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Capitulo 4

Punto de vista de Marcos.

Bendito sean los días de descanso que nos dan, más cuándo unos pocos estábamos de resaca, sí la fiesta había estado de lo más bien. Estábamos en la piscina, hacía un calor de mil pares de narices, era maravilloso como notaba toda la vitamina D, que raro soy soy, hostia puta.

Desde aquí veía a Alejandra tumbada en la tumbona con gafas de sol y dejando ver su tatuaje del costado, le quedaba perfecto. No sé qué tenía ella que la hacía diferente a todas las chicas que hubiera podido encontrarme alrededor del mundo, pero ella, ella era todo lo que estaba bien en este mundo, era alocada, era unos ojos en los que siempre querría verme reflejado, su sonrisa era la iluminación más maravillosa que la vida tendrá jamás, hace que parezca que un sol radiante en junio está nublado porque ella es la estrella más brillante de todo el firmamento.

Mirándola embobado como si fuera un tonto es cómo empecé a recordar lo sucedido ayer.

--venga, Ale. Inclínate un poco hacia delante, te va avenir bien. --traté de que se inclinara para poder echarle agua en la nuca.

--Que no, Marcos. Estoy bien de verdad. --dijo con la voz ebria, normal se había bebido como nueve chupitos de un tirón.

—Ale, ni siquiera eres capaz de sostenerte en pie. Déjate ayudar. —le acaricié el pelo y ella se quedó mirándome fijamente. Ahora quien no era capaz de sostenerse en pie era yo.

—¿Por qué eres tan Bueno conmigo? No me lo merezco. —dijo mirándome.

—Alejandra, tú te mereces todo lo bueno. —dije quitándole un mechón de pelo de su cara.

—¿Y qué es lo bueno para mí?

—Pues no sé, el amor, la amistad, el trabajo. —dije encogiéndome de hombros.

—Puff, el amor. ¿Sabes que en el amor yo siempre he estado en OFFSIDE? —dijo bufando.

—¿Estás comprándome el sentimiento del amor con un fuera de juego? —dije riéndome.

—Es la verdad. —dijo frunciendo los hombros. —Mi vida amorosa es como un gol en fuera de juego, el gol está pero no sirve de nada. —suspira. —Entonces llegó Neymar, y creía que era la persona que me iba a hacer entrar al campo.

—Pero pequeña, tal vez, no sea Neymar la persona que te haga entrar en el campo. Es decir, no sea la persona correcta. —dije acercándome a ella.

Estuvimos tan cerca, tan, tan, tan cerca que casi nuestros labios se unieron, pero entonces tuve un pequeño rayo de luz.

—No, pequeña. Estás ebria. Y tú no quieres esto. —me separe de ella.

—Puede que ahora no lo sepa a ciencia cierta, pero sé que lo quiero. Solo tengo que darme cuenta. —dijo antes de separarse aún más de mí.

Eso es todo. Ella no recuerda lo sucedido, pero yo no lo olvido, esperaré a que se dé cuenta si realmente lo quiere.

Desde aquí podía leer lo que ponía en su tatuaje, solo ella podía hacer que una frase a la que yo no lo encuentro sentido sea perfecta.

"Cuando vendes tu alma al diablo, enamorarte de un ángel puede llevarte derecho al infierno"

Solo pienso en cuanto me muero por recorrer ese tatuaje con mis dedos, en besar hasta el último punto y cada lunar de su piel. Es una sensación muy extraña, no sé si es que me gusta, no sé qué he visto, quiero pensar que es atracción, eso del amor me da mucho miedo.

Observo como esa chica se acerca hacia mí y se sienta al lado mía, está radiante, el sol en su cara le favorece, todo le favorece.

—Vamos, Marquitos. ¿Un baño? —me dijo sonriéndome, me muero por bañarme con ella, pero hay algo a lo que denomino como autocontrol y es lo que menos tendría al sentir su cuerpo con tan poca ropa.

—Que va, soy más de tomar el sol. —le guiño el ojo. —Pero descuida, pequeña. Estaré aquí al pendiente de que no te ahogues.

—Eres un idiota, Llorente. —dijo sonriendo. Se levantó y luego de un salto se metió en el agua, Carla la siguió.

A lo que yo iba diciendo, el amor acojona, y más sentirlo por Alejandra, es un completo suicidio, esa niña está enamorada de Neymar desde los dieciséis años, aún no lo había olvidado, ¿quien me asegura que no fuera a sufrir? Pero es que es tan inexplicable lo que siento que estaría hasta dispuesto a decirle:

"Rómpeme el corazón cuántas veces quieras, pero solo quédate conmigo"

Hostia puta, estoy pilladisimo.

—Hey, tú, Marcos. —me llama César. —deja de comerte a Ale con la mirada, la vas a soldar.

—No me como a Alejandra con la mirada, idiota. —le dije riéndome. —solo la miro como mi amiga que es.

—Si como amiga. —dijo Eric irónicamente. —Tú no miras a Alejandra como la miro yo.

—Es que es lógico, tú eres su amigo desde bebés, es distinto hay más complicidad entre ustedes.

—Venga ya, Marcos. No me toques los huevos. —dijo Eric incorporándose en su asiento. —Admítelo tío, te gusta Alejandra.

—Mira que a ti te guste Carla no significa que a los demás nos tenga que gustar Alejandra. —dije molesto, no quiero que se descubra mi crush por Ale, pues una vez hecho eso, no habrá vuelta atrás.

