Adiós Papi
Las sirenas de las ambulancias retumbaban de manera estrepitosa, haciéndole saber a todo el que circulaba por aquella zona que algo grande había ocurrido, los reporteros de los diferentes medios de comunicación también se estaban haciendo presentes y es que era la primera vez que algo como esto sucedía en las calles de la ciudad.
Reportera:‹‹Buenas tardes interrumpimos su programación favorita para traerles una terrible noticia, estoy aquí en el lugar donde ocurrieron los hechos. Esta era un día tan normal como cualquier otro, los autos transitaban por esta calle — señala a sus espaldas una avenida principal con varios taxis y autos particulares con marcas de balas y los vidrios rotos y algunos paramédicos subiendo las camillas con algunos heridos a las ambulancias — . Pero nadie se imaginaba que al esperar que el semáforo cambiara a verde dos motociclistas de los que aún se desconoce su paradero, comenzarían a disparar en dirección de todos los autos dejando un sin fin de heridos de bala, lamentablemente debemos anunciar el trágico deceso de cuatro personas aún no tenemos mayores datos y por otra parte los hospitales más cercanos están recibiendo a los heridos, hasta aquí mi reporte los mantendremos informados››.
Horas Antes
Hace días no estaba bien, estaba sumamente sensible y lloraba por todo, seguía asistiendo al instituto como si nada pasara en mente, como si todo siguiera como antes, pero no era así algo había cambiado y los brazos en los que solía refugiarme y llorar hasta dormir se sentían lejanos, como si ese ya no fuera mi lugar.
Sin importar que, yo amaba a mi papá, pues él siempre había estado ahí para mí, aunque no en los últimos días, extrañaba a mi hermano mayor, desde antes de su boda comenzamos a alejarnos, pasaron tantas cosas que nunca quise contar o que tal vez lo hice a medias... Aún recuerdo el día que le grite con lágrimas en los ojos que habían intentado violarme en una fiesta y que a pesar de su promesa de siempre cuidar de mí no lo hizo, que hubiera dado yo porque esa fuera la verdad, que aquel chico no hubiera puesto sus manos sobre mí, pero no, nunca dije que eso paso, porque a pesar que las pesadillas cada noche no me dejaban ni dormir, así se quedaban como sólo una pesadilla que termina cuando despiertas, pero esta no, ya que tenía moretones y marcas de lo sucedido en todo mi cuerpo que no me dejaban olvidarlo ni un segundo, tenía miedo salir a calle, ir al colegio y toparme una y otra vez a aquel chico que hacía tan miserable mi vida, no sólo había abusado de mí en aquella fiesta, sino también en el instituto y cada que tenía la oportunidad, pero como si todo eso no fuera suficiente, mareos y vómitos aparecieron de la nada, llevándome a emergencias para darme la peor de las noticias, aquel chico tan despiadado había procreado vida dentro de mí.
Lo que hice firmar a mis padres era la autorización para hacerme un degrado al ser menor de edad ellos debían autorizarlo para hacerse responsables si algo llegaba a ocurrirme, deslindando a la clínica de toda culpabilidad y responsabilidad.
No había día que no lo pensara, quería volver el tiempo atrás cuando solía sonreír y reír de verdad, cuando Connor era mi compañero de bromas, cuando mis padres estaban juntos, cuando yo no era un problema o al menos quería sentirme segura en los brazos de mi papá, que me cuidara una vez más mientras estaba enferma, quería llorar en sus brazos y que dijera que todo estaría bien, aunque no fuera cierto, aunque todo mi mundo se desmoronara segundo a segundo.
Con lágrimas en los ojos hice una pequeña maleta hoy debía ir al hospital, tal vez después de salir podría convencer a mi papá de enviarme a un internado en otro país y así poder comenzar con mi vida desde cero. Era casi medio día y yo debería estar en el instituto, pero no, estaba aquí en mi habitación llorando, nadie estaba aquí así que mi llanto se escucha hasta la puerta principal de la casa, tomé la última foto que nos tomamos en familia, justo en la Navidad pasada, sonrisas sinceras, todos reflejaban felicidad, mis padres, Nick, Connor, yo; la guarde en mi bolso y salí para no perderla cita, salí de casa y tome un taxi que me llevara a la clínica. Todo era tan normal y aburrido en la calles, no alcanzamos a cruzar cuando el rojo apareció, iba bien de tiempo, así que no había problema, nunca supe en que momento paso o cuando aparecieron, sólo sé que sentí miedo al ver dos motocicletas negras paradas en sentido contrario, con dos tripulantes cada una, vestidos del mismo color, cubriendo sus rostros con cascos, los que venían en la parte de atrás rápidamente acomodaron las metralletas que llevaban cargadas en sus espaldas, disparando en todas direcciones sin importarles nada. Gritos de dolor y auxilio, llanto, cristales rompiéndose e impactando contra los asientos y el pavimento, lo inundaron todo.
«— Esto no esta pasando, esto no esta pasando, esto no esta pasando». Intentaba convencerme a mí misma una y otra vez pero era imposible, el dolor en mi hombros, brazo y estómago se hacia más grande. Con lágrimas en los ojos llamé al taxista y sin obtener respuesta, mordí mi labio tomando las fuerzas necesarias para ver en que condiciones estaba, llevé mis manos a mi estómago sintiendo la humedad y viscosidad entre mis dedos, una lágrima rodó por mi mejilla al ver la gran mancha de sangre en mi blusa, gire mi cabeza y me encontré con mi hombro en las mismas condiciones y algunos cristales enterrados en mi brazo ahogué un sollozo, mi cabeza había comenzado a doler, mis párpados pesaban pero me obligue a buscar mi celular y enviar un último texto:
Para: Papi
Te amo
Dem
Mi respiración comenzaba a dificultarse y de un momento a otro los sonidos se apagaron cuando todo se volvió negro...
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