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CAPÍTULO II

Seis caballos salieron de la fortaleza del palacio. Dos eran jineteados por los príncipes, Naruto montaba un hermoso pura sangre blanco mientas Sasuke uno negro; Sai, el segundo al mando del ejército los escoltaba con dos soldados como refuerzos. Al frente Iba el mensajero para dirigirlos.

De regreso el camino era más rápido y sencillo. Dos días pasaron a camino y finalmente estaban el la frontera de ambos territorios, la noche estaba cayendo. Notaban ligeramente el cambio, ese lugar tenía un clima ligeramente más frío que el suyo. Todos estaban agotados, principalmente los caballos que apenas y habían tenido oportunidad de descansar. No muy lejos alcanzaron a divisar un pequeño pueblo.

—           Majestades, según el mensajero estamos a unas cuantas horas. — Dijo Sai. — Deberíamos descansar, las bestias deben estar agotadas.  

—           Por supuesto que no. — Se negó el rubio. — No debemos perder más tiempo. — Dijo con determinación.

Agitó las riendas del caballo para adelantar el paso. El pelinegro volteo a verlo sin expresión alguna.

—           Naruto — Le llamó.— El general tiene razón. — dijo con voz tranquila. — Lo mejor será descansar y partir antes del amanecer.

El ojiazul se detuvo de golpe. Frunció el seño con molestia. ¿Acaso Sasuke no entendía la gravedad de la situación? La vida de ella estaba en peligro. Por dios, ¡era su prometida!

—           ¿Pero qué cosas dices, Sasuke? — La irritación era evidente.— ¡Debemos llegar cuanto antes!

—           ¿Te das cuenta que prácticamente ninguno de nosotros ha descansado lo suficiente? Al paso que venimos nos tomó la mitad de tiempo llegar a la frontera con Banerth — Juntó sus dedos en el puente de la nariz— Nos quedaremos, ella estará bien. Tampoco es cortés despertarla a mitad de la madrugada.

—           Bien — Aceptó el rubio a regañadientes.

El resto de los presentes aguardó en silencio. El único que estaba lo suficientemente cerca de ellos para conocer sus actitudes y temperamentos era el General. Sai sabía que Naruto era impulsivo cuando se trataba de una situación delicada con sus seres queridos, en cambio Sasuke meditaba la situación confiando en las habilidades de las otras personas, aunque se tratase de algo delicado no se adelantaba sin estar preparado. Por algo el pelinegro era el comandante de la guardia imperial y la cabeza al mando.

En cuanto llegaron al pueblo buscaron un hostal modesto para no llamar la atención. Los príncipes se alojaron en la misma habitación con camas separadas. Después de que cada uno tomara una ducha se acostaron en sus respectivas camas. Naruto seguía estando de mal humor, quería llegar lo antes posible con la princesa. Con las manos tras la nuca contemplaba el techo con disgusto. Era la primera vez que el pelinegro lo notaba tan inquieto, sabía que se desesperaba muy rápido cuando de su familia o amigos se trataba pero nunca imaginó que estaría tan alterado por una situación así.

—           Debes tranquilizarte un poco. — Habló con tranquilidad el pelinegro. — No ganas nada estando así.

—           ¿Relajarme? Justo ahora podrían estar atacando a la princesa. — Escupió con enfado.

—           Ella está segura — Respondió. — Además, no servirás de nada estando desvelado y agotado. No nos hemos alimentado adecuadamente.

El rubio gruñó ante las crudas palabras de su hermano. Giró un pico para darle la espalda al pelinegro antes de cubrirse con la frazada hasta la cabeza.

—           ¡Hasta mañana! — Exclamó furioso.

—           Descansa, hermanito. — Dijo el Uchiha a modo de burla.

Justo cuando el sol comenzaba a salir los caballeros partieron nuevamente, a decir verdad todos tenían una mejor punta que la de la noche anterior, las ojeras se habían desvanecido casi por completo y la suciedad de sus ropas ahora era reemplazada por prendas pulcras y presentables.

—           ¿Crees que la princesa se alegre de vernos? — Preguntó el rubio rebozando de alegría.

—           Pues… Su prometido fue asesinado y se vio obligada a aceptar la propuesta de matrimonio de nuestro padre debido a una amenaza de muerte. Debe estar encantada. — La ironía en su voz era casi palpable. El ojiazul hizo una mueca de desagrado.

—           ¿Por qué siempre eres tan pesimista? — Cuestionó. — Quizá ella sea consiente de nuestro esfuerzo y sacrificio.

—           Naruto… Ella ni siquiera sabe quién va a desposarla, deja de ser tan ingenuo. — Ese comentario bastó para silenciar al chico, después de todo su hermano tenía razón.

Al medio día vislumbraron la fortaleza que fungía de escondite para la princesa. A pesar del cansancio los príncipes aceleraron el paso. Naruto miró de reojo a Sasuke quien se notaba más tenso de lo habitual. Una ligera y apenas perceptible sonrisa socarrona se asomó de entre sus labios.

«¿No que debía ser paciente?» Se burló internamente.

Mientras tanto en el castillo, Sakura se encontraba en el despacho buscando una alternativa para rescatar a sus padres y después huir, era consiente que no podía dar pelea contra el imperio completo. Ese asunto la había mantenido despierta la noche entera, cómo era costumbre los últimos días.

Su rosado cabello estaba suelto sujetado por dos pasadores a los costados dejando al descubierto su cuello.

El corsé verde pino se ajustaba tensó a su definida cintura mostrando un generoso escote en corazón con mangas caídas,  dejando también expuestos sus hombros y clavícula. La gracia y elegancia con la que portaba tan espléndido vestido eran dignos de ella. Desde aquel día en que mandó la carta ya no había soltado ninguna lágrima más, no podía permitirse semejante acción cuando su pueblo la necesitaba fuerte y segura.

Miró el reloj sobre la pared. Faltaba poco para la una de la tarde. Era consiente que la distancia entre el Imperio del Este y su ubicación eran  separados por varias millas de distancia. La incertidumbre estaba inundando sus pensamientos pues sabía que la manera más viable de cumplir su cometido era con la ayuda de su ejército y su protección.

«¿Y si su majestad no recibió mi mensaje o ya no seguía en pie la propuesta?» Esas eran preguntas que debían responderse a más tardar en dos días.

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no había notado la presencia de Kankuro en la habitación.

—           Alteza. — Llamó captando finalmente su atención. — Disculpa la intromisión, en la puerta se encuentran unos caballeros acompañando al mensajero. — Dice acercándose asta ella para tenderle un sobre.— Dicen venir por parte del Emperador Fugaku. —

—           ¿El Emperador? — Exclama poniéndose de pie mientras toma el papel entre sus manos.

—           Así es, majestad.

A Sakura le toma un breve momento leer la carta que estaba escrita de manera pulcra.

A la princesa Sakura Haruno del Reino de Banerth.

 

Me honra recibir su positiva respuesta. Espero que su palabra sea cumplida sin objeción ni prejuicio, deberá aceptar ser la futura emperatriz del Imperio con las responsabilidades, obligaciones y sacrificios que esto conlleva.

Su solicitud de alianza está pactada, deje que mis hombres se encarguen de ello. El comandante resolverá sus dudas al respecto. Deje esto en nuestras manos, espero su cooperación absoluta.

 

Sé que será digna de portar el apellido de mi familia. Espero pronto poder charlar adecuadamente con usted.

 

Por mandato de Su Majestad Imperial el Emperador F. H.”

Realmente el escrito no decía mucho, pero era bastante claro y preciso. Un sudor frío recorrió su columna mientras tragaba el nudo en su garganta. Iba a ser realmente complicado para ella aceptar su nuevo y desconcertante futuro. No tenía otra opción, las cartas estaban echadas.

—   Muy bien, vayamos. — Dijo tras un gran suspiro.

—  Majestad… ¿Está segura de esto? — Dijo con algo de irritación. — Podría estar en peligro, todo es muy arriesgado, ni siquiera sabemos mucho de aquel Imperio ni su gente. — Intento convencerla.

—    General, limítese a hacer su trabajo y déjeme hacer el mío. — Habló con frialdad.

—  Comprendo… Me disculpo, mi señora. — Dijo haciendo una reverencia.

—   Andando.

Una vez en el recibidor aún tras la puerta cerrada del castillo la princesa se reunió con su dama de compañía. Se paró frente a la puerta, un par de pasos tras de ella se encontraban de lado izquierdo Ino y del lado derecho Kankuro. Un grupo de sirvientes  aguardaba en hilera a un costado, el ama de llaves y el vocero estaban a un costado de la puerta junto a los guardias.

Sus manos temblaban, sus piernas no se sentían tan seguras como de costumbre, tenía los nervios de punta. El corazón latía con fuerza contra su pecho y casi podía sentir la sangre corriendo desbocada por sus venas. Tras un largo suspiro dio la señal para que abrieran las puertas.

Levantó la quijada y su postura fue más erguida. No debía olvidar que pese a todo era la princesa, debía comportarse como la futura soberana ante todos.

Conforme las grandes barreras de metal se abrían iban mostrando a aquellos hombres que venían de aquel lugar que pronto sería su jaula.

—   ¡Ante ustedes su alteza la Princesa Sakura Haruno, heredera del Reino de Benerth! — Exclamó el vocero ante los presentes

Cinco hombres estaban frente a ella, tres al fondo y dos al frente. Todos hicieron una reverencia ante su presencia. Los dos del frente dieron un par de pasos largos para acercarse más ella. Uno de ellos era rubio de ojos azules, de boca piel pero un ligero bronceado era visible en él, vestía un elegante traje con tonos crema, gris y dorado. El otro, por su parte poseía unos oscuros ojos negros, al igual que su cabello, su blanca piel no tenía indicios de bronceado alguno, su oscura vestimenta resaltaba aún más su tez. Eran como el día y la noche. Cuando estuvieron frente a ella ambos se arrodillaron. Su sorpresa fue mayor cuando notó que tomaban sus manos. El chico rubio la izquierda mientras el pelinegro la derecha.

—  Es un placer estar ante usted, majestad. — Dijeron ambos chicos al unísono antes de depositar un beso en el dorso de su mano.

Una extraña sensación de familiaridad inundó el pecho de la pelirrosa. Se quedó quieta sin saber qué hacer ni qué decir


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Hola, hola.
Finalmente decidí darle continuidad a esto 👀

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