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7

Me he demorado mucho en actualizar y pido perdón. Se que a nadie le interesa, pero estoy pasando por un proceso de mudanza y no solo de casa sino también de país. Tal vez no han pasado por eso, pero es un proceso estresante y más cuando has vivido toda una vida en el mismo lugar, por lo tanto mi cabeza no está metida 100% en mis historias, en las que he actualizado es porque ya tenían algunos capítulos listos y simplemente era tocar un botón. Espero comprendan y trataré de mejorar en esto y poder darles capítulos más seguidos.

¡DENTRO CAPÍTULO!.
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Sentí las vibraciones de mi celular y solté un pequeño gruñido, no puedo permitirme que me escuchen. Abrí los ojos para revisar la hora, si, me tocaba limpiar la oficina de Don Mandón. 

Uy, nuevo apodo.

Me levanté de mi cama y vi a todas las chicas durmiendo, ¡yo quiero estar así! Con cuidado salí tratando de no despertar a nadie. Sin cambiarme de ropa fui a la oficina que me tocaba limpiar e ingresé a ella luego de coger todo lo que necesitaba para dejarla impecable.

Puse algo de música en mi celular y comencé a pasar el trapo por las superficies sucias. No entiendo cual es la necesidad de limpiar todo diariamente. Moví mis caderas al son de la música y tarareaba algo de la letra.

—No estoy seguro de que se trabaje así—di un pequeño salto del susto. Me giré para encontrarme con el chico más alto del lugar.

—Lo siento, quitaré la música si le molesta—corrí hacia el celular para cumplir con lo que dije.

—Debería de concentrarse en solo una cosa.

—Me gusta hacer dos cosas a la vez.

—Por eso hace todo tan mal—me puse firme, no entiendo porqué me ataca. ¿Acaso hice algo mal otra vez? ¿O esto es por decirle que su cuerpo no era impresionante? No creo, que lo supere ya, fue hace una semana. Además, dudo que el gran Kim Nam Joon sea tan inseguro con su cuerpo.

Vi su cuerpo, toda su ropa estaba húmeda, ya entiendo porque nunca me encontraba antes con él, tal parece que sale a correr, o algo más , antes de que todos despierten.

—Otro hombre en mi posición le respondería su mirada lasciva—se cruza de brazos. El pulover se ciñe a sus brazos. ¿Cómo no me di cuenta antes de lo bien que está?

—Otra mujer en mi posición ya hubiera hecho más que mirarlo—si, me arrepiento de lo que dije. ¿Por qué simplemente no lo negué?

—Pues yo a otra mujer le hubiera correspondido—camina hacia mí.

—Lástima que no soy otra mujer—¿me pueden cortar la lengua?

—¿Acaso quieres que te responda a ti?—siguió su camino hacia mí.

—No, solo quiero terminar mi trabajo.

Me aplaudo, al fin digo algo decente. ¡Odio a este hombre! ¿Cómo puede ser tan indeseable y a la vez estar bueno? Vale, un millón de películas románticas me han enseñado que eso es algo normal, pero se supone que esta es la vida real. Los hombres odiados deben ser feos, calvos y bajitos porque lo digo yo.

—Debería vestirse mejor para realizar su trabajo—señala lo que llevo puesto. Me miré de arriba abajo, llevaba mi pijama de blusa de tirantes, pantalón ancho y pantuflas rosas. No quiero ni imaginar como está mi cabello de regado.

—Prefiero terminar y luego darme un baño—traté de girarme para seguir limpiando todo, pero él lo impide tomándome del brazo.

—Podríamos terminar ahora mismo con esta relación de odio—fruncí el entrecejo viéndolo.

–¿Qué sugiere?

—Ya nos vimos desnudos—sonríe se lado. ¡¿Por qué me sonríe ahora?!

—Creo que ya tiene una chica para verlo desnudo siempre que quiere—trato de no sonar nerviosa.

—Yo no la quiero a ella.

—Lástima que yo tampoco a usted.

MENTIROSA.

—Si me lo permite debo terminar con mi trabajo para luego entrenar—suelta lentamente mi brazo. ¿Rechazarlo me costará caro?

—Entendido—levanta sus brazos rendido—. Puede dejar de limpiar mi oficina y habitación. La quiero limpiando las armas—mierda—. El último que lo hizo murió al activar una granada sin querer, espero que a usted si le vaya bien—sonríe con ironía y sale de su oficina.

QUIERO MORIR.

Vi la hora, joder solo me quedan 10 minutos para llegar con Jin. Llevé todos los utensilios al pequeño armario donde pertenecían y corrí a los baños para poder vestirme. Creo que hoy no me daré una ducha.

Amarraba los cordones de mis zapatos mientras saltaba en mi otra pierna. Debía llegar al patio. Suspiro cuando lo logro y apresuro mi paso. Jin estaba sentado en el suelo cruzado de piernas. Me regaló una sonrisa cuando me vió.

—Por favor no me regañes, Don Mandón me entretuvo—hablé con la respiración agitada.

—¿Don Mandón?—suelta una carcajada.

—No le digas que le llamo así—suplico con la mirada.

—Debes mejorar tu puntualidad. Además te he visto, he revisado tu expediente y no es solo eso lo que debes mejorar.

–No seas duro—se levanta del suelo y limpia su trasero con sus manos.

—Trataré de no serlo. Pero no prometo nada. Debes ser un super soldado—asentí y me paré firme—. Hoy comenzaremos con la carrera de obstáculos que tanto te cuesta saltar un muro—señala el muro, que para mí era una muralla, en el que nos conocimos—. Debes mejorar tu tiempo, no puedes cansarte, debes aprender a aguantar el dolor. En la guerra no esperarán a que recuperes el aliento para que continúes corriendo, te dispararán hasta que puedan darte y ninguno de tus compañeros esperará por ti, cada uno debe ser responsable de su vida. Cuando estés cruzando el muro nadie te dará una mano para que lo logres, debes ser fuerte y lograrlo antes que todos. Ninguno de tus enemigos esperará a que cargues el arma, por lo tanto debes aprender a hacerlo lo más rápido posible y contar las balas para que no te tome desprevenida el cargador vacío—asiento a cada cosa que dice—. Tengo todas mis esperanzas puestas en ti, no me decepciones—le sonrío. Ni mamá confiaba tanto en mí—. ¡Firme!—grita de repente y hago lo que dice—. ¡Diez vueltas al campo!

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