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Capítulo 8

Punto de vista de Alejandra.

No voy a negar que necesitaba algo así con Neymar, pero tampoco voy a negar que no me sentí todo lo bien que quería tras haberlo hecho. Me sentí tonta, o sea no quiero ser así, no puedo seguirme permitiendo salir corriendo detrás de él cuando vuelva.

—Necesitaba algo así. —dijo Ney, me reincorporé en la cama y él conmigo, besó mi hombro. —te he echado de menos.

—Neymar esto no puede seguir así. —le dije.

—¿El qué? —dijo.

—Esto, tú y yo. Estoy perdiéndome a mí misma. Ya no estamos juntos, y desde hace mucho.

—Alejandra, nunca lo hemos terminado de dejar.

—Lo sé, pero es que... —le miré fijamente. —Esto ya no es sano.

—Hagámoslo sano. Ale, yo te quiero. ¿Tú no me quieres a mí?

—¿Estás de coña? Llevo enamorada de ti desde los dieciséis años, hemos estado dos años viviendo juntos, contigo he vivido lo que no viviré con nadie jamás. —me sonrió. —Pero tampoco estoy preparada para volver.

—No tenemos porqué precipitarnos a nada. —sonrió, yo le devolví la sonrisa. —me voy a duchar. —me dio un corto beso antes de levantarse a la ducha.

Yo observé su cuerpo tatuado desnudo, su piel de color caramelo, los dos huecos que se le marcaban en la espalda, esos bíceps bien marcados... ay, Neymar siempre ha sido una puta debilidad.

Llamaron a la puerta, me levanto poniéndome un albornoz, porque no iba a abrir en pelotas básicamente, podría ser cualquiera de los veintitrés tíos sudorosos que deambulan por estos pasillos.

—¡Hola! —dijo Carla.

—Eh, hola. —dije nerviosa, aún no estaba preparada para contarle que me había vuelto a tirar a mi ex, ese al que le está cogiendo un poco de asco.

—¿Qué te pasa? ¿qué haces así? —dijo extrañada. —No te levantas tarde nunca, y has dormido con Marcos por lo que dudo que hayas dormido así.

—Ya bueno...

—¡Oh Dios mío! ¡te has tirado a Marcos! —dijo pegando grititos de lo más emocionada, verás tú el chasco.

—Bueno, si Marcos lleva el pelo teñido de rubio, tiene veintinueve años, juega en el PSG y es brasileño... a lo mejor... —el rostro de mi amiga fue cambiando.

—¿Pero qué cojones hace aquí Neymar? —dijo molesta. Lo dicho con anterioridad le tiene un asco tremendo.

—Ha venido a verme.

—A verte no, a volverte loca. —dijo hecha una auténtica fiera, tengo miedo en cualquier momento me va a soltar una ostia. —De verdad que no me puedo creer que te hayas follado a tu ex.

—Es que yo le quiero.

—Es que eres muy tonta, Alejandra. Eres tonta y no te das cuenta del daño que le estás causando a otras personas. —puso sus brazos en jarra. —¿Marcos lo sabe?

—¿Qué tiene que ver Marcos en todo esto?

—¿lo sabe si o no?

—Cuando Neymar llegó, yo estaba con él. —Carla suspiró de forma muy profunda.

—No sabes lo que estás haciendo, y tampoco sabes el daño que le has hecho. —dijo señalándome.

—¿Pero qué pasa con Marcos? es que no lo entiendo. —dije sin entender.

Pau pasó por allí nos miró sonriente, más aún a mí. Seguía tirándome ficha de broma.

—Vaya, Ale. ¿Albornoz de Victoria's Secret? —dijo mirándome de arriba a abajo.

—Aquí te la dejo, Pau. Se ha tirado a Neymar, a ver si tú le haces entrar en razón y consigues que se olvide de ese tío. —dijo Carla. —Me voy a ver a Marcos.

—Pero espera, qué pasa con él. —le pregunté a mi amiga que solo me miró y se giró para buscar al chico rubio de ojos azules. —mierda.

—Alejandra, ¿de verdad te merece la pena? —dijo Pau. Bufé.

—Ya no sé nada, Pau.

Me giré para volver a entrar en mi habitación.

Punto de vista de Marcos.

Estaba tumbado en la cama boca arriba, solo pensaba. Alejandra está con Neymar, y eso me dolía, muy dentro estaba hecho una mierda. No me gusta llorar, pero lo estoy haciendo como un niño pequeño, porque me duele, porque la quiero, porque de todas las chicas del mundo me enamoré de Alejandra González. Ella es ese mal, que no sé porqué me gusta.

Llamaron a la puerta, no me sentía en condiciones de abrir, pero por la forma de los nudillos contra la puerta, sabía que no era ella, porque joder que estoy tan enamorado de ella que sé hasta su forma de tocar la puerta.

—Hola. —dijo Carla una vez que abrí la puerta. —me acabo de enterar yo... yo...

