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CAPÍTULO 12:

Camino, la nieve me llega a un poco menos de la rodilla, podría decir que aumentó unos cuantos centímetros. Cada paso es como si mi hermano se hubiese pegado a mi pierna, pero sumándole que sus brazos estuvieran helados.

Veo hacia atrás una última vez...la cabaña ya no es más que un titilar oscuro entre tanto blanco. Espero no perderme, porque si no estaré en un problema gordo, muy gordo...y todo por culpa del pizzero ese, tonto amante de los astros. ¿Por qué me arriesgo así por él? ¡Ni siquiera lo conozco! Maldita bipolaridad con la que nací.

No tengo idea de cuánto tiempo llevo avanzando, pero no ha dejado de nevar, y los bultos de los árboles me confunden cada vez más debido a la fatiga. Además, aunque que aferre mi bufanda a la cara, el hielo me hace doler los pulmones.

—¡Harry! —Lo llamo en un grito, luchando contra el viento— ¡Harry! ¿Dónde estás?

No oigo más que el aullido interminable que arrasa con mis tímpanos. Pues seguiré...

Caigo de rodillas y miro al cielo, me cuesta respirar...me cuesta pensar...pero no puedo rendirme, no voy a morir congelada, no señor. Me impulso con las manos ignorando el calambre, y me tambaleo un poco al dar más pasos:

—¡HARRYYYYYYYYYYY! — Acabo en un alarido y me voy al suelo. El frío me quema la nariz y todo me parece igual, todo es blanco...todo es negro.

Un olor nuevo llama mi atención...junto a una voz:

—Emily...—Es una colonia, una de hombre, creo— Emily, despierta...— ¿Alguien se preocupa por mí? Pero...solo hay oscuridad— Emily...

El eclipse me enceguece, la luz forma una corona sobre el cuerpo opaco. Pestañeo un par de veces y descubro que aquella cosa tiene rostro y ojos...ojos muy vivos.

—Repartidor —Mustio. Él sonríe ante mi respuesta.

—Vamos a tu casa... —Me toma por la espada y me levanta sin dificultad alguna. Es fuerte, no me lo esperaba— ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien?

Asiento imperceptiblemente y hablo como soy capaz:

—Fui a buscarte...no quería que murieras por mi culpa.

—¿Tus padres saben que te fuiste? — Suena muy sorprendido.

En mi estado de ensoñación no modulo muy bien lo que digo:

—No, salté por la ventana.

Lo veo sonreír, yo sonrío también...y lo último que escucho es un "Estás loca".

NARRADO POR HARRY:

Menos mal que me dio por regresar a devolver lo que encontré, si no esta chica estaría en una situación más apretada que la mía. Es la primera vez que alguien se arroja desde una ventana por mí, y aunque me siento halagado...deseo que no vuelva a hacerlo.

Al llegar ni siquiera debo tocar la puerta, pues sus padres aparecen y me entran en un segundo, sin importar que gran parte de la nieve ingresa también.

—¡¡Emily!! Amor, ¿estás bien? —Me agacho para que le resulte más fácil revisarla. Ella la llena de caricias en el rostro, y el señor se inclina también.

La mencionada frunce el ceño y abre los ojos, de un marrón chocolate como los de su madre. Primero que observa a mí, confundida, y luego a sus padres.

—Estoy bien mamá, encontré a Harry —. Sonríe con cansancio. Parece que está por abandonarnos otra vez.

—Solo está agotada —. Digo sin dejar de observarla...es como tener una niña en brazos.

Penélope traga un poco su nerviosismo maternal y Derek parece que va a infartar.

—Sí, deja que descanse cariño, después podremos castigarla hasta que se quede sin vida social —. Menciona de forma casi inexpresiva.

Le da la razón a su esposo y me guían hacia su cuarto. Subo los escalones cuidando su cabeza, la cual descansa contra mi pecho. La acuesto con un gemido...no es que pese mucho, pero cargarla tanto tiempo es un bastante trabajoso. Al incorporarme noto el mensaje en la pared, una sonrisa se me escapa, pero logro ocultarla a tiempo.

—Muchas gracias Harry, no sé qué hubiéramos hecho si algo le pasaba —Derek peina su cabello hacia atrás y expira, estresado —. Si me disculpan, tengo que decirle a la policía que ya apareció.

—¡Estuve a punto, a punto de quemar la nieve con un soplete para salir a buscarla! —La señora me abraza, estrujándome con fuerza — Gracias, muchas gracias.

