
🐱18🐱
Una vez MinHo estacionó su auto frente a la casa de campo que tenía su madre, se dirigió hacia la puerta del copiloto para bajar a su pequeño gatito. TaeMin tenía aún la vista algo inflamada y sus mejillas sonrojadas después de todo el llanto de hace poco menos de una hora, pero para MinHo aún se veía como el ser más adorable de la tierra.
Besó la palma de su mano un par de veces, con ternura, escuchando las suaves risitas de su pequeño niño, indicándole que todo marchaba bien.
—Tú solo tienes que ser igual de adorable que siempre, mi amor. —Le susurró cerca de su orejita derecha, besando su mejilla y después sus labios, tomando su mano para caminar hasta la entrada de la casa.
La madre de MinHo trabajaba como enfermera en un hospital muy reconocido del pueblo, eso desde que tuvo sus veinte años cumplidos y era solo una practicante. Actualmente, con ya más de cuarenta, contaba con una variedad de beneficios de dicho hospital, como el poder trabajar únicamente los fines de semana o en las madrugadas, para así ver a todos sus hijos en los horarios necesarios y que la niñera que contrataba no se volviera loca cuidando demasiado tiempo a actualmente seis menores de edad.
Aunque, por otro lado, ella recibía dinero mensual del padre de MinHo y del padre de sus otras hermanas, además de su actual pareja que se encontraba de viaje constantemente, pero era un buen empleo, al menos dinero era lo que menos les faltaba, aunque cuando MinHo era más joven, él siempre deseaba que el dinero pudiera comprar tiempo, así su madre no andaría tan atareada y estresada, siempre haciendo muchas cosas a la vez.
Cuando MinHo decidió dejar su casa, apenas terminados sus estudios, ella no estuvo de acuerdo, realmente adoraba a su pequeño, además de todo lo que MinHo le ayudaba con las niñas. De algún modo cedió, pero ella continuaba estando al pendiente del mayor de sus hijos, después de todo era su bebé y siempre lo sería, según la agradable KangHee. Luego llegaron los gemelos, y MinHo se cuestionó si su madre era un ángel por poder tener todo bajo control sin arrancarse los pelos de la frustración.
Despejando su mente de los recuerdos de su infancia, tocó el timbre de la gran casa de campo y sintió la mano de su gatito tensarse sujetando la suya. TaeMin le maulló roncamente y él se inclinó para besar la punta de su nariz, observándolo menear las orejas.
— ¡Enseguida voy! ¡JinRi, deja de molestar a Yerim ! — Sí,MinHo incluso podía imaginar a sus pequeñas gemelas celosas de esos encantadores bebés. Una vez la puerta se abrió, ante los ojos de ambos apareció una mujer muy atractiva aunque ya de edad, ni muy delgada ni de cuerpo demasiado proporcionado, ella podía cubrir el perfil de la madre común, con esos ojos caídos y hermosos, de un marrón brillante. TaeMin sonrió apenas, esos ojos le recordaban mucho a su MinHo, eran idénticos.
Detrás de ella apareció una pequeña, agarrándose de las faldas de su madre y asomando la cabecita, mientras la mujer mayor observaba atónita al chico frente a ella.
— ¡Choi MinHo, dichosos los ojos que te ven! —La voz de regaño y emoción sorprendió al pequeño minino, sintiendo luego como MinHo era jalado hacía adelante y apartado de su lado, mientras la mujer abrazaba con fuerza al mayor. TaeMin soltó su mano, quedándose quieto donde estaba, tomando al instante su larga cola entre sus manos, jugando un poco con ella, tratando de no alzar la mirada, aún le intimidaban las personas y no quería ponerse a llorar cuando MinHo ya le había dicho muchas veces que todo saldría bien.
—Mamá... Tengo que respirar. —La mujer soltó a MinHo después de escuchar la voz estrangulada de su hijo y tomó su rostro, llenándolo de besos. TaeMin sintió esa punzada de celos en su pecho y un maullido escapó de su boca, llamando la atención de KangHee junto con la pequeñita detrás de ella, quien hasta el momento se mantenía callada.
— ¡Gatito!
