Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Cap. 19

Conociendo al Jefe

Nina


¿Cuántas veces me había preguntando cómo sería el famoso «Jefe» que no dejaban de nombrar? Ahora lo tenía frente a mi, con una sonrisa encantadora y la mano extendida esperando que la aceptara.

—Es un gusto conocerla, señorita Jhonson— Me dijo con un tono paterno muy cálido, lo suficiente como para hacerme sentir confiada.

Le di la mano y él la apretó suavemente, no fue brusco, solo la apretó y la soltó después de darle movimiento un par de veces. Un saludo formal de alguien que parecía la representación gráfica de la formalidad.

—Es un gusto, señor— Fue lo que respondí cuando soltó mi mano.

—Le dije a la señorita Ivanovich que le diera insumos suficientes para que descansara al menos hasta mañana, ¿Qué hace despierta?

—¿La señorita Ivanovich?

—La doctora que la atendió— Sonrió sutilmente, levantando la comisura de sus labios de manera discreta—, entiendo que no la conozca por su nombre, la mayoría de los integrantes de la organización principal no están presentes en este lugar en gran parte del tiempo. Me imagino que los nombres que usted conoce solo engloban a los que están en esta habitación acompañándonos.

—Es correcto, señor.

—No se preocupe, ya tendrá tiempo para conocerlos a todos.

¿A todos? ¿Cuántas personas habían que no conocía? ¿Eran tantos los integrantes de este equipo? Preguntas volvían a aparecer en mi mente como en el principio de mi llegada, y como en ese momento, ninguna tenía una respuesta clara en ese momento.

—Bueno, dejando eso a un lado, ¿Gusta sentarse?— Lo miré cuando dijo eso—, estaba hablando con los Jinetes sobre lo último que sucedió.

—Eh…no quiero interrumpir, señor, yo creo que sería mejor irme a mi habitación.

—No, qué va, usted ya es parte integral de los Jinetes, por órdenes mías directas. Todo lo que les incumbe a ellos, le incumben a usted; dejando esto claro, le pido que se siente, señorita Jhonson.

Ese «le pido» sonó en mi cabeza como un fuerte «te ordeno» y realmente no quería llevarle la contraria al líder de un grupo de asesinos. Fui al mueble más cercano y me senté. Los observé a todos y todos fijaban la vista hacia el Jefe, el cual sacaba el pecho preparándose para hablar.

—Ya que estamos todos, creo que puedo proseguir—dijo poniendo sus manos hacia atrás—, ¿En qué me quedé?

—Nos estaba diciendo lo incompetentes que éramos—dijo Helen levantando su mano.

—Gracias, Helen. No fueron incompetentes, pero si fueron descuidados— Empezó a decir—. Creo que desde el principio les enseñé que solos son una fuerza débil, más si no conocen el origen del enemigo. Al ir solos contra él, era claro que iban a ser vencidos.

—No teníamos planeado separarnos—respondió Tobi—, pero enfrentarnos sin armas era algo estúpido también.

—Además, no teníamos en cuenta que nos enfrentaríamos con un súper soldado— Completó Reed.

—Si hubiéramos tardado más, Nina no estuviera con nosotros—dijo Helen levantándose de su lugar—. Así que lo lamento, pero no me arrepiento de nada.

—¿No te arrepientes de haber terminado inconsciente y que haya tenido que mandarte a buscar?— Preguntó el Jefe levantando una ceja.

—Cosas que una joven promedio tiene que hacer al menos una vez en su vida— Se encogió de hombros mientras contestaba.

—Bueno, al fin y al cabo su objetivo logró escapar dejándolos a todos en mal estado, y si hubiera querido hubiera logrado lo que ustedes pensaban era su cometido, y eso era…

—Llevarse a Nina—dijo Jack, sin mirar a nadie, pero al decir eso, todos me vieron a mi. Me encogí en mi asiento incómoda.

—Si hubiera querido llevarse a la señorita Jhonson, hubiera aprovechado que todos estaban inconscientes— Aclaró el Jefe—, ahora la pregunta es, ¿Por qué no lo hizo?

—Dijo que era un mensajero, que venía a buscar algo que no nos pertenece…—dijo Jack con seriedad, con la mirada perdida—, dijo que trabajaba para alguien llamado «Señor Sonrisas».

—¿Señor Sonrisas?, suena a nombre de payaso cuarentón—contestó Helen entre risas—, tiene pésimo gustos para los nonbres.

—Sabía de mi existencia—dijo el Jefe—, y solo los de la organización saben que yo los lidero a ustedes entre las sombras. Por eso estoy aquí. Quiero que le den prioridad a este caso, todo caso alterno será cerrado o suspendido hasta que el «Señor Sonrisas» sea atrapado.

—¿Y cómo lo encontraremos?—preguntó Reed—, nos ataca con tanta facilidad porque estamos ciegos. No sabemos dónde está o como descubre nuestra posición. Tampoco tenemos idea alguna de lo que es, o lo que son las cosas que envía. No sabemos nada y él lo sabe todo de nosotros.

—Es cierto, a mí me llamó por mi apellido—dijo Helen, ahora pensativa—. Creí que mis archivos habían sido borrados cuando ingresé en el programa.

—Lo fueron—respondió el Jefe—, lo que nos dice que encuentra la información directamente de nuestros servidores— Volteó a ver hacia Tobi—. ¿Podrías averiguar cómo extrae la información y tratar de impedirlo?

—Lo intentaré, pero si de verdad lo hace por allí debe tener personas muy buenas de su bando. La seguridad de nuestros servidores es muy alta, si alguien la logra hackear, ya es preocupante.

—Con ese punto tocado, también quiero que entrenen con más dedicación— Esta vez miró en dirección a Reed—, necesito que estén preparados para lo que sea, incluso para luchar con súper soldados.

Reed asintió con la cabeza. El Jefe los miró a todos, incluyendome. Me recordó a aquellas películas en dónde el líder supremo da un discurso motivador, en serio creí que iba a soltar un facto monumental que inspiraria corazones valientes…

—Estamos bajo ataque, y estoy seguro que yo no entrené a niños, sino a soldados listos para luchar. Confío en ustedes para que esta amenaza sea eliminada, por el bien de todos nosotros— Todos asintieron, y como una niña los imité—. Sin más nada que decir, Jack— Le habló al susodicho que se encontraba a su lado—, vamos a mi oficina, tengo que hablar contigo.

Los dos caminaron hacia la entrada del pasillo y yo me quedé mirando a los demás. La verdad si me sentía algo cansada, debería volver a la camilla y decirle a la doctora que me ponga de nuevo el catéter para que…

—Señorita Jhonson—volteé y el Jefe me miraba de reojo desde el marco de la puerta—, usted también venga, necesito hablar algunos puntos con usted.

Tragué hondo. Miré a los demás Jinetes en busca de ayuda, son encontrarme con ella. Reed solo me indicó que lo siguiera, indiferente con los nervios que se me debía ver a leguas y sin lentes.

—Uhhh…tienes problemas— Eso fue lo que dijo Helen, recibiendo un codazo de parte de Tobi—. ¡Auch!

—No la asustes—dijo el chico de ojos avellanas, para después mirarme con una mirada relajada—, ve, tranquila, estarás bien.

Me levanté cabizbaja y pasé a un lado de del Jefe, comenzando a caminar. Jack iba delante de mi, así que caminé rápido para terminar de su lado. Ignoré por completo la presencia del enorme hombre de traje que nos seguía en silencio, porque si hacia caso a qué estaba allí, iba a terminar más nerviosa de lo que estaba.

—Ey— Traté de llamar su atención en voz baja. Él me miró de reojo desde arriba. Maldita sea, ¿Por qué tenía que ser tan alto?—, ¿Por qué tú Jefe quieres hablar conmigo?

—Nuestro Jefe, Nina, es nuestro Jefe.

—Ajá si, nuestro Jefe. ¿Por qué «nuestro» Jefe quiero hablar conmigo?

—Quiere tener más claro lo sucedido en las pruebas, además, siempre quiere conocer a los nuevos integrantes personalmente. Es normal.

—Tengo miedo.

—Tomalo como si fuera una entrevistas de trabajo.

—¿En dónde si no me aceptan terminó en una fosa?, escenarios no tan positivos son los que pasan por mi mente.

—Él no es así—contestó—, dudo que digas algo que lo haga decidir matarte.

—¿Estás seguro?

—Muy seguro— Me vió y de inmediato sentí algo más de paz—, estarás bien, Bambi.

Llegamos a una de las habitaciones del lugar, en dónde había algo parecido a una oficina. El sitio tenía una decoración fría, como la de un cuarto minimalista. Habían algunos estantes, algunos marcos con fotos que no podía ver con claridad por causa de la luz tan poco nítida que nos rodeaba. Encontré una pequeña nevera en uno de los estantes, al lado de una cafetera. El Jefe rodeó una mesa que estaba en el centro del lugar y se dirigió a la nevera ya mencionada.

—¿Gusta beber algo, señorita Jhonson?— Me preguntó mientras abría la nevera—. Tenemos agua, agua carbonatada, soda de cola, limonada, jugo de naranja, té frío, café, capuchino, wisky, tequila, ron, vino blanco y tinto…

—Eh…— Me quedé en blanco por unos minutos. El Jefe me volteó a ver esperando mi respuesta—, solo agua, gracias.

El Jefe sonrió y sacó una botella de agua junto a una de Ron. De los estantes también sacó dos vasos, en los cuales en uno vertió el líquido marrón y en el otro el agua. Me dió mi vaso del cual bebí inmediatamente, tenía la boca seca. El Jefe se sentó frente a mi, observando mis movimientos, o así lo sentí al menos.

Jack estaba a mi lado, como un guardaespaldas o como si se tratara de mi abogado. Lo sentía tenso, pero no podía decirle que se calmara porque tensa estaba yo en primer lugar.

—Bueno, señorita Jhonson, se preguntará por qué quiero hablar con usted— Empezó a decir y yo dejé el vaso vacio encima de la mesa.

—En realidad si, señor.

—Pues sucede que Jack me había hablado de su conexión con los ataques que han habido a nuestra base, y quería saber su opinión sobre el tema.

—¿M-Mi opinión? Dudo que mi punto de vista sea importante aquí, señor.

—Claro que lo es, señorita Jhonson, ahora usted es parte de nuestro equipo. Es por esto que, como todo Jinete, tiene el derecho de expresarse conmigo como guste.

—Nina tiene una teoría de quién puede ser «El Señor Sonrisas»— Volteé hacia Jack cuando escuchó lo que dijo—, me estaba hablando de ello antes de que fuéramos hacia donde estaba usted.

Maldito traidor.

—¿Es eso cierto?—preguntó El Jefe, obligandome a voltear a verlo—, me gustaría escucharla si fuera así.

¿Podría confiar en este hombre? No lo conocía, ni siquiera sabía su nombre. ¿Que tanto se podía fiar en alguien así? Me veía espectacte de una respuesta clara y concisa de mi parte, pero no sabía si abrir la boca o no.

El súper soldado que había aparecido en medio de la prueba le dijo a Jack que Sonrisas le mandaba saludos, eso significaba que se debían conocer o era una amenazaba que teníamos en común. Entonces siguiendo la lógica de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, prefiero confiar.

—Pues, estoy completamente segura que el hombre detrás de todo esto es nada más y nada menos que el hombre que asesino a mi familia.

El Jefe levantó las cejas, sorprendió, y se echó para atrás dando unos aires más relajados.

—Okey, la escucho, dígame las razones de su sospecha.

Respiré hondo y empecé a soltarlo todo. Le hablé de lo que sucedió en la prueba, de mi secuestro, de la noche en que mataron a mis padres. Le hablé de apodo, de aquellos ojos dorados y la conexión que había entre todos esos hechos.

El Jefe me escuchaba atentamente, prestando atención a cada palabra que decía. A mitad de mi respuesta entrelazó los dedos aumentando su atención en mi. A diferencia de esos gestos tan simples, no encontraba alguna fracción en su cara que me diera a entender que estaba pensando.

Cuando llegué al momento en que tuve que contar como ví a mis padres, sentí que no podía respirar. Ese recuerdo dolía aunque el tiempo hubiera pasado, aún lograba oler la sangre y eso me atormentaba, que el recuerdo fuera tan real. Cuando una lágrima corrió por mi mejilla, sentí la mano de Jack encima de mi hombro; cuando volteo a verlo, él me mira y sus ojos me dan aliento, como la calma de una noche sin estrellas. Me asintió, y solo ese movimiento lo interpreté como un: «Estás segura, todo está bien».

«Tranquila, nadie te va a hacer daño mientras yo esté al mando.»

Por primera vez en mucho tiempo, confíe en una promesa. Deposité mi confianza en un par de ojos oscuros que me veía con lo más cercano que había visto en años al cariño, y aunque sonara extraño, al amor.

Él gusta de ti.

Lo sé.

Pero tú no sientes lo mismo, ¿Cierto?

No, no lo sé, tal vez…

No, no sientes lo mismo. Aquel te robó la capacidad que tenía de sentir amor por alguien, te lo arrebató aquel día, ¿Recuerdas?

Tragué hondo. ¿Era cierto lo que decía mi conciencia?, ¿Había perdido la capacidad de amar por completo?, ¿Más nunca sentiría aquel cosquilleo en el estómago y aquellas ansias de estar con alguien?

Él te convirtió en lo que quería, un ser sin alma.

—¿Puede continuar, señorita Jhonson?—preguntó El Jefe captando mi atención—, ¿O prefiere descansar un momento?

—No, voy a seguir— Puse mi mano encima de la de Jack para que no la quitara. De alguna manera saber que estaba ahí me estaba dando fuerzas.

Seguí contando y cuando terminé de hablar, sentí un gran peso fuera de mi espalda. Hablar sobre esto con alguien que no sea la maldita de mi terapeuta era, y me perdonan la redundancia, terapéutico. Levanté los ojos y con mi mano limpié la comisura de estos, quitando pequeñas lágrimas que se habían colado.

El Jefe tomó un sorbo de ron de su vaso, vaciandolo por completo. Su tranquilidad me estaba provocando ansiedad, pero lejos de desesperarme esperé a que el silencio que está a extendiendo entre nosotros terminara.

—Me parece interesante esta nueva información que me está proporcionando, señorita—dijo al fin el Jefe—, y aunque suene a inventos míos, ha contestado muchas preguntas que navegaban por mi mente.

—¿En serio?— ¿Le había contestado preguntas? ¿Cuáles?

—Si— Movió su mirada hacia Jack—. Jackson, ¿Podrías dejarnos a solas por unos minutos?

Jack se puso rígido y me miró de inmediato.

—Eh…¿Es completamente necesario, señor?—preguntó.

—Si, necesito hablar algo con ella y tú no puedes estar presente.

—Pero, señor…

—¿Me estás llevando la contraria?

Cerró la boca de golpe y me vió de nuevo. Se agachó un poco para estar a mi altura, poniendo una mano en mi hombro y viéndome directo a los ojos.

—Estarás bien, él no te hará nada—dijo con una sonrisa que pretendía tranquilizarme, pero no funcionó—. Me iré por unos minutos y después vendré a ver cómo está todo, ¿Okey?

Asentí, algo nerviosa. Pensé que se iría así de inmediato acatando la orden, pero a diferencia de lo que esperaba, se acercó más a mi. Me dió un pequeño beso en la frente, sin ninguna intención más que infundirme seguridad. Cuando se alejó pasó su mano por mi cabello un par de veces y me dió una sonrisa, la cual era contagiosa, porque la comisura de mis labios también subieron al verle.

Después de esto se levantó y sin decir más palabras salió del cuarto, dejándome a solas con el Jefe de los Jinetes. Cuando regresé mi mirada hacia él, tenía una pequeña sonrisa que no supe cómo interpretarla.

—Veo que ha logrado tener una buena relación con mis Jinetes, señorita Jhonson—dijo y sentí un poco de rubor en mis mejillas—. La mayoría suele tardar más tiempo.

—No sé que decirle…

—¿Cómo te sientes junto a ellos?

—Me siento…bien. Han sido muy amables.

—Me alegro, me alegro en serio.

Se levantó de la mesa y fue de nuevo a la nevera. Sacó la botella de ron y rellenó su vaso, yo solo me le quedé viendo en silencio. Aunque fue sutil, su humor había cambiado de alguna manera. En aura que lo rodeaba reflejaba cierta incomodidad, escuché como golpeaba el vaso de vidrio con algún objeto, algún anillo quizás, preso de los nervios o del no saber cómo proseguir.

—Señorita…—dijo sin voltearse—, ¿Podría darme de nuevo la descripción del asesino de su antigua familia adoptiva?

—Eh…—Aunque el recuerdo doliera, sabía que si necesitaba la información era por algo, por eso no cedí a mi cobardía y preferí hablar—. Piel blanquecina, palida, muy pálida; cabello negro, largo y despeinado; era delgado, tanto que parecía que no hubiera comido en meses; sus ojos eran dorados, brillantes, y tenía una sonrisa muy…grande.

—¿Qué tan grande?— Ahora sí se había volteado y me veía inexpresivo.

—Le llegaba hasta las mejillas, como si se las hubiera cortado con el propósito de verse más aterrador.

El Jefe se acercó a la mesa y tomó un trago de su vaso. Ví como arrugaba su expresión mientras el liquido pasaba por su garganta y después dejó el vaso en la mesa, sonando el vidrio contra la madera.

—Señorita Jhonson, antes de empezar, quisiera pedirle algo.

—Digame.

—Jureme que ninguno de los Jinetes, salvo Jackson, se enterará de lo que hablemos en esta oficina.

—Lo juro.

—Bien— Bajó la mirada por unos minutos y después me vio directo a los ojos—. ¿Cómo usted reaccionaría si le dijera que conozco la identidad del hombre aquel que asesino a su familia?

Abrí los ojos como platos y pude sentir el impulso de levantarme, aunque me contuve.

—¿Sabe quién los mató?, ¿Quién fue, señor?

—Estoy casi seguro que fue un hombre el cual conocí hace un tiempo, un sujeto que debería estar muerto, pero que sé muy bien que sigue con vida.

—¿Cuál es su nombre?

—Lester, Lester Zaragoza.

El nombre no provocaba nada en mí, ya que no me parecía conocido. Traté de recordar algo, pero nada, era desconocido para mí. Unas ansias de saber más, de comprender más sobre ese monstruo, me mantuvieron con la vista en el Jefe, sin parpadear.

—¿Quién es?—pregunté.

El Jefe se sentó frente a mí y tomó otro trago.

—Lester era parte de la organización en la cual trabajo, un científico de renombre que se ganaba la estima de todos.

—¿Era parte de los Jinetes?

—No. Los Jinetes son solo un pequeño departamento que creé solo hace unos años, pero la verdadera organización que está detrás de todo es conocida por pocos como: «La Sociedad del Cordero Blanco».

—Pero…nunca había escuchado de ella.

—Esa es la idea— Levantó la mirada—, nuestra sociedad solo es conocida por las personas más grandes de los gobiernos mundiales y de la iglesia en general. Trabajamos desde las sombras, dónde nadie nos ve, así el mundo está seguro.

—¿Seguro de qué?

Su mirada estaba perdida mientras hablaba, con mi pregunta eso no cambió, sino que el misticismo de su voz era más evidente con la respuesta.

—No estamos solos en este mundo, Nina. Solo somos una mota de polvo que vuela alrededor de muchas piedras de mayor tamaño.

—No lo entiendo—dije confundida—, ¿Está hablando de extraterrestres?

—No, o al menos no exactamente.

—No le comprendo.

—Hace mucho tiempo, incluso antes de que la iglesia misma fuera creada, aparecieron criaturas más fuertes que nosotros. Nuestro antepasados los vieron como «dioses», algunos como «demonios», pero lo único cierto en eso es que son más fuertes que nosotros. La mayoría no son hostiles, pero cuando nos atacan, no hay manera de evitar el genocidio.

—Esto se está volviendo como una historia de fantasía y terror al mismo tiempo.

—La fantasía solo es un disfraz para la realidad, señorita Jhonson. Toda leyenda que haya sido contada a lo largo del tiempo, tiene aires de realidad.

—Pero señor, usted me está hablando de dioses y demonios, eso ya es algo que suena...

—¿Falso?, comprendo que lo veas así. La realidad es que si la gente supiera lo que hay detrás del telón, el mundo estuviera bajo el control de estas anomalías, por eso fue creada la organización, para encargarnos de que el público general estuviera en la ignorancia y así esté segura.

—¿Tiene pruebas de eso?, ¿Cómo sabe que no son solo superticiones?

—Al principio lo creía—confesó delante de mi—. Suelo ser un hombre exceptico, ver para creer, alguien de hechos y no de fé; pero también he aprendido que muchas veces la oscuridad es invisible ante el ojo humano y es mejor no comprobar lo que hay detrás de la niebla.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?, ¿Y con los Jinetes?

—Los Jinetes al principio los había pensado para que trabajaran en el campo de la organización, pero después solo me concentré en criminales regulares. No quiero exponer a ninguno de los muchachos a esas criaturas.

—¿Y con mi familia?, ¿Qué tiene que ver aquel Lester con todo eso?

—Tiene que ver todo. Él es la razón por la cual los Jinetes realmente existen, por su culpa los muchachos están aquí.

—¿Cómo?

—Todo empezó un día regular, un día en qué al fin pude creer que la maldad es más fuerte de lo que uno piensa.

Continuará…

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro