Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo único

¡Hola chicos/as! Aquí traigo un especial de navidad para vosotros, no es un capitulo dramático, más bien voy a intentar sacaros unas risas con él, espero conseguirlo >3<

¡Espero que os guste a todos!

Narrado por Natsu

El invierno ha llegado a Magnolia y con él la navidad. Las luces iluminan las calles y estas se reflejan en el blanco suelo cubierto por los copos de nieve. La navidad no solo ha llegado a la ciudad, también a mi pequeño hogar que desde hace doce años comparto con tres personas más, con Lucy, mi mujer y mis dos hijos Igneel Dragneel de doce años y Kaori Dragneel de cinco.

Juntos decoramos el gran árbol que con mucho esfuerzo esta mañana he metido en nuestra casa ya que este no entraba por la puerta y lo he tenido que meter por la ventana.

—¡Ya está! —Dice mi pequeña Dragneel ilusionada cuando coloca el último adorno, la estrella.

—Solo falta que pongamos las luces -Informo mientras busco las luces entre la caja de adornos.

Los niños esperan ansiosos a que yo encuentre las luces del árbol, se notan sus ganas de ver el árbol finalmente decorado e iluminado, preparado para la llegada de Santa. Igneel niega que está ilusionado, pero para mi ese mocoso es como un libro abierto y sus ojos me dicen que realmente tiene ganas de celebrar la navidad con nosotros, en familia.

El ruido de la puerta llama la atención de todos los presentes, no hago caso pues ya he encontrado las dichosas luces del árbol.

Maldita sea ¿Por qué siempre tienen que estar liadas si el año pasado las dejé bien?

Igneel quien se encuentra de pie es quien abre la puerta, para encontrase al otro lado al abuelo del gremio, al maestro Makarov.

—¿Están tus padres, hijo? —Le pregunta el maestro a mi hijo quien asiente con la cabeza a modo de respuesta y le invita a pasar al interior de la casa— Natsu, Lucy —Nos llama el maestro muy serio, no me gusta un pelo esa mirada.

Dejo las luces en el suelo al ver el serio rostro del maestro y junto a mi mujer voy hacia donde él está.

—¿Qué ocurre? —Pregunta Lucy preocupada por dicha mirada.

—Ha llegado una misión urgente y os quieren a vosotros —El maestro saca de su bolsillo un papel y me lo entrega en la mano para que yo viese el cartel de la misión.

—¿Tenemos que ser nosotros? ¿No puede hacerlo otra persona? —Vuelve a preguntar Lucy con algo de desilusión en sus palabras, ella no sabe decir que no al maestro.

Miro de reojo a mis hijos y sus miradas me queman por dentro, los ojos de mi hija están llorosos, pero los de Igneel muestran una profunda desilusión y una gran decepción.

Yo...me debo a mi gremio pero...no puedo traicionar a mis hijos.

—Lo siento maestro —Me disculpo entregando de nuevo el papel— Pero no vamos a coger la misión, la navidad es para estar en familia y no vamos a dejarles solos.

El maestro suspira y le da esta vez el papel a Lucy.

—Soy yo quien más lo siente Natsu, pero vais a ir a la misión, es muy importante para nuestro gremio y puede que para todo Fiore.

—¿Está él involucrado? —Pregunto asustado, pensando en mi hermano, si una misión requería mi presencia de esta manera es porque él tiene algo que ver.

—No, gracias a Dios él sigue en su imperio y no ha vuelto a dar señales de vida —Responde el maestro junto con una sonrisa de alivio— Pero el consejo reclama vuestra presencia para algo y si el consejo lo pide nosotros obedecemos sin rechistar —Lucy y yo asentimos de mala gana. No queremos ir pero es nuestro deber— Me marcho antes de que los borrachos destrocen el gremio, feliz navidad —Se despide con una mano de los niños.

—Chicos yo...—Lucy trata de explicarse, pero las miradas de los niños nos superan ¿Cómo se le dice a unos hijos que no van a pasar la navidad con ellos? ¿Quien les pondrá los regalos bajo el árbol? Y además ya tengo el traje de Santa Claus preparado ¡Y YO QUIERO USARLO MALDITA SEA!

—No os molestéis en decir nada —Nos dice Igneel cruzado de brazos y con la vista en el suelo— Es vuestro trabajo y nosotros lo entendemos —La pequeña lo mira con los ojos llenos de lágrimas y suplicándole con la mirada que nos pida que no nos marchemos— Lo entendemos Kaori —Le dice como si eso fuese una orden. 

Trato de poner una mano sobre su hombro para consolarlo pero él...

—No me toques, Natsu —Me golpea en la mano cuando trato de ponerla en su hombro. 

Ese gesto me duele más de lo que esperaba, no es un dolor físico ni mucho menos, mas bien algo mucho peor, es como una opresión en el pecho que no cesa y me mata lentamente.

—Hoy es 21 de diciembre...—Tanto Lucy como los niños me miran sin comprender a donde quiero llegar— Si salimos ya puede que el día 24 hayamos completado la misión...

—¿Eso significa que el día 24 estarás aquí? ¿Y me ayudarás a cazar a Santa Claus? ¿Y veremos los fuegos artificiales juntos? —Pregunta mi pequeña Dragneel una y otra vez con sus ojos llenos de ilusión.

Lucy y yo nos miramos entre nosotros, estamos decididos, volveremos a tiempo para pasar ese día junto a nuestros hijos, no les decepcionaremos.

—Ig...—Lucy guarda silencio al observar como al contrario que su hermana, Igneel no cree en nuestras palabras, carraspea su garganta llamando así la atención del niño— Igneel, debes cuidar a Kaori, volveremos a tiempo hijo —Lucy pone una mano sobre su rostro acariciando así la mejilla del chico.

—Cuidaré de ella —Responde sin mirarla a los ojos.

Narrado por Igneel

No entiendo exactamente que me pasa, mis padres son unos magos muy importantes en su gremio y lo entiendo, tienen que irse a trabajar y lo entiendo.

Y si lo entiendo ¿Por qué estoy tan molesto?

—Hermanito... —La voz de Kaori me hace olvidar mis pensamientos— Estás enfadado porque piensas que la navidad es para estar con la familia y ellos nos están dejando solos.

No es una pregunta lo que me está haciendo mi hermana, es una afirmación.

—Te tengo dicho que no mires en mi cabeza —La riño.

Porque esa es la magia de Kaori, su poder es ser capaz de ver en nuestros recuerdos o leer nuestras mentes o nuestro corazón.

—Yo también pienso que la navidad es para estar en familia —Me dice abrazándose a su peluche, el cual si no recuerdo mal se llama Sebastiano— Sé que todos los del gremio son nuestra familia pero...

—Ellos celebrarán la navidad con sus familias, Kaori —suelto un leve suspiro y trato de sonreír pero no puedo, la sonrisa no se forma en mis labios por mucho que lo intento— y nosotros...nos quedaremos los dos solos en casa, solo nos tenemos el uno a los otro.

—No, eso no es verdad —Me dice muy seria, yo me limito a mirarla expectante sin entender sus palabras— Cuando hablamos sobre familia a la cabeza de papá viene otro chico, creo que es su hermano.

Al fin una pequeña sonrisa se forma en mi rostro, tenemos más familiares, no estamos solos y desde luego no dejaré que mi hermana pase su quinta navidad sola. Pero claro si papá no nos ha querido hablar sobre él será por algo.

—Kaori cuando Natsu baje quiero que mires en su cabeza y reúnas información que nos sea útil.

Tal y como le pido cuando papá baja mi hermana le mira fijamente rebuscando entre sus recuerdos con su peculiar cara de concentración.

—¿Te ocurre algo Kaori? —Le pregunta mi madre preocupada al verle la cara.

