
[ONLY THE BALCONY WILL KNOW]
Tate no yuusha.
Ya era la última noche de los héroes por haber triunfado en salvar la Isla Cal Mira.
Motoyasu tropezaba con sus propios pies de camino a su habitación luego de una merecida celebración por parte de los hogareños. Se hubiera quedado más tiempo, pero las chicas de su equipo se habían aburrido y poco a poco se fueron sin avisarle.
El héroe pensó que sólo lo habían hecho para no molestarlo. Agradeció en su cabeza borracha e ilusa por tener a un equipo tan considerado.
Con unos pasos más, Motoyasu llegó su cuarto y abrió la puerta encontrándose con una sorpresa amarga.
Naofumi había entrado a su habitación, y estaba dándole la espalda mientras veía el cielo en el balcón. Sólo podía apreciar la capa larga y verde ondeando por el aire nocturno.
Apretando los labios en una linea recta de fastidio, Motoyasu cerró la puerta de golpe para llamar la atención de su invitado inesperado. Pero Naofumi no se molestó en verlo.
— ¿Puedo saber si me equivoqué de cuarto? – Motoyasu arrastró sus palabras con sarcasmo mientras caminaba al balcón. — ¿Qué haces aquí?
Ninguna respuesta salió de la boca de Naofumi hasta que Motoyasu lo tomó del hombro y vió su rostro sin expresión. Los ojos verdes, afilados y fríos que antes tenían un toque de arrogancia, se hallaban dilatados, drenados de brillo. Con horrendas ojeras bajo las bolsas de sus párpados y unos labios secos.
— Perdón, tienes una buena vista desde aquí. – Naofumi soltó, empujando su hombro para quitar la mano del rubio.
Motoyasu decidió no quejarse, estaba muy ebrio para siquiera pelear. En cambio, se colocó cerca de Naofumi y reposó sus codos en el balcón para sentir la brisa del mar. El olor a sal le picaba la nariz.
— ¿Y tus esclavas?
— Las mandé a descansar. Rishia decidió quedarse a dormir con ellas.
— Así que decidiste ayudarla... Hasta un demonio como tú tiene corazón. – El héroe se mordió la lengua al sentir cómo Naofumi a lado suyo se ponía tenso. Lo había arruinado.
— Si no me hubiera entrometido, Rishia se habría tirado al mar y tendríamos un escándalo innecesario. Sólo fue para evitarnos más problemas con los isleños.
Motoyasu suspiró. Podía ser idiota, pero incluso él sintió esa mentira forzosa.
— Lamento si no pude hacer más. Sólo sé confortar a las chicas hasta cierto punto.
— Lo dices cómo si lo hubieses intentado. – Naofumi contestó con algo de hostilidad.
— Bueno, no tengo el mismo método para confortar a todas las mujeres. Cada una tiene su personalidad y responderá diferente a lo que diga o haga. – Motoyasu empezó a monologar, alzando su vista a las estrellas para no sentir la mirada juzgadora de su compañero. — Algunas sólo buscan un abrazo, distraerse e irse de compras, o palabras lindas como 'todo estará bien'. Y en otros casos, si soy cercano, algunas me piden, bueno...
— ¿Sexo?
Ahora Motoyasu estaba tenso. Se le olvidaba lo directo que podía ser Naofumi.
— Sí. – Motoyasu carraspeó. — Con sólo ver la personalidad de Rishia, nada de lo que hiciera la hubiese ayudado.
— ¿Y en que situaciones te lo piden?
— ¿Qué cosa?
— ¿En que situación están aquellas chicas para pedir follar contigo? – Naofumi aclaró sin suavizar sus palabras.
— Buena parte de mi experiencia es porque terminan queriendo desahogarse. Ya sea porque una pareja los engañó o rompieron su relación con alguien que les importaba. Se les notaba con solo verlas...
Motoyasu fue olvidando lo que decía mientras veía cómo los ojos de Naofumi se entrecerraban y apretaba sus puños cómo si se estuviese conteniendo de contarle algo.
— ¿Cómo eran esas miradas? – Naofumi preguntó volteando su rostro hacia el cielo frente a ellos.
— Algo similar a la tuya.
— Ah, ¿Sí? – Naofumi murmuró encorvando su espalda. — Pues es una pena que no sea una linda chica.
Motoyasu sintió su corazón latir con fuerza mientras Naofumi empezaba a caminar con intenciones de escapar.
Pero Motoyasu lo detuvo sujetando su mano.
— Puedo hacer una excepción.
— ¿En serio quieres tener piedad con este demonio? – Naofumi recalcó ácido queriendo soltarse del agarre.
— No me mataría hacerlo. Ademas, ambos estamos lo suficiente ebrios para ignorar detalles.
Naofumi no había tomado ni una gota de alcohol. Y aún si lo hiciera, no se sentiría tan embriagado cómo quisiera.
Y aún así.
— Tienes razón. Ni siquiera lo recordaremos mañana.
