Narra Eugenia.
Al otro día me siento un poco mejor, aunque no dejo de pensar en como le dire a Rafael la verdad. Mi madre me dijo que el no me odiaría pero aún asi siento tanto miedo. Ahora estoy acostada junto a el, presa de sus brazos y el juega con mi nariz.
–Te veo un poco seria. –Acaricia mi cabello. –¿Qué pasa?
–Nada... estaba pensando, estoy bien amor. –Sonrio un poco para no preocuparlo.
Me sostiene con fuerza y pone sus manos en mi espalda, masajeando mi piel con suavidad.
–Eres tan hermosa. –Sonríe. –Te tendría todo el día conmigo, no podría dejar de mirarte nunca.
Sonrió y todas las preocupaciones salen de mi cabeza, este hombre me hace sentir tan especial y muerdo mis labios por un momento mientras lo observo.
–Podriamos salir, ¿Qué te parece? –Me pregunta.
–Me encantaría. –Acaricio su pecho. –Entonces voy a cambiarme.
Cuando estoy por salir de la cama, me toma de la muñeca y me atrae hacia el.
–¿A dónde crees que vas?
–Me dijiste...
–Pero no ahora.
Pega su cuerpo contra el mio y me besa con pasión, envuelve mi cintura con sus brazos y me abraza con fuerza. Nosotros ya estamos desnudos asíque ya es demasiado fácil, me da vuelta, quedando arriba y baja suavemente hacia mis senos y los agarra con fuerza, su boca captura mi seno izquierdo y succiona haciéndome estremecer por completo. No puedo evitar jadear al sentir su mano sobre mi clítoris, masajeando lentamente y cierro los ojos con fuerza. Este hombre me hace olvidar todo lo malo que hay dentro de mi cabeza. El fuego me está consumiendo y lo quiero ahora. Besa mis labios con desesperación y jadea cuando siente mi mano agarrando su entrepierna, sonrio al verlo temblar y puedo ver sus ojos llenos de deseo, me come con la mirada y me hace sentir tan atractiva por esto.
–Eres tan hermosa por dios. –Me mira. –No puedo dejar de amarte. –Gime.
Luego de esto separa mis piernas y al fin sucede lo que quiero, entra en mi con fuerza y gimo por aire. Primero se mueve lentamente y jadeamos al mismo tiempo, nos miramos mientras nuestros cuerpos están unidos y sonríe mientras me besa apasionadamente.
Nos ahogamos en el placer mientras se mueve más duro y rápido, me está volviendo loca y no puedo pensar con claridad. Es tan bueno. Se sigue moviendo y soy cada vez más ruidosa, clavo mis uñas cuando siento que estoy cerca por llegar al climax. Tiemblo rápidamente cuando me vengo y lo abrazo con fuerza. Rafael todavía no tuvo su liberación y sigue embistiéndome con dureza mientras besa mi cuello, no puedo aguantar más y Rafael todavía no se viene. Grito cuando siento que me vendre de nuevo y mi cuerpo se siente tan cansado. Por suerte nos venimos al mismo tiempo y el me besa con dulzura.
–Dios santo. –Murmura. –Fue realmente bueno.
–Eres increíble. –Sonrio.
–Tu lo eres mi amor. –Sonrie mientras acaricia mi mejilla. –Te amo tanto.
Me quedo mirándolo y suspiro mientras pienso en el y mi hija. La culpa me esta matando y quiero decirle la verdad.
–Rafael... tenemos que hablar.
El frunce el ceño y me mira confundido.
–¿Me quieres dejar?
–No... pero puede que tu si. –Suspiro. –Es sobre Constanza.
–¿Qué pasa con ella?
Trago saliva y siento que mis lagrimas se forman, puedo sentir mis ojos vidriosos por las lagrimas que amenazan con salir. No se como me perdonara y se que si me odia no podre soportarlo.
–Constanza es tu hija, Rafael.
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