Capítulo 24
Un nuevo día en la escuela comenzaba para Nayeon y, para su desgracia, sería más aburrido porque Jeongyeon iba a ausentarse.
Resulta que Yoo, el día anterior, había pasado tanto estrés casi siendo atrapada por Nayeon, además de la culpa que venía acumulando; que al llegar a su casa tenía casi 39 grados de fiebre e insoportables dolores de cabeza que le hicieron compañía toda la noche.
Estaba somatizando todas las emociones que continuamente la atormentaban.
Pero una vez que Nayeon cumpliera con su horario de estudio, iría hasta su casa a cuidarla, mientras tanto estaría preocupada la mayor parte del día. Ni siquiera había pensado demasiado en Y.J, y eso era difícil ya que sus amigas no paraban de hacerle preguntas.
-¿Tu eres consciente de que esta chica te acaba de confesar sus sentimientos? -preguntó Myoui tomando de una punta el papel escrito.
-No puedo creer que no tienes una, sino dos chicas detrás de ti. -comentó Sana levantando dos dedos. -¿Acaso estamos en algún universo paralelo? Porque esto hace tres meses no pasaba.
-Realmente prefiero no pensar en eso. -respondió Im con una mueca de desagrado. -Ni siquiera me dan lástima sus palabras, que sienta todo lo que quiera pero siempre me dará asco.
-No voy a justificarla -inició Mina con un tono de voz lento y sereno, atrayendo las miradas de todas. -Pero creo que todas conocemos muy bien la técnica de hacer idioteces que lastiman cuando alguien te gusta.
Myoui comenzó a mover su cabeza en dirección a dos chicas en particular que, tan solo en su mirada, podía notarse que querían golpearla contra el piso hasta que se volviera parte el y regresara a su lugar de origen.
-En fin. -Momo rompió el silencio rodando sus ojos -El lado bueno es que ya no volverá a molestarte -comentó -Esto es muy repentino pero, deberíamos estar festejando ¿No?
-Es una excelente idea -apoyó Sana. -¿Qué tal si al salir de aquí vamos a divertirnos a algún lugar?
La propuesta de la menor fue aceptada por todas al instante, excepto, por Nayeon quien lucía muy dubitativa a la hora de tomar la decisión.
-¿Es en serio? Tu deberías ser la primera en aceptar. -opinó Mina sorprendida de la aparente indecisión de la castaña.
-Si, claro que aceptó. -respondió, aunque algo insegura. -Solo que también quiero ir hasta la casa de Jeongyeon porque esta enferma y me preocupa.
La explicación había logrado aclarar las ideas de las chicas pero no justificaba por completo a Nayeon.
-Eso no te impide celebrar tu propio bienestar y el hecho de haberte liberado de esa tortuosa chica. -respondió Momo -Además, ¿dónde quedó lo de amigas antes que novias?
-No seas tan agresiva. -la detuvo Sana con una mirada que pareció serenar a la mayor. -No tienes porque elegir una sola opción, administra tu tiempo y puedes venir con nosotras para más tarde ir con Jeongyeon, es muy simple.
-Sana tiene razón. -adhirió Mina. -¿Tu que opinas Chaeyoung?
Si, Chaeyoung había estado todo ese tiempo con las cuatro chicas pero en un absoluto silencio. Estaba en su propio mundo escuchando y recibiendo la información externa luchando contra sus propias sensaciones ilógicas cada vez nombraban a Yoo Jeongyeon.
-Ehm…si, opino igual que Sana. -respondió saliendo de su trance.
En aquel instante el timbre hizo presencia llenando los pasillos y tapando las voces de los estudiantes con el estruendoso sonido.
-El próximo año, el día de mi graduación, vendré con un hacha y romperé ese maldito timbre. -declaró Sana. -Es lo mejor que puedo hacer por este lugar.
Mientras refunfuñaba y las demás reían al mismo tiempo que se ponían en marcha a sus salones, Chaeyoung tomó del brazo a Nayeon deteniendo su camino.
-¿Cómo se enfermó Jeongyeon?
Tal vez la pregunta no era lo suficientemente relevante y no concordaba con el momento de la conversación, pero había nacido desde el subconsciente de la menor.
-No lo se, pero hasta donde yo se no es nada grave, solo temperatura alta y dolores de cabeza. -explicó. -No parece nada fuera de lo normal, pero estuve pensando que tal vez haya estado incubando alguna bacteria o virus porque hace algunos días comencé a notarla extraña.
-¿Extraña?
-Si, más bien, ¿decaída puede ser la palabra? -Chaeyoung asintió. -Hace unos días, mientras hablábamos, noté que estaba muy animada pero, de repente, su rostro palidecía y su expresión era realmente preocupante.
-Tal vez sea una simple gripe, no te preocupes.
La pequeña Son siempre había sido una persona muy elocuente, de un amplio vocabulario y gran calidad en su redacción y expresión. Su principal problema se encontraba en el hecho de no lograr expresar verbalmente a sus amigas lo que le transmitía su instinto porque, únicamente, estaba basado en ideas inconclusas, ilógicas e inconexas.
Pero aunque no supiera ponerlo en palabras, tampoco quería acabar el tema allí. No iba ni podía dejarlo en manos del azaroso destino, y como no pensaba quedarse ni con la más mínima duda, le haría caso a su instinto. Sin embargo, no podía guiarse únicamente por el, primero debería buscar pruebas fehacientes que le dieran la razón para luego continuar.
Existía la posibilidad de que en su búsqueda no hallará nada que comprobara lo que sentía, y de ser así, iba a tener que asumir que tal vez había cometido un error. Pero no iba a dar nada por sentado sin antes intentarlo.