Los héroes no tardaron en quedarse sin ropa y arrojarse a la cama.
Besos suaves y profundos tocaban los labios de Naofumi, haciéndolo estremecer y cerrar sus piernas temblorosas entre su miembro despierto.
Naofumi esperaba ser devorado. Anhelaba que algo de sexo sin sentido pudiera callar los miles de pensamientos intrusivos que cruzaban su cabeza. Pero Motoyasu parecía tener planes distintos.
El héroe de la lanza se sentía con un aura diferente. Estaba más centrado en ver las reacciones de Naofumi con cada roce que daba a los muslos interiores. Con apretarlos, Naofumi soltaba un gemido que trataba de minimizar entre los besos.
— Sensible... – Motoyasu murmuró al aire, sintiendo un jalón de cabello por parte de su jadeante compañero.
— No creas que estoy sordo. – Naofumi encontró algo de fuerza para alzar la cabeza de Motoyasu y confrontarlo. — Puedo tomarlo...
Las palabras quedaron al aire cuando las piernas de Naofumi fueron separadas y sintieron los primeros centímetros de la polla de Motoyasu meterse en su cavidad apretada.
— Quiero verlo...
— ¡¿De qué...?! – La vergüenza se apoderó de Naofumi cuando la punta del miembro se fue extendiendo más en su interior, sacándole un doloroso y necesitado jadeo entre sus quejas.
— Quiero ver el verdadero Naofumi. – Motoyasu aclaró sus divagaciones, tomando con firmeza una de las manos temblorosas del de Escudo.
El rostro rojizo y los labios temblorosos de Naofumi fueron suficientes para que Motoyasu sucumbiera y se empinara más al cuerpo contrario, dando embistes pequeños pero hambrientos.
El héroe del Escudo se encontró sorprendido por los sonidos vulgares y las olas de excitación que lo mareaban conforme Motoyasu metía más de su miembro
— Mírame. – La voz agitada, pero rasposa de Motoyasu ordenó.
La mano que utilizaba para apoyarse en la cama, fue directo al rostro de Naofumi para presionar sus mejillas y forzarlo a voltear.
Los ojos esmeralda cobraron vida por las razones más mundanas. Un brillo que parecía muerto, revivió con lágrimas amenazando por derramarse al no poder huir de la intensidad de Motoyasu.
Por un segundo, se sintió cómo si le arrancarán en carne viva una máscara invisible.
Los embistes desesperados no lo hicieron mejor. Los labios de Naofumi se entreabrían con suspiros ruidosos cada que Motoyasu lograba llegar un centímetro más adentro suyo. Su miembro escurría unas gotas de semen por tanta estimulación interna. Temblaba ante la firmeza de su mandíbula siendo sostenida mientras los ojos rojizos lo devoraban con lujuria desbordante.
— ¡Moto...! – Una voz muy patética para su gusto salió entre los suspiros de Naofumi.
El de Escudo ni siquiera sabía que quería lograr llamando su nombre. Se sintió natural en medio del éxtasis cuando la polla del rubio se expandió, indicando que estaba a nada de correrse.
La voz tan simple pero débil dejó hipnotizado a Motoyasu. Ahí estaba esa dulce voz con la que Naofumi se presentó el día que se conocieron.
Quería escucharlo más. Grabarlo más veces en su memoria.
Juraba que si pudiera controlar el tiempo, detendría todo en esa noche.
— Nao... – Motoyasu gruñó tardío, acercando su rostro al del pelinegro. — ¿Puedo...?
El cuerpo de Naofumi se tensó ante la petición de un beso más serio. Pero estando tan cerca, no se lo pensó dos veces.
Lo único que no pudo controlar fueron las silenciosas lágrimas que siguieron después del primer tacto.
Motoyasu no se molestó por sentir las uñas de la mano libre de Naofumi clavándose en su espalda para simular su dolor. Supuso que necesitaba sujetarse por la rudeza de los embistes. Por lo que fue más lento, pero persistente al haber logrado meter en totalidad su polla.
Al final impregnó con una carga pesada las paredes carnosas del pelinegro. La combinación del climax y los besos sofocantes lo llevaron a moler de manera inconsciente dentro de la cavidad apretada para seguir escuchando los gemidos entrecortados de la garganta de Naofumi. Era tan cálido que no quería separarse en un millón de años.
Mucho menos por la cara sonrojada que tenía en frente suyo, rogando por quedarse un rato más.
Cuando el amanecer llegó, lo primero que hizo Motoyasu fue quejarse por el dolor de cabeza.
Todavía no abría los ojos pero quería volver a dormir otras ocho horas.
El balcón brillaba por los rayos solares y el aire suave que se colaba a la habitación.
Sintiendo la piel de gallina por no cubrirse en la noche, Motoyasu tanteó la otra mitad de la cama esperando sentir el calor de Naofumi.
Lo único que sintió fue un espacio vacío y su olor pegado a la única sábana de la cama.
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