—No, es que me hago pipi pero quiero esperar a que os marchéis —Responde sin quitar la vista de nuestro padre.

—Venga, fuera, fuera, fuera —Les empujo fuera de la casa con una gran y falsa sonrisa en mis labios— Si no os marcháis ya no llegareis a tiempo —Cierro la puerta de la casa y rápidamente apoyo mi odio en ella para ver si dicen algo.

—¿Crees que sigue enfadado? —Pregunta mi madre en un tono decaído.

—No, ese mocoso está tramando algo.

Me alejo de la puerta cuando se marchan.

¿CÓMO ES POSIBLE QUE MI PADRE SEPA CUANDO TRAMO ALGO?

—¿Has averiguado algo?

—¡ES UN PRÍNCIPE! —Grita a la vez que corre por toda la casa, maldita hiperactividad— Tenemos que ir a verle ya —Coge sus peluches y comienza a echarlos en la primera bolsa que encuentra, no le importa su ropa, en su maleta siempre van peluches.

—Espera, espera —Le pido deteniéndola y logrando que se calme— Necesito que respondas unas cuantas cosas antes de que nos marchemos.

Y así comienzo a hacerle una pregunta tras otra, nombre, edad, el lugar dónde vive, todo aquello que nos pueda ser útil para localizarle, saber cómo y quién es.

—De todas las personas en este mundo que pueden ser los hermanos de Natsu tenía que ser él...—Una media sonrisa se forma en mis labios.

¿Nuestro tío es el mago negro? Esto se está poniendo interesante.

Llevo una mano a la prenda que rodea mi cuello y sin pensarlo dos veces la retiro y la dejo sobre mi cama, no tengo intención alguna de llevar algo de Natsu. Comienzo a guardar nuestras cosas en una mochila, meto la ropa justa y necesaria para pasar un par de días allí y además también meto alguno de los peluches de Kaori, ya que en su mochila no caben más y ella sin ellos no sale de viaje. Cojo el abrigo de mi hermana y comienzo a ponerle una chaqueta sobre otra. Fuera esta nevando, no puedo permitir que se resfrié.

—Hermanito, parezco una cebolla —Me dice cuando termino de abrochar la última chaqueta. La verdad es que no está del todo equivocada, he puesto tantas chaquetas que ahora parece una bola, si la empujo seguro que no se puede levantar, se quedaría igual que las tortugas cuando caen con el caparazón hacia abajo.

—Vamos, redonda —Dejo escapar una pequeña risa al decir su nuevo apodo, me pongo nuestra mochila por la cual asoma el peluche de una avestruz ¿Como se llamaba este...? Igartuburo creo.

Salimos de casa y la obligo a que me de la mano mientras caminamos hacia la estación, espero tener suerte y que no nos encontrásemos con nadie. Por desgracia la suerte no está de nuestro lado, junto a la puerta de la estación una muchacha de cabellos rubios que tocan el suelo está con sus pies descalzos jugando con la nieve.

—Primera...-Digo su nombre para captar su atención.

—¿Oh? ¿Ya estáis aquí? —Nos pregunta sonriendo, ni yo ni Kaori respondemos a esa pregunta por lo cual ella suelta un gran suspiro— Sé dónde vais, pero no os detendré —Probablemente la cara de sorpresa que tengo ahora mismo debe ser indescriptible— Todo lo contrario, tengo una misión para vosotros —Sobre sus manos lleva una carta que coloca en las mías, la volteo buscando el nombre del receptor— Entregársela cuando podáis por favor.

Con una amplia sonrisa se despide de nosotros y se marcha hacia el gremio o eso creo...

Narrado por Zeref

Los malditos copos de nieve caen sobre mi rostro y consiguen que despierte de mi pequeña ensoñación, hacía tiempo que no tenía un sueño como el de ahora, dichosa nieve...

—¿Dónde estoy? —Pregunto para mi mismo tras soltar un bostezo.

Ah, ya recuerdo, hace un par de días regresé a Alvarez, no es mucho el tiempo que paso aquí pero al menos me paso cada cierto tiempo para que mis súbditos sepan que aún estoy vivo, que no han acabado conmigo y no deba reinar el caos y se forme otra guerra inútil.

Miro a mi derecha dónde sobre el césped tengo un libro, no, no es el libro de E.N.D hace años que tuve que entregar ese libro a Lucy Hearfilia, la hija de Layla, por culpa del dichoso acuerdo de paz entre ambos, acuerdo que se romperá si alguien inicia el ataque nuevamente.

Abro el libro aún arriesgo de que los copos de nieve mojen sus hojas para en su interior encontrar una carta que he escrito a Mavis...la abro de nuevo, para releerla antes de cerrar el sobre, lo primero que observo es la fecha, que marca el día de hoy, 23 de diciembre y más abajo...el texto.

Dear Mavis

De nuevo estamos en estas fechas, en navidad, una época para pasar con la familia, hacer regalos y toda esa clase de estupideces.

Mavis, siempre me lo he negado a mi mismo pero si te escribo en estas fechas se debe a miles de cosas siendo la principal de ellas el sentimiento de añoranza que me invade. El tiempo que pasé a tu lado no fue precisamente largo, en ese corto tiempo te convertiste en mucho más que una amiga, te convertiste en una persona capaz de llenar ese solitario corazón, si Mavis, me enamoré como un tonto de ti y por ello sufro año tras año esta triste y angustiosa soledad, en apenas un segundo llenaste mi corazón y en el mismo tiempo fuiste capaz de destruirlo aún más de lo que ya estaba. Aún así cuando veo todas esas familias, todas esas parejas pasar por las calles creo que lo que siento envidia ¿Por qué nosotros tenemos que estar condenados a estar siempre solos? ¿Por qué no me dejas mostrarle al mundo como es la cruel soledad? Que sientan lo que nosotros sentimos que...

Ceso mi lectura cuando un balón golpea mi cabeza y me hace soltar la carta. Llevo una mano a la zona golpeada y me volteo con la intención de destruir y aniquilar al culpable.

No soy un hombre al que la guerra le apasione precisamente, no me gusta derramar sangre en vano pero en navidad mi sed de sangre aumenta por segundos, irónico ¿Verdad?

—Lo-lo sentimos emperador -Se disculpa un grupo de niños sin acercarse demasiado a mí.

—No os preocupéis —Le digo con una falsa y amplia sonrisa— Pero tener más cuidado la próxima vez ¿Vale? —Porque si vuelve a suceder probablemente seáis aniquilados.

Los niños me sonríen cuando les entrego el balón en las manos y se marchan de nuevo a jugar entre ellos. Recojo mi libro y guardo dentro de nuevo la carta.

Será mejor volver al castillo...

De camino me voy fijando en los adornos, en las luces que aún a pesar de ser de día están encendidas, también en las parejas paseando por las calles, en las familias y sobretodo en los niños, esas criaturas odiosas que solo saben llorar, comer, sacarse los mocos e ir al baño... Si, durante estos cuatrocientos años desarrollé un cierto odio por los niños y cuanto más pasan los años más les odio debido a que cada generación es más estúpida que la anterior.

Antes de que alguien lo diga, jamás consideré a Mavis como una niña, ella aún con sus sueños imposibles e ilusiones era mucho mas adulta que cualquier otro con el cuerpo de un adulto.

Por la calle por la que paso veo como las tropas de mi ejercito se están movilizando.

¿Qué pasa?

Normalmente no me preocupo por este tipo de cosas pero esta vez decido ir, a veces al pueblo le gusta ver a su emperador haciendo cosas por ellos.

Sigo a mi ejercito ganando algunas miradas de mis súbditos quienes me miran felices, yo por el contrario ahora mismo no puedo fingir mi sonrisa.

Junto a mi llega Invel, quien me dice que no es necesaria mi presencia, no le hago caso y les pido a mis soldados que se encuentran rodeando al culpable del revuelo que se aparten y me dejen verle.