En eso entra el pequeño, con un dinosaurio de plástico en la mano.

—Mami...¿apareció mi hermana? —Sonríe a labios cerrados. Todavía no entiende muy bien lo que pasó, por la naturalidad con que lo dice.

Ella me suelta y mira a su hijo:

—Sí, mi amor, pero ahora tiene que dormir...—Lo toma de la mano y se da vuelta, dirigiéndose a mí —Tú también deberías descansar, puedes usar la habitación de Ignacio, está aquí al lado, a la derecha —señala con el pulgar —. O como gustes —. Sonríe un poco y sale.

Me desvío una última vez hacia Emily y mis dedos, sin que lo quiera, retiran un mechón de cabello que cubre su rostro. Ni siquiera sé qué me impulsó a hacerlo, puede que descanse mejor así, que se vea mejor. ¡No es que me guste ni nada! ¡La acabo de conocer! Simplemente lo tenía fuera de lugar y lo acomodé, fin de la historia. Bah, ni siquiera entiendo por qué estoy aclarándolo...ella es la rara que se me puso bien cerca cuando desperté...

Y con la idea dándome vueltas, me arrastro hacia la cama más cercana, porque la verdad es que sí, necesito un descanso.

NARRADO POR EMILY:

Auch, alguien metió piedras en mi cuerpo, porque lo tengo cuatro veces más pesado. ¿Dónde estoy? Emily, concéntrate...estuviste a punto de morir en la nieve...no viniste a tu habitación flotando.

¿Y si fue un sueño? Desvío la cabeza muy lentamente hacia la pared ( la siento como si la tuviera atada al colchón por hilos metálicos) y ahí está, la carta improvisada.

Un pinchazo en la sien me trae el recuerdo de una cara, un hombre...¿Tío Berto?

A quién engaño...me salvó el mismo al que quise rescatar, patético.

Me incorporo cuidando mis acalambrados miembros y, una vez estoy lo suficientemente lúcida, intento pararme. Ignacio debe estar asustado pobre, puede que piense que entré en coma (igual está feliz porque tenía un cadáver con el que practicar) o cosas similares.

Mejor le doy a entender que estoy bien...evitando, por supuesto, el contacto con mis padres...aún me encuentro en un delicado estado como para recibir castigos monumentales.

Abro la puerta con un esfuerzo sobrehumano (mis dedos parecen palitos inútiles pegados a la mano con cinta adhesiva) y me desplazo por el pasillo. Silencio, no hay mayores en la costa, grandioso.

Voy directamente a la habitación de mi hermano, por favor, que esté aquí...no quiero bajar todavía. Bueno, cualquier cosa, me hago la inconsciente un buen rato más hasta que me dé hambre, tal vez así se apiadan de mi persona.

Doy tres golpecitos suaves y no me abre. Así que, con los nervios a flor de piel por ser descubierta, giro el pomo e ingreso.

—¡Hey! Nachito, soy yo, quería...—. Casi me ahogo al tragar mis palabras tan rápido.

Retrocedo con los ojos abiertos de par en par. Ok, o mi hermano sufrió el "estirón", o hay un tipo de espaldas en su cama...en SU cama...¡¡Lo sabía, sabía que había pedófilos en esta zona!!

Doy largas zancadas para enfrentarlo, hasta que su ropa me son familiares...ooh, pero si es el repartidor, sólo que no tan abrigado...sí, debí suponerlo, ¡pero cualquiera podría confundirlo con un intruso! Y más aún si se tiene algo de escarcha en el cerebro.

Mientras mi mente discurre entre irse a la cama de nuevo o arriesgarse a encarar la furia de mis donantes genéticos, Harry se gira, dándome la cara (al menos me quita las dudas sobre si era él o no).

Se hace un ovillo sin despertarse...se ve que tiene frío.

Ruedo los ojos y voy al armario:

—¿Qué te costaba tomar una manta? Estúpido, te vas a resfriar —murmuro mientras le llevo una.

La estiro y lo cubro con cuidado, se remueve un poco, libera un suspiro y continúa soñando lo que sea que tenga en el coco. No pierdo oportunidad, me le aproximo al oído y susurro con una suave sonrisa en los labios —. Gracias por salvarme y perdón por echarte de la casa.

Y...me voy corriendo, como siempre. ¡Ja! Fui perfectamente capaz de agradecer y disculparme...después dicen que soy tan orgullosa como mi madre, ¡ridículo!

Me dirijo directamente a mi cuarto a esperar a que se calmen las bestias de abajo, pero, ¿qué sucede? Mi madre está afuera, con los dos brazos detrás de la espalda y con una cara tan, tan horriblemente dura que podría partir una montaña con ella.

—Emm, ¡hola!, ¿quién eres? No me suenas de nada... ¿Dónde estoy? — Giro la cabeza hacia todas direcciones en un intento fallido por salir impune. Pero no vale de nada, lo sé por como ella blanquea los ojos y me muestra lo que ocultaba: Mi celular y mi Neblox.

—Tengo un par de cosas que sí te suenan —ay, no, por favor, que no haga lo que creo que va a hacer— y no las verás más en dos semanas —. Las sacude frente a mis ojos con el ceño fruncido y baja las escaleras...dejándome boquiabierta y molesta...muy molesta.

—¡Pero...!

—Baja, Emily —. Me corta.

No me queda otra que obedecer. Cuando me encuentro con el resto de la familia, resulta que todos me dicen cosas como: "No lo vuelvas a hacer en tu vida" o "Pensamos que podrías morir" o "Te salvaste de que no vimos la carta inmediatamente, porque si no todavía estaríamos afuera llamándote" o "Jamás perdonaría que me dejaras ser hijo único, no estoy dispuesto a limpiar yo solo el popó de Jerónimo" (cortesía de mi hermano).

Y justo cuando llegué a pensar que me sacarían el apellido, me abrazaron, besaron y llenaron mis poros de amor.

Pero sigo molesta.

La mañana transcurrió con normalidad, y cuando digo normalidad, me refiero a que me escurrí el cerebro para idear planes de redención (y recuperación de mis pertenencias), mejor lo explico con un resumen:

1) Me arrodillé ante mis padres, y los atosigué con promesas de cosas que podría hacer (en mi locura les prometí limpiar TODA la casa e incluso ayudar a la tía Laura con el parto de mi prima).

2) Los amenacé con que me provocarían problemas sentimentales por no tener una vía de escape para mi depresión...como ver películas románticas del siglo pasado.

3) Tomé a mi hermano como rehén (pedí colaboración, y él aceptó...a cambio de más caramelos), diciendo que no se los devolvería hasta que termináramos la transacción.

Y lograron debatir cada una de mis invenciones con una sola palabra, esa que ha venido jodiendo la existencia de los hijos desde momentos inmemorables, esa que significa el fin de las ilusiones, de la esperanza, un mal peor que la encarnación del demonio: NO.

—¡Pero, ¿qué más quieres que haga?! —Sí señores, estoy en el baño, acosando a mi madre en la ducha...a este estado llegué. (La tina está cubierta de jabón, por suerte).

—Emily, no —. Cierra los ojos y se masajea la cabeza para generar más espuma en su cabello.

—¡Pero...!

—¡NO! —Los abre, provocando que algo de shampoo caiga en su ojo— ¡Ay, maldito jabón! ¡Emily! ¡vete de aquí antes de que decida aumentar tu castigo —. Recalca la palabra "castigo", y yo salgo como si no hubiese un mañana.

Genial, no voy a volver a ver la tecnología hasta que tenga la suficiente demencia senil como para olvidarla.

Pero si ella puede decirme que no, yo también. ¡No me rendiré! ¡Limpiaré mi honor juvenil!

Unos cuantos minutos después:

—Lo siento Nacho, vas a tener que esperar a que me la devuelvan para cumplir nuestro acuerdo—Ruedo los ojos mientras le ayudo a juntar sus juguetes del living. Mamá y papá se encuentran haciendo el almuerzo, que, por cierto, espero que esté rico...sería lo único que podría colaborar con esta mugre de situación. (Y lo dice una tipa que estuvo a punto de morir congelada, ah, pero le importa más su Neblox...cada día me sorprende más mi normalidad).

Él se encoge de hombros y tuerce la cabeza de manera un tanto graciosa.

—Te castigaron a ti, no a mí...pero esperaré, hermana, esperaré...por más caramelos —. Dios, este chico va a terminar siendo una especie de narco, ¡le debo como un kilo!

—Hagamos algo — lo tomo por los brazos y me inclino para que me vea a los ojos— prometo jugar contigo a lo que quieras el resto de las vacaciones y así reducimos la cantidad de azúcar a tu sistema, ¿sí?

Acaba aceptando con recelo.

—¡Emily, ¿puedes venir un segundo?!

Suelto un bufido pesado y voy a la cocina, Mamá fue quien me llamó.