No dijo nada, solo me abrazó, porque los brazos de una mejor amiga eran el consuelo de ese momento, donde yo lloré, porque sabía que era un partido en el que Neymar jugaba solo y yo estaba lesionado sin pedir el cambio, queriendo forzar.

—iba a besarla cuando apareció. —le expliqué mientras estábamos sentados en la cama. —llevo toda esta semana durmiendo con ella, la había notado receptiva, pensaba que Neymar era agua pasada... sin embargo, no.

—Marcos, sé que te he dicho miles de veces que tienes que luchar por Alejandra y esperarla, pero te está haciendo daño. Sé que no es de forma consciente, pero sé que te está haciendo daño, y tú no te mereces eso. Deberías alejarte de ella. —dijo torciendo sus labios.

—No, no me voy a alejar de ella. No lo haré, porque solo ella puede romper mi corazón una y otra vez y yo me dejo solo por estar a su lado. La quiero Carla, estoy enamorado de ella y estar enamorado significa querer su felicidad, aunque su felicidad no sea conmigo.

Alejandra para mí era como un veneno que yo no dejaba de beber una y otra vez, uno adictivo que no dejaba de consumir y encima me dejaba con ganas de más, no me voy a rendir, porque algún día, tarde o temprano sé, que vamos a estar juntos.

Al cabo de las dos horas, habíamos bajado al comedor todos, no quise salir de mi cuarto. Había venido media selección a tratar de consolarme de que saliera del cuarto, hasta que Laporte fue el único que lo consiguió.

—si no bajas. Alejandra va a saber que te pasa algo y va a preguntar. A ver qué le cuentas.

Entonces por el motivo de que no quería que Alejandra se enterase de que estoy enamorado de ella es por lo que bajé. No quería verla en estos momentos porque sentía mi corazón dañado, pero era inevitable, más cuando en la mesa se sentó a mi lado.

—¿ya te has cansado de tirarte a Neymar? —le dijo Eric.

—Tú no eres quién para decir nada sobre mí, García.

—tu mejor amigo, y la persona que ve que estás tirando por la borda tu vida por vivir enamorada de un tío que solo te ha dado dolores de cabezas y lágrimas. —Alejandra da un golpe en la mesa y sus ojos escupen miles de lágrimas.

—Mira Eric, tú mejor que nadie sabes cómo éramos él y yo, y tú mejor que nadie deberías de apoyarme porque se supone que eres como mi hermano, pero desde que he llegado solo he recibido menosprecio por seguir enamorada de Neymar, ¿qué tiene de malo eso? ¿Acaso tú no estás enamorado? No lo entiendo, no entiendo la molestia de mi amor, tóxico o dañino con Neymar, pero tampoco creo que sea para tratarme así, así que esto se acaba. —se levanta de la mesa.

—Alejandra, ¿donde vas? —la paró Pedri.

—Se acabó chicos, renuncio a este trabajo. Buena suerte mañana. —sorbió su nariz y regresó a su habitación.

—vamos, Eric. No dejarás que se vaya ¿no? —preguntó Unai, mirando a Eric.

—Es tu mejor amiga, tío. —dijo Gerard.

Eric me miró.

—Marcos, ve a impedirle que se vaya por favor. —Eric y Alejandra tenían ambos un orgullo muy grande como para arreglar esto ellos ahora mismo y mucho menos a que alguno de los dos cediesen.

Me levanté de la silla y fue en busca de la morena que me trae por la calle de la amargura, la encontré en su cuarto.

Estaba haciendo la maleta, por suerte estaba libre de seres brasileños.

—Alejandra, ¿donde vas a ir?

—a mi casa. La pago para algo. —dijo haciendo su maleta.

—Venga, sabes que ha sido una discusión tonta y que lo que dice Eric no es de verdad, sois como hermanos y lleváis años sin veros. —toqué su hombro.

—Todos me juzgan por estar enamorada, Marcos. Y todos dicen que te he hecho daño. —siguió doblando su ropa. —así que si tanto daño me hago, me vuelvo a mi apartamento a buscar unas prácticas en cualquier editorial. Cualquier cosa mejor que reponer botellas en una selección.

—Alejandra, no quiero que te vayas. —ella me miró. —ni nadie de allí abajo tampoco. Queremos que sigas siendo tú la que nos da las botellas en cada entrenamiento y cada partido, la que nos sonríe para decirnos que todo estará bien, la que nos deleita con sus canciones de Rihanna o la que nos amenaza cuando algo no sale bien en un partido. —Alejandra sonríe. —yo te quiero conmigo para dormir cuando Carla y Eric tienen marcha por la noche, nuestras charlas nocturnas y los piques al fifa porque siempre te gano. No quiero que te vayas.

Me abrazó, sentía como en cuestión de milésimas mi corazón se había reparado de un daño que ella misma había causado.

—Te quiero, te quiero mucho, Marcos. —dijo en el abrazo.

—Te quiero yo más a tí, pequeña.

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