°°°°°°°°°°°°°
-Cállate Jihyo, me duele la cabeza. -pidió Jeongyeon con una mano en su frente, recostada en la cama y cubierta casi por completo con las mantas.
-Como tu quieras, pero lo que te está sucediendo no es casualidad y se que esto es por Nayeon. -afirmó señalándola con su dedo índice.
-Lo último que necesito ahora es que me des un sermón y me digas que estás son las consecuencias de mis actos. -dijo Yoo abriendo con pesar sus ojos para mirar, con la poca fuerza que le quedaba, a su amiga.
-No lo iba a hacer. -respondió levantando sus manos en señal de inocencia.
El silencio reinó por unos cuantos segundos hasta que Jeongyeon volvió a mirar fijamente a su amiga y con desgano rodó los ojos.
-Dilo o explotaras. -ordenó con dificultad leyendo las facciones que tanto conocía de Park.
-Excelente, pero tranquila que no es un sermón, es una pregunta -garantizó -¿Pensaste en el pequeño, gran, detalle que significa que conoce tu letra? Es decir, si ella o cualquier de sus ami…
-Ya entendí. -respondió cerrando sus ojos. -¿Y tu pensaste que los insectos, en promedio, viven hasta los cinco años? Así que puedes explicarme porque sigues viva.
-Porque sería una pena que un encanto como yo se fuera de este mundo. -contestó orgullosa de si misma. -¿Aún no tomaste tu té? Tómalo o soy capaz de inyectártelo.
Reprocho la coreana una vez que noto el té sobre la mesa de luz de Jeongyeon intacto desde hace varios minutos
-No seas tan agresiva y baja el volumen de tu voz.
-Por algo dicen que al amor no es divertido si no es rudo. -tomó el té y se lo pasó a Yoo. - ¿Me puedes contestar?
-No se que quieres que responda, eso no es una novedad, estoy evitando que Nayeon vea mi letra hace mucho tiempo y todavía sigo pensando una solución. -respondió cansada de la insistencia de Jihyo -Mientras que ella no esté aquí, es decir, en casa, donde mires por donde mires hay cosas con mi caligrafía, puedo evitar que me descubra.
-Pero ella ya estuvo aquí una vez. -recordó Park.
-Si, pero inventé una excusa para que no pudiese mirar nada. El problema es que solo lo logré una vez. -Explicó -Por ahora me aseguraré que ella no venga a casa hasta que solucione esto.
-Esta bi…¿Escuchaste eso? -preguntó Jihyo girando su cabeza en dirección a la puerta con tal rapidez que parecía que fuera a quebrar su cuello.
-¿Qué? -preguntó Jeongyeon intentando captar el mismo sonido que su amiga.
Park se puso de pie y caminó hasta la puerta. La abrió un poco para permitir que las ondas sonoras fluyeran mejor hasta la habitación.
-¿Venía algún familiar de visita? -preguntó curiosa percibiendo otra voz que no era de la familia, pero le resultaba conocida.
-Hasta donde yo sabía, no. -acompañó la oración negando con su cabeza. -Sal a mirar quien es.
Jihyo salió de la habitación en busca del origen de aquella voz tan familiar. A un paso de estar en la sala, donde el sonido aumentaba y se evidenciaba que la nueva voz venía de allí, se detuvo en seco.
Había recordado de quien era esa voz pero prefirió pensar, cruzando sus dedos, que no fuera quien creía. Se asomó lo suficiente como para no ser descubierta pero si para ver que era quien pensaba.
Era Nayeon.
Y se suponía que no debía estar allí.
Corrió hasta la habitación en punta de pie, casi flotando, y cerró la puerta suavemente.
-¡Es Nay! -murmuró entre dientes con exaltación.
Al instante, los ojos de Jeongyeon dejaron de ser rasgados para asimilarse a una circunferencia, y toda la energía que había perdido, como por arte de magia, había regresado a su cuerpo gracias a la adrenalina.
-¿Qué hace aquí?
-¡No lo sé! ¡Eso deberías saberlo tú!
-¡Yo solo le dije que estaba enferma, no que viniera a visitarme!
-¡Es tu novia, idiota! ¡Claro que vendrá a ver como estás!
-¡¿Y ahora que hacemos?!
-¡No lo sé!
Se miraron fijamente durante algunos segundos sintiendo como su corazón iba aumentando el ritmo rápidamente.
-¡Ya sé! -exclamó con un tono bajo la alta. -Saca de mi closet el bolso más grande que encuentres y comienza a meter todo lo que me incrimine, yo saldré a distraerla.
Con la poca fuerza que había recobrado, se puso de pie y se envolvió en una manta para luego salir del cuarto.
Antes de hacer aparición en la sala, Jeongyeon permaneció unos minutos detrás de la pared oyendo, a su madre y novia, hablar animadamente. Se mantuvo en aquel lugar hasta que escuchó la señal de su chica dirigiéndose hasta su ubicación.
Camino hasta hacerse visible sintiendo de inmediato dos miradas de reproche, evidentemente por salir de la cama.
-Jeongiie. -pronunció la mayor preocupada al notar el estado de la menor y su rostro blanco.
Aunque tal vez había empalidecido aún más al saber de su presencia en la casa.
-Nay. -pronunció. Abrió la manta, al extender sus brazos, recibiendo a la bajita entre ellos con quien se fundieron en un dulce abrazo.
No iban a besarse en frente de la señora Yoo porque literalmente habían iniciado una relación hace dos días. Pero para un adulto con mucha experiencia, era más que evidente, aún más al observar a Nayeon abrazar tan cómoda a su hija bajo la manta, que entre ambas ocurría algo más que una amistad.
De todas formas, eso era algo que hablaría con Jeongyeon más tarde.
-Jeongyeon, ¿Qué haces afuera de la cama? -preguntó su madre también preocupada. -Se supone que Jihyo te está cuidando.
-Ehm, si, pero ella se quedó dormida y no quise despertarla. -explicó a las dos mujeres que la miraban con desaprobación -Yo solo iba por un vaso con agua, no iba a despertarla solo por eso y ya hizo suficiente por mi.
-Pero es mejor que te quedes en cama. -advirtió la señora. -Yo te buscaré el vaso con agua.
-Y yo voy a quedarme contigo así que ella podrá descansar tranquila. -informó la mayor tomando de un brazo de Yoo para llevarla hasta el cuarto.
La menor sonrió con nerviosismo y siguió a Nayeon caminando a paso muy lento. Si bien estaba sufriendo por un síntoma común de la fiebre como lo son los dolores musculares y la debilidad en general, se estaba asegurando de exagerarlo para darle tiempo a Jihyo.
-Espera -se detuvo en frente de la puerta. -Ahora que no está mamá puedo hacer esto.
Tomo a la mayor por la cintura y le planto un dulce beso en los labios. Aprovechando el momento, intento realizar la misma acción en la que había fallado hace unos días, es decir, intento borrar el espacio entre ambos cuerpos atrayendo a Im con la poca fuerza que poseía.
Para su grata sorpresa, Nayeon comenzó a moverse acortando los centímetros de distancia entre las dos, lentamente, hasta que ocurrió el sutil choque.
Pero si bien Nayeon había accedido, la verdad es que aún le avergonzaba un poco la situación, así que no lograron permanecer allí por mucho tiempo antes de separarse.
La bajita señaló con su cabeza la puerta indicando que debían entrar y tomó el pomo de la puerta.
-Espera -la volvió a interrumpir Jeongyeon. Ambas se miraron fijamente mientras que la alta buscaba una excusa. -¿Esto se parece a Shakira?
-¿Qué? -preguntó confundida su novia.
-¿Qué? -preguntó en un susurro Jihyo quien estaba dentro de la habitación aún con su tarea.
-Tsamina mina, eh eh. Waka waka, eh eh
Tsamina mina zangalewa, porque esto es África.
-¿Acaso la fiebre te hace delirar? -cuestionó colocando su mano en la caliente frente de la alta. -Estás hirviendo.
Intentó tomar el pomo de la puerta pero Jeongyeon sacó su mano.
-¿Eso significa que no puedo presentarme a American Got Talent cantando como Shakira?.
-Jeongiie, primero mejórate y luego ambas podemos viajar a Estados Unidos para cantar como Shakira y J-Lo, es más, nos presentaremos como ellas lo hicieron en el Súper Bowl.
Quiso entrar a la habitación pero, nuevamente la alta interfirió con su acción quitando su mano por tercera vez.
-¿Tú eres J-Lo o quieres robarme mi papel de Shakira?
“Aunque con esas caderas podría perfectamente ser J-Lo” pensó Yoo.
-Yo solo quiero que entremos a la habitación. -insistió con cansancio.
Jihyo solo pensaba “No dejes que entre Jeongyeon”
-Está bien, puedes ser Shakira si quieres, yo seré el tipo ese…malo conejo.
-Si claro, te queda mejor el papel de Shakira.
La mayor rodó los ojos y tomó el pomo de la puerta por cuarta vez. Claramente Jeongyeon intentó evitarlo pero ya no tenía más excusas.
Cuando inevitablemente la puerta se abrió y el panorama del cuarto se hizo visible, afortunadamente, para Jeongyeon y Jihyo, la última estaba cerrando el bolso lleno de cosas sobre la cama.
-Jihyo-ah, despertaste. -disimuló Yoo advirtiéndole de su excusa.
Inmediatamente Park comprendió el mensaje y comenzó a estirarse mientras dejaba escapar un bostezo.
-Y tú deberías estar en tu cama. -continuó su mejor amiga.
-Yo le dije lo mismo. -acompañó Nayeon.
-Que bueno que llegaste porque yo ya tengo que irme a entrenar. -avisó tomando el bolso que resultó estar más pesado de lo que pensaba.
-¿En serio? -preguntó Im confundida al ver las quejas que emitía Park al intentar llevar el bolso a su hombro.
¿Qué más podría haber en un bolso de entrenamiento además de ropa y agua?
-S-si. -respondió logrando alzar el objeto tan pesado. -E-es que entreno bolos y llevo 3 bolas de boliche en mi bolso ahora mismo.
Era evidente que en ese cuarto estaba ocurriendo algo fuera de lo normal, es decir, sentía que Jihyo estaba mintiendo, y no solo por su nerviosismo, sino que porque teniendo en cuenta las dimensiones y la forma de las bolas de boliche podía distinguirse que allí no estaba el elemento en cuestión.
-Esta bien, muchas gracias por haberme cuidado Jihyo. -habló Jeongyeon cuando noto que el rostro de Nayeon expresaba su desconfianza. -Puedes ir tranquila a entrenar y recuerda mantener tus nalgas firmes.
Okey, tal vez la última frase estuvo demás.
-Adiós
Y así se despidió Jihyo para luego salir con naturalidad de aquella habitación.
Confiando en que no había ninguna prueba incriminatoria, Jeongyeon se dejó caer a la cama para sentir como su cuerpo iba adoptando nuevamente todos los síntomas febriles.
El momento de nervios y estrés, no solo había reactivado su energía momentáneamente, meramente por un instinto de "Supervivencia"; también le había provocado un malestar aún peor una vez decantadas todas esas emociones.
Ahora no solo estaba siendo atacada por un dolor de cabeza, su cuerpo había comenzado a temblar y un sudor frío recorrió su espalda.
-Mírate, todas te dijimos que no debías salir de tu cuarto. -reprocho la mayor acariciando la frente de Yoo.
-Vuelve a besarme y así me sentiré mejor. -pidió sonriendo débilmente.
Sin cuestionar el pedido de su novia, Im comenzó a acercarse hasta el rostro contrario y estando a punto de producirse el contacto, alguien entró a la habitación provocando que Nayeon saltara en su lugar y llevara su mano hasta la frente de la mayor en un intento por disimular la escena.
-Tienes mucha fiebre. -comentó.
La madre de la alta ingresó al cuarto con el vaso de agua en su mano y con una sonrisa en su rostro, claro que fingiendo incredulidad como si nunca hubiera notado absolutamente nada.
Dejó el elemento en la mesa de luz y antes de regresar por donde vino, le indicó a la mayor que medicamentos debía tomar su hija.
-Tengo la sensación que tu madre nos descubrió. -dijo Nayeon dejando un beso en la frente caliente de la alta.
-Eso solo lo sabremos si a partir de ahora empieza a guiñarme el ojo y sonreír cada vez que escuche tu nombre, luego de eso hablará conmigo y me preguntara qué hay entre nosotras.
Le reprodujo verbalmente el protocolo de su madre una vez estaba enterada de su sentimientos por alguien. No porque lo hubiese vivido muchas veces, de hecho, solo tres.
Nayeon era la tercera, Sorn era la segunda con quien nunca llegaron a establecer una relación, y la primera fue a los ocho años cuando le dijo que le gustaba Jungkook, el chico que nunca se fijo en ella en todos los años escolares que compartieron juntos.
Cerró sus ojos y sonrió al sentir como su novia tomaba su mano. Mantuvieron el silencio por algunos minutos en los que Nayeon se dedicó en acariciar el dorso de la mano y la cabeza de la menor.
-Jeongiie, tengo una buena noticia para contarte. -dijo rompiendo el cómodo silencio. Jeongyeon abrió con pesadez sus ojos y miro los de la mayor, los cuales, la llenaban de alegría a pesar de su malestar. -Ya no recibiré más notas de
Y.J
-¿Eh? ¿Lo dices en serio?
-Ayer recibí una nota de ella diciendo que sería la última. -de su bolsillo sacó un papel arrugado y se lo entregó a la menor.
Yoo tomó la nota y un nudo se hizo en su garganta al ver la mezcla de inocencia, dulzura y alivio en una sola expresión de la mayor.
Volvió a leerla, aunque era capaz de recitarla de memoria luego de leerla tantas veces antes de dejarla en su casa, y claro que fingió alivio, sorpresa, alegría, indignación y desconfianza.
-Es una excelente noticia. -comentó sin saber que decir y como decirlo.
-Sé que ahora no puedes saltar de la felicidad conmigo, pero cuando te sientas mejor festejaremos.
-Claro. -aceptó brindándole una sonrisa forzada. -¿Entonces solo era una tonta enamorada?
-Al parecer si -confirmó Im desviando su mirada. -Pero eso es lo que menos me importa.
-Cuando descubramos quién es Y.J, le diré que perdió a la mejor chica que alguna vez piso esta tierra porque eres un Ángel. Lo último que merecías es pasar por una broma así solo porque ella no sabia como expresar sus sentimientos como una persona normal.
-No quiero saber quién es. -declaró la mayor tomando por sorpresa a Jeongyeon quien, literalmente, se estaba disculpando indirectamente. -Si sé quien es, podría sentir lástima por ella.
-¿Prefieres odiarla?
-Prefiero sentirme bien. -aseguró. -Luego de que papá se fue, mamá me enseñó a perdonarlo porque nadie puede ser feliz si esta lleno de rencor y odio. Entonces, aunque me llevó tiempo, aprendí a desplazarlo al lugar de la indiferencia, donde ni siquiera tiene el mínimo privilegio de que yo sienta algo hacia el.
-Y harás lo mismo con esta chica. -completo la menor sintiendo como su corazón era estrujado, sin lograr disimular la tristeza en su tono de voz.
-Exacto. -afirmó. -Además, si realmente siente algo por mí, no necesita de mis malos sentimientos si lo más probable es que se esta muriendo de arrepentimiento y culpa.
Jeongyeon ya no sabía de que manera detener la marea de lágrimas que parecía que en cualquier momento explotarían de sus ojos
Había estado pellizcando su piel bajo las sábanas para desviar su tristeza hacia otro lugar mientras miraba comprensivamente a Nayeon.
-Estoy muy feliz por ti. -continuó con un hilo de voz ronco. -Lamento no poder disfrutar este momento contigo pero es muy reconfortante verte tan alegre. Ahora, si no te molesta, me duele mucho la cabeza y quiero dormir un poco.
-Claro, me quedaré hasta que te duermas.
La contraría se metió aún más bajo las sábanas, tomo la mano de Nayeon y cerró sus ojos con fuerza.
-Y hablo en serio, eres una mujer extremadamente fuerte…
En ese instante una sensación extraña cubrió a Nayeon luego de que una idea llegara a su mente.
Una sensación e idea similar a la que se le ocurrió cuando hacía aquella lista de sospechosos con sus amigas y decidió descartar a Jeongyeon.
“Y felicitaciones, eres una mujer mucho más fuerte de lo que pensé” Y.J.
“Y hablo enserio, eres una mujer extremadamente fuerte.” Yoo Jeongyeon.
Un escalofrío recorrió su cuerpo y negó con su cabeza intentando sacar las ideas absurdas de su cabeza.
°°°°°°°°°°°°°
-Dos días en cama y no puedo creer que extrañe que me molestaras. -admitió Jeongyeon abrazando a su mejor amiga.
Yoo había mejorado y por fin había regresado a la escuela a retomar su rutina del día a día.
El timbre del inicio del receso ya había sonado por lo que, luego del abrazo, se dispusieron a guardar sus pertenencias en sus mochilas.
-Eso es porque me quieres mucho.
-Claro que si, pero al parecer tu a mi no. -respondió la alta fingiendo ofenderse de repente. -Estoy moribunda en una cama y tú, ayer, ni siquiera fuiste cinco minutos a mi casa para saber cómo estaba.
-Bueno, yo también tengo mis horarios. -se excusó provocando una carcajada de parte de Jeongyeon mientras se levantaba de su puesto seguida de la contemporánea.
Al salir del salón, luego de finalizar su primera clase, se adentraron entre la multitud de personas que iba colmando los pasillos de la institución para dirigirse hacia cualquier parte.
-Vives adosada a mi y ahora me dices “Tengo mis horarios”
-Te estoy diciendo la verdad. -aseguró cruzándose de brazos. Yoo la observó con una de sus cejas elevadas esperando una respuesta coherente en lo que respecta a Jihyo, pero su justificación nunca llegó provocando que la anteriormente nombrada rodara sus ojos. -Bien, si tanto te interesa, mi mamá me organizo una cita.
-¿Qu…
-Una cena romántica.
-¿Con qu…
-Con mi vecino. -Jeongyeon se mantuvo en el mutismo absoluto sin saber si debía estallar en risas o contener a Jihyo. -Choi beomgyu.
Ahora si lo sabía y aunque quisiera reírse, antes de que fuera vencida por su incontinencia producida por su lado más directo y burlesco, prefirió abstenerse a una simple sonrisa de compadecimiento.
-Creo que tu mamá aún no supera su historia de amor furtivo de los doce años. -asumió Yoo con gracia.
-Nos dimos nuestro primer beso y escapamos hasta la esquina de nuestra casa creyendo que éramos, no lo sé, Romeo y Julieta. -recordó abochornada la escena que se reproducía interminables veces en su mente. -Y vi la cara del pobre chico, tampoco quería estar ahí pero es muy educado como para negarse al pedido de una señora.
-Es genial saber que tu papá no está involucrado.
-Claro que no, ya sabes que el me apoya en todas mis decisiones. -afirmó. -El único problema es mamá y sus desesperadas ideas por querer corregirme.
-¿Se lo dijiste?
-No, pero hice algo mejor. -atinó a sonreír triunfante aunque ella misma sabía que su acción no había tenido trascendencia para su madre. -Cuando estábamos a mitad de la cena dije que iría al baño pero, en vez de eso, huí a mi habitación. Además, puse Hayley Kiyoko a todo volumen hasta que Beomgyu se marchó.
-Es una forma interesante de declararte bisexual indirectamente frente a tu madre. -manifestó la alta. -Sé que no es fácil, pero deberías decírselo directamente. Es la única forma de que termines con sus sospechas y sus intentos por querer asegurarse que no te hayas “Desviado”
-¿Sabes lo que sigue luego de confesarle todo? Me enviara a un internado de monjas. -Garantizó oponiéndose totalmente a la idea de utilizar aquellas vestimentas. -¿Me imaginas a mi utilizando uno de esas túnicas y practicando el celibato?
Aunque Jeongyeon intentará hacerse a la idea era realmente difícil. Las únicas formas de visualizar a Jihyo con un hábito eran dos disfraces, monja sexi o encarnando el personaje de una película de terror.
-Sinceramente no.
-Y por otro lado, tu eres la menos indicada para hablar de de confesiones porque, hasta donde llega mi conocimiento, nunca le dijiste la verdad a Nayeon.
-Aquí vamos otra vez. -bajó su mirada esperando el sermón que siempre recibía.
Era su pan de cada día.
-No pienso mortificarte. -aseguró Park negando con su cabeza. -Pero si quería mencionarte que el día que huí con todas tus cosas, las escondí en el cuarto de Karina y antes de irme, pase por tu habitación.
-Ajá
-Escuche una parte de tu conversación con esta niña.
-Ajá
-Y siendo franca, tu actuación daba asco.
-Allí esta la reconfortante opinión que estaba esperando de mi querida mejor amiga -señaló Yoo con sarcasmo.
Tarde o temprano la sinceridad de Jihyo saldría a la luz.
-Espera, es necesario decírtelo porque eres muy torpe o muy sincera, pero te delatabas tu sola cuando hablabas; tenías suerte de estar enferma y poder excusarte, pero cualquiera podría notarlo.
-Y si es así, ¿Por qué Nayeon aún no me terminó? Eso sin contar la exultante golpiza que estaría recibiendo de sus amigas.
-Jeongyeon-ah, no hay peor ciego que el que no quiere ver -la nombrada asintió. -Nayeon está totalmente ciega por lo que siente, por lo que tú le haces sentir.
-Puede que en algún punto tengas la razón, pero aunque mi actuación sea pésima, se disimular muy bien -aseguró. -Tal vez Nayeon esté ciega, ¿pero qué hay de sus amigas? Ninguna de las cinco puede decir algo contra mi. -Park asintió respecto a ese punto. -Admito que con Nayeon pierdo un poco la compostura pero es que me duele mentirle en la cara.
La coreana rodó sus ojos con brusquedad llenándose de indignación. Es decir, ¿cómo Jeongyeon podía ser tan descarada? Sabía que la situación era difícil para su amiga pero nunca comprendería su incapacidad para decir la verdad, mucho menos, que hablara libremente del dolor que le producía mentirle a Im.