Estos obedecen y hacen un pequeño hueco para que yo entre.

Mi cara probablemente no tenga nombre en este instante, el libro se resbala de entre mis dedos y mis ojos se amplían a más no poder al ver la figura del culpable de todo esto.

—¿Natsu?—Pregunto estupefacto al ver al pequeño peli rosa protegiendo a una pequeña niña con el cabello del mismo color.

—Igneel —Me corrige con el ceño fruncido.

Mi mirada no cambia, pero ahora comienzo a entender las cosas este niño no es Natsu...si no...su hijo.

¿Cuántos años llevamos sin vernos, hermano?

—¡ES EL PRÍNCIPE! —Grita la niña que está escondida tras ¿Igneel? Su cara está llena de lágrimas por el miedo y su nariz está llena de mocos— ¡PRÍNCIPE! —Vuelve a gritar cuando corre hacia mi y me abraza ensuciando toda mi ropa.

QUE ASCO, QUE ASCO, QUE ASCO.

—¡ACABAR CON ELLOS! —Grita uno de mis soldados al ver a la niña agarrada a mi.

—¡Quieto! Alto el fuego —Les pido y sin rechistar todos y cada uno de ellos me obedecen—Invel, llévales al castillo, yo iré enseguida —Cuando me cambie esta ropa infectada de los gérmenes de esa mocosa.

En el castillo cambio mi atuendo, a uno exactamente igual. Salgo del cuarto y en mi puerta se encuentra Invel quien me acompaña hacia la sala en la cual tiene a los niños. Abro la puerta para encontrarme con una niña sacando montones de peluches de su mochila, mientras el niño está sentado sobre mi sillón con una cara de satisfacción enorme, creyéndose el emperador de este lugar.

—Déjanos solos —Le pido a mi súbdito quien sin rechistar me obedece y se marcha—Y bien niños ¿Quiénes sois vosotros? —Pregunto con una gran sonrisa en mis labios, sonrisa que a la niña también la hace sonreír y olvidar sus peluches pero que provoca una carcajada en el mayor, quién parece saber que no es una sonrisa real, niñato arrogante.

—Hemos venido a pasar la navidad en familia —Me confiesa la niña abrazándose a mi de nuevo.

Quita, bicho.

Con delicadeza la aparto de mi y me agacho para estar a su altura, a ella será más fácil sacarle información.

—Somos Igneel —Se señala así mismo el niño, dispuesto a explicarme la situación de una vez— Y Kaori Dragneel —Señala a la pequeña— Nuestros padres se han marchado durante la navidad y aquí mi pequeña —Posa su mano sobre la cabeza de su hermana, que no aparta sus iluminados ojos de mi- es de las que opinan que la navidad es para pasarla en familia, y como eres nuestro tío hemos venido a pasarlas contigo.

—¿No esperaréis que sea vuestra niñera? —Les pregunto incrédulo, aún no creo que esta situación realmente esté ocurriendo.

La pequeña niña me coge de la mano sin preguntarme. Voy a quitar la mano, a empujarla y alejarla de mi cuando su pregunta me deja sin palabra alguna.

—¿Te puedo chupar? —Esta vez si que no puedo ocultar mi cara de desagrado y asco ante esta situación. 

Igneel por su parte no puede evitar soltar una carcajada tras otra.

—No, no puedes y ahora largo, marchaos a vuestra casa, vuestros padres os estarán buscando.

—¡No, no, no y mil veces no! —Repite la niña una otra y otra vez sin soltarme— ¡Nosotros queremos pasar la navidad con Zeref-sama! ¡Así Zeref-sama no tendrá que estar solo! —Bajo mi mirada encontrándome con su rostro luchando por retener las lágrimas y ella con el mio lleno de sorpresa por dichas palabras.

—Ahhh...—Suelto un largo y pesado suspiro exasperado a la vez que llevo una mano a mi rostro— Solo un día, un día y os marchareís a casa ¿De acuerdo?

Ambos se miran sonrientes y asienten ante mi propuesta.

—¡HAGAMOS COSAS NAVIDEÑAS! —Grita la niña cogiendo mi mano y sacándome rápidamente de la sala.

—¡Quieta Kaori! —La detiene su hermano y al fin consigo soltarme de su fuerte agarre.

¿COMO UNA COSA TAN PEQUEÑA PUEDE TENER TANTA FUERZA?

Su hermano le pone una chaqueta sobre otra y no puedo evitar vernos reflejados a Natsu y a mi hace cuatrocientos años...antes de que ocurriese la desgracia.

—¿Dónde esta el árbol de navidad? —Me pregunta la niña con ilusión en sus ojos.

—Aquí no hay de eso, en el castillo la navidad está prohibida —Respondo cruzado de brazos esperando destruir su ilusión y que se vayan de una buena vez.

—Pe...pero ¿Dónde va a poner Santa Claus los regalos? ¡NECESITAMOS UN ÁRBOL YA!

No puedo dejar de admirar su cara de preocupación ¿De verdad cree que vendrá?

—¿Podemos comprar un árbol? —Con sus ojos de cordero degollado trata de que sienta lástima por ella. 

Ay...pequeña, eso no funciona conmigo.

—¿CÓMO QUE NO? —Me pregunta de nuevo furiosa— ¡SI NO LO COMPRAS Y NO VIENE SANTA NO DEJARÉ DE GRITAR!

Igneel rápidamente lleva sus manos a sus orejas mientras yo me limito a observarla.

—AHHHHHHHHHHH —Grita.

Automáticamente imito a su hermano pues el grito agudo es demasiado insoportable y me está taladrando los oídos.

—No parará hasta que compres el árbol —Grita también su hermano para que pueda escucharle.

Aguanto el grito durante un minuto que es todo lo que dura mi paciencia.

—¡ESTÁ BIEN, PERO CÁLLATE!

Al segundo el silencio reina el pasillo y de nuevo me mira con sus ojos iluminados.

—Gracias tito.

¡LA ODIO!

Salimos a la calle donde todas las miradas se dirigen a nosotros, es lógico, el pueblo apenas me ve la cara y ahora me ven con unos niños. Disimuladamente la pequeña Kaori trata de coger mi mano, pero yo a una velocidad increíble la escondo para que no pueda agarrarse a mi.

—¿Todo el imperio es tuyo? —Me cuestiona el pequeño Igneel observando todo a nuestro alrededor.

—Así es, y por ello yo soy el emperador de este lugar.

—No me puedo creer que tengamos a un tío que le sale el dinero por las orejas y que nosotros tengamos que estar malviviendo en una casa de alquiler —Se queja para si mismo.

Llegamos a una tienda donde venden los arboles y los objetos para decorarlos, no sabía que existía este tipo de tiendas. Dejo que ellos juntos elijan el árbol mientras yo les sigo y escucho las tonterías sobre santa claus de las que hablan.

—¡Queremos ese! —Dicen al unisono señalando el árbol más grande que hay en la tienda.

—¿No os sirve uno más pequeño? —Pregunto molesto a lo cual ellos niegan con la cabeza.

Resignado les compro el dichoso árbol y pido que nos lo lleven al castillo, cuándo pido eso último ambos niños me miran con una sonrisa de superioridad.

—¿Qué? —Pregunto enfadado.

—Natsu lo habría llevado él mismo al castillo —Habla el mocoso arrogante, con su típica sonrisa arrogante.

¿Con qué esas tenemos?

—Pero yo soy rico y puedo permitirme que otros hagan el trabajo sucio por mi.

—Touche.

Una vez en la calle ambos niños se marchan corriendo hacia el parque lleno de nieve por el que estamos pasando. Les pido sin cesar que no lo hagan pero son unos mocosos maleducados que no escuchan a nadie.

Como cierto idiota de pelo rosa.

