21 ― fiesta del 76
24 de mayo, 1976
***
Las fiestas de Mary podían, o no, terminar bien. No había mucho alboroto, al menos no tanto como cuando Slytherin hacía una fiesta. Pero, por favor, hablamos de Mary, con ella todo es alboroto.
Aunque Sirius nunca lo admitiría, ya no iba a tantas fiestas desde que se entero que estaba enamorado de Remus. No sabía por qué pero siempre había algo que lo detenía. No se sentía seguro dejando a Moony solo mientras él iba a una fiesta.
De una forma u otra, James había convencido a Remus de ir a la fiesta que Mary haría el viernes por la noche. No era muy fácil resistirse a las peticiones de James Potter, incluso si eres su mejor amigo, así que decir que no, no era precisamente una opción.
Además, Remus estaba más o menos estresado con los exámenes y el estrés no le sentaba muy bien. Sus amigos tenían razón, debía de relajarse al menos un poco. Sin embargo, no había visto a Peter por ningún lado. El rubio había estado desapareciendo las últimas semanas, casi no lo veía. Temía que estuviera haciendo algo peligroso, pero de todas formas no quiso meterse.
Era viernes en la mañana cuando el castaño iba saliendo de la biblioteca con dos libros nuevos en su bolso. Era como una especie de criatura come-libros, según Sirius, y Remus estaba totalmente de acuerdo con su conclusión.
De todos modos, a nadie le desagradaba la compañía de Lupin, y era más que bienvenido en la biblioteca. Era el único alumno que Madame Pince parecía soportar. Remus en secreto sabía que él era su favorito.
Mientras se dirigía al Gran Salón, se pregunto como dejo que sus amigos lo convencieran de ir a una fiesta. No es que nunca vaya y siempre se quede solo cuando ellos salen, pero no es fanático de beber algo que no sea chocolate o café, y tampoco le gusta estar rodeado de gente todo el tiempo, pero por alguna razón, sintió que se lo debía al adolescente que llevaba dentro de él. Por esta vez, y solo por esta vez, cedió.
El día era fantástico. Estaba soleado y había una brisa agradable en el aire, el ambiente no era pesado ni tenso como muchas veces, y se sentía increíblemente feliz.
Todo parecía ir demasiado normal.
Hasta que sintió una explosión en el Gran Salón. Se abstuvo a no darse media vuelta e ir a tirarse por la Torre de Astronomía. No había que ser genio para adivinar que James Fleamont Potter y Sirius Orión Black estaban metidos en ese extraño suceso.
Antes de que pudiera doblar o dar media vuelta, Sirius paso corriendo frente a él, con James detrás, ambos huyendo de McGonagall, seguramente.
Los iba a matar, algún día.
Se paso una mano por su nuca. Pensándolo bien, debió haberse quedado en la Sala Común con Lily. Escucho pasos detrás de él y rápidamente se dio vuelta, encontrándose con la jefa de su casa.
―Buenos días profesora McGonagall. ―La saludo con una sonrisa digna de un ángel, como si fuera el ser más inocente del mundo. Ni él se creyó su pésima actuación.
―Señor Lupin, de casualidad no ha visto al señor Black o al señor Potter por aquí, ¿verdad? ―Cuestiono la mayor con suma seriedad.
Remus supuso que después de años conociendo a los merodeadores, ya no le creía nada.
―Oh, si, si, si. Creo que acabo de ver a Sirius correr por ahí. ―Apunto a un pasillo que estaba a su izquierda.
Mentira, Sirius se había ido por la derecha.
―¿En serio? ―La profesora mostró su sorpresa.
―¿En serio qué? ―Pregunto el licántropo, fingiendo demencia.
―Que se fue.
―¿Quien?
―El señor Black.
―¿Cual Black?
McGonagall entrecerró los ojos sin una pizca de paciencia. ―Ya hablare con usted Lupin. ―Camino por el pasillo izquierdo y desapareció del campo de vista de Remus.
El chico tuvo que morderse la lengua para no soltar una fuerte carcajada. Ya se las cobraría a esos cabrones que tenía de amigos. Quizás que barbaridad habían echo en el Gran Salón.
―Buenos días Remus. ―Escucho una dulce voz, al darse vuelta se encontró con Pandora Rosier.
―Buenos días Panda, ¿vas a desayunar? ―La saludo con amabilidad. La rubia le caía bien, a diferencia de la mayoría de las chicas de Ravenclaw, Pandora si tenía algo que decir y mucho que ofrecer. En cambio, sus compañeras de casa eran bastante huecas, pero eso jamás lo diría.
―En las cocinas, al parecer. ―Dijo la chica, viendo como salía un humo color rojo desde las puertas del comedor.