HeeYeon corrió para tocar a TaeMin pero fue detenida por los brazos de MinHo antes de siquiera rozar al minino, quien, por cierto, retrocedió unos cinco pasos aproximadamente cuando vio a esa pequeña desconocida acercándose peligrosamente a él. Subió la mirada hacía MinHo y le pidió ayuda con los ojos. TaeMin no se sentía seguro, él quería irse a su casa.
—Quieta, princesita. —MinHo alejó su mirada de su pequeño para dirigirse a su hermana, ahora cargada en sus brazos. — TaeMin es muy tímido y no le gustan las personas, no debes acercarte así o lo asustas ¿Entiendes? Y tú no quieres hacer llorar al gatito ¿Verdad? —La pequeña HeeYeon negó con la cabeza, abrazando a su hermano, mientras dirigía su mirada al minino que la observaba asustado, aún con su cola en manos y sus orejas inclinadas hacía abajo, temeroso. —Perdón, gatito. —Susurró ella, recibiendo una caricia en su cabello por parte de su hermano mayor, quien la bajó después, observando la mirada curiosa de su mamá, enarcando una ceja; estaba seguro de que su madre no entendía absolutamente nada, pero tal como solían ser cuando MinHo estaba en casa, ella dejaba que él controlara la situación. —Ahora ve adentro ¿Si, princesa? Dile a Sulli que no moleste a los bebés porque ya estoy aquí, y a JiHyo y Sooyeon que bajen a saludarme ¿Puedes cumplir con esa misión? —MinHo le hizo una pequeña caricia en el cuello a su hermanita, logrando que esta se estremezca por la cosquilla, encogiéndose y escondiendo su cuello alzando su hombro.
Una vez la niña asintió con la cabeza y entró corriendo a la casa gritando el regreso de su hermano, MinHo le pidió un segundo a su madre en lo que se acercaba a su pequeño minino, arrodillándose en el suelo para quedar más a la altura del gatito. Con cuidado, acarició los suaves rizos, recibiendo un quejido de TaeMin, no el típico ronroneo, así que definitivamente no todo andaba perfecto, pero MinHo se lo debió imaginar, sus hermanas eran demasiado cariñosas e impulsivas para alguien tan temeroso y cuidadoso como lo era su bebé.
— ¿Estás bien, amor? —TaeMin negó con la cabeza, con sus ojitos brillando a causa de sus prontas lágrimas. A MinHo le tomó unos segundos pensar en alguna forma para ayudar a su minino, pero después de meditarlo, se estiró de nuevo, parándose y tomando con cuidado a TaeMin en sus brazos, dejando que el felino enrede sus piernas alrededor de su cintura y sus brazos en su cuello. MinHo sintió al instante como su bebé escondía su rostro en su cuello y sus rizos le picaban la barbilla, haciéndole cosquillas.
—Iremos así ¿De acuerdo? Te prometo que nada malo te pasará mientras estés conmigo. —Se aseguró de rodearlo bien, con sus manos en los muslos del menor y escuchó un suave maullido, luego TaeMin afirmó con la cabeza, solo entonces MinHo camino hasta encontrarse con su mamá, quien continuaba mirándolo sin decir absolutamente nada. KangHee confiaba muchísimo en su joven hijo, toda su vida, desde que nació JiHyo, MinHo había sido de los mejores hermanos que podían existir, por ello a sus cortos doce años, ella ya solía dejarle toda la casa a cargo y él tenía que arreglárselas, tal fue su sorpresa esa primera vez que dejó a su hijo solo con una pequeña bebé, que MinHo fue capaz hasta de preparar la cena en su espera, confirmándole que todo estaba en orden.
Ella confiaba más en su hijo que incluso en su capacidad de tener paciencia, y cuando lo vio hablar tan pacíficamente con ese pequeño niño con orejitas y cola, supo que la paciencia de MinHo hacía este era por toda la práctica que había tenido hasta hace poco, cuidando a absolutamente todas sus hermanas.
—Mamá. —MinHo tosió, aclarando su garganta para que su madre baje de su nube y lo observe, ya en frente a ella, con un niño meneando la cola siendo cargado por su hijo, aunque el más pequeño no se atrevía a mirarla. —Él es TaeMin. Amor, creo que ya la viste, así que ella es mi madre, KangHee ¿Recuerdas que te dije que ella nos iba a ayudar? Bueno, no te preocupes ¿Si? Es la misma mujer que antes me llamaba a mi departamento para sacar los ratones de la casa porque no quería llamar a un exterminador y que los mate; es adorable.
