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O3 ― falling just as hard.

Sirius Black nunca entenderá a Remus Lupin.

La mañana de navidad se despierta temprano, con un hambre canina. En el dormitorio de los chicos hay un silencio acolchad y por alguna razón, Sirius decide no sacar a James de la cama cantando -destrozando- a grito pelado las canciones navideñas de Celestina Warbeck. La cama esta hecha con pulcritud, ni rastro de él. Le encuentra en el Gran Comedor cuando, con su hambre de cien días, baja a desayunar. Hay un par de profesores desayunando, tres Hufflepuff en una esquina, un pequeño grupo de Ravenclaws hablando de la sangre de dragón y Remus. Sentado solo en la inmensa mesa de Gryffindor, lee El Profeta atentamente mientras delante de él se enfría una taza de chocolate. El techo del Gran Comedor es de un blanco grisáceo, enormes copos de nieve caen sobre sus cabezas, sin tocarles. Sirius se deja caer en una silla frente a Remus e inmediatamente la mesa se llena de comida y después, su plato: huevos y tostadas y salchichas y arenques y bizcochos de frutas y los elfos han hecho bollos de canela porque es la mañana de navidad y todo el comedor huele como si fuese el cielo en la tierra. Lo ataca sin piedad, engulle una enorme cantidad de comida en cinco minutos mientras que Remus da tres sorbos a su chocolate. Es fascinante. A medida que va calmando su estómago, o incluso desde antes, Sirius esta hipnotizado por Remus: la forma en la que bebe sin dejar de leer, el pequeño mordisco que le da a uno de los bollos -no voraz, como Sirius haría, como Sirius cree que debe hacerse, sino pequeño, minúsculo, microscópico-, la calma con la que mastica, ese momento en el que sus cejas se enarcan y Sirius se ve obligado a preguntarse que habrá leído, que es lo que dice el periódico que provoca una respuesta en el imperturbable de Remus Lupin. 

Si Remus fuese Sirius se habría acabado la taza de chocolate de golpe, devoraría los bollos de un bocado, tragándolos sin masticar, no leería el periódico porque Sirius cree con firmeza en la sacrosantez del desayuno y como no debe mezclarse la comida con nada que no sea más que comida pero si tuviese que leer y leyese algo, por Merlín, algo interesante o importante o descacharrante volcaría le mesa con su reacción, estallaría de furia o se reiría a carcajadas o gritaría. Pero Remus no es Sirius y eso, a Sirius, le descoloca por completo. 

 ―¿Me pasas la mermelada? ―Quiere preguntar que dice el periódico pero le sale eso y tiene la sensación de que su voz suena como un ladrido pero a Remus no parece importarle porque sin más, alarga el brazo, coge la mermelada y se la pasa sin siquiera mirarle mientras dice. 

―De nada. 

Sirius pone tres cucharadas de mermelada de más en su tostada mientras observa como ahora Remus se ríe de medio lado con lo que sea que está leyendo. No aguanta más, tiene los dedos pringosos y una pregunta hirviéndole desde hace años.

―¿Por qué eres así? ―Suelta sin pensar. Al principio Sirius cree que ha preguntado "¿Cual es el chiste?" (del periódico, obviamente) pero no, lo que le sale es "¿Por qué eres así?" y se da cuenta que le ha salido eso cuando Remus levanta su narizota al fin y le mira un poco perplejo, un poco...¿molesto? ¿divertido? ¿preocupado? Sirius no sabe, con Remus nunca sabe, maldita sea. 

―¿Por qué soy cómo, ―Pausa y después ―Sirius? ―Con un suspiro cansado. 

―Así. ―Dice, categórico. 

Remus levanta una ceja. Sirius chasquea la lengua, va a tener que explicarlo.

―Tan... ―Dice. ―Tan..., tan...tu. 

―Bueno, sería realmente preocupante que yo fuese muy otra persona. 

Por las tangas de Merlín, es desesperante. 

―¡Ya sabes lo que quiero decir! ―Gruñe, se siente frustrado.

Remus le estudia durante dos segundos, puede que el muy bastardo hasta disimule una sonrisa. 

―Pues no, no tengo ni la más mínima idea de lo que quieres decir, en contra de lo que crees todavía no he desarrollado la habilidad de leerte el pensamiento.

―Bueno, ―Dice Sirius. ―pues deberías. 

―Lo tendré en cuenta. ―Contesta mientras vuelve a su periódico. 

