sufrido debido a ese dispositivo, cualquier avistamiento, señal, hay que alertarla. ¿Chanyeol, puedes hacer eso? —Le miró y Chanyeol asintió en silencio. No le dio más vuelta y su mirada ahora se dirigió a su médico—. Jin ¿puedes estudiar con mayor detalles a las hienas? Quiero saber qué otros comportamientos o efectos secundarios tiene aquel neurotransmisor, pondremos a un equipo contigo. Y, por último —suspiró, buscando esta vez la mirada de Heeyeon—. Quiero que el equipo de inteligencia falsifique credenciales para entrar a Seúl.
Chanyeol se tensó en su sitio. —Yoongi, eso es-
—No lo volveremos a discutir —le cortó, posando su mirada seria y fría en él, como si estuviera diciéndole que el tema estaba completamente zanjado—. El plan quedará de esa manera hasta que encontremos algo mejor, pero por el momento, iremos con eso. Hay que actuar rápido. Lo sabes. Pueden retirarse, eso es todo.
Chanyeol se mordió la lengua, más no dijo nada, se dio media vuelta y caminó como un energúmeno hacia la salida. Nadie se metió en su camino, un lobo enojado podía ser el peor enemigo si te cruzabas en su camino.
Todos los demás comenzaron a moverse, actuando tan pronto él dio las órdenes.
A lo lejos, pudo ver aquella cabellera negra, salir mientras hablaba con Jin y Namjoon. Así que, sin tardarse demasiado, tomó la carpeta que se le había dado y caminó a pasos largos hasta llegar donde ellos.
—Jimin te quiero en mi oficina. —No esperó respuesta, Yoongi siguió su camino sin inmutarse cuando pasó por su lado.
Jimin observó su espalda, paralizado en su sitio cuando él solicitó su presencia. Y cuando ya lo perdió de vista, se giró hacia Jin y formó un puchero en sus labios.
—Me odia.
Jin rodó los ojos y se acercó para rodear sus hombros. —Claro que no.
¿Qué había hecho ahora?
Recapitulando, Jimin creía que no se había pasado tanto de la raya como otras veces, había podido controlar tanto su voz como sus comentarios, así que no entendía por qué tenía que ser llamado a una charla personal cuando quizás era Chanyeol la persona que se merecía más ese puesto que él.
Tampoco quería sumar otra horrible semana de castigo, suficiente había sido aguantar la primera, siendo su única motivación, el hecho de saber que su segunda semana sería la última.
Sintiéndose un poco exasperado ante todas las teorías que había formulado en su cabeza, se despidió de Jin y Jungkook al final de las escaleras y caminó hacia la oficina de Yoongi.
Tocó antes, pero no esperó una confirmación, tiró la manilla y abrió la puerta. Cuando estuvo dentro, se encontró al mayor ya observándole desde su silla y aquel calor que recorrió su espalda, volvió a atacarlo, en ese mismo instante, aunque era menos intenso que el de hace minutos atrás.
—¿Ocurrió algo? —preguntó dudoso, intentando romper el silencio cuando Yoongi no había dedicado más que a observarlo.
Fue ahí cuando lo ve pararse de su sitio, y rodear el escritorio, inclinándose sobre este al igual que hace una semana atrás.
—¿Por qué? —Pregunta de la nada, haciéndole fruncir el ceño.
—¿Qué?
—¿Por qué no comentaste que querías comunicarte con tu familia? —Jimin se sintió extraño, de todas las conversaciones que esperaba ahora, esta era la última—. Ni siquiera sabíamos que tenías familia. Viva.
La sorpresa era tanta que se quedó sin palabras. No sabía cómo sentirse, cómo recibirlo, cómo decirle.
—P-pensé que no importaba —dijo por fin, relamiendo sus labios—, que no te importaba.
Yoongi soltó una seca risa, irónica y miró hacia un lado antes de encontrarse con su mirada nuevamente. Aquella acción causó muchas cosas en él.
—Son humanos —murmuró—, nos importa más de lo que debería.
Jimin lo escudriñó con su mirada. Algo de aquella frase le molestó, así que empuñó sus manos y cortó la mirada, observando hacia cualquier lado menos a él.
Se dedicó a guardar silencio, esperando que Yoongi se aburriera y lo echara, así él podría llegar a su casa, hundirse en su cama y llorar hasta cansarse.
Mala suerte para él, porque Yoongi tenía otras intenciones.
—¿Qué querías lograr después de hablar con ellos?
Jimin tragó duro, su manzana subiendo y bajando ante tal acción. Yoongi se sintió hipnotizado.
—Sólo quería saber si estaban vivos. —Fue su seca respuesta.
Yoongi suspiro. —¿Algún día hablarás sobre lo que ocurrió?
Más silencio. Sabía que había tocado una fibra sensible en Jimin. Todo su cuerpo se lo demostraba, como si estuviera gritándole que lo dejara en soledad, que viviría su duelo solo y que no necesitaba a nadie compadeciéndose de él y su triste historia.
Y dios, Yoongi quería tanto poder dar ese jodido paso hacia adelante, tomarlo y acunar su rostro adolorido entre sus manos, arrullarle y besarle aquella marca, que nuevamente su cuerpo se tensó ante tal deseo que iba más de su lobo que desde su propia persona.
Rápidamente colocó más distancia entre ellos, alejándose y yendo hasta la cajonera del escritorio de dónde sacó un artefacto.
—Aquí —dijo, tomando la atención de Jimin cuando escuchó algo posarse en la mesa—¸intenta llamarlos con este, es mejor que el de Jin.
Jimin soltó el aire cuando vio aquel pequeño teléfono satelital.
Imposible.
¿Yoongi le estaba ayudando?
No pudo evitar mirarlo a él y luego al pequeño aparato, una y otra vez, sin saber muy bien cuáles eran las intenciones de su líder.
Intenciones que solo lo confundían y le estrujaban su corazón.
Dio un paso atrás. Sintiéndose exasperado de la nada, abrumado ante aquella atenta mirada.
—N-no tienes que hacerlo... —murmuró, con la voz temblorosa y escondida.
Yoongi agarró el móvil y se lo tendió. —Tómalo.
Jimin observó el aparato puesto ante sus ojos, y lo hizo por unos cuantos minutos más, sin saber qué hacer con él, como si fuera la primera vez que veía uno de esos.
Yoongi no quiso presionarlo, así que simplemente se dedicó a esperar, mientras su lobo se encantaba con la imagen de Jimin llevando aquella lucha interna por dudar si tomarlo o no.
Porque muy en el fondo, Jimin no quería ilusionarse, pero no podía evitarlo al pensar que quizá ese teléfono haría la diferencia, quizás le daría la respuesta que tanto anhelaba.
Estaba bien para él no volver a verlos, pero no descansaría hasta saber que estaban vivos y salvos, él sólo se conformaba con eso, con escuchar sus voces.
Otros largos minutos más, sin hacer más que observar aquel celular hasta que decidió tomarlo.
Sus dedos temblaban y la vista se le nubló un poco por la misma emoción.
Marcó y esperó.
Un tono, dos tonos. Nada.
Siempre era lo mismo.
Tragó duro, intentando que los sentimientos de soledad no lo consumieran ahí mismo. Soltó un jadeo inconsciente cuando la melancolía de pensar que no conseguiría nada volvió a él, enredándose tan difícilmente que era imposible poder desatar eso y hacer como si todo estuviera bien.
Yoongi en silencio, lo alentó para que lo intentara nuevamente.
Pero nada. No había nada.
Nunca hubo nada.
Su corazón se apretó y su garganta dolió cuando agachó la mirada, las ganas de llorar queriendo desbordarse de sus ojos con la intención de formar todo un océano para poder así hundirse en su miseria.
No había nada, nada ni nadie que pudiera quitarle aquel sentimiento deprimente que no hacía más que alimentarse de sus falsas esperanzas e ilusiones.
Y tenía tanto miedo, tanto miedo de no saber de ellos. No porque estén posiblemente muertos, a Jimin le asustaba mucho más el hecho de pensar que estaban siendo torturados.
—Jimin... —Yoongi frunció el ceño cuando le llamó con esa voz dolorosa porque se sintió mareado por culpa de las emociones que estaba viviendo el menor.
Era un sentimiento profundo, crudo y desnudo, como si buscara consumir a Jimin y todo lo que habitaba alrededor del menor.
Eso le aterró. Porque la urgencia de tomarlo y protegerlo entre sus brazos, solo crecía, queriendo embriagarlo y cegarlo a él también.
—Jimin — volvió a decir, con la voz más clara porque el menor no levantaba la vista. Y lo que no sabía Yoongi, era que Jimin simplemente permanecía escondido porque no quería mostrar sus ojos brillosos. Sus pestañas mojadas en lágrimas no derramadas que había luchado por retener. Yoongi estaba luchando con su lobo—. Llévate el celular si quieres, Jimin.
Protégelo, protégelo, es tuyo, protégelo.
Esa necesidad, como si Jimin fuera el agua y el un maldito sediento dispuesto a beberlo todo.
Esa urgencia, de tomarlo entre sus brazos y acunarlo con su calor.
Ese deseo, de besarlo, besarlo y hacerlo suyo.
Silencio.
Yoongi no lo soportó más. Le dio la espalda y se alejó.
—Jimin, vete, por favor.
Unas lágrimas cayeron por los ojos de Jimin, las cuales él no vio, pero su lobo sintió, vivas como si las hubiera presenciado en primera plana.
Se va, se nos va, se irá. Para siempre. Él dejará nuestro hogar.
La marca, protege la marca. Tú marca.
Yoongi estaba horriblemente tenso, sintiendo su cabeza doler cuando el menor giró los pies y salió de su oficina, dejando ese olor ácido impregnar la habitación.
Miedo, tristeza, nostalgia.
Todo lo recibió de golpe, asustando a su lobo.
Tuvo que sentarse y agachar el rostro entre sus brazos, con los codos apoyados sobre el escritorio y la cabeza escondida entre estos.
Honestamente Yoongi no lo entendía, con Jimin siempre fue todo demasiado intenso, se sentía real, se sentía como el fuego, porque le quemaba, le quemaba cada poro de su piel, como si estuviera luchando consigo mismo para responder a él, y calmar toda esa especie de sintomatología que vivía por él.
Nunca había sido así, nunca había reaccionado a nadie con tanta intensidad como lo hacía con él, y le asustaba enormemente saber que podría perderse por culpa de él, a causa de él.
No entendía la razón, y era jodido, quiso pensar que se trataba porque Jimin era humano y por lo mismo no era capaz de controlar bien las emociones como los lobos, volviéndolo todo más intenso e inestable. Porque Jimin era de esos, quienes llegaban y soltaban todo como una bomba estallando y arrasando todo a su paso.
Pero no entendía el motivo que tenía su lobo para agitarse por él. Y por aquella marca.
No es como si lo hubiese marcado como su compañero de vida, era imposible porque era un humano.
Sin embargo, tan pronto lo pensó, su lobo reaccionó.
Yoongi no pudo dormir esa noche.
..
¡ow, si habéis llegado hasta aqui gracias por leeeeeeeeeeer ♥!
Siento los errores :c
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