Me detengo mientras ellos juegan con la nieve, podría irme ahora... Si me marcho me libraría de ellos, si eso haré y cuando vengan a buscarme al castillo le diré a Invel que les eche y los lleve de nuevo a casa.

Antes de que me de tiempo a dar un solo paso una bola de nieve se estrella contra mi cara.

—¿Luchas? Cobarde—Me pregunta el niño con su estúpida sonrisa arrogante.

—¿A quién llamas cobarde? Mocoso.

Sin pensármelo dos veces me agacho y cojo una bola, intento que esta le golpee en la cara pero en un acto cobarde Igneel coge a su hermana en peso y la utiliza como escudo, la bola de nieve la golpea en la cara y eso causa que la niña infle sus mejillas y comience a lanzar montones de bolas a diestro y siniestro. Igneel corre y se esconde tras el columpio y yo le imito y me escondo tras un banco.

No me doy cuenta pero las horas comienzan a pasar mientras nosotros continuamos con esta pequeña guerra a tres bandas.

Un momento

¿QUÉ ESTOY HACIENDO?

Salgo de mi escondite sin entender ni yo mismo lo que acabo de hacer ¿Me he dejado engañar? ¿Me han lavado el cerebro o algo así?

—Tio Zeref —Me llama Igneel quien junto a su hermana viene a mi lado— Tenemos hambre...

Claro, llevamos horas jugando en el parque y hemos olvidado que la hora de comer pasó hace un buen rato.

—Vamos al cas...—Intento hablar cuando el grito de la niña me interrumpe.

—¡YO QUIERO COMER AHÍ! —Grita y va corriendo hacia el principal proveedor de comida basura de este país.

—Tio Zeref, acompaña a Kaori por favor, vuelvo en un segundo—Y tras decirme eso se marcha sin darme la oportunidad de hablar ni rechistar.

Y me dejan sólo, otra oportunidad perfecta para marcharme y dejarles solos...Desde aquí puedo ver a la pequeña admirando los juguetes que trae él menú infantil.

—Me marcho.

Eso es lo que digo, eso es lo que quiero, pero no lo hago. Si el mocoso arrogante estuviese con ella no habría dudado un segundo en marcharme pero ella es demasiado pequeña para quedarse sola...

¿Qué te están haciendo esos mocosos?

—¡LO NECESITO PARA PODER VIVIR!—Me dice la pequeña atrayéndome hacia ella y mostrándome el peluche de una estrella.

Me pongo a la cola para comprarles la condenada comida, mi turno llega mas rápido de lo que espero. Es una chica joven la que me atiende, pido dos menús infantiles y ella con su tímida voz y sus mejillas coloradas como si tuviese fiebre comienza a preguntarme que quería que contuviesen los menús.

Mientras la chica hace preguntas que yo no se responder pues nunca antes he comido aquí una presencia siniestra aparece a mi lado. La pequeña Kaori está junto a mi dedicándole una bella mirada de odio, digna de un Dragneel, a la dependienta.

¿Qué esta pasando aquí?

—Tito ¿Me aupas? —Me pregunta con sus brazos extendidos para que yo la coja.

¿Qué? ¡No!

—Yo responderé las preguntitas sobre la comida —A regañadientes accedo a tomarla y la alzo con un brazo. Ella responde todas las preguntas con una amplia sonrisa de superioridad que no entiendo porque pone, pero que me gusta bastante. Finalmente la chica termina de poner nuestro pedido en una bandeja, también pone dos peluches y además añade algo más.

—Pa-para usted emperador...—Deja dicho objeto sobre la bandeja. Es un gorro de santa claus, espero que no piense que me lo voy a poner.

Nos sentamos en una mesa y esperamos a que llegue el niño arrogante, quien apenas nos hace esperar unos minutos para aparecer cargando una bolsa de la compra.

—Mira Igneel —La niña le muestra su peluche con una amplia sonrisa que su hermano en seguida se la devuelve— ¿Qué es esto? —Al final ha notado que hay un gorro sobre la mesa. Sus ojos se llenan de alegría cuando ve que no solo hay un gorro si no tres. Ella se pone uno y le pone otro a su hermano, finalmente le queda uno en las manos.

—No —Digo sin necesidad de que ella tenga que decir algo más, no tengo ganas de parecer un retrasado con él.

—Gritaré...

¿ME ESTÁ AMENAZANDO?

Toma aire y me mira esperando una última respuesta.

—Agggh está bien —Me rindo y bajo mi cabeza para que me coloque el dichoso gorro y así al menos esta calladita.

Ambos se ponen a comer mientras yo no puedo apartar mi vista de la bolsa de la compra ¿Que habrá comprado? Bah, como si me importase. La niña en cambio si que le pregunta que lleva en la bolsa.

—Ah ¿Esto? —La abre y no puedo evitar mirar su interior por el rabillo del ojo ¿Comida?— Son ingredientes para hacer las galletas de navidad.

—¿Ah? ¿Y por qué lo compras? En el castillo ya tenemos esos ingredientes —Intervengo para darle a entender lo grande que es su estupidez.

—Lo supuse pero ¿Acaso nuestro querido Tito Zeref nos dejaría coger ingredientes de su cocina? —El niño me sonríe con cierta prepotencia.

—Supongo que tienes razón —Confieso con una sonrisa idéntica a la suya.

Cuando terminan de comer nos marchamos al castillo, creo que esta es la primera vez que tengo tantas ganas de volver, de camino la niña se agarra a mi mano y además la gente no deja de mirarnos por culpa del maldito gorro de santa, es definitivo, odio la navidad y sobretodo odio los niños.

En el castillo los niños se marchan corriendo hacia la cocina expulsando de allí a todas las cocineras, algunas se molestan pues ellos han interrumpido su trabajo mientras que Agatha, la jefa de las cocineras, quien es una mujer mayor los mira a ambos con ternura.

No te equivoques que de tiernos no tienen nada.

—Disculpe, tomaremos prestada la cocina —Pido con una amable sonrisa, apenas conocía al servicio pero esta era una de las pocas mujeres que realmente me caen bien, por muy ignorante que me parezca la raza humana.

—Oh, no se disculpe emperador, tómese el tiempo que necesite, pero recuerde que debo hacer la cena —Me advierte alzando su dedo índice, como si fuese ella quien me da a mi las ordenes— Divertíos mucho niños.

Tras despedirse con la mano de ella, entro en la cocina con los niños para ver como hacen los dulces de navidad. La niña no parece hacer mucho, mientras que el mayor es quien se encarga de preparar la masa, no quiero admitirlo, porque me resulta molesto decir que los niños hacen algo bien, pero este parece desenvolverse bastante bien en la cocina.

—¿Te vas a quedar mirando o vas a ayudar?

—¿Yo? —Pregunto señalándome a mi mismo con el dedo— Lo siento niño pero no tengo...—Para variar soy incapaz de terminar mi frase cuando la niña ya me ha cogido la mano y me ha arrastrado hacia el horno de piedra.

—Nosotros hornearemos las galletas —La mocosa intenta poner la bandeja sobre el horno pero su pequeña estatura no se lo permite.

—Anda, dame —Le retiro la bandeja de las manos y la coloco sobre el horno.

—Hermanito ¿Puedes encender el fuego?

A pesar de la lejanía, el mocoso asiente, toma aire y...

Karyū no Hōkō —De su boca sale una llama, una poderosa llama perfectamente controlada que hace prender los troncos de madera que hay bajo el horno.

Jamas pensé...que volvería a ver esa técnica...

Ahora es cuando comienzo a darme cuenta de lo valioso que es este chico, este pequeño dragón pero que no es solo eso, ya que ahora que le presto atención a su atuendo es cuando me doy cuenta de que en su bolsillo sobresale una llave dorada.

Me acerco a él mientras continúa amasando la masa.