—¿Qué?

—¿Puedes despertar a Harry para que baje a almorzar? Debe estar hambriento.

Mi mente pega un grito espantoso, de tal modo que hace conexión con mi rostro... ¿Por qué tengo que hacerlo?

—¿Por qué yo?, ¿no puede hacerlo alguien más?

Mis padres me envían una mirada que dice mucho, sobre todo porque están cargando con una cantidad de fuentes de ensalada, platos y cubiertos. Es decir...están ocupados.

Sonrío con nerviosismo y digo que sí, pero en cuanto veo a mi hermano, le ruego que lo haga él.

Desaparece por el segundo piso y espero pacientemente a que lo traiga, pero baja unos instantes después con el rostro confundido, hasta parece un científico que se acaba de encontrar con una reacción inesperada.

Alzo ambas cejas y levanto los brazos. Antes de que pida explicación, responde:

—Es inútil...es un Blanco nieves enmanzanado —. Se rasca la barbilla.

Me río por el término y decido subir a hacer lo mío, pues si el chico no quiere levantarse a las buenas, lo hará a las malas.

Y vaya que puedo ser mala....o al menos lo sería si no fuese porque necesito algo de él.

—¡Hey! —Abro la puerta y entro con paso aireado, tiro de las mismas colchas que le puse. Harry pega un salto, arrollando las piernas como si hubiera actuado un fantasma— Es hora de almorzar, pero primero necesito que me ayudes.

Se incorpora a noventa grados, con la espalda completamente recta y me observa con los ojos más grandes que he visto...y ni me atrevo a abrir la boca por miedo a que quiera asfixiarme con la almohada.

—Casi me matas del susto —. Susurra. Sacude su cabello con una mano, nervioso y se termina de levantar. Retrocedo un poco para que se tambaleé todo lo quiera debido al sueño. Una vez logra estabilizarse, se pone los zapatos y suspira. Observándome— ¿Qué querías?

Bien Emily, a extorsionar se ha dicho:

—Ok...¿recuerdas que intenté salvarte la vida?

—En realidad...

—Ya, no importa —le cubro la boca con la mano, sorprendiéndolo— necesito, en serio necesito que me ayudes a levantar el castigo que me impusieron —. Levanta una ceja y clava la mirada en mí, haciendo que me sonroje un poquito —¡N-no me veas así! ¡Hablamos de algo serio!

Me toma la muñeca para apartar mis dedos de su cara y así articular palabra:

—Bueno, haré lo que pueda...pero primero tengo que ir por...—. Corta abruptamente cualquier intento de conversación y se toma la cabeza, sumido en la preocupación —¡Las pizzas! — Palidece al tiempo que lo murmura.

Cubro mi cara con las manos (hasta que me acuerdo dónde estuvieron antes) y me lamento:

—¡No!, ¿las dejaste tiradas en la nieve? —No puedo creerlo, ¡es ultrajante!

Se vuelve a sentar en la cama, derrotado.

—Sí...

Presiono mi pecho con la intención de sostener mí ya muy pisoteado, marchito y moribundo corazón.

—¡¿Cómo pudiste hacer una cosa así?! —Voy a llorar, juro que voy a llorar.

Mueve su cabeza hacia a mí, molesto.

—Oh, ¡cuánto lo siento! ¡Tuve que cargarte a ti! —Me señala.

—¡Me hubieras dejado tirada! ¡Pero no a la pizza! ¡La pizza es pizza!

—¡También es mi trabajo, ¿sabes?! —Hace una pausa— Al diablo con mi Universidad.

Ruedo los ojos, y yo me considero dramática.

—Bueno, después hablaremos de tus problemas, ¿sí? Ahora vamos a llenar el estómago —. Lo muevo de allí a la fuerza sosteniendo su brazo, cosa que le hace gracia, porque es mucho más grande que yo.

—Vamos loca, vamos.

¡Hola! ¿Qué tal? Tengo un comunicado muy especial...¡¡EL LIBRO ESTÁ TERMINADO!! Así que ya no corre el riesgo de ser una historia sin final. Sé que Emily es un poco difícil...pero comprendan que heredó mucho de su madre y todavía sufre.

Tranquilas todas, que existe un castigo SINIESTRAMENTE calculado para Neithan, sólo hay que esperar...

¡¡Muchísimas gracias por leer!! Entre hoy y mañana subiré una mini maratón para festejar. Después sí, las dejo descansar XD.

¡Saludos desde mi rincón! :D.

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