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3

El pelinegro no iba a mentir, sentía genuino interés por el chico albino que se le presento como una distracción en aquella fiesta la cuál solo esperaba que fuera tan monótona como todas las fiestas a las que asistía, tal vez habría de agarrar una noche casual con alguno de los participantes de aquella noche, pero por lastima no fue el caso.

De igual forma se sentía satisfecho, después de tanto tiempo tenía algo nuevo con lo que jugar, no pensaba que una oportunidad se le presentara en bandeja de plata para alguien como él, había escuchado de sus fans obsesionadas con él, pero nunca una persona que abiertamente lo retara a destrozarlo mentalmente.

¿Acaso estaría chiflado, demente, loco? Los sinónimos no eran suficientes al tratar con él, nadie se atrevería a meterse en la boca del lobo sin antes pensarlo dos veces. Sin embargo, a esta persona no le importaba, y ahora ambos estaban metidos en ese estúpido reto que le había hecho el albino a él.

Ahora eran novios y tenía que estar bien con ello. No es como si no hubiera tenido anteriores novias, pero es diferente de alguna forma, el pelinegro si salía con alguien era por deseo carnal, nunca era más que eso, una forma de recompensar con una "validación" a la persona con la que se metía, una vez que se aburría la dejaba de lado.

Sin embargo, ahora estaba en una sin el deseo carnal de por medio, o al menos aún no despertaba en él, buscando el mejor método para conseguir lo que quería ¿Necesitaba ser destruido? Eso tendría, lo mejor era aislarlo de sus amigos, familia, todo lo que tuviera relevancia para él. Quitarle su forma independiente para que se arrastre ante a él, pero sabía que eso no funcionaría.

Porqué él chico albino ocultaba algo, y el pelinegro no sabía que era.

Y aunque buscó, se sentía en un pajar lleno de espejos sin encontrar algún indicio de salida por algún lugar.

Odiaba sentir que estaba en un juego de ajedrez difuso, porqué el perder cualquier pieza —al menos para él— no es algo aceptable. No estaba dispuesto a ceder algo que ni siquiera tenía consciencia.

Si tenía que pasar sus límites fingiendo ser el novio de este sujeto, lo sería. En un juego todo tiene un precio, y él estaba acostumbrado a gener un gran suplemento sin preacupaciones de lo que le costaría.

Esto no era nada.

El albino lo saco de sus pensamientos, de repente delante de una montaña rusa, que tenía indicaciones de claro cuidado al entrar en esta en caso de haber ingerido alimentos.

La sonrisa de Nikolai era tan ancha que podría ser percibida como la de un payaso en una fiesta de cumpleaños.

Una chispa de incomodidad por un segundo recorrió la parte baja de su columna. Hasta que ya estaba en el asiento de al lado del chico, quién ahora se preocupaba de abrocharse los cinturones.

Tal vez no era tan malo el tener que esperar para conocer el secreto que esta persona ocultaba.

Aún así no se sacaba de le cabeza que sentía que era familiar esta sensación, a pesar de que esta fuera otra cita que él mismo planeó, sentía que no oba como el mismo quería.

Su cabeza que generalmente calcula todo respecto a comportamiento ajeno, frente a este sujeto no podía detectar algún patrón, como una página en blanco, a pesar de que haya asignado un investigador sobre él.

Porqué no encontró nada, sin un trasfondo o un nombre que recordar, solo Nikolai.

Pero aún así eso es lo de menos ¿No? Porqué al final de cuentas él se encargaría de destrozarlo sin que se lo espere cuando menos piense que atacará, pocas veces esta oportunidad se presentaba y el pensarlo le hacía formar una ligera sonrisa.

Nikolai se detuvo en seco al estar en la entrada del parque de atracciones, de repente mirándolo frente a frente.

—¿Paso algo?

Nikolai parece pensarlo un segundo, antes de hablar.

—¿Te gustaría ir a mi casa, Fedya?

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