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Color de ojos: (c/o)
Color de pelo: (c/p)
(Los recuerdos tendrán esta letra)

El día empezaba a oscurecer, ___ y Adrien seguían paseando por los lugares de París, la nieve cubría las platas y la calle, los techos también estaban cubiertos de blanco, y la gente se veía animada al rededor, pero nunca dejaban de terminar topando las miradas en el chico rubio.

Comenzaron a caminar cerca del colegio, y la chica de pelo (c/p) hizo un comentario relacionado con el día en el que se conocieron, y el día en el que ella llegó:

— Colegio Francoise Dupont — accedió, una de sus manos estaba dentro del bolsillo del saco del chico.

— ¿Conoces el colegio? — preguntó con curiosidad sin voltear a verla.

— Mis primos estudian aquí... A lo que me han contado parece ser un colegio bastante bueno — dijo la chica, mirando al rededor, y levantando la mirada hacia él, agachándose y quitándose le bufando roja, sacando su mano del saco y caminando hacia el colegio—. Cuando vine, recuerdo haber visto una limusina bastante cuidada pasando junto a mi auto.

El rubio se tensó de nerviosismo por unos segundos.

— ¿A sí?

— ¿Viven famosos por aquí? — preguntó sin hacerle mucho caso a la pregunta del chico.

Él trago con dificultad, acomodándose la bufanda y metiendo ambas manos a los bolsillos de su saco café.

— Pues, supongo que si... — al contestar, él no la miró a la cara.

La razón por la que no quería que ella supiera lo del modelaje, es que temía que no lo volviese a tratar igual nunca, que lo viese como otra persona. Ser modelo, algunas veces lo ha encerrado en sí mismo, al ser visto como un famoso y nada más, sola hasta haber logrado entrar a ese colegio, logró tener amigos y sentirse tranquilo, él no odiaba lo que hacía, pero muchas veces prefería evitar hablar de ello.

Ella rió, y al ver el perfil del rubio, guardó silencio unos segundos. Al comienzo estaba observándolo, simplemente viendo lo que resaltaba tanto de él para ella, pero al notar cómo eran sus pestañas, su pelo, algo comenzó a sonarle dentro de su cabeza.

Se acercó a él con seguridad, completamente decidida a descubrir que le estaba pasando por la cabeza al verlo, ¿por qué le parecía tan conocido?

Y después de poco tiempo, el recuerdo le vino a la mente como si se resbalara de vuelta a ella.

— A-Adrien... — dijo con la voz llena de sorpresa.

La chica recargó suavemente sus manos en la ventana, suspirando y marcando la ventana de blanco, ella sonrió, una vez que el humo desaparecía divisó junto a su auto una limusina cruzando justo a su lado.

Fijó los ojos en su rostro que aún no le daba la cara, intentando buscar alguna excusa de que no fuese él a quien vio.

Ella quedó atónita, viendo fijamente como pasaba junto a ella, viendo a un joven de perfil de cabello rubio y la mirada baja. Hasta que se alejaron, ella salió de aquella extraña conexión que sintió con el chico desconocido.

Ella bajó la mirada al sentir el recuerdo más vivo que antes, no tenía duda alguna, ese famoso que ella había visto se trataba de nadie más, ni menos que Adrien Agreste. Por eso sentía esa atracción tan extraña hacia él, ella lo había sentido antes, sin darle la importancia a lo que él era o él hacía.

— ¿La limusina era tuya... No? — preguntó sin aguantar las palabras dentro de su boca.

Él la miró asustado, y dio unos pasos atrás al ver su rostro tan cerca, ella también se cubrió la boca como un reflejo.

— ¿Cómo lo sabes...?

— ¿Vi tu... Limusina? — contestó quitando su mano de su boca—. Ahora que lo pienso, debe haber alguno que otro anuncio sobre ti... Pero no he salido lo suficiente — se encogió de hombros.

Él no dijo nada al respecto.

— Ya entendí, las cosas se conectan ahora — accedió la chica—. ¡Por eso nos estaban viendo! ¡La gente te conoce! — ella se giró a los lados con precaución—. ¿No hay cámaras siguiéndote o si?

Él bajo la vista.

— ¿No estás... Usándome para publicidad cierto? — preguntó después, sintiendo su corazón llenarse de frío, tenía miedo de que esa fuera la razón por la que estuvo hablando con ella.

— No, no no no — él rubio empezó a acercase a ella, sus ojos estaban llenos de la preocupación exacta que le daba lo suyo—. No, ___, de verdad, no estoy haciendo nada contigo.

— Pero tiene sentido, ¿no me conocías? ¿Por qué seguirías hablándome? — su negatividad empezó a brotar con velocidad—. ¿Es por tu Miraculous? No necesito agradecimiento, y-y tampoco por la vez que te desmayaste, de verdad — dio unos pasos hacia atrás—. Si es por eso...

— ¡No, ___! ¡Qué no es por eso! — dijo mientras corría hacia ella y la tomaba de las muñecas—. ¡Estate segura de que no lo es!

— E-Está bien — ella parpadeó sin mirarlo. Estaba acostumbrada a que la gente que se acercaba a ella se alejara tarde o temprano, al igual que muchas veces la gente terminaba estando con ella por pura falsedad.

Él no sabía cómo darle a entender que lo que decía era completamente verídico, nada de vueltas y mentiras.

— Es verdad que... Estoy agradecido contigo por todo lo que has hecho — comenzó a suavizar su agarre en las muñecas, mientras las veía pensativo—. Pero, en serio quiero estar aquí ahora mismo, ___. No podría ser capaz de utilizarte para nada — negó cerrando los ojos—. ¿Cómo podría? No podría utilizar a nadie, y menos a ti...

Dio un respiro profundo, subiendo sus manos a sus brazos, ella dio un ligero brinco al sentir el movimiento.

— No estoy acostumbrado a saber qué decir — sonrió con un suspiro—. Tal vez y no estás convencida aún de lo que te digo... — volvió a tragar al sentir la garganta seca—. No estoy muy acostumbrado a tener amigos... A-Así que es difícil mantenerlos conmigo — él buscó su mirada, pero ella seguía viendo a la distancia.

— Los amigos no se mantienen, ellos deciden si se van a quedar — ella sonrió bajando la mirada al suelo—. Si se van, no son tus amigos...

Él apretó un poco el agarre.

— No me dejes — su voz estaba llena de miedo.

Ella frunció el ceño y lo miro confundida.

— ¿Por qué te dejaría? Tú y yo estamos igual, ¿no? — ella sonrió—. A demás, estaría mintiendo si dijera que no me caes bien.

— Es el efecto del material de novio, de eso esta echo todo lo que usa — Plagg interrumpió el momento, a lo que los dos lo miraron con el rostro completamente rojo.

— ¡PLAGG! — gritaron los jóvenes.

— ¿Ya se van a besar? Tengo mucha hambre, si me disculpan — dijo, flotando lejos de ellos dos.

Adrien soltó otro suspiró y la volvió a ver, se había cubierto el rostro con las manos de nuevo.

— ¿Por qué haces eso?

— Si no lo hago podría irme corriendo — se hizo pequeña en su lugar, agachándose en el suelo—. Ese Plagg...

Él rió suavemente, agachándose frente a ella, viendo sus manos posadas en su rostro, y una ternura lo invadió al verla tan nerviosa.

— Muchas gracias, princess... — comentó, acercándose a ella, tomando sus manos para quitarlas de su rostro, y abrazándola, hundiendo su rostro en su hombro.

— ¿D-De qué? — titubeó la chica.

Él inhalo el aroma dulce que venía de la chica, y sintió como todo su cuerpo se relajó.

— Por ser la única buena suerte que puede tener este tonto gato negro...

___ se quedó en silencio unos segundos, y sus ojos comenzaron a cerrarse en paz, subiendo sus manos a la espalda del chico, posándolas delicadamente.

— Gracias por haber sido tú quien me salvó, Adrien — mencionó de vuelta ella, con una voz casi adormilada.

El silencio no se volvió incomodo nunca más desde ese día.

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