No es que ella fuera la defensora de los desamparados pero debía admitir que estaba frente una gran injusticia. Aún así, continuaba del lado de la alta porque en aquella instancia ya no podía volver atrás; había hecho todo lo posible por encaminar a su amiga y lo que le quedaba era apoyarla.
-Es inútil continuar hablando de esto, paso de recibir la misma respuesta de siempre. -sentenció -Cambiando de tema, iré hasta el salón de música así que te dejaré sola.
-¿Qué harás allí? Hasta donde yo sé no tocas ningún instrumento.
-Pero lo haré. -sostuvo convencida. -Aprenderé a tocar la guitarra.
-¿Y me darás una serenata?
-Tal vez -respondió tímida al mismo tiempo que desviaba su atención al mechón de pelo con el que estaba jugando. -En realidad, no pensaba decirte esto por el momento pero…Somi es quien me da las clases.
La alta emitió un grito agudo y envolvió a su amiga en un corto pero muy fuerte abrazo.
-¿Y?
-Aún no sucede nada relevante pero que esperas, la chica apenas me conocía y, por ahora, solo me da clases. Dame un poco de tiempo para conquistarla.
-Te doy todo el tiempo que quieras pero no lo pierdas, ve ahora, apresúrate. -alentó empujando suavemente la espalda de su amiga.
Luego de varios segundos mirando con orgullo como Park se alejaba, Jeongyeon dio media vuelta para buscar a su novia.
No tardo demasiado en encontrarlas ya que estaban en el patio de siempre en el lugar de siempre, pero a medida que se acercaba un escalofrío recorrió su cuerpo.
Decidió ignorarlo y continuó hasta sentarse junto a su novia. Paso un brazo por los hombros de esta acercándola a su cuerpo.
La mayor volteó su rostro y dejó un corto beso en los labios contrarios para luego continuar escuchando la conversación del grupo.
-Si mataras a un asesino, la cantidad de asesinos en el mundo se mantendría igual porque te convertiste en uno -planteó Mina.
-Entonces mata a dos asesinos -respondió Momo sin levantar la vista de su celular.
-De hecho, tiene lógica -asumió Im.
Myoui y Sana se miraron entre si pensando exactamente lo mismo.
-Entonces matemos a toda la población para que los asesinos seamos solo tres. -comentó Sana lo que había pensando con la japonesa menor.
-Pero deberían matarse entre ustedes para que dejaran de existir los asesinos. -agregó Jeongyeon uniéndose a la charla.
-Es verdad. -apoyó Mina.
-¿Dónde está Chaeyoung? Necesitamos un aporte inteligente ahora mismo -acotó Momo pasando una mano por su rostro.
Exacto, ¿Dónde estaba Chaeyoung?
Ninguna de las cinco conocía el paradero de la Coreana Menor luego de salir de su respectivo salón.
La razón era simple, Son había pensado mucho en la posibilidad de que Jeongyeon fuera Y.J y no planeaba revelar sus sospechas por el momento. También había meditado, en los días en que la menor se ausentó, cual debía ser su primer movimiento y finalmente lo decidió.
Iba a ir a lo que podría ser la base más contundente de todas las pruebas: conocer la caligrafía de Jeongyeon. Con un poco de lógica, cualquier persona la hubiera distorsionado, pero si era cierto que la autora no había cambiado sus datos, tampoco lo haría con su letra.
Son se encontraba fuera del salón de último año, esperando que las últimas personas dentro de el, salieran.
Reuniéndose de paciencia, se recostó en una pared y saco su celular decidida a esperar. Cruzaba sus dedos con la esperanza de que el lugar quedase vacío, para así poder entrar sin ser vista, y aquello dependía del azar.
Con suerte podría llevar a cabo su plan en ese mismo momento o, de lo contrario, su búsqueda sería aplazada indefinidamente.
Podría ser en el receso siguiente, mañana, dentro de dos días o de una semana, quien sabe cuánto tiempo le tomaría.
Pero la oportunidad acabó por presentarse cuando, en un golpe de suerte, el último grupo de personas salió por la puerta.
Al ingresar al salón, comenzaba la carrera contra el tiempo. Primero debía encontrar las cosas de la alta y los primeros 2 minutos ya habían transcurrido ya que no hallaba el bolso de su objetivo.
Sabía cual debía buscar pero por algún motivo, tal vez las prisas y los nervios, no lograba divisarlo entre todo el mar de mochilas.
Tomó aire controlando su respiración y volvió a echar un vistazo caminando entre todos los puestos hasta que al fin la encontró.
Descendió hasta la altura del bolso. Prosiguió abriéndolo y metió la mano sacando lo primero que había tocado. Era el mismo cuaderno que Jeongyeon utilizaba exclusivamente para el taller que compartían, así que lo conocía muy bien.
Tomo ambas solapas del objeto y un segundo antes de abrirlo una voz la detuvo.
-¿Qué estas haciendo? -preguntó la voz femenina que paralizó a Son. -Espera, eres Chaeyoung ¿Cierto?
La menor se reincorporó, sin soltar el libro de notas, y dio media vuelta encontrándose con la mejor amiga de su principal sospechosa.
Nada bueno.
-Si -respondió pasando disimuladamente saliva por su reseca garganta.
-Entonces, ¿Qué es lo que hacías?
Jihyo tenía muy en claro que algo no andaba bien allí pero su sonrisa casual y su voz natural impedían que la menor notara que estaba intentando proteger a Jeongyeon.
-Lamento que me hayas encontrado de esta manera, no me malinterpretes. -negó con su rostro angelical y una pequeña risita -Necesitaba unas cosas de nuestro taller y Jeongyeon dijo que podía tomarlo cuando quisiera.
-Claro -asintió acercándose hasta la mayor. -Pero, si no es problema, ella puede alcanzartelo más tarde. Tengo que llevarle todas sus cosas porque hubo una emergencia con su hermanita.
Chaeyoung en su imaginación estaba golpeando todo que su alrededor, incluso a la menor frente a ella a quien tuvo que entregarle el cuaderno.
Park guardó la libreta y se colocó la mochila en su espalda.
-¿Vienes? Esta con tus amigas. -propuso la mayor a lo que Chaeyoung asintió.
Salieron del salón directo hacia el patio en completo silencio.
Chaeyoung solo podía pensar en si Jihyo era cómplice o estaba desentendida del tema. Tal vez la “emergencia” era una excusa, es decir, si era su mejor amiga podría tener información.
-¿Puedo preguntar que le pasó a su hermana?
-No lo sé con exactitud. Su madre me escribió porque la tonta tiene apagado su celular y necesitaba que Jeongyeon se alistara para irse porque, al parecer, surgió un inconveniente con la niña.
Chaeyoung asintió procesando el relato de la menor. No era específico pero no había nada fuera de lo normal y las actitudes de Jihyo lucían acordes a la situación.
-¿Puedo hacerte otra pregunta? -la contraria asintió. -Antes de ser amiga de Nayeon, yo conocía a Jeongyeon pero no tenía trato con ella. Cuando empezó a frecuentar al grupo me di cuenta que ella es muy diferente a como se la ve.
-Es normal, todos cambiamos un poco una vez se establece la confianza con alguien. -respondió sin despegar la vista del camino.
-Lo sé, pero me refería a que su comportamiento es algo extraño ¿No lo crees?. Nunca la vi como en los últimos meses, hasta cuando la veo desde lejos su rostro parece haber cambiado.
-Jeongyeon ya es extraña de por si. -declaró. -Pero es cierto que hubo un cambio en ella.
-¿También lo notas?
-Claro que si, ¡el amor la cambió! -exclamó con falsa evidencia. Nayeon si le gustaba mucho pero su cambio era debido a que la culpa la estaba carcomiendo. -No piensa en nadie más que en tu amiga.
-Genial.
-Mira, allí están. -señaló Park dirigiéndose hasta el grupo.
La escena de ambas chicas llegando juntas les resultó extraño al grupo.
-¡Hasta que apareces Chaeyoung-ah! -dijo Mina tirando del brazo de la nombrada para sentarla a su lado.
-¿Jihyo? -preguntó extrañada la alta. -¿No estabas en el salón de música?
-Lo estaba pero tú madre me escribió para decirte que hubo un inconveniente con Karina así que debes venir conmigo.
-¿Qué pasó? -la explicación había alertado a Yoo.
-Te explico en el camino. -respondió extendiendo su brazo para que su amiga se colocara de pie.
-Te acompaño -Nayeon intento sumarse pero Jeongyeon la detuvo.
-Mejor quédate y luego hablamos. -dejó un beso sobre labios de su novia para luego pararse.
Salió de allí a paso rápido junto a Jihyo. Ambas se mantuvieron en absoluto silencio hasta estar lo suficientemente lejos de las demás.
-¿Realmente paso algo con Karina o fue una excusa?
-Es verdad. -aseguró. -Por lo que tengo entendido, tu dulce hermanita golpeó a otra niña y necesitan hablar con tus padres, pero ninguno puede salir de su trabajo; y como necesitan que se presente un tutor responsable, tendrás que ir tu que eres la segunda a cargo.
-No me digas que golpeó a quien yo creo y de la manera en la que estoy pensando.
Es decir, un golpe en la nariz a una niña llamada Yeji.
-No tengo idea de que hablas pero ya tienes el permiso para salir de la institución así que aquí tienes tus cosas. -le entregó la mochila que la contraria se colocó rápidamente. -Y hay otra cosa más.
-No me digas que expulsaran a mi hermana.
-Claro que no… bueno, en realidad, no lo sé; pero ese no es mi punto. -su respuesta no fue de mucha ayuda para Jeongyeon. Si ella estaba preocupada no se imaginaba cómo estarían sus padres. -Al parecer soy tu maldito ángel de la guarda porque esa niña, Chaeyoung, estaba husmeando entre tus cosas cuando llegue.
-¡¿Qué?! -la de piernas largas se detuvo abruptamente a mitad del pasillo comenzando a sentir como su corazón quería salirse de su lugar.
-Pensé que tu estabas sugestionada pero por lo visto, si sospecha de ti. -asumió -Pero tranquila, puedo asegurarte que no te descubrió.
Felicitaciones a Jeongyeon, el teatro aún continuaba en pie.
Yoo llevó su mano hasta su frente y peinó su cabello hacia atrás procurando conservar la poca calma que le quedaba.
En la necesidad de un consuelo, abrazo a su amiga quien la correspondió de inmediato.
-Jihyo, juro que si no tuviese novia te besaría en este instante. -dijo en forma de agradecimiento aumentando la fuerza del abrazo.
-Podríamos reforzar la amistad. -comentó sacandole una risa a la contemporánea.
-Gracias por todo. -se alejó e inhaló todo el aire que sus pulmones podían contener. -Bien, ahora me iré, deseame suerte.
-Claro. -asintio volviendo a abrazar a Jeongyeon.
Finalizaron el abrazo y se brindaron una última sonrisa de apoyó antes de que la más alta comenzara a alejarse a paso rápido.
°°°°°°°°°°°°°°
-Karina, por favor, dime que pasó. -rogaba Jeongyeon sentada en su cama junto a su hermanita.
La niña no había levantado su mirada ni emitido una sola palabra desde que salieron de la escuela, por lo que, la mayor se encontraba muy preocupada.
En la oficina del director tampoco había hablado, solo movía su cabeza afirmando o negando pero aquella no era declaración suficiente para comprender lo que había sucedido.
Efectivamente, cuando Jeongyeon entró en esa oficina, le informaron algo que esperaba escuchar: Karina había golpeado a Yeji.
La niña no había sufrido de ningún daño grabe, tan solo había sido un golpe y unos jalones de cabello. No era cuestión de minimizar los daños pero podría haber sido mucho peor como, por ejemplo, la nariz sangrante de una menor.
Afortunadamente, el testimonio de Jeongyeon, los reclamos de su madre días anteriores y las afirmaciones gestuales de la pequeña, sirvieron para demostrar que, aunque Hwang Yeji no dio el primer golpe, molestaba continuamente a su hermana dando entender que Karina estaba pasando por un bullying psicológico y verbal.
Teniendo en cuenta aquellos factores, se logró llegar a un acuerdo entre el director, Jeongyeon y los señores Hwang quienes, además, le ofrecieron una disculpa a ella y a su familia.
Pero aunque el problema se solucionó y acabaron, relativamente, en paz; Karina continuaba perdida en su propio mundo.
Su mirada perdida en sus pies, su estado sosiego y su mutismo no eran señales prometedoras.
-¿Y si traes tus muñecas? Podríamos jugar por un rato -propusó con la intención de subirle el ánimo.
La pequeña negó con su cabeza.
-¿Quieres que compremos helado?
Incluso a aquella propuesta a la que nunca se negaba, esta vez , la menor volvió a negar con su cabeza.
Sin más ideas recostó a la niña en la cama y se colocó a su lado para abrazarla, dejando así, que el silencio llenará la habitación. Finalmente, la niña se durmió dejando a la mayor con la duda ¿Qué había sucedido?
¿Dónde estaba la niña risueña que tanto amaba?
La mayor decidió no moverse de su lugar y permanecer abrazando a su hermanita.
Sospechaba que había ocurrido algo más que una simple pelea, al menos dentro de Karina, porque Jeongyeon conocía muy bien lo que era un jalón de cabello a los once años y nunca regresaba en aquel estado.
Luego de, aproximadamente, una hora; la niña despertó. Jeongyeon le dio espacio para que se sintiera más cómoda pero solo volvió a refugiarse en los brazos de la alta por varios minutos.
-¿Te sientes bien? -preguntó intentando nuevamente que la menor hablara pero no hubo caso, ni siquiera había movido su cabeza.
Mientras que su mente daba vueltas, buscando una solución o algo que incentivará a su hermana, una vocesita la alertó.
-Jeongyeon-ah -Fue lo primero que dijo luego de varias horas sin hablar. Jeongyeon sonrió feliz de volver a escuchar su voz adormilada. -¿Has besado chicos?
La pregunta confundió a Jeongyeon puesto que no esperaba que fuera lo primero que escucharía de la menor. Separó el abrazo y se sentó en la cama seguida de la contraria quien la miraba fijamente esperando una respuesta.
¿Tal vez en el trasfondo de la pelea se encontraba Soobin? El nuevo amigo de Karina.
-Si, lo hice.
-Y…-su mirada bajo hasta sus manos inquietas. -¿Alguna vez besaste a una chica?
La pregunta paralizó a Jeongyeon por algunos segundos dudando de su respuesta pero no quiera mentirle a su hermana.
-Si, también besé chicas.
-¿Y eso está mal? -volvió a mirar a los ojos a Jeongyeon a quien dejó sorprendida por la repentina pregunta y, además, por la indescriptible sensación que percibió la mayor en su mirada.
-Por supuesto que no. -afirmó. Colocó su mano en la diminuta espalda y comenzó un vaivén proporcionandole suaves caricias. -¿Por qué preguntas?
-Yeji m-me beso.
Jeongyeon abrió su boca en el intento por dar una respuesta pero no lo logró.
¿Qué la niña hizo que cosa?
El del trasfondo al parecer no era Soobin y todo esto explicaba el cambio drástico de humor de la menor.
Si Karina no fuera su hermana pensaría que la otra niña si lo es. Estaban unidas por la misma estúpida acción de lastimar a alguien solo porque son incapaces de exteriorizar normalmente sus emociones.
-B-bueno y ¿Tú como te sientes? -comenzó a indagar en el terreno emocional de la niña sin salir de su estupor.
Y, además de encontrarse anonadada, estaba furiosa y a la vez feliz porque su hermanita había dado su primer beso.
-Me siento mal por haberla golpeado luego de que me besara.
Y todo cobraba más sentido aún.
-¿Y durante el beso?
-Extraña -admitió. Era evidente, era muy pronto para que pudiera definir la nueva sensación provocada por el insólito momento -¿Está mal sentirme así?
-No, no, no. -negó repetidas veces. -Nunca estará mal lo que sientas.
-¿Qué debo hacer ahora? -su mirada indefensa y desorientada sensibilizo demasiado a Yoo.
Podía responderle en base a su propia experiencia pero, pensar que su hermana tenía tan solo once años y estaba a uno o dos años del límite entre la niñez y la pubertad, la posicionaba en un lugar complejo. Por lo tanto, se tomó su tiempo para pensar una respuesta adecuada.
-No existe una guía de pasos. -sonrió llevando un mechon detrás de la oreja de la niña. -No pienses mucho en el tema. En este caso, el tiempo es quien te dará la respuesta, siempre y cuando escuches a tu corazón.
Escuchar a su corazón.
Era algo que Jeongyeon debía hacer con urgencia, y lo que su propio corazón decía, luego de finalizar con el problema de su hermana, es que debía ocuparse del tema de Chaeyoung.
Se encontraba en una encrucijada y solo había un solo camino para salir de aquel problema.
Cambiaria su caligrafía…
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro