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Capítulo 1

Punto de vista de Alejandra.

Odiaba la facultad, menos mal que hoy era mi último examen y por fin empezaban mis vacaciones de verano. Se supone que los exámenes de la facultad duran hasta julio, ya sé. Pero había estado estudiando duro para poder terminarlos a mitad de junio y poder ver la Eurocopa sin necesidad de estar agobiada por los exámenes del cuatrimestre.

Miré mi foto de la mesilla de noche junto a Èric, hoy por fin después de cinco años nos vamos a volver a ver. Nos conocemos desde que éramos dos mocosos que solo sabían  llorar y dormir, bueno aunque yo sea dos años mayor que él. A pesar de llevar tanto tiempo separados nunca hemos dejado de hablar por teléfono, lo malo era que la Facultad y el fútbol no nos habían permitido vernos, me habían impedido ver a mi mejor amigo.

Pero ahora, él era un jugador convocado por la selección española para la UEFA Euro Cup 2020, y para nuestra suerte todos los partidos de fase de grupos de la selección española se jugaban en la justa ciudad donde vivo.

Al terminar de hacer mi último examen veo a mis dos mejores amigas, Rebekah y Sara.

Rebekah era estudiante de Traducción de textos, era una chica alta, rubia y de ojos azules, era preciosa. Tiene veintidós años y es de Sevilla.

Sara por el contrario, era estudiante de un doble grado de Filología Hispánica y clásica, como yo. Tiene veintiún años y es de Cádiz. Es una chica de pelo castaño y ojos marrones preciosos.

De las tres la única que no era andaluza era yo, ya que soy catalana. Tengo veintidós años, tengo el pelo negro, soy de estatura media y tengo los ojos verdes.

—Hoy es el gran día, hoy debuta la selección. —dijo Sara, me miraba emocionada porque sabía que llevo años esperando para ver a Èric, por fin.

—Por fin. —dije, cogiendo mis cosas. —Iré a ver a Èric al hotel ahora, ya no puedo esperar más, necesito ver a mi mejor amigo.

—Ya sabes que tienes que pedirle un autógrafo a Pedri. —dijo Rebekah, sonreí. Su mayor crush en este mundo, sin contar a Maluma, es Pedri. Lleva enamorada de él durante toda la temporada, no sabéis el coñazo que me ha dado con el puto Pedri.

—Que sí, pesada. —dije, rodando los ojos. —Me marcho, las veo esta noche en el partido.

A lo lejos les lancé un beso como despedida, y me dirigí hacia mi coche para ir al hotel donde se alojaba la selección española.

Martirio García 😫❤

Has terminado ya?

Que sí, que ya voy.

Pues venga.

No me estreses, García.

Solemos hablarnos como si nos llevaríamos mal, pero nada más lejos de la realidad, era como un hermano para mí.

Ayer Brasil, ganó por tres goles a cero a la selección venezolana. Ganó con goles de Marquinhos, cómo no de Neymar y de Gabriel.

Me alegraba tanto que hubiera marcado Ney, se merece esto y más.

Neymar.

Sé que es de madrugada por allí, pero me acabo de enterar que ganaron el partido de ayer ante Venezuela, me alegro muchísimo, felicidades por tu gol.

Ese mensaje lo mandé al aparcar en el parking del hotel, no piensen que soy una irresponsable al volante.

Me bajé del coche y me encaminé hacia la puerta para entrar, Èric me había mandado su número de habitación con anterioridad por lo que sabía justamente a que lugar ir.

Llamé a un ascensor y ese se paró en la planta que yo estaba, con un jugador de la selección española, era alto, Moreno y muy guapo a decir verdad, y por suerte sabía de quién se trataba, Álvaro Morata.

—¿A que piso? —me dijo, señalando los botones del ascensor. Me fijé en que justo se iba a parar en el mismo que yo.

—Al mismo.

Él me miró con el ceño fruncido, dado que en ese piso solo se aloja la selección española, y seguro que por lo que él sabe no soy la pareja de ninguno.

—sabes que los aficionados no pueden entrar, ¿verdad?

—Lo sé. —dije sin más, sé que soné borde. —soy amiga de Èric.

—Ah, claro. Alejandra, ¿verdad? —le sonreí asintiendo. —Perdona, soy un idiota.

—No te preocupes es normal.

De repente el ascensor se paró, se apagó la luz, es decir, nos quedamos encerrados.

—No me jodas. —dijo Álvaro. —¿Hola?

Y por más golpes que le dio a la puerta nadie nos abrió.

Había pasado una hora, hacía calor, estábamos a cuarenta grados en Sevilla y encerrados en un ascensor. Me senté en el suelo con cuidado de que no se me viera nada porque llevo una falda y una blusa blanca, la cual desabotono para que entre algo de aire, pero es imposible. Me estoy acordando en este momento de la carpeta de la Facultad que dejé en el coche, me vendría tan bien ahora mismo. Álvaro está un poco desquiciado, también está sentado en el suelo y está chorreando sudor, pero él está más acostumbrado. 

Miré mi teléfono, tenía una llamada perdida de Èric. Un momento, una llamada perdida de Èric, eso significa que hay cobertura, rápidamente le doy a rellamada.

—¿dónde estás? —preguntó, notoriamente enfadado.

—En el hotel. —dije, con voz cansada. Casi no tenía saliva ya.

—Oye, suenas cansada.

—Èric, sácanos de aquí. —dice Álvaro, con un puchero en su cara. Estaba claro que a pesar de estar más acostumbrado al calor necesitaba más que yo salir de aquí.

—¿Álvaro? —dijo, confundido.

—Nos hemos quedado encerrados en el ascensor, por favor. Ve y avisa a alguien que nos saque de aquí. —dije yo, explicándole todo lo que Álvaro no iba a ser capaz de articular.

—Ag, ya voy.

Mi amigo colgó la llamada de teléfono.
Miré a Álvaro que se había quitado la camiseta. Madre de Dios, entre el sudor y su torso desnudo me estaba mojando las bragas. Vale, tranquilidad Alejandra. No pasa nada, es sólo un chico sin camiseta, pero madre mía, si es que le veo caer las gotas de sudor por el hueco de los abdominales. Okay, necesito un polvo urgentemente, ya no le puedes seguir guardando el luto más a Neymar.

—Admirando las vistas, ¿eh? —habló Álvaro. Es que sin darme cuenta estaba mirándolo con la boca abierta.

Vale, Alejandra trata de disimular que no te lo tirabas aquí encerrados.

—Alejandra, que estás pensando en voz alta. —dijo, de nuevo.

Me cago en mi puta madre, que estoy quedando como una gilipollas.

—Sigues haciéndolo.

—¿y qué quieres que haga?, llevo sin sexo desde enero y estamos a junio, estamos encerrados en un ascensor donde la temperatura está más que aumentada, coges y te quitas la camiseta, pues entérate chico: estás buenísimo y no soy de piedra. —me indigno y me cruzo de brazos.

Álvaro se acerca a mí hasta quedarse a mi lado, digamos que está rozandose un poco conmigo. Este no se ha enterado que estoy falta de sexo.

—¿por qué llevas tanto tiempo sin sexo? —preguntó, mirándome. Me entraron ganas de decirle: a tí qué te importa, tío cotilla. Pero él estaba acercándose a mí con toda su buena voluntad, y después de casi abrirme de piernas para follármelo mentalmente, no estaba en condiciones de ser muy borde que digamos.

—Porque no tengo novio.

—Venga ya, Alejandra. Eso no es una razón, una chica tan joven y guapa como tú, no necesita tener novio para eso.

—Bueno, te vale: Estoy guardando el luto a mi exnovio de dos años al cuál rompimos hace cinco y porque yo lo hice. —dije, soné un poco irónica, y solo causé que el delantero que se encontraba a mi lado, se confundiera más. —Digamos que donde hubo fuego aún quedaron llamas.

—Que Siguieron viéndose, ¿no?

—Efectivamente.

La pantalla de mi teléfono se iluminó, dejando ver que tenía un mensaje de Neymar y una foto de fondo pantalla con dicho hombre.

Era la foto más bonita que había usado jamás como fondo de pantalla.

Yo estaba haciendo una mueca a la Cámara y el me abrazaba por detrás dejando un pequeño mordisco en mi mejilla.

—Claro, ya sabía quién eras, solo que has crecido muchísimo. Has cambiado. —dijo Álvaro, dándose cuenta de quién yo era en cuanto vio la foto.

—Sí, soy esa. Soy la ex de Neymar Jr.

—contestale al mensaje, mujer.

Neymar

Tenía la esperanza de que hubieras visto el partido, so no importa. Que escribas este mensaje ya significa mucho. Ojalá podamos vernos pronto. 😘

Decidí no contestarle a nada.

—¿No le vas a responder? —preguntó Álvaro, señalando mi Teléfono.

—No, La hoguera algún día se tiene que apagar. —Suspiré. —Por más doloroso que sea.

Álvaro extiende su brazo para darme un abrazo, fue bastante pegajoso por todo lo que estábamos sudando, pero sin duda fue reconfortante. Al separarnos nos quedamos mirándonos frente a frente, demasiado cerca, casi que nuestras respiraciones eran una sola. Pasó, no soy de piedra, él tampoco y pasó, no lo esperábamos, pero tampoco lo evitamos.
Su lengua se fusionó con la mía y a decir verdad, jugar al fútbol no es lo único que este chico hacia bien, porque besaba de maravilla.

Nos separamos un poco desconcertados, sin entender mucho que había pasado, pero para nuestra suerte la puerta del ascensor se abrió y me dejó ver a un técnico y a mí amigo a su lado.

—Por fin. —dijo Álvaro, levantándose extendiendo la mano para ayudarme a levantar. Casi no me sentía las piernas pero me levanté de igual manera.

Èric se acercó a mí y me abrazó, aunque cuando vio que estaba totalmente sudada, se separó.

—Puaj, qué asco. —dijo, haciendo una mueca.

—Un segundo más ahí dentro y no juego esta noche. —dijo Álvaro, recuperando el aliento

—Eres un exagerado. —dijo mi amigo, mirando a su compañero de equipo.

Miré que estaba toda sudada y me daba asco a mí misma estar así, no podía seguir de esa forma.

—Èric, ¿puedo ducharme en tu habitación? —le dije, Señalandome, para que viera que estaba hecha un auténtico asco.

—Sí, ve. Yo iré a comprarte algo de ropa. —dijo, luego miró a Álvaro. —Y tú, ve también a ducharte.

Luego de decirle eso al delantero de la selección española, se dirigió hacia la dirección opuesta a nosotros para ir a comprarme la ropa para que pudiera cambiarme. Tengo un mejor amigo que es un amor.

Yo hice lo mismo y me dirigí hacia dentro del pasillo para poder ir a ducharme, solo que unas manos grandes atraparon mi muñeca.

—Alejandra, Espera. —dijo Álvaro, causó que me diera la vuelta. —respecto a lo de antes... No...

—No te preocupes, Álvaro. Las circunstancias nos han llevado. —le dije, necesito que se tranquilice y que vea que no ha sido nada, solo un beso. —Pero a propósito, besas muy bien.

—Oh, gracias. —dijo, poniendo una cara de halago.

—De nada, nos vamos viendo. Suerte. —Dije. Antes de irme toqué su brazo izquierdo en señal de despedida.

Al llegar a la habitación de Èric, me fijé en que esta era enorme. Era completamente blanca y la terraza estaba al Fondo. Disponía de un mini bar con diferentes tipos de bebidas. Madre mia, ni metiéndome a prostituta consigo yo el dinero para pagarme lo que cuesta este hotel.
Entro en el baño y madre de Dios, tiene hasta jacuzzi.

Gracias Èric.

Me Quito la ropa y me meto en el jacuzzi mientras escucho en Spotify Love the Way you lie de Rihanna.

Me pierdo entre la espuma y la relajación que siento al haber terminado por fin los exámenes, último año de carrera completado, por fin voy a ser filóloga, por fin podré escribir mis libros y por fin podré empezar las prácticas en una editorial.

Suspiré, no había nada en este momento que alterara mi paz mental.

—¿Qué coño...? —Abrí los ojos rápidamente al escuchar la voz de un completo desconocido.

Él estaba casi desnudo de no ser por la toalla que había evitado que cayera al suelo. A ver, este hombre estaba de muy buen ver. Es rubio, con ojos azules y tremendo chocolate blanco lleva por abdominales, lo dicho, que no me voy a quejar por las vistas, pero sí por Mirón.

—¿Qué coño estás mirando, Mirón de mierda? —dije, levantándome del jacuzzi. En realidad cometí un gran error porque de no ser por la espuma que había cubierto mi cuerpo, este tío me hubiera visto hasta el alma.

