Ojos Celestes
Harry era un chico como cualquier otro que asiste a la preparatoria tenía la fortuna de ser uno de los llamados populares era el capitán del equipo de natación y su novia era la más codiciada, pero no, no era la capitana de las porristas su novia era la chica con el mejor promedio a nivel regional.
Nadie se le comparaba.
Yazmín era bonita usaba gafas para leer en la biblioteca, alta y de un cuerpo muy delgado, de tez morena con raíces arabicas. El rizado siempre decía que se había sacado la lotería con ella porque lo tenía todo o al menos eso creía hasta que inició el último curso de preparatoria.
La campana sonó anunciando que era hora de Ingresar a los salones el chico se despide de su novia en el pasillo para que ambos fueron a sus respectivos salones entró y buscó un lugar cerca de la ventana la puerta se cerró después de dejar entrar al profesor de química quien los saludó de la manera más atenta y les dio la bienvenida al último curso antes de ir a la universidad; unos ligeros golpes en la puerta lo hicieron interrumpir la clase, la puerta de madera blanca se abrió dejando ver a la secretaría del director que le entregaba una nota al profesor, el hombre de mediana edad la tomó, la leyó en silencio y asintió al levantar la mirada la mujer salió y de inmediato sin cerrar la puerta una figura volvió a aparecer pero esta vez no era la secretaría, esta vez era un chico alto, rubio de ojos azules quién cargaba una mochila en su hombro derecho. Sin quererlo el chico poseedor de una sonrisa encantadora dejo a casi todas las chicas babeando literalmente por él y a uno que otro chico también entre ellos el rizado quién sintió algo en el estómago al verlo pero no supo cómo llamar ese sentir. El rizado estaba tan perdido en aquella figura que no se había percatado que ahora lo tenía a su lado le estaba saludando.
— ¿Puedo sentarme aquí? — preguntó un poco tímido y el chico de los orbes color esmeralda sólo pudo asentir con la cabeza a modo de respuesta, el chico sonrió y se sentó a su lado — ¡Hola! — volvió a hablar el rubio con el gran entusiasmo que lo caracterizaba — Mucho gusto, mi nombre es Niall — dicho esto le tendió la mano para estrecharla a modo de saludo.
El rizado tomó su mano estrechandola fuerza como se debía, con propiedad — Hola, mucho gusto yo soy Harry — le sonrió dejando al descubierto ese par de hoyuelos que cautivaban a cualquiera aunque él lo negara.
Así comenzaron a pasar los minutos, las clases, los días, las semanas, cada que el chico se sentaba a su lado lo hacía sentir de una manera completamente diferente, algo que nunca nadie logró.
Cada noche en su cama antes de dormir imaginaba ese par de ojos celestes aquellos qué recordaba cada vez que oía la palabra cielo y se preguntaba qué era lo que estaba sintiendo por aquél chico, si era un sentimiento más allá de una simple amistad ¿cómo se lo diría a Yasmín? Pero al final si le gustaba Niall ¿cuál era el inconveniente?
Sólo uno, no sabía como reaccionar sin el dueño de esos ojos azules lo rechazaba.
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