Sirius le da dos bocados furiosos a su tostada, mastica con saña, pensando. Odia tener que pensar durante el desayuno, le provoca días tormentosos. Y entonces lo hace, Remus, lo hace, eso...eso de ser Remus. Es muy sencillo: se chupa un dedo. Tiene un bollo de canela en la mano y cuando acaba de comerlo, se chupa los restos de azúcar del pulgar. Lo hace de forma meticulosa y concienzuda, elegante, sin dejar nada de azúcar en el dedo, como si eso fuese lo único que existe en el mundo y a Sirius Black se le arruga algo dentro del pecho porque esa, precisamente esa, es una de las cosas tan Remus que Remus hace todo el tiempo. Cosas como pasar las hojas de los libros con dedo índice mientras lee, atender en clase sin que le perturben los  ronquidos de Peter, saberse el catálogo de la biblioteca, llevar siempre chocolate en los bolsillos, sonreír enigmáticamente al leer el periódico. Todas esas cosas que Remus hace sin qye Sirius sepa como o por qué y él nunca entenderá, pero nunca dejará de preguntarse sobre ellas, como si fuera un perro y esos pequeños detalles fuesen su colección de huesos preferidos: rechupeteados, remordidos, enterrados donde nadie pueda tocarlos. Es eso. 

―¡Eso! ―Exclama, casi grita y les miran los hufflepuff y los ravenclaws y los profesores y hasta los copos de nieve parecen caer con miedo, como si temiesen despertar la legendaria ira de los Black. 

Remus ni se inmuta. 

―¿Perdón? ―Susurra. 

―Acabas de hacerlo. ―Suena triunfante. ―Eso de ser muy tu. 

―¿Chuparme un dedo? 

Sirius asiente, para él esta claro como el agua. Remus no da crédito. 

―Es un dedo, Sirius, está manchado de azúcar, lo chupo, lo hace todo el mundo, creo que acaba de hacerlo Flitwick ahí al lado, quizá quieras ir a observarlo. 

Pero Sirius aun esta convencido de lo que Remus hace. De todo lo que Remus hace siempre y no se da cuenta. Eso de ser distinto a todas las demás personas del planeta y no tener ni la más mínima idea de ello. 

―Da igual. ―Dice Sirius que ha dado por demostrado su punto de vista y nunca entenderá como nadie, y especialmente Remus Lupin, puede vivir ignorando su singularidad. Intenta olvidarse de la conversación mientras acaba de engullir su tostada y se plantea si comer o no más huevos revueltos y dos o tres pedazos de bizcocho, posiblemente si. 

No es hasta después de un rato que oye la voz de Remus. 

―A veces eres muy raro ¿sabes? ―Le dice. Esta mirándole fijamente, con esa mirada de Remus que hace que las piernas de Sirius tiemblen. ―Muy, muy raro. ―Repite. 

Es una afirmación pero suena como una pregunta, no deja de mirarle y Sirius, pro primera vez, no puede evitar pensar que quizá no sea el único que no entiende al otro. Quizá, al otro lado de la mesa, Remus Lupin esté pensando que nunca entenderá del todo a Sirius Black, aunque lleve años preguntando, años conociéndole. Tal vez lo importante entre los dos sea eso, preguntar. Así que es lo que hace. 

―¿Como un perro verde? 

―Con lunares azules. 

Sirius sonríe de forma risueña e infantil. 

―Eso me gusta. 

Remus suspira. 

―Lo se. 

Merlín, por supuesto que lo sabe. 

(...)

Sirius no entendía por que. 

No había razón para ese pensamiento, simplemente nunca entendía el por que de nada, sobre todo estos últimos dos años. Era de por si difícil entender a las personas a su alrededor porque no sabia tratar a los demás con respeto (como Remus diría), pero ¿Cómo hacerlo cuando se crio rodeado de gente asquerosa que se casaba con sus propios primos y no tenían ningún tipo de respeto por la gente. Remus se sentía indignado con la familia Black y Sirius lo sabia, sabia que los odiaba, aunque él no odiara a nadie, sabia que no le gustaba que Sirius tuviera que volver a su casa, sabia que más de una vez Remus pensó y reconsidero en invitarlo a su casa para navidad, pero nunca se animaba. 

La familia de Remus Lupin era muy distinta a la familia Black o la familia Potter, y no porque fuera mejor o peor que estas, sino porque era simplemente diferente. No, no diferente malo, porque algo proveniente de Remus no tiene que ser malo. Simplemente no puede ser malo. No conoce a sus padres, pero presiente que hay algo más de lo que no quiere hablar. Claramente obligarlo no seria y no es la solución, después de todo, Remus nunca lo obligo a nada. 

Aun así, incluso si no sabe el por que, si no sabe tratar a la gente, si no sabe por que carajos Remus Lupin tiene que ser tan Remus Lupin todo el tiempo, se siente satisfecho con el día de hoy. 

Bueno...se sentía satisfecho hasta la hora del almuerzo. A las tres los merodeadores comían juntos. James recitaba églogas sobre el olor de lila y Lily. Imposible prestar atención. Peter jugaba con su comida, por primera vez, no quería comer. Remus permanecía impasible, comiéndose las verduras, leyendo el nuevo libro que Lily le había prestado. 

―Es de mala educación leer en la mesa, Lupin. 

La voz de Sirius retumbo en la cabeza de Remus, como si se tratara de un tambor. Un puto tambor. ¿Qué mierda quería? Era la primera vez que se quejaba porque él estuviera leyendo, ¿Acaso estaba prohibido? Por otro lado, Sirius no había pensado esto hace días, pero tenia tantas ganas de acercarse a Remus y tomarlo del brazo y llevárselo a la sala común, solo para comerle la boca a besos. 

―¿De mala educación? Tu sorbes la sopa.

Su voz era baja, casi en un murmullo. Si James lo hubiera escuchado no le habría tomado importancia, porque no se oía enfadado. 

Pero Remus estaba irritado. 

Sorbió la sopa sonoramente y apropósito. Nada irritaba tanto a Remus como los malos modales. Excepto tal vez la mala música.

―Yo no sorbo la sopa. 

Remus rodo los ojos y volvió la vista a su libro, como si fuera la cosa más estúpidamente interesante del mundo. Y es que lo era. 

Sirius estaba siendo un niño, comportándose como un pequeño de once años que necesita algo de atención porque nadie lo esta mirando. 

Mientras Remus se ensimismaba en su propio mundo, Sirius no parecía querer sacarle la mirada de encima. Bueno, ni el ni Frank Longbottom, y eso irritaba a Sirius, pero no del todo. Porque Frank no sabe del lunar en el hombro izquierdo de Remus, no sabe de su pequeño problema peludo, no sabe de que color son sus ojos, no sabe que Remus no es tan tranquilo y callado como parece. Frank no conoce a Remus mas allá de la fachada de "el chico bueno que nunca se mete en problemas", Sirius si, y eso le da ventaja. 

A veces, Remus Lupin puede ser jodidamente adorable y eso provoca muchas, muchas cosas en Sirius, cosas que espera que no sean correctas. Tal vez no es la primera vez que lo ha visto en una faceta así, pero si es la primera vez que se siente diferente. En ningún momento se cuestiono de mala manera sus sentimientos por Remus, porque para el, con Remus todo era correcto, todo era perfecto. Sentía un revoloteo en su estomago cada vez que lo miraba con esa mirada de Moony, y sabia que no eran simplemente los extraños nervios de estar con él, sino que algo más fuerte. 

La mayoría de veces cree que hay algo más en su amistad con Lupin, algo que no hay con James, ni con Peter, ni siquiera con Lily. Sirius sabe que hay algo más de lo que no quiere hablar. Es raro, admite que es raro, ¿por que? Porque Sirius quiere estar con Remus todo el tiempo. Quiere abrazarlo, protegerlo, quiere hacer que su sonrisa este siempre en su rostro, quiere verlo leer, quiere que le acaricie el cabello, quiere esconder su rostro en su estomago, quiere sentir su calor. Quiere sentirlo. Quiere besarlo. 

En resumen, Sirius quiere comerse a Remus. 

(...)

―¿Que vas a hacer? ―Le pregunto cuando vio que Remus no estaba empacando sus cosas para irse a casa en navidad, de echo, se quedaría en el castillo. Luna llena caía el 24 de diciembre. Vaya mierda. 

―¿Sobre qué? ―Pregunto, sin quitar la mirada de sus papeles. Estaba con la corbata media suelta, se había quitado el suéter y tenía el primer botón de la camisa desabrochado.

―Tu problema. 

―Tengo mil problemas, si me especificaras tendría 999. 

―Luna llena. 

―Bueno... ―Separó una pila de papeles de la otra y corrigió algo con su pluma. ―Me voy a la casa de los gritos, como siempre. 

―¿Solo? 

Lo vio asentir de reojo. No le gustaba la idea de que pasara aquella noche, el solo en la oscuridad, pero tenia claro que Remus no lo dejaría ir con el. 

―¿Que haces? ―Le pregunto Sirius. 

―¿Eh? 

―¿Que que haces? ―Rodo los ojos con diversión. 

―Una lista. 

―¿De que? 

Remus levanto la mirada y vio como Sirius estaba envuelto en una manta, igual que un burrito. Tenia un pequeño puchero formado en su boca y sus ojos brillaban del aburrimiento. 

―¿Quieres acompañarme? 

―Si. ―Dijo sin dudar y se acerco a la cama de Remus, se sentó a su lado y apoyo su barbilla en su hombro. 

Remus se tuvo que abstener a la idea de llenar el cuello de Sirius de pequeños, melosos y suaves besos. 

―Moony. 

―¿Si? 

―¿Lista de que? 

Remus soltó una suave risita y volteo a ver a Sirius, dejando una distancia algo comprometida entre ellos. 

—De tu regalo de Navidad.

Sirius mentiría si dijera que no se sorprendió. ¿Por que le daría un regalo?

—Moony...

—No digas nada, te lo daré igual.

—Remus. —Sirius lo tomó suavemente de la barbilla, haciendo que sus ojos fueran uno y el alrededor desapareció por unos momentos. —Tu me das todo con solo mirarme.

Remus enrojeció como un tomate. No supo que decir y eso lo perturbó. Trago duro e intentó apartar la mirada, pero estaba hipnotizado con los lindos ojos de Sirius.

—¿Que? —Pregunto Remus. Quería saber. Quería saber que pasaba por la mente de su amigo, quería saber en qué mierda estaba pensando como para haberle dicho eso.

Los ojos de Sirius se suavizaron. El brillo se incrementó, sus pupilas estaban dilatadas y no hacia más que mirar a Remus con admiración.

Y lo beso.

Beso a Remus Lupin. No, no a Moony. No al chico adorable, tranquilo y tierno que ama leer y ama el chocolate. Beso a Remus y se sintió como tocar el cielo. Fue suave, lento. Sirius se tomó el tiempo de averiguar a que sabían los labios de Remus. Chocolate, como no.

Remus dejó sus papeles de lado y enredo sus dedos en el suave cabello de Sirius. Fue todo lo que alguna vez pensó que sería.

En algún punto, todo había cambiado. Sirius tiro de la corbata de Remus, chocó con su nariz, beso sus dulces labios y se dejo llevar por el olor a canela de él. Fue como pegarse con un muro, pero un muro que se abría y volvía cada vez más suave, más caliente, más blando. Lo beso un buen rato porque su madre nunca se sintió igual que su hijo al probar los labios de su esposo. Lo beso porque Remus de dejó besar y Sirius sintió la necesidad de tocarlo. Lo beso porque Remus soltó aquel sonido suave, parecido a un débil gemido. Apretándose y frotándose, arrugado los uniformes con la fricción y con el calor.

—¿Eres mío?

La respuesta era claramente, muy importante.

—Sirius, eso no...tu no puedes...yo no... —Pero su protesta llegó hasta ahí y se rindió. Con los ojos brillantes y los labios al rojo vino, dijo —Supongo. —Murmuro, no porque dudara, sino porque se moría de vergüenza.

Se miraron un rato con los cuerpos juntos, sin saber si debajo decir algo. Sirius querían decir algo.

—Quiero besarte el cuerpo. Todo el tiempo.

Remus enrojeció de manera fulminante y el cambio en su mirada fue casi violento. Como si se hubiera derretido y luego le hubieran vuelto a solidificar en un solo segundo. Se pego a el y bajo los ojos y estaba caliente y rígido.

—Sirius... —Murmuro, y lo volvió a besar, sintiendo las mismas jodidas mariposas.

Black término con la espalda pegada en el colchón de la cama y Remus con la mitad de su cuerpo sobre el.

Sirius aún no entendía el por qué, pero le gustaba el porque de las cosas. De las cosas de Remus.


















MATT'S NOTE:

AME ESTO CON LOCURA

voten xfa 😭😭

Enfin, no hay mucho que decir

Nos vos, besitoss

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