—Esa no es la pregunta, la pregunta es: ¿Quién eres tú y que haces en mi bañera? —dijo el rubio, mirándome se arriba a abajo. Me puse el Albornoz rápido.

—¡Que dejes de mirarme!

—¿Que quien eres? —replicó.

—Alejandra, me llamo Alejandra. —salí de la bañera poniéndome a su frente.

—Ah, Alejandra. La amiga de Éric. --Dijo, relajando sus músculos. --Soy Marcos, encantado.

--Eh, eres el compañero de Èric, supongo.—me sonríe, madre mía este hombre estaba buenísimo.

—Sí, aunque no sé si por suerte.

Si supiera lo que yo daría por haber pasado más tiempo con Eric.

—¡Ale! He vuelto. —Eric entró en el baño y nos vio a Marcos y a mí, por lo que frunció el ceño. —¿Que coñ...?

—Relájate, García. —le dije poniendo las manos en alto antes de que entrara en pánico. —No entres en pánico, solo nos encontramos.

—Ale, no pensaba que tú... o sea yo creía que le guardabas aún el luto a Neymar...

—¡Claro! Ya sé de que me suenas. —otro igual que Álvaro. —La ex de Neymar.

—Sí, esa soy yo. La ex de Neymar Jr.

Empiezo a hartarme de que todo el mundo se acuerde de mí por ser la ex de Neymar, sé que hacíamos muy buena pareja que hasta llegaron a pensar que nos casaríamos, si no llega a ser porque yo era menor claro, pero a lo que iba, éramos una pareja influencer casi, cuando terminamos a mí se me perdió la pista, pues cambié de redes sociales y no quise saber nada de lo que rodeaba a Neymar -aunque siguiesen pasando cosas entre nosotros- él se dedicó al fútbol y yo seguí a mi rollo en la universidad. La última vez que le vi fue en enero que fui a verle a París, pedazo de dineral me gasté en el billete.

—Sí, oye el tema Neymar, no se lo toques. Es sensible. —dijo Eric, me enfadé bastante cuando dijo eso.

—No digas eso, Eric. Va a pensar que no lo he superado. —mientras Eric y yo medio discutíamos, Marcos nos miraba sin entender mucho.

—Es que no lo has superado.

—¡Claro que lo he superado! —le medio grité.

—¿Ah sí? —cogió mi teléfono y enseñó el fondo de pantalla de Neymar y yo. —¿Qué es esto? Le sigues teniendo de fondo de pantalla.

—Porque nunca me ha dado por cambiarlo.

—Oh, por favor, Alejandra, tenías el iPhone 6 cuando terminaste con él y este es el 11, claramente volviste a ponerle de fondo de pantalla.

—Pues porque somos amigos y me gusta esa foto.

—Y tan amigos, que te lo has seguido tirando.

—No pienso seguir discutiendo contigo si he superado a Neymar o no. —cogí mi móvil y salí del baño, ignorando que estaba casi desnuda de no ser por el albornoz y que había un tío casi desnudo al lado de mi mejor amigo y yo.

—Bueno hay relaciones que son difíciles de superar. —dijo Marcos. ¿Y a este quien le ha dado vela en este entierro?

—¡Que si lo he superado! —grité.

Eric miró a Marcos y vio que todavía estaba semidesnudo, por lo que lo miró de arriba a abajo y luego puso cara de asco.

—¿Te quieres vestir ya, Llorente? —le dijo.

—Pero es que tenemos visita.

—Pero espérate que le de la llave de su cuarto. —coge la llave de su bolsillo, ¿ha dicho cuarto? ¿Cuarto para qué? Tengo mi casa.

—¿Qué cuarto? Tengo mi casa. —hablé yo.

—Tú solo ve a cambiarte a ese cuarto y luego hablamos. —dijo mi mejor amigo.

—¿No pretenderás que vaya así por el pasillo no? —dije yo.

—Es la habitación del fondo, tampoco es tanto camino.

Con cara de pocos amigos tomé la llave y la bolsa de la ropa que había comprado. Eso sí, me acordé de su madre de una manera que a la pobre le iban a pitar hasta los oídos.

—Hasta luego, Alejandra. —dijo Marcos cuando pasé por su lado.

—Adiós, Marcos.

—Te quiero. —dijo Eric, me giré hacia él cuando llegué a la puerta y le saqué el dedo de en medio.

