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Especial de navidad //parte 2//

—Maldita sea, Shu... ¡Estoy hambriento! —gritó en medio de la calle cierto egocéntrico de cabellos rojizos.

—¿Acaso yo les pedí, que vinieran conmigo? —preguntó mientras hacia un intento desesperado por desenredar sus audífonos, eso pasa cuando prestas tus pertenencias y te las devuelven peor de lo que estaban.

—No, pero...— calló unos segundos al notar la falta de presencia del castaño—. ¿Dónde está Raito?

Observaron entre la multitud y ni rastro de su hermano, perfecto.

—Ya volverá...—musitó relajado, mientras continuaba caminando, sus audífonos aun funcionaban, no todo estaba perdido, a excepción ellos, claro—. Además, Raito tiene mejor sentido de la orientación que tú.

—¿Quieres dejar de hacer eso?

—¿Qué? ¿Herir tus sentimientos? ¿Y es que acaso el gran "Ore-sama" le afecta lo que digan los demás?

—Te voy a acusar con Reiji, pequeña escoria —advirtio—. Nadie, ¡Absolutamente nadie! Puede herir al grandioso ¡Ayato Sakamaki! —grito con euforia, tropezando con algo o mejor dicho alguien

—Mira por donde caminas, imbécil —dijo mientras tocaba el lugar en donde se había lastimado debido a su distracción.

—Mo~ Ayato-kun no seas tan grosero.

—!Raito!

—Te lo dije...

—Callate, vago.

—¿Me extrañaron? —pregunto curioso, mientras sonreía— yo se que sí, en fin. ¿Pudieron localizar a Reiji?

Los tres quedaron en completo silencio, mientras Raito trataba de asimilar el porqué no respondían.

Procesando información...

Espere un momento...

Carga completa.

Ah, ya entiendo, eso es un no —suspiro cansado, hace unos momentos se habia separado de ellos para conseguir lo que Shu le habia encargado, asi que saco el objeto de su bolsillo, era un CD. —Aquí tienes, después hablamos del pago.

Shu lo tomó para luego guardarlo en su chaqueta. ¿Algún tipo de contrabando? Tal ves.

—Ustedes, enfermos...—susurró al ver lo que era el CD.

—Tranquilo, la edición saldrá en un mes. Si te quedas callado, traeré la del año entrante.

—No he visto nada entonces —era una oferta que no estaba dispuesto a rechazar.

...

Mientras tanto, los siete vampiros  restantes continuaban con las compras.

—El pastel de frutas es mejor —respondio, mientras tomaba la caja de dicho pastel para pagarlo.

—No, es mejor el de chocolate, compremos este —replicó el moreno, tomando otra caja.

—¿Porque todo tiene que ser una competencia? —pregunta el titan irritado, habían pasado diez minutos y todavía no decidían que postre llevar.

—Callate —respondieron el unísono.

—No interfieras Yuma, estamos viendo una pelea épica entre nuestra mami Ruki, y mama Reiji. —musitó el idol mientras comía unas palomitas.

—esto es...mejor que mis novelas... —comentó Azusa quien aún se encontraba en el carrito de compras.

—Subaru, hermano, detenlos porfavor...—pidió la pequeña Usagi, preocupada.

—Tranquila, en algún momento tienen que parar.

Y se equivocó el albino pues pasaron otros diez minutos y la pelea continuaba.

—Es suficiente.

Subaru se acercó y se interpuso entre los dos, seguidamente tomó los dos postres para ponerlos en el carrito. Si tan solo lo hubiera hecho desde el principio.

—Compraremos los dos, andando.

—Subaru, arruinas la diversión —comentó con desilusión el rubio, y la respuesta del tsundere fue una manzana directa a su cabeza, dejándolo aturdido.

—¿Tienen algo mas que decir? —preguntó mirando directamente a Azusa y este negó con rapidez. —Eso creí.

La convivencia era un tortura, no desaprovechaban cada oportunidad que se les presentara para discutir e incrementar la rivalidad que ya existía entre ellos, mientras Usagi cada vez estaba mas molesta.

—¡Podrían dejar de discutir! —exclamó la pequeña, con enojo—. Creí que sería divertido que mis hermanos convivieran entre si en un día tan especial como este. Pero veo que no es así —musitó con lagrimas— los odio...—dijo la pequeña mientras corría lejos de ahí.

—¡Usagi espera! —dijo kou y trató de detenerla, pero no pudo.

—De verdad que son unos idiotas —confirmó el albino, siguiendo al idol.

Los tres desaparecieron y azusa volteó a ver al Mukami mayor.

—Ruki...yo también te odio...

—¿Qué? ¿Y por qué me odias? —preguntó el moreno dolido.

—No lo sé... Solo quería...formar parte del grupo...—respondio bajandose del carrito— iré por las decoraciones.... Arreglen esto...—advirtio, mientras también se iba del lugar—. Adiós.

...

—¿Y si mejor le llamamos al móvil? —propuso Raito, mientras sacaba una papitas de la maquina expendedora.

—Buena idea, pero no cargo mi teléfono. ¿Alguien tiene dinero? —preguntó Ayato.

—Lo acabo de gastar en las papas.

—Grandisimo idiota...—murmuró mientras buscaba en sus bolsillos y lo único que logro sacar fue un boleto de loteria viejo y unas envolturas.

—Que asco Ayato.

—No molestes... Shu, ¿Tienes dinero?

El rubio se encontraba recostado de la pared del local mientras escuchaba algo de reggaeton brasileño... Ok no, música clásica.

—Shu... ¡Shu! —exclamo mientras le daba un codazo.

—¿No te cansas de ser fastidioso? No tengo ganas de indagar en mis bolsillos, asi que les tocará revisar ustedes mismos.

Raito solto una risilla ante el comentario del rubio y se acercó para ayudar a Ayato en la búsqueda.

—No hay nada...—musitó mientras continuaba buscando— ¡Oh esperen, siento algo!

—Te aseguro que eso no es un billete, Es mi...

—¡Agh, que asco!

Raito no resistió mas y soltó una carcajada mientras se sostenía del estómago.

—Ustedes son lo máximo, chicos —comentó mientras seguía riéndose.

—Son lo peor —dijo Ayato mientras se limpiaba las manos con sus pantalones, a lo mejor debía cortarselas.

—¡Oh, oh! Ayato-kun, ¡encontré dinero!

Exclamó Raito, mientras bailaba con el billete en mano, la victoria no duro mucho pues una fuerte brisa se llevó consigo dicho billete y a la vez toda esperanza que poseían.

—Bueno...—dijo el rubio, mientras observaba como los dos vampiros trataban inútilmente de alcanzarlo.

•••••••••••••

Retomandin la historia.

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