Remus hizo una mueca. ―¿Te molesta si te acompaño?
―En absoluto. ―Le sonrió la menor. Pandora lo tomo del brazo con delicadeza y lo guio. ―¿Te conté la criatura que encontré la semana pasada? Fui con Amos, es muy dulce por cierto.
El chico se deleito con la historia de la chica durante todo el camino.
(...)
Puede que Remus, por esta vez, no se haya arrepentido de ir a una fiesta. Pero, vamos, era la fiesta de Mary. Eso lo dice todo.
Se había perdido entre la gente que bailaba y bebía sin parar, pero Remus estaba dentro de su propia orbita, nadie podía sacarlo de ahí. Tenía los primeros botones de la camisa desabotonados, la corbata la tenía alrededor del cuello, sus mejillas estaban rosadas y su cabello estaba alborotado. De fondo se escuchaba "Wonderwall" de Oasis. Remus amaba esa canción.
Se movía lentamente al ritmo de la música, sin bailar realmente, solo balanceándose con la cabeza echada hacia atrás y los ojos completamente cerrados.
Había bebido uno o dos vasos con vodka, pero se sentía en las nubes. No recordaba exactamente cuando fue la última vez que se había sentido de esa manera; libre. Está bien, si, una guerra se avecinaba y muchas personas morirían, pero esa noche no era "el recluta de Dumbledore", esa noche era Remus Lupin, un chico de 16 años que quería brillar.
Su piel brillaba de una manera impresionante bajo las luces tenues del lugar, como si fuera una estrella en el cielo oscuro.
Soltó una risa al aire ante sus pensamientos. Estaba feliz. Se sentía feliz. Por primera vez en toda su vida sentía que esa felicidad se la merecía, que era para él y solo para él.
Sintió unas manos deslizarse por su cintura con lentitud y dulzura, como si tuviera miedo de romperlo. Sabía quien era. Puso sus manos sobre las del contrario y las posiciono justo en su estomago. Echo la cabeza hacia atrás, dejando que cayera sobre el hombro de Sirius. Los labios del pelinegro rozaban con la mandíbula. Remus sonrió ante el tacto.
Sus ojos se encontraron en medio de la oscuridad y el mundo desapareció, como si solo fueran dos almas destinadas a encontrarse y estar juntas para siempre.
―Hola. ―Dijo el castaño. Sus ojos brillaban de una forma tan linda que Sirius sintió que se enamoraba un poco más.
―Hola, amor. ―Le devolvió el saludo. Remus sonrió de manera brillante y deslumbrante.
Se separo con lentitud y miro al pelinegro con la misma sonrisa.
―¿Estás borracho? ―Pregunto Sirius con diversión.
―Nooo.
El pelinegro soltó una risita. Por supuesto que lo estaba, y se veía adorable.
―Ven, ―El chico Black le extendió la mano. ―te conseguiré un poco de agua, ¿si? Y luego podrás seguir bailando.
Remus se permitió tomar la mano de su novio y dejo que lo guiara. Después de todo con él estaba a salvo.
(...)
Era tarde, tal vez demasiado, pero Sirius ya estaba cargando a Remus de vuelta a la habitación.
Eso le dio el tremendo deja vú.
Mientras Remus parecía tararear una canción en voz baja, Sirius abrió la puerta de su dormitorio. Estaba vacío, James seguía en la Sala Común y Peter estaba Merlín sabe donde. Dejo al castaño sobre su cama, pero este rápidamente se sentó. Miro a Sirius ladeando la cabeza.
―Te pareces a mi novio. ―Dijo finalmente. El pelinegro soltó una risa y se sentó frente a él.
―¿Ah si? Debe ser muy guapo.
―Lo es. ―Tomo una de las manos del pelinegro y empezó a jugar con sus dedos, entrelazándolos con los suyos. ―¿Te puedo pintar las uñas?
―¿Eh? ―Sirius frunció el ceño, confundido.
―¿Te puedo pintar las uñas? Del color que quieras. ―Dice Remus, y sus ojos brillantes son tan irresistibles que Sirius no puede decir que no.
El castaño se acerca a su baúl y saca una pequeña cajita celeste, dentro de esta había pinta uñas de distintos colores. Tomo la mano izquierda del pelinegro y la dejo sobre rodilla. Abrió el esmalte negro y empezó a pintar sus uñas una por una. A pesar de estar borracho, Remus tenía una precisión increíble y eso dejo gratamente sorprendido a Sirius.
Sin poder evitarlo, tomo la barbilla del oji-miel y lo beso con suavidad.
MATT'S NOTE:
explíquenme pq soy tan lindos LPM
enfin,
este cap me transmite una paz eterna que no saben
ojala les guste el cap
nos vemos, besitoss
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro