Capítulo 33
Punto de vista de Alejandra.
Lo que más miedo me había dado durante este mes, es que Marcos ya no me quisiera, que se olvidase de mí, en efecto, era lo que había pasado. Ahora la persona que yo amo, me odia.
Oye, karma. He tenido que hacer algo muy malo en otra vida para merecer esto.
Llamé a la habitación de Pedri. Cuando llegamos al hotel me ofreció dormir con él por si la situación con Marcos se hacía insostenible y como eso era justo lo que estaba pasando, pues aquí me encontraba, hecha un mar de lágrimas.
—Ale...—abrió la puerta y me vio. Su cara se tornó en tristeza al verme y me abrazó. Luego entré y me senté a su lado en la cama. —¿me cuentas que ha pasado?
—Me odia. —dije secando mis lágrimas. —Ya no me quiere, Pedri.
—odiar es un sentimiento, lo sabes ¿no?
—Sí, pero me lo ha dejado bien claro, sus sentimientos hacia mí están muertos porque yo los había matado. —suspiré. —Está bien, me lo merezco.
—No, Alejandra. No te mereces eso, puede que le mintieras, pero no te mereces eso. —tomó mi mano. —Es más estoy seguro de que ese tío orgulloso que tiene una armadura como disfraz ahora mismo, está enamorado de tí como el primer día.
—No estaría yo tan segura.
—Sigo viendo como te mira, y te mira como si tú fueras la única estrella en su firmamento, Alejandra. Solo está herido, solo necesita tiempo.
—Yo le doy ese tiempo, pero no puedo permitir que siga soltándome pullitas cada vez que me vea, porque es que mi corazón no las soporta.
Llamaron a la puerta, sonido que nos sorprendió a ambos porque no esperábamos a nadie. Seguro que sería Gerard en ronda nocturna de paseos molestosos.
—Como sea Gerard te prometo que le meto. —dijo el canario levantándose de la cama y abriendo la puerta.
—¿Está Alejandra? —cuando escuché la voz de Marcos se me erizó toda la piel, no me esperaba que fuera él y menos que preguntase por mí.
Me levanté sin más, con mil dudas en la cabeza, necesitaba saber qué era lo que tanto necesitaba ese hombre para venir a buscarme después de prácticamente vomitar sobre mí desde que llegamos a Milán.
—¿Qué pasa? —pregunté cuando tuve su visibilidad en la puerta.
—¿Podemos hablar? —mi chico de ojos azules volvía a mirarme como lo había hecho desde que le conocí, no como estas últimas veces que sentía que mi corazoncito se rompía.
Miré a Pedri que me asintió levemente con la cabeza, sin que Marcos se diera cuenta. Yo acepté no muy segura de ello, porque no quería volver a discutir con la persona de la cual estaba enamorada y tampoco quería que me recordase todo el tiempo el daño que le había hecho.
Así que pusimos de nuevo el camino hacia su habitación, la que debía de compartir conmigo, pero que decidí abandonar, ya que la convivencia entre él y yo, ya no era tan buena como antes.
—tú dirás. —le dije cuando él cerró la puerta detrás de que entramos.
—No quiero que duermas con Pedri. —dijo en un hilo de voz. Reí irónicamente.
—Venga ya, Marcos. —me giré para abrir la puerta. Él puso la mano sobre ella.
—No estoy bromeando. —puso la otra mano en la puerta, de manera que estaba entre él y la madera que había tras mi. —No soporto saber que vas a dormir con otro tío que no soy yo. Ya me maltrata suficiente el pensamiento de saber que duermes con Neymar en Su cama.
—Yo...no duermo con Neymar. —dije titubeando un poco, porque sus ojos estaban clavados en los míos con una fuerza que ni yo misma soy capaz de explicar.
—Mejor. Porque no soportaría saber que ha tocado una piel que tiene mi nombre tatuado. —susurró en mi oído. —Te odio, Alejandra.
Habló metiendo una mano por debajo de mi camiseta y acariciando mi cadera, solté un pequeño gemido ante su tacto que había extrañado tanto durante este mes.
—Lo sé.
—No podré perdonartelo nunca. —besó suavemente mi mejilla.
—Lo sé.
—Y para que te quede bien claro, te voy a follar tan duro, que no vas a poder sentarte en una semana.
Y aunque lo que decía, estaba con rabia, y al parecer nada de amor, su voz sonó tan jodidamente erótica y yo estaba tan muerta por sentirlo otra vez, que solo dije:
—Hazlo ya.
rodea con su brazo mi cintura y me besa, ese beso comienza a subir de intensidad a la misma vez que nuestras lenguas se rozan y hacen que el calor en nuestros cuerpos aumente, ahora mismo todo me molesta, voy bajando rápidamente su sudadera y la lanzo lejos de nosotros, paso sobre su cabeza la camiseta y él hace lo mismo conmigo. Nuestras piernas se mueven a la vez para caminar hacia la cama se agacha un poco y me hace rodear mis piernas en su cadera mientras me besa el cuello, soy extremadamente sensible a eso.
Mi cuerpo bajo el suyo mientras va dejando pequeñas marcas de besos del hombro al cuello y yo desabrocho su pantalón, y él vuelve a hacer lo mismo con el mío, deja pequeñas mordidas sobre mi vientre y yo me estremezco, la respiración se me vuelve más pesada y la calentura ya es evidente.
—¿sabes cuántas ganas tenia de tenerte así? — susurra contra mis labios.
— ¿Ah si? — le miro.
— No hay día que no haya pensado en atarte a la cama. — el lado pervertido de Marcos personalmente a mí, me vuelve loca. Me muerdo el labio inferior mientras le miro. — Dios Ale, no hagas eso.
Se acerca para besarme pero yo me alejo maliciosamente de su boca desesperándole un poco por tener contacto, con su mano detrás de mi nuca junta nuestros labios y de un giro me deja encima de él. Mis manos están contra su pecho desnudo y van bajando por su abdomen hasta tocar el borde de sus bóxers, siento como algo debajo de mi se pone duro, Enseguida mis mejilla se vuelven de color rosado y él baja sus pantalones a la misma vez que que yo quito los míos, cuando ya no quedaba nada de ropa y solo estábamos él y yo rozando nuestros cuerpos sin ninguna prenda que molestase, él volvió a estar encima mía.
— ¿estás segura? — me dice viendo como mi respiración es más pesada y agitada por segundos.
— Solo hazlo ya, Marcos— y él supo que significaba eso, entró lento y subió la intensidad por segundos he de reconocer que era la mejor forma de despejarme. Mis uñas se enterraron en su espalda y sentía su respiración en mi cuello lo que me hacía gemir, dios estaba siendo realmente placentero. Sus manos fueron a mis muslos y los apretó fuerte mientras me besaba, abrí los ojos y vi los azules suyos, cambiamos de posición ahora yo arriba, de delante hacia atrás una y otra vez haciéndolo realmente gustoso. —Mar- Marcos- me.. — supo que significaba así que aumentó la violencia de sus embestidas y terminamos ambos a la misma vez. Escucharlo gemir no tenía precio.
Se tumbó a mi lado mientras yo trataba de recuperarme de eso que acababa de pasar.
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