—Dragon Slayer y mago celestial, no me lo digas ¿A que te llaman dragón celestial? —Le digo como si se tratase de lo más obvio del mundo.

Lo que realmente me sorprende es su reacción pues con cierto enfado y un rubor en sus mejillas se gira para mirarme a la cara.

—Dragón Celestial es un nombre para nenazas —Se justifica— Yo... Yo seré el próximo rey dragón, me quedaré con el titulo de mi abuelo.

Su mirada decisiva se clava en mi y en mi inmortal corazón, aunque a simple vista esos ojos parezcan los de la Heartfilia hay una cosa que tengo bastante clara, esa mirada decisiva pertenece a un Dragneel, a Natsu Dragneel concretamente.

—Oh, ¿Por qué sale humo negro? —Pregunta la pequeña señalando al horno.

Tanto su hermano como yo nos volteamos al captar el fuerte olor a quemado.

—¿POR QUÉ NO ESTAS VIGILANDO LAS GALLETAS? —Me cuestiona como si me reprochase.

—¡N-NO SABÍA QUE HABÍA QUE VIGILARLAS!

—¿TIENES CUATROCIENTOS AÑOS Y NO SABES HORNEAR UNAS MALDITAS GALLETAS?

—OH, DISCÚLPAME POR NO HABER MALGASTADO TIEMPO APRENDIENDO A PREPARARLAS.

—CLARO, CREAR MILLONES DE DEMONIOS, DEVOLVER LA VIDA A UN IMBÉCIL E INTENTAR DESTRUIR PRÁCTICAMENTE EL MUNDO NO ES PERDER EL TIEMPO.

—Si no os calláis gritaré hasta que os exploten los tímpanos.

Al escuchar la bella amenaza de la pequeña tanto el mocoso como yo guardamos silencio de inmediato. Él chasquea su lengua molesto y va hacía el horno para arreglar el estropicio que la pequeña y yo habíamos hecho.

De nuevo el mocoso nos concede otra oportunidad y esta vez tanto la niña como yo estamos completamente atentos a esas galletas.

Le voy a enseñar yo a ese mocoso quien sabe hornear galletas.

Finalmente cuando vemos el color marrón que estas toman las saco con cuidado y se las muestro a la niña quien me regresa una mirada alegre ¡Lo hemos conseguido! Aunque ese niño dijo que no lo conseguiríamos lo hemos hecho.

—¡Las hemos hecho, Kaori!

La niña no me sonríe, no reacciona, simplemente se dedica a mirarme como si tuviese algo extraño en la cara.

—Zeref-sama...¡Estás sonriendo y HAS DICHO MI NOMBRE! —Anuncia a voces.

¿Que? ¡Yo no he hecho eso! Automáticamente hago desaparecer esa estúpida sonrisa y a paso lijero salgo de la cocina dejándolos solos.

¡Yo no he sonreído! ¡No, no y no!

—¿Emperador? —Me llama Agatha liberándome de esos pensamientos.

—¿S-si? —Respondo aún exaltado por lo que ha sucedido.

—Disculpe por ser entrometida pero ¿Quiénes son los niños?

Efectivamente estás siendo una entrometida, pero, no es una pregunta que me importe responder.

—Son los hijos de mi hermano pequeño —Resuelvo su duda mientras desde donde estoy observo el interior de la cocina.

—Suponía que era algo así —Deja salir una pequeña sonrisa maternal— Se nota que son su familia, el mayor se parece un poco a usted, señor.

¿Perdona qué? ¿Que ese maldito niñato arrogante se parecía a mi? De eso nada ¡Imposible! Completamente imposible

—No son mi...familia —Mi tono casi inaudible es captado perfectamente por la mujer.

—Emperador debería divertirse con ellos —No obtiene ninguna respuesta por mi parte mas bien una mirada de desaprobación— iré a prepararles un baño, en su cuarto hemos dejado dos pijamas para los niños, cuando se cambien por favor que bajen a cenar.

—Claro.

Entro de nuevo en la cocina para ver que se encuentran haciendo ahora, la niña está haciendo las formas de las galletas, parecen personas...

—Mira, mira Zeref-sama —La mocosa gira la bandeja para mostrarme las galletas, ese muñeco...se parece a mí— somos nosotros tres, ahora voy a hacer a mamá y papá y así toda la familia estará junta.

—Familia ¿Eh? —Pronuncio en voz baja, aunque esta vez para mi suerte nadie parece escucharme.

—¡CUIDADO, ZEREF!

Debido al grito de Igneel alzo mi rostro para encontrarme con el gran paquete de harina estrellándose contra mi cara, se abre sobre mi y mi traje negro que en menos de un segundo pasa a ser blanco.

—¡Niño del demonio! —Le llamo en un tono realmente siniestro— ¡Esto lo vas a pagar caro!

¡Lo ha hecho a posta, está claro!

Paso mi mano por el suelo y cojo un puñado de harina que no dudo en lanzar contra el mocoso y así al igual que esta mañana iniciamos de nuevo otro combate a tres bandas, que no se cuánto tiempo dura pero que se me hace realmente corto ya que esta vez soy yo quien va ganando.

—¡Emperador! ¿Se puede saber que es todo esto?—La molestia se es notoria en la pregunta de Agatha quien me pilla metiendo una magdalena en la boca del niño arrogante con la clara intención de que se ahogase con ella.

—E-e-esto yo...—Tartamudeo realmente avergonzado.

¿OTRA VEZ ME HE DEJADO LLEVAR POR ELLOS?

—¡A la ducha! ¡Ya! —Nos ordena echándonos claramente de cocina.

Finalmente consigo separarme de los mocosos, al menos el tiempo que esté en la bañera podré descansar de ellos y por fin pensar en mis cosas...eso es lo que pienso hacer pero...

La puerta del baño se abre de golpe.

—¡Tio Zeref, vamos a bañarnos contigo!

No si es que ya ni permiso me piden, hacen lo que quieren.

—¿Puedo lavarte el pelo, Zeref-sama? —Sus ojos como siempre se ven esperanzados, iba a negarme pero ¿Le importará mi opinión a caso?

—Haz lo que quieras —Respondo sin mirarla a los ojos.

Su expresión alegre es indescifrable para mi ¿Se puede mostrar tanta alegría como la que ella trata de expresar? Dejo que me enjabone el pelo mientras que su hermano retira con mucha delicadeza los restos de harina que hay sobre el cabello de la pequeña. Puede ser un mocoso arrogante pero su hermana parece ser siempre lo primero para él.

Con una toalla atada a mi cintura salgo el primero del baño dejando que ambos disfruten un poco más del agua. Me visto con otras prendas que encuentro en el armario, no pensé que hoy me tendría que cambiar tantas veces por culpa de los dichosos niños. Cuando termino me encamino hacia la habitación que los sirvientes han preparado para ellos. El mocoso arrogante ya se ha puesto el pijama pero la pequeña aún sigue rodeada con la toalla y está dando saltos en la cama.

—Venga Kaori, ponte el pijama o te resfriarás —Exige su hermano.

—Tiene que ser Zeref-sama quien me ponga el pijama.

¿¡YO!?

Sin que yo pueda opinar el mocoso me lanza el pijama de su hermana, pijama que logro atrapar antes de que me golpee en la cara.

¿Qué tiene este niño contra mi cara?

—Acabemos con esta tortura —Balbuceo por lo bajo, cojo la camiseta e intento ponérsela a la niña, quien de un salto baja de la cama.

—No será tan fácil... ¡Tienes que atraparme!

ESTO YA SI QUE NO.

Tiro el pijama al suelo, enfadado ¿Pero quién se creen estos niños que soy yo?

—No puede atraparte Kaori, por eso no lo intenta —Algún día haré que él maldito niño se trague su arrogante sonrisa.

—¿Qué no puedo? Claro que puedo.