KangHee sonrió ante ese recuerdo, después se enteró de que los exterminadores te daban la opción de sacar a los animales sin necesidad de matarlos, pero sí se recordaba a si misma llamando a su hijo a altas horas de la madrugada, y es que teniendo una casa entre tantos árboles, era absolutamente normal que algunos animales se metieran a ella cuando encontraban la oportunidad.
—Bueno. —Al fin MinHo escuchó la voz de su madre, regalándole una tranquila sonrisa. —Es un milagro que estés aquí, que necesites de mi ayuda y que traigas compañía, creí que morirías solo y con gatos, amor, pero no por eso debes tener un niño-gato, la idea no era esa. —MinHo rió, negando con la cabeza con suma resignación. Sí, esa era su madre. —Vengan, entren.
TaeMin se sostuvo con más fuerza de MinHo cuando escuchó el "Entren" y tensó todo su cuerpo, mientras sentía los suaves besos del mayor en su cien, en lo que caminaban hasta dentro de la casa. El minino no podía observar con detalle porque no se atrevía a voltear, pero lo poco que notaba estando de espaldas y solo ojeando las zonas donde MinHo ya había pasado, era ese lugar absolutamente enorme. La casa estaba pintada de un agradable color crema y tenía muchos muebles por todos lados, o así lo veía TaeMin.
— ¿Verdad que es hermoso? —Escuchó la voz de MinHo y giró su rostro, lo suficiente como para encontrarse con la mirada del mayor, transmitiéndole seguridad, logrando sacar una pequeña sonrisa del gatito y una afirmación con la cabeza. — Todo saldrá bien, mi pequeño. Si algo no te agrada, solo llámame y yo estaré a tu lado antes de que termines de decir Ming. Recuerda lo que hablamos, no pienso dejarte solo, príncipe mío.
TaeMin dejó un pequeño beso en los labios del mayor, cuando escuchó a una persona contener el aliento dramáticamente, así que otra vez tensó su cuerpo, con temor de voltear.
—Iugh, se besaron. —Era una voz parecida a la de la pequeña de la entrada, porque no era la misma, TaeMin podía encontrar esa ligera diferencia entre la niña anterior y la que acababa de hablar, además de un acento Coreano un tanto más exagerado. — ¡Oh por Dios! ¡Es un niño de esos de la televisión!
Una voz mucho más madura se fue acercando a ellos, pero antes de que llegase, MinHo se dejó caer en uno de los muebles individuales de la casa y sentó al minino sobre sus piernas, con las de TaeMin a un lado, aún acurrucándolo contra su pecho, pero al menos ahora los grandes y temerosos ojos del menor podían ver por el rabillo de estos como eran las personas que hablaban.
—Sooyoung, él le tiene mucho miedo a los ruidos fuertes y no conocidos, no grites ¿De acuerdo? —La niña ante ellos era mucho más grande que la rubia pequeña que los fue a recibir, además de que ella tenía el cabello castaño, del mismo color del cabello de MinHo.
TaeMin soltó un suspiro cuando observó a la niña obedecer, sentándose en uno de los asientos frente a ellos, aunque ese era para más personas. Una vez ya todos estuvieron sentados en la sala, TaeMin ya reconocía mejor a cada una de las chicas, o al menos así le parecía. La mayor bajó mucho después que las demás, con unos audífonos puestos y su celular en mano, pero tuvo la misma reacción que la mayoría, de no ser por la pequeña que le dijo Iugh a su beso. Incluso JiHyo —Porque así había escuchado TaeMin que MinHo llamó a la rubia mayor. —Se había vuelto loca con él, a tal punto de ignorar cuando su celular casi cae al suelo, pidiendo a MinHo que le permita cargar a TaeMin, pero TaeMin ni siquiera tuvo tiempo de tensarse antes de que el abrazo de MinHo se volviera más firme y dijera un "No, mío" que aceleró el corazón del pequeño.
