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Muy Dulce Para No Ser Omega

La sociedad estaba en su mayor apogeo. Podías ver en las calles a lindas omegas con hermosos vestidos de encajes, seda o satén, ocultas de los rayos del sol con sombrillas y sombreros, caminando animadamente por la calle.

Lo único que importaba en ese momento era el control y el poder, de dónde vienes y quiénes fueron tus padres, si ellos no fueron nadie... entonces no serás nadie.

Los alfas encabezaban la punta de la pirámide en la sociedad, siempre tenían el control, tanto chicas como chicos.

Los betas eran el eslabón del medio, la mano de obra en la mayoría de negocios y actividades y una de las castas más explotados de la sociedad.

Y por último los omegas como él: Kim Taehyung... que viven pensando si tendrán comida para poner esa tarde sobre su mesa. Ellos —a excepción de los omegas nacidos en el seno de la aristocracia y la burguesía—, son la casta más explotada y humillada. No tienen trabajo y la gran mayoría vive en las calles, prostituyéndose y muy, pero que muy pocos servían de mucamas y criados en las casas de gente acomodada. Porque solo eran: "unos ofrecidos que apestaban la casa son su olor empalagoso, tratando inútilmente de llamar la atención", como decían muchos idiotas sin cerebro.

Y el empleo de ese castañito se mantiene, en su mayoría, gracias a la cooperación de su lobo, porque sino, ya lo habrían echado hace mucho.

El chico aprendió a usar cremas herbales para disminuir su aroma y su lobo reduce la cantidad de fermonas expulsadas por el castaño, para que nadie se entere de la verdadera casta a la que pertenece. Es un intercambio mutuo para ambos sobrevivir, simple.

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Las calles esa mañana estaban menos pobladas que de costumbre. El falso beta iba camino al trabajo, como todos los días, vistiendo un traje negro bien planchado y llevando como siempre, una pequeña botella con aquel remedio casero para aplicarse en caso de una emergencia. 

—Hola pequeño —saludó un chico con una voz que ya lo tenía asqueado —. ¿Vas a trabajar a la mansión Jeon ahora? 

—No es de tu incumbencia si trabajo para los Jeon o si trabajo para los Park —espetó seco el menor, apurando el paso.

Lo que Kim no esperaba era que su mano fuera tirada con fuerza y él fuera a caer de sopetón contra la pared de un callejón inmundo, siendo cubierto por el gran cuerpo del alfa contrario.

—Ojalá trabajaras para los Min, ganarías mucho más por hacer mi cama que por limpiar tres veces aquel caserón —susurró al oído del omega con voz ronca —. Aunque ganarías el doble si eres tú el que duerme en mi cama.

Kim ya sentía náuseas, así que forcejeó, tratando de liberarse. Al serle esto inútil, dió un rodillazo en la entrepierna contraria y de una cachetada sacó de encima suyo al rubio.

El omega comenzó a correr por las calles, queriendo huir de aquel alfa rubio que lo asediaba. Lo peor de todo, era que las personas que pasaban,  lo veían en ese estado y solo desviaban la mirada en otra dirección. Es todo tan humillante...

El chico no detuvo la carrera hasta llegar al portón de la residencia dónde trabajaba, cerrando la reja detrás suyo y viendo como Min Yoongi a lo lejos quería alcanzarlo, disimulando su cojo caminar a causa de el golpe recibido en su... amiguito...

Los omegas también saben defenderse.

El pequeño chico caminó hasta dar con la puerta de servicio, entrando y saludando a las betas y a la omega que trabajaba en la cocina. Sí, una única omega... el señor Jeon no toleraba a los omegas, con suerte ella trabaja aquí.

Fue hasta la habitación  para el servicio y tomó del estante su uniforme, cambiándose rápidamente y dejando su ropa en el espacio vacío.

Tomó una charola con un plumero y subió las escaleras principales, comenzando a desempolvar cada cuadro del corredor y cada estatuilla de porcelana de esas finísimas que estaban en mesas a lo largo del pasillo.

Tan ensimismado en su tarea estaba, que no se enteró de cuando el señor Jeon pasó por su lado. El viejo se había quedado parado a su lado, esperando por el saludo y la reverencia del chico.  Jin, un beta de avanzada edad que observó la escena se acercó, tratando de llamar la atención del castañito bonito:

—Buenos días señor Jeon —saludó haciendo una pronunciada reverencia y luego marchándose.

