XII
El día de su graduación fue donde se sintió feliz por primera vez en ese país. Se sentía tan emocionado porque al fin iba a dejarlo. Se despidió de todos sus compañeros con una inclinación de cabeza. Sin embargo, no encontró a YoonGi. Se sintió decepcionado, pero se sacudió esa emoción y se fue corriendo a su casa. Guardó todo lo que pudo en su maleta y lo que no cupo en varias cajas. En menos de cinco horas el pequeño espacio donde se había alojado esos infernales seis años había quedado vacío. Sintió un poco de nostalgia, debido a que ese lugar fue donde compartió buenos momentos con YoonGi. También malos, pero los hermosos fueron los que predominaron su mente. Le susurró un triste adiós a las paredes, quienes habían sido testigos de todas sus lágrimas y sonrisas y salió de esa casa. Estaba bastante nervioso. Dos años más habían pasado desde que vio a Taehyung. Tanta distancia entre ellos se estaba volviendo incómoda. Dolorosa, incluso. Pero sonrió con fuerza. Ya no más. Jamás. No otra vez. Nunca más habría distancias.
Cuando Jungkook llegó al aeropuerto, se negó rotundamente a dejar su maleta gris. Los policías trataron de quitársela para ponerla con los otros equipajes, pero Jungkook ganó y terminó por llevarla consigo. Simplemente no podía alejarse de ella. Temía perder lo único que le aseguraba un final feliz. Dentro de esa misteriosa maleta llevaba todos los brebajes, todos los amuletos, todas las notas e información que tuvieran que ver con Tae. Sí, quizá podría enfermarse debido a las diferentes radiaciones que emanaban, pero le restaba importancia. Iba a ser feliz por fin. Una enfermedad no lo detendría.
Cuando llegó a su casa, su madre casi lo tira al abalanzarse sobre él. Lloraron un rato mientras se decían cuánto se habían extrañado. Comieron entre animadas risas y pasaron un gran día juntos. Sin embargo, a eso de las seis y media de la tarde, Jungkook le dijo a su madre que iría al bosque. Le pidió también con mucho cariño que le diera una última arreglada al cuarto del sótano. Su madre no lo dejó ir hasta que le dijera la razón.
-alguien va a venir a la casa. Quizá se quede a vivir con nosotros… ¿no te molesta, verdad omma?
La sonrisa que su hijo emitía no le permitió enojarse. Negó con la cabeza feliz y se fue corriendo al sótano. Jungkook sonrió y salió de su casa en dirección al bosque. Cuando entró, una rama impactó en su cabeza. Tuvo que reprimir el grito de alegría al ver a su tierno peligris.
-Jungkookie, ¿cómo estás? ¡Tardaste mucho!
El nombrado no pudo hablar. Tal era la euforia que recorría su cuerpo que lo dejó mudo.
-mh. Que grosero. Llevo más de cinco años esperando tu regreso definitivo y tú me ignoras… eres cruel.
-te extrañé tanto…… pero tanto… estoy tan feliz de regresar…
El peligris le sonrió con dulzura y jaló con delicadeza la manga de su camisa.
-Kook, ¿me harías el honor de acompañarme a una feria? Como celebración de tu retorno… porque ya no te vas a volver a ir, ¿verdad?
-no, TaeTae, ya no me iré. Con gusto iré contigo a cualquier lado.
Satisfecho con la respuesta, V sonrió con más fuerza aún. Le arrebató a Jungkook su maleta y, antes de que el otro le dijera algo, ató su mano con un listón rojo junto a la propia.
-pasaremos el día en una feria, así que dejaremos esto aquí - dijo mientras colocaba bajo hojarasca las cosas del castaño y prosiguió antes de que el otro discutiera - he esperado mucho por hacer esto. Jamás vienes cuando la celebración está aquí. Tus vacaciones son justo después de que desaparece. Por suerte, hoy será diferente.
Empezó a caminar, dando de vez en cuando saltos. Jungkook sonrió ante lo infantil que se veía su espiritual amigo y le siguió el juego.
-woaaaa, esto es muy grande, TaeTae.
-sip. Este es el único día del año en que humanos y espíritus conviven en paz. Es muy difícil identificar unos con otros, así que ten cuidado. Por lo general nosotros llevamos un listón azul o rojo en la muñeca, pero algunos humanos lo hacen también.
-pero tú….
-no te preocupes, Kook. Tengo bastante experiencia en reconocer a espíritus de humanos. Estaré bien.
Y se adentraron en la multitud. Cada atracción era más impresionante que la anterior. Jungkook y Tae jugaron varios juegos competitivos. En la mayoría ganó el peligris. Jungkook siempre ponía la excusa de que Tae había ido más veces y ya conocía los juegos, por tanto era trampa. El otro sólo reía. Llegó el momento en el que se cansaron de la multitud y decidieron ir a un lugar más tranquilo. La rueda de la fortuna era hermosa. Luces moradas y azules la decoraban junto a pequeñas pero brillantes estrellas. Poco a poco el sonido del mundo se fue apagando y parecía que sólo existían ellos dos. El cielo se abría ante ellos de manera nostálgica y delicada. Sus tonos azules tenían una perfecta armonía con las estrellas que iluminaban la noche junto a la redonda luna. Sólo ella y Dios habían sido testigos del amor que profetizaban aquellas dos almas en silencio y paciencia, esperando el momento de poder demostrar su cariño.
-la luna se puso más bonita de lo normal, pero aún así no pudo alcanzar tu belleza. El cielo también quiso brillar más, pero esta noche ha quedado opacado por tus ojos. Puedo afirmarte, Kook, que el universo está de fiesta, celebrando nuestro reencuentro. Puedo decirte hoy sin miedo que te amo… - susurró con ternura Tae mientras veía a Jungkook a los ojos.
-y yo te aseguro que seremos felices. Porque por fin ha llegado el día en que nuestros caminos se vuelvan uno, porque las separaciones se acabaron… porque, después de tanto tiempo, de tanto sufrimiento, seremos premiados. Hoy es el día en que te confieso también mi amor. Hoy seremos libres por fin.
No hubo ninguna necesidad de tocarse, de conocer los labios ajenos, de hacer un largo discurso sobre sentimientos. No. Sus miradas hablaron por ellos y compartieron el amor que sentían. Sus corazones se unificaron en un mismo latido con el universo. Y llovieron estrellas, celebrando ese bello amor existente entre dos seres de mundos diferentes, el cual fue más fuerte que cualquier obstáculo.
-te amo - repitieron, antes de dejar atrás la magnificencia e infinidad del cielo y bajar de nuevo a la tierra.
En el trayecto de regreso a la entrada del bosque no dijeron ni una palabra. El simple hecho de que el otro estuviera a su lado era más que suficiente.
-Kook, muchas gracias. Por ti pude tener un sentido para vivir.
-no, Tae, gracias a ti, yo…
Unos niños pasaron corriendo frente a ellos, pero uno se tropezó. Taehyung, en un ágil movimiento, lo tomó por el brazo y lo ayudó a incorporarse. Jungkook se perdió en la sonrisa tan tierna que el menor le dedicó al espíritu. Toda dicha se esfumó al voltear a ver al recién mencionado. Pequeñas luciérnagas se iban desprendiendo de él.
-Dios, no… por favor… por favor dime que ese niño no era humano, por favor……. ¡No, por favor!
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Bien, este ha sido el final de esta corta historia. Extrañaré escribirla. "No me toques" fue inspirada en la película "hotarubi no mori e". Al menos el 95% de la historia fue invención mía, pero todos los créditos son para el autor de dicha película.
¡Aún no borren la historia de sus bibliotecas, habrá un especial YoonMin la próxima semana !
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