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[💣] I

Era un día de verano de 1967, ah, los dulces años 60. El Sol emanaba una luz color naranjo amarillento que hacía resplandecer mi piel morena y mi cabello, haciéndolo ver como si fuese brillante petróleo.

Me hallaba conduciendo en un Jaguar XK-E 1961 de un horrible color verde que me habían prestado hacia un bar de mala muerte, pero de tan mala muerte, que aún no me prohibían la entrada.

No es porque quisiera una bebida y en una de esas llevarme a alguna chica linda a casa, esta vez un amigo quería presentarme a alguien, un famoso escritor y periodista, dijo.

¿Por qué un periodista? Será uno de esos blancos patrióticos y racistas. No sabía por qué quería presentármelo realmente. "Tendrán buena química, se llevarán estupendo", claro, me imagino que es un niñito que se sienta todo el día a escribir y a emborracharse pensando que es el más loco del país, cómo no.

No pensé mucho en eso, no me importaba.

Tampoco es que me presentaran gente muy a menudo, pero él en especial no me llamaba la atención, no sonaba como alguien interesante y peculiar para mi, sonaba como alguien con quien me tomaría un trago y olvidaría para siempre.

Mi destino no quedaba muy lejos de mi punto de partida, se me pasó volando el tiempo, en un parpadeo ya me encontraba estacionando el auto sobre la acera, aterrorizando a más de uno.

--¿¡Qué te pasa!?

--Demente.

Me bajé del auto ignorando los gritos de la gente y entré al bar también ignorando los reclamos del guardia, eran ya las 5 y algo de la tarde, habíamos quedado a las 3:30, se puede decir que la puntualidad no era lo mío.

Buscaba con la mirada por todos lados, pero no veía a mi amigo.

--¡Bu!--me sorprendió--

--¡Ey! Ahí estabas, me asustaste. Oye ¿quieres tomar algo o hablar con esas chicas que están por allí?--pregunté, señalando con mi dedo a unas bellas señoritas--

--Tonto, te distraes muy fácil, recuerda que viniste aquí porque quiero presentarte a mi amigo... ¿¡Por qué no llegabas!? El imbécil estaba apunto de irse, tuve que entretenerlo por dos horas hasta que te vi buscándonos como idiota y ahí está esperando--me regañó, aunque no escuché ni la mitad porque todos hablaban a la vez y la música estaba horriblemente fuerte--, ¡vamos!

Él me indicó el camino para llegar a donde estaba sentado el escritor, era un verdadero laberinto, y el mar de gente dispersa por todos lados no ayudaba.

Finalmente llegamos, lo único que logré ver fue a un gringo de más o menos veinitantos años, de pelo corto, flacucho, estaba sentado y lucía serio. Se quedó viendo un papel que estaba en la mesa un buen rato hasta que decidió mirarme. Tenía unos grandes ojos medio achinados que me perturbaban de lo misteriosos que eran, unas amenazantes cejas gruesas y oscuras y una pequeña boquita que se veía delicada y muy fina como la de una actriz de los años treinta, o eso es lo que alcancé a mirar en la oscura luz ultravioleta del bar.

--Hunter--me extendió la mano, aún con una seria mirada--, Hunter Stockton Thompson.

Me dieron escalofríos.

--Oscar Acosta--le di la mano y la sacudí amistosamente, más confiado de lo que hubiese debido estar--.

Hablábamos casi gritando, el ambiente era genial para un bar, pero horrible para conocer a una persona.

Mi amigo tenía una cara muy rara, estaba extremadamente feliz, soltó un chillido y lo miré girando mi cabeza en interrogación como un cachorro.

--¿Qué?

--Nada, es que...--soltó una risita--Se ven tan lindos juntos.

Hunter tenía cara de pregunta.

--Ay, sigan conversando, yo...--daba torpes pasos en reversa mientras intentaba mirarnos y mirar por donde iba al mismo tiempo, chocando con todo--los dejo solos, yo estaré por aquí.

Estábamos confundidos pero sólo ignoramos la extraña naturaleza de la situación y volvimos a mirarnos.

--Bueno, Hunter...

--He oído que eres un activista del Movimiento chicano y un importante abogado defensor--fue directamente al grano como si quisiese pedirme un favor, o quizás sólo estaba iniciando la conversación--.

--Estas en lo correcto, he defendido muchos casos y usualmente ganan el juicio.

--¿Y qué haces en este asqueroso bar? Eres una persona respetable, podrías estar en un lugar más elegante.

--No me acostumbro a la anticuada vida de gringo ricachón.

"Acabas de venir en un maldito Jaguar y dices eso, vamos, Oscar."

--Si yo fuera tú, me gastaría todo el dinero en lujos y drogas.

--Protesto por el racismo en los Estados Unidos, soy un rudo búfalo café, no puedo ser un delicado pajarillo rubio que vive en una lujosa mansión y toma el té todas las tardes, querido Hunter.

Rio, ¡lo hice reír!

--Eres gracioso, búfalo café.

El griterío se hacía más fuerte, gente riendo, hablando, gritando, cantando y bailando, nos volvía locos.

--¡Agh! ¡Esto es una tortura! ¡Vámonos de aquí!--gritó, captando la atención de más de uno--

--¿Irnos?

Agarró sus cosas sin decir ni una palabra, me tomó del brazo y salimos por la puerta trasera.

Afuera se veía el plástico paisaje americano, palmeras falsas y una playa llena de chicas rubias en bikini y hombres bronceados artificialmente.

--Necesitaba salir de allí. Dios--suspiró, cansado y aterrorizado--, que feo lugar, lleno de serpientes sangrientas... quizás quién sería su próxima víctima.

El pobre recién se había drogado y yo ni cuenta me había dado, obviamente con LSD dado a las alucinaciones y tal vez mezclado con vete a saber qué cosa. Vaya, al final no era un tipo aburrido como yo pensaba.

Ahora que estábamos afuera podía admirarlo con claridad, su pelo se veía de un color miel a la luz del Sol y se movía un poco con el viento; tenía una piel perfecta, frágil como de porcelana; pero lo que más me cautivó fueron sus ojos.

Me perdí en su mirada, es que el color de sus ojos me encantaba; no eran azules, ni verdes. Eran color café, café que quita el sueño, café que produce desvelos.

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