Y otra vez me he dejado llevar por la provocación del chico y por ello me estoy obligando a perseguir a la niña como un retrasado por toda la habitación. Cuando se sube sobre la cama no me lo pienso dos veces y salto atrapándola al fin entre mis brazos.

—Me has cogido —Sonríe con la típica alegría que esta posee.

—S-si...—Mis párpados comienzan a volverse pesados— Te...tengo...—Es lo último que pronuncio cuando sin quererlo cierro finalmente los ojos dejándome arrastrar por Morfeo.

Narrado por Lucy

A una velocidad exprés terminamos nuestra misión, la verdad es que no reparamos en gastos, el consejo nos pidió atrapar a un fugitivo muy peligroso y claramente eso es lo que hemos hecho solo que esta vez ni Natsu ni yo, especialmente Natsu, tuvimos cuidado alguno y destruimos todo lo que había a nuestro paso ¿Hemos destruido la ciudad? Bueno, pues es problema del consejo, si no querían que esto ocurriese que no hubiesen contratado a dos magos muy cabreados de Fairy Tail.

—Tengo ganas de verle la cara a Igneel y mostrarle que hemos llegado a tiempo —Dice antes de abrir la puerta.

—¡Niños, estamos en casa! —Anuncio desde la entrada.

Entramos en casa y dejamos nuestras cosas en el comedor, con un gesto le pido a Natsu que revise las habitaciones a ver si los niños se encuentran allí mientras que yo voy a dejar nuestras mochilas en su lugar.

—Estarán en el gremio —Dice este quien baja con la bufanda de Igneel alrededor de su cuello. 

¿Por qué no la lleva puesta? 

De pronto me encuentro con los ojos de Natsu quien no deja de mirarme de forma lasciva, coge mi brazo y me empuja hasta arrinconarme contra la pared.

—Podríamos aprovechar la mañana.

Con una media sonrisa consigo zafarme de su agarre y separarme de él.

—Podrían volver en cualquier momento y no quiero que se traumaticen desde tan pequeños.

—Perdona pero ver el acto de amor entre sus padres es ley de vida porque si creen que los trajo la cigüeña están muy equivocados ¡Salieron de aquí! —Confirma señalándose la entre pierna.

—¿Dónde está tu espíritu infantil? —Pregunto a la vez que no puedo evitar reírme por semejante estupidez.

Voy a la cocina y en la nevera encuentro una nota pegada. Una que yo no recordaba haber dejado ahí. La despego y la miro por encima...reconozco la horrible letra, la ha escrito Kaori. La leo, una y otra vez y cuando asimilo las palabras un sonoro grito se me escapa. Dicho grito atrae a un Natsu muy preocupado quien me mira asustado.

—¿Qué sucede, Luce? —Su mirada de preocupación no logra calmarme en absoluto.

—L-la nota...—Mi respiración se entre corta debido a los nervios que siento— Po-pone que los de Alvarez se los han llevado...

Natsu endurece su mirada al escuchar hablar de dicho imperio ¿Qué quieren esos de mis hijos? ¿Para que se los han llevado? ¿Cuándo se ha enterado Zeref de que existen?

—¡Voy a destruir ese maldito imperio! ¡LO VOY A REDUCIR A CENIZAS! —Furioso se dispone a salir de la casa para destruir todo lo que haya a su paso.

Pero no puedo dejarle hacer eso por muchas ganas que tengo de que lo haga.

Corro tras él y agarro su mano deteniendo así su avance y su sed de sangre.

—Si atacas el imperio desencadenarás otra guerra ¡No puedes hacer eso!

Natsu se muestra confuso, lo sabe, sabe que tengo razón, sabe que no puede hacer eso. Aprieta su puño frustrado y le da un golpe a la pared intentando controlar su fuerza pero aún así provoca que casi toda la casa se tambalee y que a nuestro lado caiga una bolsa. Él se agacha para recogerla y sonríe al ver su interior.

—¿Y si no soy yo quien ataca el imperio? —Me pregunta mostrándome el interior de la bolsa.

—Ahí tenías guardado el espíritu infantil ¡Vamos!

Narrado por Zeref

Los rayos de sol golpean mi cara provocando que tenga que abrir los ojos aunque no quiero, realmente me podría pasar el resto del día durmiendo, ni siquiera recuerdo la última vez que terminé tan agotado...miro a los lados, buscando algo pero no sé el que...ah, ya lo recuerdo, los niños.

¿No están...?

No entiendo por qué pero esa idea no me agrada en lo absoluto, siento como si el vacío de mi interior se hubiese ampliado con creces.

A mi derecha, sobre la mesilla hay una taza, estiro mi mano y cuando mis dedos hacen contacto con ella siento como el calor quema las yemas de mis dedos.

—Está recién hecho.

Junto a la taza hay nota. Cojo ambas cosas cada una con una mano distinta.

"Kaori: A mi hermanito le ha quedado el chocolate riquísimo.

Igneel: ¡Quiero que chupes la taza, no te dejes nada!"

No puedo evitar sonreír como un idiota.

¿Qué me está haciendo ese par?

Me levanto mientras me tomo el chocolate caliente, no acostumbro a comer este tipo de cosas pero una vez no va a matarme. Cuando salgo de la habitación mis ojos se amplían a más no poder, todo el castillo se ha llenado de luces y todo tipo de adornos navideños.

¿SE PUEDE SABER QUE HA PASADO AQUÍ?

Para mi fortuna, Agatha aparece a mi lado con un paquete envuelto entre sus manos, dispuesta a responder todas y cada una de mis incógnitas.

—¿Qu-que es todo esto? —Pregunto estupefacto.

—Anoche mientras usted dormía los niños lo decoraron todo.

Un gran tic aparece en mi ojo izquierdo ¿Cómo se han atrevido a decorar mi castillo a su antojo?

—Por cierto emperador, tengo un regalo de Santa Claus para Kaori ¿Dónde se encuentra? —Su pregunta hace que todo mi cuerpo se paralice.

¿Cómo que no sabe donde esta la niña?

—No está conmigo... —Respondo en un tono preocupado.

Antes de dar tiempo a que me diga algo más me marcho de ahí, voy en busca de Invel, él debe saber donde se encuentran, si, él debe saberlo, estoy seguro de ello. Encuentro a Invel en la entrada del castillo, con una preocupación que no comprendo pregunto por los niños ¿Se puede saber que me pasa? El me dice que los vio salir a la calle y sin pensármelo dos veces salgo tras ellos.

¿Se han ido? ¿De verdad? ¿Sin despedirse de mi? ¿Sin decirme siquiera adiós? Sin dejarme borrar la estúpida sonrisa del niño, sin dejar que la niña me de un último abrazo...

No, yo no quiero todo eso ¡No lo quiero, no lo quiero, no lo quiero!

—Niño, si la niña ha roto el florero ¡Tienes que pagarlo!

—¡OYE VIEJO, HA SIDO UN ACCIDENTE! Ella no quería romperlo, no tiene porque gritarle.

Reconozco esa voz, ese estúpido tono de superioridad que solo Igneel Dragneel posee.

Frente a la floristería les diviso, el mocoso está frente a su hermana, protegiéndola del mal humor que el hombre de la floristería tiene, al escuchar los gritos del hombre me acerco por detrás a los niños.

—¿Algún problema? -Pregunto y en mi rostro se muestra la ira, el hombre asustado de mi mirada guarda silencio mientras que la pequeña me observa con sus ojos alegres pues para ella ahora soy su salvador.

—N-n-no ningún problema emperador —Con su voz temblorosa se despide con la mano de los niños. Kaori agarra mi mano y en ese instante siento como un gran peso ha salido de mi cuerpo, no entiendo porque, pero me alivia que sigan aquí, que no se hubiesen marchado aún.