—Que te follen, Eric García Martret.

Salí al pasillo con cuidado de que no pasase nadie, no se me veía nada pues iba con albornoz, pero no sé, sentía que hasta se me veía el grupo sanguíneo. Puto Eric, de esta lo mato. A Santo de qué me arrienda una habitación en este pedazo de hotel de lujo que ni metiéndome a puta podría pagar.

Habitación seiscientos nueve. Si le quitamos el cero sería al sesenta y nueve. Por dios, Alejandra, eso de follar viene siendo urgente ya.

Al llegar a la puerta meto la tarjeta en donde correspondía que debía de entrar para que esa puerta se abriese y poder vestirme. ¿Adivináis que pasó? Se me cayó la tarjeta. Si, si me agacho se me viene a ver todo el mondongo como diría Sara.

Pues nada que no me quedaba otra que agacharme, al levantarme veo a dos chicos vestidos con el chándal de la selección. Me cago en la puta, por qué coño te harías futbolista, Eric.

—Hola. —digo tímidamente, no soy ni tímida ni ostias, pero es que estoy semidesnuda.

—Hola. —dice un chico con el pelo de color castaño oscuro peinado en un tupé rapado por los lados, sus ojos eran de color marrón y tenia acento así como valenciano.

Por el contrario, a su lado había un chico con el pelo un poco más claro y los ojos también más claros, miraba fijamente el escote.

—¿Te importaría decirle a tu amigo el salido que deje de mirarme el escote? —le dije al primer chico que me había hablado.

—Joder, Aymeric. Deja de mirarle la teta a la chica. —le dijo.

—Perdón, pero es que se te ve un poco el pezón. —dijo el segundo chico, este no era español, tiene acento francés.

Enseguida me miré el pecho y en efecto, tengo media teta fuera. Esta me las va a pagar mi amigo García.

—Soy Ferran. —dijo el primer chico, estirando su mano. Le hice lo mismo. —Él es Aymeric, es francés adoptado en España que vive en Manchester.

—Tú también vives en Manchester. —replicó Aymeric.

—No hablamos de eso, Laporte.

—Yo soy Alejandra.

—Oh, Alejandra la amiga de Eric. —bufé y rodé los ojos.

—¡QUE SI QUE ALEJANDRA LA AMIGA DE ERIC, LA EX DE NEYMAR! —grité. —Idos todos a la mierda.

Me giré a la puerta para abrirla hasta que caí en que la puta tarjeta esta no funciona.

—¿Me ayudáis? —les dije poniendo cara de niña buena, si, incluso después de haberles gritado.

Los amables de Ferran y Aymeric me ayudaron a abrir la puerta. Entré y me vestí, he de reconocer que García tiene buen gusto a la moda, me ha comprado unos pantalones rasgados y una camiseta blanca. Este se ha pasado por el Primark de Torre Sevilla.

Cuando estuve lista volví a la habitación de mi amigo, allí estaba él con su compañero Marcos, el que por suerte ya estaba vestido porque oye, se ve que tengo las hormonas disparadas.

—García, esta me las vas a pagar. TE LO JURO. —llegué diciéndole entre dientes.

—¡No! —gritó Marcos, estaba jugando a Call of Duty.

—¡cállate un año, Marcos! —le dijo Eric. —A ver, Ale. La habitación te la he arrendado porque no puedes volver a tu casa.

—Cómo que no, la pago por algo. —repliqué.

—Todo el staff de la selección tiene que estar concentrado en el hotel. —Qué coño está diciendo este.

—¿Qué Staff, qué estás diciendo? Eric, te voy a matar.

—Para que podamos pasar más tiempo juntos hablé sobre que seas la que repone las botellas y toallas en los vestuarios durante toda la Eurocopa...por eso te conoce media selección.—soltó, vale. Solo diré que me dirigí hacía él dispuesta a cruzarle la cara sino llega a ser porque Marcos me cogió de los dos brazos.

—¡Pero tú eres gilipollas o qué te pasa! —le grité al chico con gafas frente a mí.

—Oye, piénsalo Alejandra. Te sacarías algún dinerillo en verano, estarías con nosotros y encima viajarías por todo Europa. —habló Marcos, me giré hacia él.