Después estaba la niña con el cabello bonito, ella se llama Sooyoung, o así la reconocía TaeMin; luego eran Sulli y HeeYeon, ambas tenían mucho parecido, de no ser porque una tenía un ganchito de cabello en forma de conejo hacía la derecha, y la otra pequeña hacía la izquierda, en forma de gatito, y las voces, pero ese era un detalle que solo las sensibles orejitas de TaeMin podían notar. También, y por último, dos pequeños gateaban en el suelo, en uno de sus tantos susurros dándole tranquilidad, MinHo le explicó a TaeMin que la niña se llamaba Yerim y el otro bebé era Tzuyu.
—MinHo, por favor. Queremos tocarlo. —Insistía la niña de cabello bonito. TaeMin ronroneó en el pecho de su MinHo, quizás dejaría que ella sí lo toque, el minino quería tener la oportunidad de sentir el cabello de la niña ¿Sería tan suave como el de MinHo? ¿Olería tan bien también? Sin embargo, comprendía que si dejaba que una de ellas se acerque, todas lo harían a la vez también, y eso le daba aún algo de miedo.
—Solo si TaeMin quiere. —MinHo les sonrió, volteando a ver a su minino aún sentado en sus brazos. —Amor ¿Ves allá? —Señaló a un lado de la sala, donde había una conexión directa con el comedor. —Ahí voy a estar yo hablando con mi madre, te dejaré en este mismo sofá y si no quieres que ellas se acerquen, solo tienes que decir "No" ¿De acuerdo? O si algo anda mal, me llamarás y vendré corriendo. Podrás verme desde aquí, así te aseguras de que no me iré a ningún lado ¿Te parece?
TaeMin soltó otro quejido cuando escuchó la propuesta, analizando que tan lejos estaba el lugar que MinHo le había señalado, por si al final tendría que ir corriendo evitando que el mayor se fuera. Él quería obedecer a MinHo y confiar en él, así que haría lo posible y esperaba no terminar metiendo la pata o las cuatro patas con todo y cola con sus errores.
Una vez afirmó con la cabeza, MinHo lo dejó cuidadosamente sobre el sofá. TaeMin encogió las piernas y las abrazó casi al instante, ante la mirada ansiosa y curiosa de las demás pequeñas.
—JiHyo, nada de fotos. —Casi gruñó MinHo cuando observó a su hermana apuntado con su celular al pequeño. —Nadie debe saber que TaeMin está aquí ¿Entiendes? —La voz autoritaria con la que su MinHo le hablaba a la niña mayor rubia sorprendió a TaeMin, a él nunca le había hablado de esa manera, estaba seguro de que si lo hacía, se pondría a llorar. Para TaeMin, MinHo era el ángel de la paciencia y no quería dejar de verlo así. —Ahora, ya me escucharon, se acercan una por una hasta que coja confianza, si es posible dejan que las huela primero, le gusta hacer eso, y se quedan quietas si dice algún "No", ya saben que si no se comportan no lo verán de nuevo, además de que su hermano aquí, al que obligan a vestirse de Santa todas las navidades les traería carbón y se los meterá en los calzones ¿Entienden?
Todas las pequeñas afirmaron, MinHo le regaló una encantadora sonrisa al minino, inclinándose hacía él para dejar otro pequeño beso en sus labios, escuchando los Iugh's de las gemelas rubias. TaeMin rió, ya se estaba acostumbrando a esos sonidos, y, de hecho, si los iban a soltar cada que se dieran un beso, sonaban bonito para sus orejitas.
Una vez estuvo donde le indicó a TaeMin, llamó a su madre, quien se encontraba en la cocina preparando la cena. Ella salió limpiándose las manos con uno de sus trapos y primero se aseguró de sus hijas, para luego observar al castaño frente a ella. —Má... Creo que tienes que sentarte.
La suave voz de MinHo le recordó a KangHee las veces cuando él hacía sus travesuras, esos días en que fueron solo ellos dos contra el mundo, y el encantador pequeño niño de apenas unos cuantos años le contaba a su madre que cometía errores, porque ella crió a un pequeño muy sincero, que no podía dormir por las pesadillas de su subconsciente diciéndole que confiese sus malos actos ante su madre. Así de adorable fue y seguía siendo MinHo.
KangHee obedeció, sentándose en una de las grandes sillas del comedor, mientras MinHo hacía lo mismo y al instante le tomó la mano, colocándola sobre la mesa.
—Hijo, me asustas ¿Qué sucede?
—Estoy en problemas... Y muy serios.
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