—Tio Zeref —Me llama Igneel con una de sus mejillas un poco roja— Sé que dijiste que solo un día pero...¿Te importa si nos quedamos hasta la noche...?

—Esta noche ya será navidad, es la noche en la que Santa Claus debe venir y...bueno ¿Podemos quedarnos hasta la noche? —Pregunta ahora la pequeña Kaori, ambos me miran esperanzados, pidiéndome con la mirada que sea benevolente y les deje quedarse.

—Aún no no hemos comido los dulces de ayer... e...Invel me ha dicho que esta noche habrá un espectáculo de fuegos artificiales, su-supongo que queréis verlo —Digo sin mirarles, no puedo verlos pero sé que tienen una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Zeref-sama nos deja quedarnos! —Grita emocionada la pequeña apretando mi mano con fuerza.

JODER ¿CÓMO ES POSIBLE TENER TANTA FUERZA?

Cuando llegamos al castillo, la duda sobre a donde habían ido o que habían hecho para romper el florero me asalta.

—¿Dónde habíais ido? —ambos se miran entre si y depositan un paquete sobre mis manos.

—Ábrelo.

Tal y como me piden abro el pequeño paquete.

Si esperan una mirada de felicidad por mi parte van listos, todo lo contrario, mi mirada de repulsión y desprecio se hace presente cuando veo el traje de santa claus que hay dentro del paquete.

—Como ayer te regalaron el gorro, hemos pensado en regalarte el resto del traje —Confiesa el niño arrogante llevándose ambas manos tras su nuca.

—Pontelo, pontelo —Pide la pequeña.

—¿Qué? ¡No! ¡Ni de broma me pongo el traje de retrasado! —Esta es una de las pocas veces que expreso en voz alta mis auténticos pensamientos.

—Gri...

—Voy —La interrumpo, de todas maneras ya se lo que va a decir y sé que al final me acabarán convenciendo.

Pasamos el resto del día jugando en el castillo, al principio no quiero, me niego a cualquier cosa que me piden pero por desgracia de un modo u otro siempre me acabo dejando llevar por ellos. Después de la cena me quedo un rato a solas con Igneel, mientras la pequeña se marcha al baño.

—¿Cómo me encontraste? —Le pregunto, en el fondo guardo la esperanza de que Natsu les hubiese hablado de mi.

—No fui yo, fue Kaori —Cruzado de piernas y recostado contra el respaldo de la silla escucho atento su corto relato— Su poder es ver en la cabeza y corazón de las personas, te encontró en la cabeza de Natsu.

Ahora muchas cosas comienzan a tener sentido, detalles como el echo de que Igneel tuviese más información de la necesaria, como por ejemplo el echo de que le devolví la vida a su padre o cientos de cosas más.

—Sabéis todo de mi, todo lo que he hecho y todo lo que puedo hacer...si lo sabéis ¿Por qué habéis venido? —La curiosidad me está matando, es obvio que lo saben, lo saben todo y aún así siguen aquí, a mi lado.

—Parece que aún ahí algo que no comprendes, Santa Zeref —El niño alza la vista de su plato para mirarme fijamente a los ojos— La navidad es para estar con la familia y...te agrade o no, tu formas parte de ella.

Te equivocas, yo no formo parte de nada.

No tengo familia, solo tengo mi imperio.

Cuando la niña regresa del baño, nos encaminamos hacia la salida para marcharnos a ver los fuegos artificiales. Antes de salir Agatha me detiene y en un pequeño saco que combina con mi traje de retrasado...digo, de Santa Claus introduce el pequeño paquete que me había mostrado esta mañana.

Salimos a la calle, he pensado en llevarles a una pequeña colina que hay bastante cerca de aquí, desde ahí podremos verlos bien y a demás estaremos a solas, no es que me agrade estar rodeado de gente precisamente.

—Huele a imbécil —No comprendo las palabras de Igneel hasta que alzo el rostro y veo que sobrevolando por encima de nosotros aparece un trineo volador, aunque no parece estar tirado por renos si no por gatos voladores. El trineo llega hacia mi castillo y de él un hombre vestido de Santa Claus se tira al vacío.

—Es santa claus —Informa Kaori emocionada.

—Hou, hou ¡HOU! —Tras gritar eso último el chico se envuelve a si mismo entre las llamas y choca contra mi castillo destruyendo con él la torre más alta.

—¡GILIPOLLAS, ESE ERA MI DESPACHO! —Grito al imbécil que lo ha roto, claramente ese imbécil tiene nombre y apellidos.

Natsu Dragneel.

De entre el humo una silueta se deja ver y a toda potencia grita...

—¡ZEREF! —Me llama cegado por la ira.

¿Y este por que está enfadado ahora? No he hecho nada, no he matado a nadie, no he destruido nada ¡Soy yo quien debería estar enfadado! ¡Está violando nuestro acuerdo!

La gente comienza a salir escandalizada del castillo, gritando cosas como "El loco vestido de Santa" "Un loco nos ataca" "Un loco en llamas" ambos niños se agarran a mi para que la multitud no les arrastre también a ellos.

—Tenemos que llamar su atención —por fin, una idea— Si hacemos que nos vea dejará de destruir todo a su paso y se concentrará solo en nosotros.

—Y entonces podríamos alejarle de los civiles —Completo su idea. El niño me asiente decidido mientras yo pienso en la forma de llamar su atención. No es que me importe mucho la gente, pero me importa este gran imperio que tantos años he tardado en construir— Igneel, ruge con fuerza.

Una gran sonrisa se forma en su rostro e igual que la primera vez toma todo el aire que puede.

Karyū no Hōkō —Las llamas emanan de su boca y se alzan hacia el cielo llamando así la atención de Santa Natsu quien no se lo piensa dos veces a la hora de saltar y venir corriendo hacia nosotros.

—¡VIENE SANTA CLAUS! —Grita la pequeña de emoción.

Igneel y yo nos miramos entre nosotros, cojo en peso a la niña y echamos a correr seguidos de un veloz Natsu quien va levantando una nube de polvo a su paso. Nosotros tampoco somos lentos y nos da el tiempo necesario para poder salir a la zona boscosa donde finalmente nos alcanza.

—Zeref —Grita mi nombre antes de lanzarse contra mi para propinarme un puñetazo, me gustaría defenderme, utilizar mi magia, pero por desgracia tengo a la niña en brazos y no puedo hacer nada.

Sin embargo el golpe de Natsu no llega, mas bien el mismo se ve sorprendido cuando Igneel le da una patada en la cara alejándole, por desgracia el niño cae sobre mi y los tres caemos al suelo también.

—¿PERO QUÉ HACES NIÑO DEL DEMONIO? Se supone que he venido a salvaros —Pregunta un furioso Natsu, con la mano sobre su mejilla hinchada a causa del golpe que su hijo le ha dado.

—¿A salvarnos de qué?

—De mí —Respondo yo con media sonrisa— Cuanto tiempo, Natsu.

No recibo respuesta alguna, solo escucho como chasquea su lengua y desvía su mirada hacia otro lado, un pequeño e incomodo silencio se crea entre nosotros, un silencio que rompe la Heartfilia cuando al fin nos encuentra.

—¡Kaori! —Llama a su hija quien se aleja de mi y salta a los brazos de su madre.

—¡Habéis venido a pasar la navidad con el tio Zeref!

—¿Disculpa? —Preguntamos al unisono los tres adultos presentes.

—Pe-pero, nosotros pensamos que os habían secuestrado —Se justifica Natsu mirándome de reojo.

—¿Por qué querría yo secuestrar a tus hijos? ni siquiera me gustan los niños —Me excuso de brazos cruzados.

—Pero aún así el Tio Zeref se ha divertido un montón con nosotros

—¿Cómo que el tio Zeref? —Pregunta Natsu molesto, por lo que he podido averiguar el pequeño se dirige a él siempre por el nombre de pila.

—Cállate Natsu —Le ordena su hijo.

—Ya veo el respeto que te tienen tus hijos.

—Cállate Zeref.

Tras dedicarnos unas miradas de odio mutuo entre los tres es Heartfilia quien trata de poner orden entre nosotros.

—Un momento chicos, escuchemos a Kaori —Nos pide, el resto obedecemos y escuchamos la explicación de la mocosa.

—Pu-pues...nosotros no queríamos pasar la navidad solos así que cuando vi a Zeref-sama en los recuerdos de papá...—Natsu hace una pequeña mueca de disgusto, por lo visto no le gusta que su hija mire nada de lo que hay en su cabeza— vi que en la mirada de Zeref-sama se podía ver la soledad, entonces cuando mi hermanito dijo que iríamos a buscarle me alegré mucho y deje una nota para que papá y mamá vinieran a buscarnos, porque así esa solitaria mirada desaparecería porque eso es lo que se hace en navidad ¿No? Estar con la familia, y...y Zeref-sama es parte de ella.

Sus palabras me dejan completamente sin habla ¿Familia? Lo siento mi única familia era Natsu y hace cuatrocientos años que le perdí, me guste o no.

—Kaori, no somos familia —Al decirle eso los ojos de la riña se oscurecen un poco y puedo ver como esta baja su mirada e Igneel más de lo mismo— Pasaré esto por alto y no iniciaré una guerra, pero marchaos ya.

Natsu quien esta mordiendo su labio, furioso conmigo por hacer llorar a su hija, empuja al mayor de sus hijos para que comience a andar, mientras la madre coge a la niña que no deja de mirarme con pena.

—Un momento...—Igneel se zafa de su padre y logra venir hasta mí.

—Te he dicho que...

—Tengo algo más para ti —Del bolsillo de su pantalón saca un pequeño sobre— Olvidé dártela ayer, lo siento.

Coloca el sobre en mis manos y sin mirarme a la cara regresa con sus padres. Abro el sobre con delicadeza, con cuidado de no romper nada de lo que hay en su interior, saco el pequeño papel que hay en su interior y antes de leerlo intento adivinar de quien es la letra pero es una que jamás he visto antes.

Hola, Zeref:

¿Qué tal todo Zeref? ¿Sabes quien soy, lo sabes? Jajaja ¿Cómo vas a saberlo? No puedes reconocer la letra pues como fantasma no puedo escribirte nada.

Me voy a poner seria ¿De acuerdo, Zeref? Desde hace un par de años ideas egoístas no paran de surgir en mi cabeza, cosas como la destrucción y algo por el estilo, sorprendentemente en navidad dichos pensamientos se incrementan ¿Por qué? Porque estoy rodeada de familias que se aman y me hacen pensar en lo sola que me encuentro e incluso me hacen pensar en como sería nuestra vida si nada de esto hubiese ocurrido ¿Habríamos sido felices? ¿Tendríamos nuestra propia familia? Jamás lo sabremos, pero aún así hay algo que me hace olvidar esos horribles pensamientos ¿Sabes qué es? Mi gremio, mi familia. Cada día que paso junto a ellos en el gremio merece la pena, les quiero a todos y cada uno de ellos ¿Y tu Zeref? ¿Por qué te empeñas en negar a tu familia? Te conozco lo suficiente como para saber que estás haciendo. Esta mañana me he enterado de que ciertos niños van a ir a verte, ellos son tu familia Zeref y al contrario que nosotros no es una familia eterna, así que por favor, no les rechaces, deja que los pocos días que puedan estar a tu lado sean divertidos, crea buenos recuerdos junto a ellos porque esos recuerdos serán el mayor tesoro que puedas tener.

Zeref, diviértete junto a tu familia, vive una vida a su lado y trata de disfrutar todo el tiempo que puedas, te aseguro que aunque el tiempo sea poco estar con alguien que te quiere merece la pena.

Zeref, feliz navidad.

Al terminar la carta puedo sentir un fuerte nudo en mi garganta, lo reconozco me he divertido por primera vez en décadas con estos dos niños, pero ellos algún día desaparecerán, me dejarán completamente solo y volveré a sufrir.

"Te he dicho que trates de divertirte todo el tiempo que puedas, puedes divertirte...porque no estás solo" Sin duda me parece escuchar la voz de Mavis junto a mi oído y aunque no puedo verla sé que ahora mismo está sujetando mi mano con fuerza.

—No...no estoy solo ¿Verdad? Mientras ellos estén aquí, no estaré solo...—Y si, lo se, tengo claro que si no aprovecho mi tiempo a su lado me arrepentiré durante el resto de esta vida...pero...

Noto como no solo la mano de Mavis está sujetando la mía, también noto como mis lágrimas caen por mi rostro hacia la carta de Mavis corriendo la tinta con ellas.

—No sabía que eras un llorica —Conozco esa voz, esa estúpida y arrogante voz.

—Os odio —Balbuceo por lo bajo, sin alzar mi rostro cojo la mano de la pequeña Kaori, la atraigo hacia mi y la envuelvo entre mis brazos— Os odio mucho —Digo entre sollozos.

No quiero, no quiero estar solo en navidad, ellos son mi familia, quiero que estén a mi lado.

—No quiero estar solo...

—Si querías que nos quedáramos...solo tenías que pedirlo —La voz de mi hermano menor hace que al fin consiga alzar mi rostro para verle sentado a mi lado, dejando el hueco justo y necesario para que Igneel se pueda sentar entre los dos.

—Solo un día más...—Es lo único que soy capaz de decir.

—No tenemos nada que hacer después de todo ¿Verdad? —Le pregunta a su esposa quien asiente con una amplia sonrisa para que yo pueda verla.

Antes de que alguien pueda abrir la boca los fuegos artificiales comienzan a verse en el cielo de la noche anunciando así la llegada oficial de navidad, entre explosión y explosión soy capaz de escuchar una conversación entre mi hermano y su hijo.

—Cuando lleguemos a casa... ¿Tienes idea de lo castigado que estás? —Pregunta Natsu colocando una bufanda sobre la cabeza de su hijo.

—Pu-puedo hacerme a la idea...

Cuando los fuegos artificiales cesan todos nos deseamos una feliz navidad entre nosotros, algo que no hago desde hace cuatrocientos años. Miro el pequeño saco que yo traía colgado en la espalda y que ahora se encuentra en el suelo a mi lado.

—Kaori —La niña se aleja de entre mis brazos para mirarme a la cara— Esto es para ti —Saco el paquete envuelto en papel de regalo y lo dejo caer sobre sus manos.

La niña se aleja un poco de nosotros y sin tener cuidado arranca el papel de regalo dejando la caja al descubierto, al abrirla sus ojos se abren de par en par, no sabe ni que expresión de felicidad utilizar.

—AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH —Grita, me mira, mira a su hermano, a sus padres y regresa su mirada a la caja— AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH —Repite el grito a la vez que introduce su mano en la caja y de ella saca un peluche con forma humana— ¡UN PELUCHE DE ZEREF-SAMA! —Como una loca y sin detener sus gritos se abraza al peluche como si alguien tratase de robárselo. El resto de la familia la observan felices y algunos incluso riéndose por la situación ¿Pero qué es esto? ¿Una familia de locos?

Mi imagen, la de Mavis, la de mi hermano, su esposa y sus hijos vienen a mi cabeza.

Supongo que familia de locos es la mejor definición para nosotros ¿No?

-----------------------------------
Como habéis visto el protagonista de esta historia ha sido Zeref, he tratado de hacer a Zeref lo mas cercano posible al original, pero como es un personaje del que se conoce tan poco estoy segura de que no lo he hecho bien ;-----;

Muchas gracias por leerlo y Feliz Navidad a todos :D







Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro