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Capítulo 31

Punto de vista de Alejandra.

Todo había cambiado tanto en un mes, ya no vivía con Marcos en Madrid, ahora vivía en París, con Neymar, aunque solo como amigos. Rechacé las prácticas en Madrid como ya dije porque no podía soportar la sola idea de que algún día pudiera cruzarmelo por la calle y que esos ojos azules no me mirasen de la misma forma en la que me habían mirado hasta ahora, bueno hasta aquel día. Tampoco quise irme a vivir a Barcelona otra vez, sabía que el Atlético de Madrid algún día iba a visitar el Camp Nou y no me sentía preparada para ver a Marcos, me haría mucho daño. No iba a poder evitarle siempre, ahí estaba la cuestión, y ese día había llegado.

Era tres de octubre, dentro de tres días la selección se jugaba la semifinal de la Nations League contra Italia, lo que los chicos habían denominado como "La revancha" y ojalá porque los Spaghettis ya es hora de que reciban su merecido, que nosotros jugamos mucho mejor que ellos y encima luego ganaron la Eurocopa, que robo.

Acordarme de la final de la Eurocopa me puso triste, ya que me recordaba que la había visto con Marcos, me hace recordar que ahora seguramente no quiera ni que le mencionen mi nombre. Duele, duele mucho. Cuando mejor estábamos y cuando mejor podíamos haber estado, me desperté del sueño.

--¿Lo llevas todo? ¿Pasaporte? ¿manuscritos? --preguntó Neymar parado frente a mí.

--Ney, el que se cambia de continente eres tú. --me reí. --Yo voy a Madrid y después a Italia, me quedo en Europa.

--Ay, es verdad. --me sonrió.

Nuestra amistad cada vez era mejor, había demostrado ser un mejor amigo excepcional, hasta incluso mejor que novio, me había sentido muy cómoda con él, no había habido tentaciones de besos ni de nada, simplemente todo había sido full friends. Me sentía muy bien con él, porque al menos estaba curando un poco de mi corazón mal herido.

—Buen viaje, nena. —me agarró de la mano y me sonrió de lado una vez más. —Si necesitas huir llámame, que le dan a la selección y voy a por ti a Milán.

Reí. —No te preocupes, no me dará un ataque al ver a Marcos, y tampoco voy a huir, estaré trabajando, además que estará mi hermano también.

—Bueno, hablamos. —Me dio un beso en la frente y luego se dio la espalda para coger un avión hacia Río donde toda la selección de Brasil se tenía que concentrar.

Yo suspiré y me dirigí hacia mi puerta de embarque "Madrid" llevo sin estar en Madrid desde que Marcos rompió conmigo y no es que esté muy lista para volver, la verdad. Pero como una persona valiente, me armé de valor y me monté en ese avión que me dejó en el Aeropuerto de Barajas.

(...)

El taxi que había tomado me dejó en la ciudad deportiva de las Rozas, al primero que vi fue a César, al que fui corriendo por detrás y me enganché a su cuello montándome en su espalda.

—¡Azpiiii! —dije abrazándole muy brusca. Un poco bruta sí que soy la verdad.

—Hombre, ya te echaba de menos yo a ti. —dijo bajándome de su espalda y colocándome a su frente para abrazarme. —¿Qué tal?

—Pues bien, estoy trabajando en una editorial en París, un poco pija, pero bueno, tiene vistas a la Torre Eiffel. —le expliqué.

—Sigo sin superar que prefirieses irte a París con Ney, antes que venirte a Londres conmigo. —dijo llevándose la mano al pecho haciéndose el ofendido.

Azpi, entre otros, se había ofrecido a acogerme en su casa cuando definitivamente decidí no seguir viviendo en España, pero ni Ferran, ni Álvaro, ni Pablo, ni siquiera César, consiguieron que no me fuese a París.

—Las ofertas Parisinas llegaron primero, Azpi. —le sonreí. —pero iré a hacerte una visita.

—Muy buenas a los dos, ha llegado el temor de los italianos, Insigne aún se acuerda de mí. —dijo Pau, llegando por detrás mía frotándose las manos.

—Pero qué se va a acordar de ti, matao' que se te olvida comunicarte con Ayme y nos marcaron. —Dijo César, mirando a Pau con una mueca.

—Bueno, luego empató Álvaro. —replicó Pau Francisco.

—¿pa que? Pa na, para que nos eliminaran igual. —respondí yo.

Sentí unos labios en la mejilla y sonreí al momento.

—Hola, amor de mi vida. —dijo Pedri, abrazándome por la cintura.

—Pero si es mi futuro marido. —me reí. —¿Qué tal?

—Deseando que llegara este día para verte, bombón. —dijo poniéndome ojitos.

—Deja de tirarle la ficha a mi hermana, enano. —dijo Eric, abracé a mi hermano. —¿Estás bien?

Susurró por lo bajo a lo que yo asentí levemente, luego me dirigí hacia mi mejor amiga a la que abracé fuertemente.

—No te voy a dejar sola. Tenlo claro. —dijo mi amiga cogiéndome de las manos. —oye, que bien te sienta París, estás más buena de lo que ya estabas.

Me hizo dar una vuelta sobre mí misma.

—A ti te sienta mejor estar casada. —sonreí.

—No lo comparto, se ha vuelto una señoritinga y ya no quiere saber nada de cuando era soltera. —dijo Gerard, llegando al grupo. —Hola.

—Tonto eres. —Carla se abrazó a nuestro amigo.

Poco a poco se fueron incorporando todos, y decidimos que mientras llegaban los que faltaban íbamos a echar unas partidas de Ping Pong, así que me piqué lo más grande con Unai.

—Estas haciendo trampa, Ale. —dijo el portero indignado, no hacía trampas, él era muy malo.

—Menos mal que el fútbol no se te da igual de mal. —me reí.

Las cabezas presentes todas se giraron a la puerta, sabía quien había ahí, mi corazón lo sentía y por eso estaba latiendo a la velocidad que estaba latiendo, me giré despacio pues no estaba preparada para que mis ojos se centraran aún en él después de un mes, mucho menos estaba preparada para que me mirase con la misma frialdad de la última vez.

—Hombre, el lisiado. —dijo Laporte, chocando la mano con él.

Había dicho el lisiado, porque según me habían contado, yo no lo sabía, que había estado lesionado y que tenían dudas sobre si finalmente iba a poder asistir a la Nations League, finalmente, y mis ojos lo ven, si que ha llegado a tiempo y recuperado.

—Cabron, que lo he pasado fatal pensando que no llegaba. Que quiero estar en la revancha contra Italia. —dijo, todo esto lo oí, porque todavía no había levantado la cabeza.

—Tú te apuntas a un bombardeo hasta cojo. —dijo Carla, Sé que le abrazó.

—No podía ver el partido en mi casa, me iba a estrellar contra la pared.

Cuando dijo "mi casa" sentí una punzada en el corazón, si todo hubiese sido diferente, hubiésemos llegado juntos y hubiese dicho "desde nuestra casa", así que cada palabra que hacía referencia a que estaba soltero y no conmigo, me molestaba y a la misma vez, me dolía.

Una vez hubo saludado a todos los chicos, y habían dejado de ponerse delante de mí, solo quedaba porque me saludase a mí, pero no tenía muy claro si lo haría.

Levanté la cabeza, por fin, y le miré. Estaba más musculoso, se notaba debajo de su camiseta blanca de mangas cortas y su pelo aún estaba más rubio que antes, sus ojos seguían siendo los más bonitos del universo para mí, entonces se clavaron en mí, me puse nerviosa y no supe cómo actuar, se acercó hasta mí y me dio dos simples besos en ambas mejillas.

Que duro saludarse con la mejilla, cuando los labios ya se conocen.

—Hola. —habló mirándome, temblé.

—Hola. —respondí.

No sabía cuanto tiempo podía aguantar una persona sin respirar, pero os aseguro que esto es un récord para mis pulmones.

Sin embargo, mi corazón había estallado de la felicidad cuando notó su contacto, reafirmando así que estaba muy enamorado de ese rubio.

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