El menor al oír esto se sobresaltó y se giró aterrado, doblándose en una reverencia y esperando que ese viejo verde de aroma repugnante, no lo despidiera por semejante desplante de su parte.

—Buenos días señor Jeon —susurró sintiendo como se le iba el aire —. Perdone este error, por favor.

—¿Y quieres que te perdone? —preguntó indignado —¿Cómo te voy a dejar pasar que no notes mi presencia y mi varonil y distinguido aroma? —cuestionó con un deje de rabia y algo de altanería.

"Mentira... su aroma a tierra es lo más asqueroso que ha entrado por mis fosas nasales." pensó molesto el pequeño.

La fragancia personal del alfa de volvió agria y su aura se transformó en una más oscura y pesada que la de costumbre.

El lobo de pelaje castaño se sintió asfixiado y asustado, comenzando a expulsar un suave aroma a jazmín, almendras y cereza... irresistible para cualquiera. El viejo alfa notó el cambio de aromas en el ambiente y miró Taehyung encogerse en su lugar. Pero antes de que pudiera siquiera reclamar o echarle de ahí, su hijo hizo acto de presencia.

—Señorito Jeon —volvió a saludar Kim con una reverencia.

El lobo del castaño se removió inquieto ante la presencia del joven alfa Jeon. Aspiró profundamente y meneó la cola al sentir el aroma maderable con toques de licor y menta que emanaba el pelinegro.

—Alfa —le dijo internamente el omega a su humano —,lindo alfa... mío.

Kim quería negar esa descabellada ocurrencia por parte de su lobo en ese instante, pero no podía. Parecía acorralado entre la espada y la pared, bajo las miradas de sus patrones: el de aroma a tierra, que parecía querer matarlo en ese instante, y la del de aroma delicioso...

La mirada del joven Jeon era adictiva y oscura. Sus pupilas estaban algo dilatadas y sus ojos tenían leves y casi invisibles destellos rojos. El chico era bien distinguido: alto, de tez blanca y cabellos negros y ondulados hasta la mejilla. Sus ojos negros encajaban perfectamente en su precioso rostro y su mandíbula marcada le daba ese aire imponente y varonil que se cargaba. Y sus labios, sus labios parecían de ensueño, rosados y algo voluminosos...

—Necesito ayuda para limpiar el café que tiré sin querer al piso, en mi recámara —se dirigió sin rodeos al padre.

—Llévate a ese cualquiera infeliz —ordenó con ira contenida, refiriéndose al único omega presente.

Jungkook dió media vuelta y se devolvió por el pasillo, esta vez, con Taehyung detrás de sus pasos. El aludido tenía la cabeza baja, estaba asustado mientras que su lobo estaba más que contento.

—¿Ves? Nuestro alfa quiere estar cerca de nosotros —volvió a decir el lobo marrón.

—Que no es nuestro alfa —negó en un susurro, con los dientes casi rechinando.

Lo que no sabía el chico de piel acaramelada era que Jeon tenía un muy desarrollado sentido de la audición. Y sí... había escuchado eso.

Jungkook sintió como la comisura de sus labios se alzó de manera leve y graciosa mientras que entraba a su habitación y sentía la puerta ser cerrada por el joven empleado. El pelinegro se sentó en su cama, viendo burlón al desorientado omega, que buscaba alguna mancha de café sobre el tallado y carísimo suelo de madera.

—S-se-señor —llamó nervioso el castaño —, aquí no hay ninguna mancha o suciedad.

—Lo sé —respondió tranquilo —, te traje aquí para que puedas respirar tranquilo por un rato, omega.

Taehyung lo miró incrédulo, tratando de asimilar la información. Se asustó al ver a Jungkook caminando en su dirección con una sonrisa ladina y comenzó a retroceder, trastabillando con una esquina de la alfombra esa de alpaca —feísima según él—, y perdiendo el equilibrio. Jeon lo atajó en sus brazos, encajando el menor perfectamente sobre su cuerpo. El pelinegro aprovechó la oportunidad y sostuvo con firmeza la cintura del contrario, inmovilizándolo y acercando su nariz a su cuello, aspirando su exótico aroma natural.

