
[A LITTLE BIT BEFORE WE GO]
Yari no Yuusha.
La tarde estaba cayendo, al igual que la paciencia de Motoyasu.
En las últimas semanas, su querido Naofumi había estado metido en reuniones con otros reinos para testificar la negligencia de Melromarc ante su persona y haciendo juntas estratégicas con la verdadera monarca del reino para discutir el futuro de las olas del caos.
A Motoyasu no podía importarle más de un carajo eso.
¡Si fuera por él, se encargaría por cuenta propia de todo! ¡Su lanza superaba más del nivel 70!
Lo único que quería era recuperar el tiempo perdido con Naofumi y buscar a Filo.
Y criar más Filolials en el proceso, si le era posible.
El héroe de la lanza se encontraba caminando en los pasillos del castillo de Silvelt para ir a la habitación del pelinegro.
Parte de su deber como guardaespaldas, era recordarle ciertas reuniones a Naofumi para que no las pasara por alto. Pues si bien, el héroe del escudo era responsable, su cansancio le estaban cobrando factura y había veces donde lo olvidaba.
Después de horas caminando, según Motoyasu, finalmente logro encontrar la habitación del pelinegro.
— ¡Motoyasu! – Habló una pequeña voz detrás de él.
Al voltear, descubrió que era Yuuki. Uno de sus primeros Filolials.
— ¡Hola Yuuki! ¿Sucede algo?
— Venía a despertar a Naofumi. Me lo pidió en caso de que se durmiera.
— ¿Se durmió?
— Sí. Dijo que necesitaba reponer fuerzas para la siguiente junta. Me siento mal por él.
— Entiendo... ¿Me permites despertarlo en tu lugar? Con la lanza puedo transportarnos a Melromarc de manera rápida, y así terminaremos pronto.
Yuuki pareció pensarlo unos segundos. El viaje era muy largo y tomaría alrededor de un par de días, sin descanso, para llegar. Si se ahorraban el tiempo con la lanza, sería mejor.
— ¡Te lo encargo entonces, Motoyasu! Iré a contarles a los demás que van en camino.
— Muchas gracias, Yuuki. – Acarició la cabeza del joven Filolial para luego verlo correr y perderse en los pasillos.
Los niños eran bastante hiperactivos.
Regresando su vista hacia la puerta de madera, el rubio tocó un par de veces antes de entrar. Luego recordó, estúpidamente, que no iba a recibir respuesta e ingresó a la habitación.
Cerrando la puerta con delicadeza detrás suyo, fue a paso lento hacia la suave cama para sentarse en la esquina y empezar a jugar con el cabello del pelinegro.
— Naofumi... Naofumi, despierta. – Murmuraba con insistencia Motoyasu mientras sus manos traviesas iban descendiendo hacia las mejillas del chico dormido.
Después de unos segundos, Naofumi iba reaccionando. Pero se veía de lejos que no quería levantarse.
— Cinco minutos más... – Balbuceaba el héroe del escudo hundiendo más su cara en la almohada.
Este gesto tan adorable hizo sentir culpable a Motoyasu. Si fuera por él, no estaría perturbando el sagrado sueño de su querido Naofumi. Pero por desgracia, los intolerantes reinos les urgía la presencia del héroe.
Cómo odiaba a ese montón de cerdos. Pensaba una y otra vez el rubio.
Dejó todos sus pensamientos amargos al sentir la cálida mano de Naofumi encima de la suya.
Motoyasu se quedó quieto y sudando frío. Si este era un reto del universo para calcular su autocontrol, era un juego muy sucio.
— ¿Pasa algo, Motoyasu? – La voz durmiente, pero a la vez tranquila, de Naofumi lo volvía loco.
— Vengo a recordarte que tú siguiente reunión será en unos días y hay que viajar a Melromarc.
— El tiempo vuela rápido. - Dió un bostezo el de escudo. – Juraría que solo dormí 10 minutos.
— Solo pasó media hora... Me hubiera gustado dejarte dormir el resto de la tarde. – Se sinceró Motoyasu acercándose al pelinegro que seguía con los párpados cerrados.
— A veces siento que me consientes mucho. – Rió avergonzado Naofumi.
— ¡Yo digo que no es suficiente! Si fuera por mí, te daría todo en el mundo.
— Con el simple hecho de que estés a mi lado, me ayuda bastante.
El viajero del tiempo sintió su corazón explotar. No esperaba esa respuesta tan dulce.
— Motoyasu... ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos a solas? – Preguntó de repente el de escudo.
— No lo sé, ha pasado bastante. – Contestó avergonzado el rubio por su falta de memoria.
— Estaría bien tener un pequeño descanso luego de encargarnos de la ola del caos que viene... – Pensó en voz alta Naofumi viendo directamente a Motoyasu.
El de lanza solo alcanzó a ponerse rojo por lo adorable que había sonado el pelinegro.
— Bueno... ¿Quién dice que no podemos tomar un pequeño descanso ahora?
— Pero tenemos que ir a Melromarc.
— No creo que el reino desaparezca si nos tomamos cinco minutos de descanso. Además, si usamos mi lanza para teletransportarnos, no habrá problema.
— Tienes un punto... Entonces, ¿Qué tienes en mente?
Motoyasu pensó unos segundos colocando una mano en su mentón. No fue hasta que se le ocurrió una, en su perspectiva, maravillosa idea y procedió a colocar sus manos en los hombros del pelinegro.
— Naofumi, quítate la camisa.
— ¡Ah! – Soltó un jadeo Naofumi aferrándose a la almohada que usaba de soporte.
No llevaban mucho tiempo haciéndolo y ya se estaba sintiendo en el cielo.
— ¡Perdón! ¿Me detengo un momento? – Habló Motoyasu preocupado.
— No. Sigue... Sólo se siente raro... – Volteó un segundo Naofumi ya que estaba de espaldas.
— Bi- Bien, tú me dices si duele. – Tragó saliva Motoyasu al igual que sus nervios.
— ¡Agh! ¡Ahí, po-por favor! – Gimió nuevamente el de escudo con las mejillas rojas y algo de sudor en su frente. — ¡Házlo... Házlo más fuerte!
— ¡Pero te puedo lastimar!
— ¡No importa, te lo ordeno, se más rudo! – Habló entre jadeos Naofumi viendo estrellas en su mente.
— Ugh... Entonces no me voy a contener. – Murmuró Motoyasu en el oído del pelinegro, suplicando que así lo reconsiderara. Pero solo escuchó un suspiro placentero como respuesta.
Era la última vez que se ofrecía a utilizar su fuerza bruta para dar un masaje a Naofumi.
Pero si él lo disfrutaba, no importaba.
Un pequeño capitulo que tenía planeado para el día de los inocentes, pero que no terminé al saber que no iban a caer tan fácilmente... Lol.
Gracias por esperar TwT
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