Capítulo 5
Punto de vista de Alejandra.
Había llegado el día del partido ante Polonia, hoy se tenía que ganar si o sí, para que sea más posible el pase a octavos, si no ganábamos estamos un poco perdidos la verdad, pero no voy a decir esto en voz alta, que desmotivo a los niños.
Estábamos en el entrenamiento, Luis Enrique no solo daba charlas motivadoras a los chicos, sino que también los machacaba, menos a Álvaro, este ya se machacaba solito, es que era brutal todo lo que estaban diciendo de él esta semana, hasta amenazas de muerte ha recibido. En fin la gente idiota.
Mientras Carla y yo reponíamos las botellas en los vestuarios, aparecieron Ferran y Dani, notoriamente asfixiados.
—Ale, oxígeno. —dice Dani asfixiado, yo le paso la botella de agua mirándolo diciéndole que es un exagerado de mierda.
—Daniel, eres un exagerado. O sea eres futbolista, tienes que estar acostumbrado a esto. —dije, Carla empezó a reírse dándole otra botella a Ferran que venía igual.
—Pero no con estas calores, o sea, cómo lo harán los jugadores del Sevilla. —dice bebiéndose la botella de una. —menos mal, que vivo en Alemania. Leipzig es mucho más fresca que esto.
—Yo vivo en Manchester, así que más de lo mismo. —dijo Ferran.
—Ya, pues por dos partidos más os toca joderos. —dice Carla riéndose.
—Dios, ¿dos? —dice Ferran asustado.
—Y uno de ellos a la hora de las temperaturas más altas. —dije yo.
—Vale, me muero. —finalizó Dani.
Por la puerta entró Eric, que se acercó a Carla a que le diera su botella y le dio una caricia en la mejilla mientras le sonreía y le guiñó el ojo, ¿Qué es lo que ha pasado aquí que ni mi mejor amiga ni mi mejor amigo me han contado?
—¿y vosotros dos cuando puñetas vais a echar un polvo ya? —dijo César mirando a Eric y Carla cogiendo su botella.
—Que no ha sucedido, imbécil. —respondió Eric.
—¿Qué necesitáis un máster? —dije mirándoles.
—Lo mismo digo yo, para que tú te olvides de Neymar. —dijo Carla. Auch, golpe bajo.
—Eso ha sido un golpe bajo. —respondí.
—El verdadero golpe bajo es el que te tendría que dar a ti Marcos, pero estás empeñada en ser solo su amiga, cuando te pone a doscientos. —me dijo. A ver qué si, que Marcos está bueno y no tendría problema en tirarmelo, pero es que lo que él y yo tenemos es más especial, es más lindo, más allá del amor y más allá del sexo.
—Te estas ganando un botellazo. —le sigo aguantando la botella.
—Adelante dámelo, total, es de plástico. —le hago una mueca y le doy la espalda.
—A ver si le comes la boca ya al García, que me tienes hasta los ovarios. —digo y me voy.
Andando por el pasillo, buscando a Marcos para darle su botella, suena mi teléfono móvil, al mirar el nombre que aparecía en la pantalla, no lo podía ni creer, después de tres días. Neymar.
—¿Neymar? —pregunté extrañada.
—No he dejado de pensar en ti, esperé tu llamada. —dijo al otro lado de la línea.
—Ney, yo...
—Por favor, Alejandra. Ven a Río, ven a verme, seguro que viéndonos, se nos quitarán todas las inseguridades que tenemos...
—No puedo, no ahora, está la Eurocopa...
—Lo sé, cuando acabe, durante el verano, volvamos a pasar el verano juntos en mi yate como antes, cuando acabe la Eurocopa, o si eliminan a España... por favor.
—No te prometo nada, pero lo pensaré. —dije suspirando antes de colgar.
Acabar esta historia es tan difícil.
—¡Hey! —me asusta Marcos por detrás y doy un gran bote. —Perdón, pequeña.
—Eres gilipollas. —me rio. Él me sonríe.
—¿Qué te pasa, por qué estabas tan seria? —pregunta.
—Pues nada, Neymar me ha llamado. —Él hace una mueca.
—¿y qué quiere?
—Que vaya a Rio, y vernos.
—Menudo plasta. —empieza a reírse, pero al ver que yo no se calla. —¿no estarás pensando en ir, no? Alejandra.
No dije nada.
—Dios es que eres tonta. —fruncí el ceño.
—Oye sin pasarse eh.
—No, es lo que eres. O sea, pasa de ti durante tres días, y con una llamada te tiene comiendo de la palma de su mano. No doy crédito. —dice con una sonrisa irónica.
—Es que no lo entiendes...
—No, la que no lo entiendes eres tú. Que vas a estar así siempre, corriendo detrás de ese tío que no para de hacerte daño y encima tú le das ese poder. —dijo Marcos, bastante enfadado. Se da la vuelta y va hacia el vestuario.
—Marcos, espera.
Y no me hizo ni caso. Tal vez tuviera razón, pero nada ni nadie me impediría volver a estar con el amor de mi vida.
Pero mientras recuperaba al amor de mi vida, no quería perder a mi amigo, menos a alguien como a Marcos que me había cuidado tanto y me había hecho tan feliz, me había hecho reír. Fui tras él.
—Marcos Llorente, espérate. —le dije, él paró en seco su camino.
—¿a que, Alejandra? ¿Debo esperar a que salgas corriendo a los brazos de la persona que te hizo llorar hace días en mis brazos? —dijo girándose a mí.
—Por favor, entiéndeme. Lo de Neymar y yo...
—Lo de Neymar y tú no es sano, no lo es. Y me jode que todavía sigas detrás de él, corriendo cada vez que llama.
—Yo le quiero y sé que él a mi también.
—¿Cuando se visteis por última vez? —preguntó.
—en enero.
—¿vino él o fuiste tú a Paris?
—Yo fui a Paris, pero es que es más fácil...
—No, Alejandra, no te das cuenta. Tú eres la que siempre deja su vida por él, la que no le importa la época de exámenes, la que no le importa nada cuando se trata de él. —dijo acercándose a mí. —Neymar no es el único tío en este planeta que estaría dispuesto a bajar la luna si le dejas.
—¿cuál es tu maldito problema?
—Tú.
—¿yo? —me puse furiosa. —tu problema eres tú, que cualquiera diría que estás celoso.
Ríe nervioso. —no digas sandeces. Sólo me preocupo por ti.
—Pero es que estoy bien, Marcos. Sé que no somos la relación perfecta, pero es que ¿nunca te has enamorado?
—Sí. —rasca su nuca nervioso. —pero está siendo más complicado de lo que creía.
Alcé las cejas. —Lo estás ahora. —me rio. —¡Oh dios! ¿Quien es? Quiero saberlo.
Me acerco a él como una cotilla.
—vas a tener que torturarme para sacármelo.
—cuidado, Llorente. Que no puedes resistirte a mis encantos. —Él me mira y sonríe.
—Me sé todos tus puntos débiles, pequeña. —dijo, justo antes de empezar a hacerme cosquillas y de que yo empezara a reírme como una foca arcaica.
Esto con Marcos era de las mejores cosas que podían pasarme, lo guapo, inteligente y buena persona que era me estaban haciendo abrir las puertas a un mundo nuevo, un mundo nuevo que quizás ahora no pueda ver, pero sé que es Marcos, lo supe desde el primer momento, solo tenia que darme cuenta.
—Te quiero. —le dije, mirándole.
—¿como? —preguntó extrañado.
—Que te quiero, eres de las pocas personas que están haciendo que mi vida no sea tan desastre, así que, te quiero. —antes de pudiera seguir diciendo nada Marcos me abrazó y me sentí bien. Me sentía en paz y sobre todo, en casa.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro