Sentenciados por la eternidad.
Algo había cambiado. Podía percibirlo en el aire o quizás era su sexto sentido en alerta. No estaba seguro qué era pero quería creer que pronto lo averiguaría.
Mientras tanto, se encontraba recorriendo su nueva muestra en el museo de arte e historia. Feliz era poco en comparación de lo que sentía. Se encontraba rodeado de sus amigos, quienes estaban orgullosos de él, además del público encantado con lo que veía. Satisfecho, sonreía mirando a las personas.
— A veces siento que no eres la misma persona de cuando tenías 16 años —comentó Laurent, fascinado con los cuadros y extractos de historia. Sus ojos oscuros y suspicaces se posaron en él por unos minutos con una arrogante sonrisa.
La actitud de Liam se tornó pedante, y su risa resonó entre ellos.
— No soy el mismo de hace casi 10 años, ahora también mi cerebro es sexy —sonrió señalando su cabeza, haciendo que Laurent meneara la cabeza, sin haber esperado menos de él.
— Sabes a qué me refiero. Tuviste esa etapa oscura donde solo salían, peleabas y te negabas a juntarte con nosotros, luego de alguna forma cambiaste a lo que eres ahora —había cierta tristeza en Laurent cuando dijo esto, y Liam sintió la vergüenza del pasado. Había actuado mal pero hasta el día de hoy intentaba ser fiel a lo que eran, queriendo remediar errores del pasado.
Sus sueños le dieron motivo para cambiar y gracias a eso estaba en el mismo sitio con quienes fueron Zander y Megan.
Con una sonrisa gentil y expresión suave, admiró el rostro de Laurent un poco más del tiempo usual. él siempre lo acompañaba y cuidaba más allá de todo, lo protegía desde que se conocieron y quizás nunca tendría una buena forma de agradecerle por ser su amigo.
— Quizás algún día me anime a contarte sobre aquellos días, pero aún me siento inseguro —murmuró, sabiendo bien que la palabra no era inseguridad sino recelo. Recelo de una historia que era demasiado importante para él y de personas que significaban su felicidad, recelo de contar sobre ellos y que los demás no le den la misma importancia que él, que lo desestimen e incluso que lo traten de loco. Había miedo pero también esperanza que algún día podría dejar de tener todo ese peso para sí mismo.
Laurent le sonrió con entendimiento, haciendo que sus ojos casi desaparezcan y unos pequeños hoyuelos aparecieron en sus mejillas. Liam parpadeó, aclarándose la garganta y volviendo a mirar hacia la habitación. En la lejanía, Aria leía fragmentos de historia con curiosidad, mirando los cuadros y haciéndole señas a Liam de que todo iba bien. Ella lucía fresca y vital, habiéndose deshecho de esa aura nostálgica y un tanto vacía que tenía cuando la vio por primera vez en esa habitación.
Todo era tan distinto a casi 5 meses atrás que muchas veces necesitaba pincharse para asegurarse que no fuese un sueño.
Por su parte, Ezio caminaba lentamente por la habitación, analizando todo silenciosamente con mirada inescrutable. Lucía un tanto nostálgica y aunque Mer caminaba tras él hablándole, Ezio no parecía estar al tanto que estaba dentro de una conversación. Liam podía notar que a veces miraba disimuladamente a Aria para ver qué hacían e incluso pudo notar que un par de veces cruzaron miradas y sonrisas.
Algo cambió; volvió a pensar Liam respirando hondo, teniendo un extraño presentimiento y sintiendo embargado por un sentimiento que le resultaba familiar pero no podía identificar...
Aplausos, gritos, risas y vasos que chocaban entre sí. Se encontraba en su casa cenando con Aria, Laurent, Ezio y Mer, rodeado de ruido y alegría, satisfecho con su trabajo y emocionado pero de alguna forma sentía nostalgia. Como si no pudiese estar completamente feliz aún cuando podía hacerlo.
<Siempre quieres lo que no puedes tener...> la voz de Afrodita lo tensó, encrespando su piel. Su mano se aferró a su vaso que llevó a sus labios para beber un buen trago de cerveza.
— Un brindis por Liam —exclamaron todos, levantando su vaso y él le siguió el ritmo, fingiendo que no estaba consternado y preocupado.
Analizándolo bien, sentía que esa felicidad sonaba ficticia y extraña porque sabía que nada se solucionaba porque había encontrado a Zander y Megan. Eso era solo una parte de todo, el encuentro solo despertaba los recuerdos del pasada, así como las vivencias, los aciertos y errores.
Habían sido sentenciados por la eternidad, castigados a ir hacia el mismo destino.
— Ey, ¿estás bien? —le preguntó Laurent preocupado, posando su mano en su brazo. Él asintió, murmurando excusas poco creíbles para salir hacia el balcón de su casa en busca de un poco de aire.
Al borde de una crisis, Liam se aferró a la baranda, mirando la oscuridad de la noche y dejándose abrazar por el aire fresco. El frío aplacaba sus confusos pensamientos y disminuia un poco la ansiedad y el miedo que comenzaba a hervir en su interior.
¿Por qué no podía disfrutar los pequeños momentos de felicidad sin que fuesen arruinados por dioses que ya no existían?
— Ella no existe, soy católico y monoteísta. Ella es ahora parte de la historia —se decía a sí mismo para tranquilizarse. Estando seguro que estaba cerca de encontrar la forma de solucionar todo, de dar marcha atrás con su sentencia.
— Liam —la voz suave de Aria se oyó a un lado, y al girar, se sorprendió de encontrarla tan cerca de él y no haberla oído. Lucía alerta sobre él, evaluándolo cuidadosamente—. Te noto raro desde que volvimos del museo —comentó, apoyándose para husmear hacia el vecindario.
Él respiró hondo, refregando su cara con sus manos y despeinandose. La oscuridad en su interior sabía agriamente, y corroía su sangre. No quería preocupar a Aria sobre sus pensamientos pero tampoco quería mentirle.
— ¿No te sientes feliz pero al mismo tiempo que esta felicidad solo es como un engaño para lo que viene? ¿La calma previa a la tormenta? la noción que estamos juntos pero en cualquier momento podríamos no estarlo más? —preguntó, ahogando un gemido de frustración. ¿por qué debía arruinar sus propios momentos de paz?
Le siguió un breve silencio en el que Aria permaneció con la vista fija en un punto lejano.
— Todo el tiempo —respondió suavemente—, todos los días despierto pensando que todo esto podría terminar por eso intento ser feliz y vivir como si fuese el ultimo cuando estoy con ustedes —susurró.
Levantando la cabeza, él la miró dubitativo unos minutos antes de respirar hondo, girándose para apoyar su cuerpo sobre la baranda y contemplar el interior. Ezio parecía curioso por lo que hacían ambos afuera mientras que Laurent hablaba sin detenerse para que Mer no notara cuan distraido estaba el otro. Una pequeña mueca sonriente curvó los labios de Liam.
— Quiero encontrar la forma de dar marcha atrás a esto pero no sé cómo —admitió, cruzándose de brazos.
— ¿Crees que la respuesta esté en ella? —inquirió. Liam se dio cuenta que Aria evitaba nombrarla y pensar en ella tanto como él — Siento que siempre fui una consecuencia que no se basaba en mis propias decisiones. Ella me odiaba porque ustedes me querían y la rechazaron —explicó sonando un tanto molesta.
— Ella creía que yo estaba enamorado de ti porque estaba celoso, pero mis celos no eran porque Megan y Zander se amaran sino porque no quería que me dejaran de lado y dejaran de quererme —dijo él.
Quería lo mismo que ellos tenían; pensó con tristeza.
<Siempre quieres lo que no puedes tener. Deseando y amando lo de los demás. La envidia corroe tu cuerpo, y lo oxida. Conocerás el amor pero será tu fin, hasta que realmente te des cuenta que a veces debes mirar más cerca> las palabras de la diosa volvieron a su mente y él parpadeó, como si su mente saliera de una nebulosa oscura y hubiese encontrado claridad y sol.
— Te des cuenta que a veces debes mirar más cerca —susurró analítico mirando hacia adentro, sus ojos puesto en como Laurent insistía con Mer y obligaba a Ezio a irse de allí.
Aria lo miró con cuidado, queriendo ver si lograba entender algo pero fracasando en el intento.
— No te estaría siguiendo el ritmo —confesó.
— ¿y si todo este tiempo la forma de revertir nuestro destino era ser quienes somos? —inquirió, mirándola con expectación.
— ¿a qué te refieres? —preguntó.
— Megan nunca pudo ser lo que quiso, vivió en un mundo que la obligaba a ser alguien que no era y las circunstancias la llevaron por un camino porque no tuvo otra alternativa —explicó—. Y Nicodemus, él vivió en una familia de guerreros, a la sombra de muchos. Creció fuerte y heroico pero era celoso y muchas veces envidiaba lo que no era o no podía tener, viendo en los demás todo lo que no era sin verse a sí mismo —confesó.
— ¿Y Zander? —la voz de Ezio los asustó. No lo esperaban allí habiendo escuchado su conversación, mucho menos esperaban que estuviera interesado en el tema.
— El orgullo —afirmó Liam con una risa sombría—. Tu me has dicho que las palabras de ella eran: Tu orgullo no te dejará ver lo que tienes frente a tus ojos hasta que lo pierdas —le dijo, notando que la frase también le daba escalofríos a su hermano.
Ezio detestaba a la diosa, con un fuego interno muy fuerte.
— Quizás nuestra forma de remediarlo es que Megan al fin pueda vivir como quiere, que Nicodemus deje de ver en los demás lo que no tiene y se centre en él mismo, y que Zander deje el orgullo de lado para dar paso a la felicidad sin importarle el resto —sentenció sonriendo, por primera vez durante esa noche, con alivio y alegría. Sentía que estaba cerca, que había encontrado el camino a seguir y que la única forma de demostrar si era verdad o no, era viviéndolo.
Y no iba a pensar dos veces la forma en la que viviría de ahora en más. Sería sincero consigo mismo y se centraría en él mismo por primera vez.
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