El castaño sintió una cálida respiración en la dermis de su cuello y giró rápidamente la cabeza, encontrándose con dos orbes azabaches que lo miraban como si su vida dependiera de ello.

—Delicioso —susurró con voz gruesa en su oído, dando lenguetazos en la piel color canela —, me pregunto... ¿cómo se vería mi marca ahí?

—S-se-ñor-rit-to Jeon —apenas pudo musitar el castaño —. Esto n-no es correcto —terminó la frase, tratando inútilmente de parecer firme.

Tener tan cerca al alfa, su respiración en su cuello, y su aroma inundando sus fosas nasales, estaba mareando a su omega, casi haciéndole delirar. Los aromas de ambos se mezclaron y llenaron toda la habitación, creando una esencia única y esquisitamente exótica.

—Jungkook, solo Jungkook, cariño —demandó con el mismo tono de antes.

—Jungkook —susurró Taehyung.

—Mucho mejor Taessi...

—¡Señor Jeon! —llamaron a la puerta —Tiene visita —informó la mucama.

—¡Estoy ocupado! —mintió el pelinegro desde el interior de la recámara.

—Es importante, señorito —insistió la chica.

Kook soltó un buen gruñido y apretó más a Taehyung entre sus brazos.

—Debo irme, pero nuestra... plática —dijo con una sonrisa pícara—, termina luego Taessi.

El de tez pálida salió del la habitación y Taehyung se tomó la libertad de sentarse en una de las sillas que había en esta para tomar un poco de aire.

Su lobo movía la cola alegre y daba brincos por doquier, ocasionando esa sensación de mariposas revoloteando por su estómago, solo que parecía que lo que había en su interior era una manada de elefantes en estampida.

Kim se acomodó su ropa y salió de la habitación con cautela, viendo para todos lados y casi corriendo escalera abajo cuando no vió al señor Jeon por todo aquello. Se dirigió a la cocina, pero antes pasó por el salón, y no pudo evitar escuchar parte de la conversación:

—¡Yeji! —saludó alegre el menor de los Jeon —Tan bonita.

—Jungkookie, cuánto tiempo —le devolvió el saludo la chica y ambos tomaron asiento —. Iré al grano.

Ambos tomaron asiento, la chica se notaba nerviosa y muy tensa, por lo que abrió su boca y soltó lo retenido.

—Mi padre quiere comprometernos, y sé que eres un magnífico alfa, pero no te quiero de esa manera, solo como amigos. Y no puedo forzar algo que no saldrá bien —dijo con una sonrisa torcida —. Necesito que busques una pareja y te comprometas.

A Taehyung casi se le va el aire con tanta revelación, y más viendo a una chica tan bonita y proveniente de la familia Hwang —una casi tan adinerada como los Jeon— rechazando al alfa contrario.

—Ya encontré a alguien, lo encontré hace mucho —le comentó Jeon con una hermosa sonrisa.

El castaño en ese momento se sintió mal y quizás algo usado, aunque no había motivos. Entre él y Jungkook no había nada. Pero estaba esa opresión en su pecho que le sacaba el aire y le cristalizaba sus ojos al saber que no existía la posibilidad de que esa persona sea él.

El omega se dirigió a la cocina, era hora del almuerzo, y sin embargo, no comió casi nada de la maravillosa receta preparada por Jin.

—Ay pequeño, debes darle tiempo al tiempo, y dile a tu omega que no se vuelva loco, la Luna sabe lo que hace—aconsejó sabiamente dicho beta mientras acariciaba sus cabellos.

Y Tae solo sintió más ganas de llorar.

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La tarde había caído y era momento de que Taehyung y los demás empleados volvieran a sus respectivas casas.

A esas horas ya oscurecía, por lo que Kim tomaba un camino más alejado, y más seguro. Justo por el límite del bosque, había un trillo en muy buen estado y transitado exclusivamente por él —y por casi más nadie—.

A medio camino, su abdomen bajo se estrujó dolorosamente y comenzó a sudar mucho. Sintió su piel hervir y sus mejillas calentarse demasiado. Su vista se nubló y todo lo que pudo hacer el chico fue recostarse al tronco del árbol más cercano. Otra punzada más... dolía mucho y Tae solo podía soltar gemidos lastimeros.

—Quiero a mi alfa —sollozó su omega —, búscalo y dile que me haga cachorritos —demandó el lobo.

Kim quiso pegarle al exigente animal, todavía faltaba un mes para que llegara su celo y todo esto era capricho de su lobo. Él estaba empeñado en que Jeon Jungkook era su alfa.

Sintió ramas crujir bajo la pisada de alguien, que cada vez se acercaba más a él. Y ahí, en medio de la oscuridad, con un esfuerzo sobrehumano, se puso alerta, percibiendo el desagradable aroma a sésamo de Min en el aire.

—¡Omega! —canturreó el alfa —Ya no puedes esconderte, estás en celo, déjame ayudarte belleza —se insinuó cada vez inhalando más de la dulce fragancia del contrario.

El castaño empezó a correr, adentrándose en el bosque, tratando de perder al alfa. Pero su lobo no ayudaba y cada vez soltaba más fermonas, estas poniéndose agrias por el miedo. Sus piernas temblaban y cada dos pasos miraba hacia atrás tratando de localizar a su depredador, mas no lo veía.

Ya estaba sin fuerzas, todo en él dolía y hasta le costaba trabajo moverse. El celo estaba causando estragos en él y pronto sólo sería un chico irracional perdido en las necesidades "naturales" de su omega.

Trató de seguir corriendo, pero delante de él había una figura oscura, a la que solo alumbraba un rayo de la luz de la luna que se colaba a través de los árboles: Min Yoongi.

El castaño soltó un chillido asustado, dando media vuelta para tratar de escapar. Su vista estaba borrosa y por la acción, y por la poca noción de las cosas a su alrededor, terminó cayendo de bruces al suelo. Yoongi se acercó a él y lo tomó de la cintura, haciendo presión en el área y provocando que el contrario soltara un ligero gemido.

—¿Ves? Al final si te gustará —aseguró complacido y con más deseos de volver a escuchar aquel sonido.

El alfa puso a Kim contra el tronco de un árbol, este último removiéndose sin fuerzas, queriendo zafarse de su agarre.

—Mgh —volvió a gemir el castaño la sentir las manos del rubio apretar sus glúteos.

De nuevo, otra punzada llegó al organismo del castaño, comenzando a desesperarse y a pensar en todo lo que le ocurriría en ese momento. Se sacudió nuevamente, en un intento fallido de liberarse y comenzó a soltar gemidos lastimeros.

—Alfa —pidió casi llorando al sentir nuevamente el dolor en su vientre bajo —necesito a mi alfa.

—Yo soy tu alfa bonito —aseguró el rubio metiendo su nariz en el cuello del omega.

—Mhg Kookie —volvió  a gemir el castañito al sentir otro apretón en su cintura.

—¿Qué? —preguntó anonado el rubio, sintiendo la furia invadir su cuerpo ante la mención de un tercero.

—Alfa... —volvió a sollozar al sentir los botones de su camisa ser casi arrancados para ver debajo de ella —no quiero, quiero a mi alfa —remarcó dando pequeños golpes carentes de fuerza en el hombro contrario, sin causar ningún efecto.

El omega comenzó a llorar silenciosamente mientras que sentía al rubio lamer la piel de su cuello y marcar la dermis de su pecho a su antojo, removiéndose incómodo debajo de él.

Taehyung cerró los ojos al sentir una mordida muy cerca de su cuello, en el lugar que iría una marca. Chilló con fuerza y empezó a pataletear, a llorar y a entrar en la pura desesperación. Eso fue un aviso: que no se salvaría de esta.

El castaño sabía que todo estaba perdido, pero su omega aún mantenía un hilito de esperanza con él.

—A-Alfa —suplicó, sintiendo lágrimas abandonar la cuenca de sus ojos.

—Omega —llamó una impotente voz con un fuerte gruñido.

Para cuando Min se percató de la presencia de otro alfa, este ya lo había sacado de un empujón lejos de aquel omega. Su oponente estaba encima de él, apoyado en sus hombros e inmovilizándolo.  Los rayos de la luna chocaron de lleno en el rostro desconocido, revelando su identidad y sorprendiendo al rubio.

—Jeon Jungkook... —lo nombró, con una risa nasal —¿qué te trae por estos rumbos?

—Vengo a cerciorarme de que no tomen lo que es mío —volvió a gruñir el pelinegro.

—¿Tuyo? Pero si es solo un criadito, ¿que va a tener de especial? —se mofó Min en su cara.

El alfa pelinegro se molestó, sintió la furia hacerse líquida y recorrer cada vena de su cuerpo. Su lobo también se descontroló, dándole más fuerzas a su humano, haciendo que este apretara el agarre en los hombros contrarios. Sus ojos se tornaron rojos y su mandíbula se tensó en demasía.

—Ese es mi omega, yo decido si es o no especial —habló con ira contenida, sintiendo el miedo del contrario, viendo como se removía para soltarse—. Sólo conmigo puede pasar su celo y sólo puede amarme a mí, despertará a mi lado y cargará en su vientre a nuestros cachorros —demandó —. Y solo mi marca puede adornar su precioso cuello.

Las manos de Jeon pasaron de los hombros al cuello contrario, haciendo presión en él y asfixiando poco a poco al rubio, quien usaba su escasa fuerza tratando de liberarse.

Iba con un objetivo claro: arrancarle la yugular de una mordida, pero al ver al castaño decidió solo desmayarlo. Sería un mayor tormento para Min verlos juntos y felices.

La falta de aire hizo que Yoongi cayera inconsciente, un poco más, y muerto. Jeon se quedó viendo la escena, hasta que un gemido lastimero lo sacó de su trance e hizo que volteara en esa dirección.

El celo de Taehyung era como la mierda, su omega sentía a punto de ser rechazado y las punzadas y dolores eran mucho más fuertes. Su vista era borrosa y su piel quemaba, mientras que su entrada expulsaba lubricante natural en demasía, manchando su ropa interior y pantalones.

Jungkook se acercó con rapidez y el castañito se hizo una bolita y se encogió en su lugar. Abrazó su vientre, tratando de apasiguar los síntomas del celo y sollozó. El pelinegro acarició su cabello y el contrario dió un respingo, levantando levemente su mirada cristalizada.

—Taessi — llamó suavemente Jungkook.

Nada.

—Omega —insistió.

—Alfa... —respondió con voz quebrada —mgh... —volvió a gemir involuntariamente.

Jungkook notó como el aroma de Tae dejaba de ser agrio poco a poco, es más, era realmente dulce y fuerte. Las fermonas del castaño estaban afectando de una manera deliciosa los sentidos de Jeon, quién se concentraba en aspirar lo más que podía la fragancia.

—Kookie —volvió a llamar el omega, un poco perdido en el celo —, duele.

El alfa dejó de procesar toda  información cuando el contrario le llamó con ese mote tan tierno, pero a la misma vez tan cargado de lujuria. Su cuerpo recibió intensas pulsaciones en sus partes bajas y su lobo yacía más que dispuesto a satisfacer todos los deseos de su omega.

Y sin esperar más, pasó sus brazos por las piernas y cintura del castaño, afirmando el agarre de esta última y sacando otro suspiro necesitado del omega.

Tomó al chico en brazos y comenzó a caminar por el bosque, donde a pocos metros, se encontraba una cabaña bien escondida entre los árboles, propiedad del pelinegro.

A nada de llegar al lugar, Taehyung empezó a restregarse contra el más pálido, buscando más contacto para cesar su malestar. La poca cordura que le quedaba a Jeon fue empleada en casi correr dentro de la casa, cerrar de un portazo y dirigirse directo a la habitación.

Kim cayó suavemente en el mullido colchón de la cama, quejándose por la falta de contacto con el contrario, pero quedando mudo del todo al ver como Kook se quitaba la camisa de un tirón y esta quedaba por algún lugar de la habitación. El castaño humedeció sus labios, sin quitar la mirada del marcado y lechoso abdomen contrario.

Jungkook se posicionó encima de él, gruñendo al sentir el aroma de otro alfa sobre el cuerpo del de piel acaramelada. Marcó con su aroma al omega, sintiendo esa perfecta combinación de las esencias de ambos llenar la habitación. Su próximo movimiento fue en el cuello del chico bajo él, lo mordisqueó y lamió, sacando gemidos en el contrario. Y por último: metió su nariz en la dermis contraria y sentió el exótico aroma del menor.

—¿Sabes? Lo supe desde el primer día —dijo con voz grave en el oído del castaño —. Eres muy dulce para no ser omega.

Fin.

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