—Mira, no me he tirado cinco años estudiando un puto mierda de doble grado de filología alejada de mi familia y amigos para acabar reponiendo las toallas y las botellas de veintitrés tíos sudorosos. —le dije.

—Precisamente porque llevamos cinco años alejados es por lo que quiero que estes con nosotros, Ale.

Suspiré, Eric tenía razón y Marcos también, no tenía un duro para verano y con ellos estaría rodeada de lujos y cobraría.

—Decidme que no soy la única chica por favor, eso de vivir rodeada de hombres lo llevo muy mal. —les dije abatida.

—No, hay otra chica, se llama Carla. Es encantadora. —dice Eric. —¿Eso es un si?

—No tengo otra opción. Y creo que te quiero demasiado. —Eric puso su cara de felicidad característica y entre los dos hicieron un sándwich para abrazarme.

Llegué hasta a sentirme bien, qué cosas.

A eso de las cuatro de la tarde, toda la selección se había ido a entrenar, por lo que yo me había quedado sola en mi cuarto, pensando un poco en que había estudiado durante cinco años una carrera horrorosa que odiaba, para acabar reponiendo las botellas de veintitrés tíos sudorosos y me da igual que el noventa y ocho por ciento estuviesen buenos y uno de ellos fuera mi mejor amigo.

Por otro lado, estaba la noticia que había salido de Neymar sobre su macro fiesta de anoche con Bruna.

He de decir que nunca odié a Bruna, jamás odiaría a una mujer solo por ser la ex de mi novio, así que nunca lo hice con ella, ni cuando dijo que me había liado con Gilmar a espaldas de Neymar solo para que cortara conmigo, claramente Él no se creyó lo que decía porque la voz de su amigo y su novia valía más.

Pero sí, me había afectado que anoche se les viera juntos después del partido de Brasil. Claro estaba que no le iba a mandar un mensaje para preguntarle si se la había tirado, es decir, eso daba igual, él y yo ya no estábamos juntos.

Cogí el teléfono y como no podía mandarle el mensaje a Neymar, se lo mandé a la única persona que sabía que me iba a contestar para quitarme la rayada.

Martirio García 😩❤️‍🔥

Ayer Neymar se fue de fiesta con bruna y no sé qué hicieron, me va a explotar la cabeza.

Tranquila que en cuanto acabe el entrenamiento te subo seis helados de chocolate, reponedora de botellas.

Oh, vete a la mierda Eric.

Ya subo, aguanta. ❤️‍🔥

Suspiré y me tiré en la cama a mirar al techo, observando y casi lloro al pensar en todo lo que pasamos Neymar y yo, él por qué lo dejamos, o más bien por qué lo dejé.

Unos nudillos chocaron contra la puerta, supuse que era Eric con mi helado y mi consuelo, así que como no tengo superpoderes pues me levanté a abrirle.

Al abrir me di cuenta que no era Eric, había una chica morena de ojos marrones, era guapísima vamos a decir verdad.

—Hola, Soy Carla, tu compañera. -la miré, el cuerpo de esta chica era magnífico.

—¿cómo hemos acabado así? Estamos buenas, no merecemos estar así. —ella ríe.

—Tranquila, este trabajo no está mal.

—Un tal Aymeric y Ferran me han visto un pezón, me he liado con Álvaro Morata y mientras me bañaba escuchando a Rihanna entró Marcos Llorente desnudo, ¿dime cómo les miro yo ahora a la cara? O mejor ¿como se supone que les doy sus botellas de agua? —le digo poniendo un puchero con mis labios.

—Pues con la que tienes y... ¿Te has liado con Morata? —me mordí el labio inferior.

—Un poco, puede. —ella frunció el ceño. —Vale sí, me he morreado con él. Y el amor de mi vida se ha tirado a su ex.

—Oh, la fiesta de Neymar con Bruna. —otra que se había enterado que había sido su novia.

—Pasa, te cuento mi vida amorosa.

Habíamos estado como dos horas hablando, menos mal que dijo Eric que subía pronto, otro motivo más para matarlo.

Por otro lado, Carla era una chica increíble que me caía genial, osea ella es increíble, me había contado que la habían contratado en la fase clasificatoria y algunas anécdotas así que había tenido.

—Así que no eres la única que ha sufrido un tierra trágame, la primera vez que conocí a Koke se le cayó la toalla al suelo y vi su gran amigote. —dijo riéndose, estábamos riendo, hacía mucho tiempo que no me había reído de esa forma. —Este trabajo está genial enserio, no te vas a arrepentir. Vamos a viajar y los chicos son increíbles.

—Está Eric, nada puede estar mal, si está él. —le dije, vi como le brillaron un poco los ojos.

—Si...

—Huy... que me suena eso a un me mola mogollón García. —me reí chinchándola.

—Shhh. Estas paredes tienen oídos, siempre hay un César Azpilicueta al acecho. —dijo tapándome la boca. —es otro bombón. Ya le conocerás.

Tras haberme guiñado un ojo llamaron a la puerta, era Eric. Carla automáticamente se puso como un tomate, me gustaban, hacían buena pareja, además es la clase de chica que me gustaría que llegase a ser la madre de mis sobrinos.

—Chicas, nos vamos. —miré a Carla un poco asustada. No estoy lista para el primer partido.

ALEJANDRA RELAX, solo tienes que reponer unas putas botellas no casarte con Marcos Llorente.

—Bueno, yo os veo abajo. —me dijo Carla. —adiós, Eric.

—Adiós, Carla. —le sonrió mi amigo, a él también le salió ese brillo que con anterioridad le había salido a ella.

—¡Te gusta! —le grito.

—¿Que? —dijo Eric algo confundido. —¡Deja las drogas, Alejandra!

—te conozco, Eric. —le dije.

—Oh, por favor. —dijo haciéndose el indignado y se fue cerrando la puerta, creo que este todavía no se ha dado cuenta que lo conozco como si lo hubiese parido.

Llegamos al estadio de La Cartuja, estaba a reventar, obviamente con más españoles que suecos, me ofendería ver la grada más amarilla que roja.

En los vestuarios Carla y yo pusimos las toallas donde correspondía y repusimos las botellas, a la par que los jugadores se iban vistiendo, es decir, poniendo sus camisetas sus botas y escuchaban las últimas indicaciones de Luis Enrique.

Carla tenía razón, César era un bombón para su edad, además de buena persona. Pero mi atención estaba puesta en Álvaro, no me puedo quitar el beso en el ascensor de la cabeza casi tanto como el hecho de que Neymar y Bruna se hayan vuelto a encamar.

—1,2,3 ¡GANAR, GANAR, Y GANAR! —corearon todos los jugadores, Eric me dio un beso en la mejilla antes de salir al campo, no era titular, pero sabía que se sentía feliz de que yo estuviera aquí.

Han sido cinco años muy duros sin estar juntos, me sentía coja sin mi mayor apoyo, Eric es ese pilar que no permite que todo en mi vida se desmorone. Volver a verle hoy ha sido una de las mayores alegrías del universo, la última vez que le vi fue el día que rompí con Neymar y me marché a la universidad, dejando Barcelona y a un Eric en la Masía con quince años. Recuerdo todavía su triste voz despidiéndose de mí.

prométeme, Ale, que te vas a sacar esa carrera, que vas a ser fuerte y que vas a ser la mujer que quieras ser, pero sobretodo prométeme que el día que nos volvamos a ver no me vas a abrazar como hacen en las típicas películas, porque esos no somos tú y yo, nosotros nos demostramos nuestro cariño a nuestra manera, insultándonos. —dijo entre lágrimas sujetando mis mejillas. —Te amo mucho.

—Yo a ti también. —le abracé fuerte y lloré, lloré mucho por dos motivos, una parte de mi vida se quedaba en Barcelona como lo es Eric, y había roto con mi novio de dos años.

—Te veo en cinco años, Pucca. —le sonreí y luego me monté en ese tren, antes de que Neymar apareciera para impedírmelo.

Ahora esos cinco años habían pasado, y lo cierto es que lo único que pude cumplir de esa promesa era no abrazarle.

—Jo, tía que suerte. A ti te besa. —dice Carla por lo bajini mientras miro como mi amigo toma asiento en el banquillo.

—Pero no te gustaría que te besase como a mí, es como si fuese mi hermano pequeño. —le digo.

—A mí mientras me bese me daría igual, cómo lo hiciera. —dice sentándose y yo me río tomando asiento a su lado.

El partido había comenzado, España manejaba bien el partido, cortaba balones y atacaba con Álvaro, pero este no tenía mucha puntería que digamos. Lo intentó una y otra y otra y otra vez, pero nada que llegaba el gol.

Pensamos que el descanso le sentaría bien a la selección, así que me acerqué a Marcos porque no lo veía cómodo.

—Oye Marcos, esta no es tu posición ¿verdad? No tienes pinta de lateral. —le dije.

—No, no es mi posición, soy medio campo, pero insisten en ponerme de lateral porque dicen que soy demasiado bueno para ser solo medio campo. —dijo un poco molesto. —lo cierto es que en el medio campo es donde me siento más cómodo y donde puedo crear más peligro. Pero claro, eso no me corresponde a mí.

Suspiró y vi en sus ojos tanto azules como preciosos, que parecía tener la clave del partido, parecía poder ayudar a Álvaro a marcar, pero claro, Luis Enrique no iba a ponerlo de centrocampista.

Álvaro por su lado tenía enfilada la portería, estaba como un poco obsesionado.

El descanso había terminado y todos volvieron al campo, menos yo y Carla que repusimos las toallas y las botellas.

—Oye, ¿Has sabido algo de Neymar? —dijo quitando las botellas antiguas y cambiándolas por unas nuevas.

—Pues no, pero qué se le va a hacer. Tampoco puedo recriminarle nada, pues no estamos juntos. —me encogí de hombros.

—Pues que le den, si él puede tirarse a otra tú también puedes tirarte a quien te salga del coño, porque eres una mujer independiente, libre, soltera y más buena que el pan. —me dijo mirándome fijamente a los ojos.

—Tía, te lo juro que si fuera bollera me enrollaba contigo. También si no te gustara mi mejor amigo. —se río.

—Bueno, ese tema...

—A Eric le gustas, le conozco. Pero no lo admite.

—¿Lo dices enserio? —dijo con la cara llena de emoción. —que va, no creo.

—Estas hablando con la persona que lo vio pegar su primer moco debajo del sofá, ¿Como puedes ponerme en duda?

—Es que no quiero hacerme falsas ilusiones tampoco, no sé qué debería hacer. —respondió.

—Dale tiempo, Eric con estas cosas al final cae por sí solo. —le dije, luego ella me abrazó.

La vuelta en bus hacia el hotel había sido un tanto tensa, el partido había acabado con un empate a cero y habíamos merecido mucho más.

Yo sin embargo empecé a ver como todos los chicos me seguían en redes sociales y mis seguidores volvieron a subir como la espuma, pues de nuevo volvieron a reconocerme como la ex de Neymar, del que por cierto aún no sé.

Llegamos al hotel, cada cual a su habitación, pero antes me despedí de Eric con un abrazo, de Carla con otro.

Mientras me quitaba los zapatos mi teléfono se iluminó, el mensaje que esperé durante todo el día.

Neymar.

Lo siento, iba pasado de copas. Me acosté con Bruna anoche en la fiesta.

No tienes porqué darme explicaciones, Ney. Tú y yo hace cinco años que ya no estamos juntos.

Como le dije a Álvaro esta mañana, la hoguera ha de apagarse, pero cómo te arrancas del corazón a aquella persona que te enseñó qué es el amor.

Con él había descubierto qué era el placer, qué era la felicidad y que era sentir mariposas por todo el cuerpo, fue, es y será el único en mi vida. Dudo mucho que llegue otra persona que me haga sentir algo parecido a lo que siento con él.

Después de llorar cómo una tonta, me sequé las lágrimas, salí de la habitación para buscar a Carla, necesitaba hablar con alguien y Eric estaría más que dormido.

Pero mi consuelo apareció saliendo de la habitación de enfrente solo con pijama inferior y sin camiseta.

—Álvaro...

—¿no puedes dormir? —preguntó.

—No... —le miré. —supongo que tú por el partido tampoco.

—Siento que no estoy haciendo bien mi trabajo y eso me jode. —dijo algo enfurecido, me acerqué a él.

—Eh...todo va a estar bien. —agarré su rostro entre mis dos manos. —yo confío en ti.

Y volvió a suceder, de nuevo le besé, porque me apetecía y porque los dos lo necesitábamos, él para olvidarse del partido y yo para olvidarme de Neymar. Así fue como me acosté con Álvaro Morata, fue sin sentimientos aunque plenamente satisfactorio y placentero, era alguien con quién había echado un polvazo y mañana podíamos ser tan amigos de nuevo.

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