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Capítulo 1: Tu nuevo Tutor.

Pidge's POV:
Mamá y Shiro están en el mismo hospital así que es fácil saber de ambos al mismo tiempo. No quiero irme del cuarto de mi madre pero es hora. Y si no llego en diez minutos al cuarto de Shiro no podré verlo. Me apresuro por los corredores tratando de que nadie me vea. Se supone que Shiro no debe recibir visitas. Pero conozco a algunas de las señoritas que trabajan aquí y ellas me dejan pasar. Siempre dicen que mi presencia lo ayuda en su recuperación, que le doy ánimo.
Vaya estupidez.
¿Cómo podría yo darle ánimo a alguien cuando ni siquiera puedo salir del hoyo en el que estoy metida?
—Pidge. Llegas un poco tarde para tu visita, me temo que tendrás que esperar —me dijo la enfermera Nancy, una de las señoritas que se han hecho amigas mías.
Parpadeé sin poder creerlo, ¿Nancy me iba a hacer esperar? Esperen, ¿porqué voy a esperar? Shiro... ¿tiene otras visitas?
—¿E-eh? Nancy... ¿Shiro... Tiene otras visitas? —ella chupó su mejilla derecha, un claro signo de que estaba nerviosa. Dudó un segundo, pero finalmente respondió.
—Bueno, hay un chico... Esto... No estoy muy segura qué clase de relación tiene con Shiro, pero parecen muy cercanos.
—Ya veo... ¿Sabes su nombre?
—Creo que era Keith Kogane... No estoy muy segura.
Kogane. Creo que lo expulsaron de mi colegio o algo así.
—Gracias, Nancy. Esperaré.
Ella asintió y siguió caminando por el pasillo. Me senté apoyada en la pared abrazada a mis piernas y tratando de esconderme de todo y todos.
Me gustaba ir a conversar con Shiro porque me hacía recordar la época en que todo estaba bien en mi casa. En que mi hermano me protegía de todo lo que me daba miedo y me ayudaba a levantarme cuando me caía. En que mi mamá sonreía y papá llegaba a casa todos los días a llenarnos de besos. En que en nuestra casa se podía sentir el amor. En la que no vivía sola en un maldito orfanato.
Sin darme cuenta una solitaria lágrima bajó por mi mejilla. La puerta de Shiro se abrió y un muchacho salió de ahí. Me miró unos segundos y me ofreció su mano. Dudé unos segundos pero finalmente la acepté.
—¿Estás bien? —preguntó. Asentí tratando de no hacer ningún ruido— ¿Qué haces aquí?
—Vine a ver a Shiro.
—¿Eres... Katie Holt?
—Sí.
—Él me ha hablado mucho de ti, pasa te está esperando. Adiós —dijo haciendo una media sonrisa y saliendo a paso rápido de ahí. Me quedé ahí unos segundos, ¿Shiro le había hablado a alguien sobre mí? Tragué saliva y me levanté. Al abrir la puerta oí instantáneamente su voz.
—¿Te olvidaste algo, Keith? —preguntó Shiro riéndose bajo. Me acerqué un poco más a su cama.
—Soy Pidge, lamento haber llegado tarde.
—Pidge —se levantó de inmediato—. Creí que ya no ibas a venir —sonrió melancólicamente.
—¿Cómo no podría? —dije sentándome en un borde de la cama— He venido todos los días sin falta durante tres meses —dije orgullosa mientras me acomodaba las gafas. Él sonrió dulce y posó su mano en la mía.
—Y te lo agradezco mucho —le devolví la sonrisa y él continúo—. A propósito... Tres meses son un poco largo para una estadía en un hospital, ¿no crees? —dijo llevando su mano libre detrás de su cabeza. Sonreí algo sarcástica.
—Ni que lo digas.
—Pues... Estuve hablando con el doctor y... ¿adivina qué? —no era tonta. Shiro estaba insinuando que iba a salir del hospital pronto. Sonreí como nunca en estos meses y lo abracé.
—¿Cuando sales?
—Woah, tómalo con calma, Pigeon —dijo riendo y devolviéndome el abrazo—. En un par de días.
—Es fantástico —sonreí—. Desearía que mamá también pudiese salir...
—Sobre eso... Tengo entendido que hasta hora estás en ese horrible orfanato, ¿no? —asentí– Bueno, estaba pensando, si no te incomoda... En que yo... Tal vez pueda... —mis ojos se abrían cada vez más.
—Shiro, ya suéltalo —dije completamente expectante.
—Estaba pensando en pedir tu custodia legal —sonrió—, siempre he sido muy cercano a tu familia-
No lo dejé terminar. Me abalancé encima de él gritando.
—¡SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ!
—Pidge, tal vez deberías bajar la voz.
Touché.
—Oh, sí, cierto —me levanté y seguimos hablando con menos reacciones tan eufóricas de mi parte. Pero no podía evitarlo.
Shiro me iba a acoger.
Ya no iba a estar en ese maldito orfanato.

•••••••

—Bien, creo que todo está en orden, señor Shirogane. Los papeles de la custodia legal están listos.
—Gracias —sonrió Shiro mientras me miraba muy contento.
—Muy bien, Katie. Él es tu nuevo Tutor legal.
No podía evitarlo sonreí muy grande y asentí emocionada. ¿Esto es real? No podía creerlo, pero aún así sabía que lo era. Sintiendo una alegría incomparable me fui de allí con Shiro.
Hacia mi casa, hacía nuestra casa.

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