—¿Que tendrá que ver, gilipollas? —dijo haciendo un gesto con la mano.

—A ver Marcos, asume, que ni siquiera yo que me he acostado con ella, la miro de esa forma —dijo Álvaro. —Es que, se te ilumina la cara, eres como más feliz y te sale una sonrisa que no controlas.

—Mira que os den por el culo.

Me fui de ahí haciéndome el molesto, cuando lo que realmente me molestaba era que tuvieran razón, porque es lo cierto me gusta Alejandra y mucho, estoy atrapado y ahora solo quiero besarla.

Llegué a la habitación y se me senté en la cama con las manos en mi cabeza, estaba nervioso, pero muy nervioso.

Vale, Marcos. Te gusta, no pasa nada. No tienes porqué conocer a alguien de siete años para que te guste, Alejandra te gusta en dos días. No pasa nada. ¿Tienes ganas de tirartela? Si, ¿lo ha otro hecho en vez tú? También, pero no pasa nada porque por lo que yo me muero es por abrazarla cada día y decirle que la quiero, aunque ganas si le tengo.

Estoy en la mierda, y ella enamorada de otro. No pasa nada, se asume. No siempre puedes ser la persona por la que vayan detrás, algún día este momento llegaría, pero joder no pensé que doliese tanto en tan poco.

Llaman a la puerta. Como sea Eric otra vez para tocarme los huevos le voy a meter tal ostia en la cara que se me va a quedar de nombre Marcos Picasso, porque se la voy a dejar hecha un cuadro.

—¿Quién es? —pregunté a un lado de la puerta.

—Soy yo. —La voz de Alejandra al otro lado de la puerta me recorrió como una corriente eléctrica si hubiese metido los dedos en el enchufe. Joder, Marcos que solo te ha dicho una frase cálmate. —Ábreme, por favor.

Quería no hacerlo, no quiero estar a solas con ella porque es que el autocontrol que siempre suelo tener para todo hoy no funciona, y estar a solas con ella es igual a cagarla, pero estamos hablando de Alejandra, no puedo dejarla ahí fuera como si nada.

—Marcos, por favor. —dijo con una diminuta voz.

Finalmente, abrí la puerta, al abrirla descubrí a una Alejandra con un batín transparente de piscina, dejaba a la vista su bikini negro, su tatuaje y perfecto cuerpo que la espuma hace días no me había dado el placer de ver.

—¿Por que te has ido de esa forma de la piscina? —preguntó entrando en la habitación, yo cerré la puerta tras ella. —Eric ha dicho que estabas enfadado.

—Es que estos son muy tocapelotas. —dije, observando como ella posaba todo su peso sobre su pierna izquierda, y sonreía.

—Venga, estáis de cachondeo todo el día, no me puedo creer que te hayas enfadado por cualquier gilipollez que te hayan soltado. —se ríe.

—Es que esa gilipollez, es un tema que no.

—Venga a ver, ¿qué gilipollez te han soltado? —negué con la cabeza. —venga, Llorente. Cuéntame.

—Que no, Ale. No quiero. —le respondí borde, me arrepentí en el segundo.

—Mira, idiota. Apuesto que la tontería que te hayan dicho no tiene que ser tan grave como para que actúes como un niño de cinco años, gilipollas. —se dio la vuelta para pasar por mi lado y salir.

—Pero esa es la cosa que no lo sabes.

—¡Pues cuéntamelo! —se giró furiosa, que discusión más inútil de verdad.

—Pues tan simple como que al sentirte cerca de mi te quiero comer la boca y ponerte en esta cama a cuatro patas y hacerte gemir tantas veces mi nombre que te olvides de que alguna vez gemiste el de Neymar. —solté, Alejandra se quedó petrificada, y yo mandé un poco a la mierda el autocontrol, que tragara saliva fue la gota que colmó el vaso.

Cogí su nuca y estampé su boca contra la mía, al principio tuve miedo de que me mandara a la mierda, pero cuando me di cuenta ella había metido su lengua hasta la campanilla de mi boca, rodeé mi brazo alrededor de su cintura y pegué su cuerpo más al mío.  No podía creer que la estaba sintiendo, que la estaba besando, que la estaba abrazando, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, por lo que notaba el de ella también estaba acelerado.

Luego volví en sí, recordando que esto ya le había pasado con Álvaro y yo no quería ser el utilizado para que olvidase a Neymar, así que con todo el dolor de mi corazón me separé.

—Marcos. —dijo. —Marcoooos...—dijo pasando la mano por delante de mis ojos. —Que te has quedado pillado. ¿Me vas a decir por qué te habías enfadado?

—¿Qué? —y en definitiva volví en sí ya por completo, dándome cuenta que Alejandra seguía parada frente a mí tal y como entró, que no me acerqué a ella, que no le respondí mal y que mucho menos la había besado.

—Que me digas qué ha pasado. —frunció el ceño. —¿Te encuentras bien?

—Eh, sí, lo único que es que son muy pesados y a veces no les soporto. —dije, saliendo del paso.

—Bueno, venga va. Vuelve con nosotros abajo. —me dijo, sonriéndome.

Asentí levemente, pero claramente me di cuenta que esto iba mucho más allá de todo porque ahora no es que yo mismo tuviera mas autocontrol, sino que mi mente se imaginaba cosas que nunca iban a suceder.

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