
(3)
Rebecca despertó sobre su escritorio, no recordaba a qué hora se había ido a acostar pero tenía debajo un libro de historia egipcia que había encontrado en la biblioteca familiar.
Un mensaje la sacó de su divagación matutina sobre a qué hora se había quedado dormida.
Rápidamente decidió organizar todos sus pendientes, ayer había puesto una mochila con cosas que podría usar en el trabajo y su ropa ya estaba acomodada en su closet lo que simplificaba algunas cosas.
Se apresuró a darse una ducha y estar un poco presentable porque ya sabía cómo era su hermana con el tema de la puntualidad.
Media hora después de ese mensaje, Charlotte tocó la puerta de la habitación y sin meterse a indagar de dónde venía el olor a humedad, saludó con la mirada a su hermana y le dijo que la esperaría en el auto.
Rebecca tomó su mano y cuando se encontró de frente a Charlotte decidió saludar
-Gracias por el aventón.
-Ni lo menciones.
Cuando la mayor se dio cuenta que Becky iba más callada que lo normal decidió averiguar porqué.
Las hermanas no dijeron nada más porque mantener una conversación entre ellas siempre era muy difícil. Charlotte se estacionó en el primer Starbucks que estaba muy cerca del museo.
Las hermanas entraron a la cafetería y no contaban con que los reporteros comenzaran su turno desde muy temprano.
Al parecer las revistas ahora estaban al pendiente de Rebecca pero más de la persona que la acompañaba.
Y como siempre, no todas las noticias eran buenas pero los medios con más influencia siempre tendrían más atención.
A Charlotte si le gustaban las fotos y nunca imaginó estar en una revista de modas porque ese no era su público objetivo, así que cuando volvieron al auto con su café y sus lentes de sol, la mayor decidió enfrentar a Becky
-¿Por qué trajiste a esos sujetos aquí?
-Charlotte, el mundo no gira alrededor de mí.
-¡Que novedad!- la mayor rodó los ojos.
-Es la verdad, pero de alguna manera somos una familia pública.
-Sí, pero en otros medios, no en Vogue- la mayor levantó la voz.
-Solamente disfruta la atención, eso puedes hacerlo.
-Quiero ver si reaccionas igual cuando sea la BBC o NatGeo.
Rebecca abrió la boca pero de ahí no salió nada, sabía que enfrentaría a otro tipo de prensa así que tenía que prepararse.
De nuevo las chicas se sumieron en un silencio tenso hasta que llegaron al museo Británico donde un grupo de personas esperaba a Rebecca Armstrong
-Iré a estacionar el auto y tú encárgate de tus fans- ordenó Charlotte.
Becky entonces fue abandonada con su mochila frente al museo Británico, todas las fans comenzaron a gritar pidiendo fotos y autógrafos que la inglesa negó con una sonrisa.
-Te ves bien.
-Te deseamos lo mejor en este primer día.
Rebecca solamente se dedicaba a saludar, invitaba tímidamente a las chicas al museo y se despedía con una sonrisa.
¿Que le habían hecho a su Becky? Esta chica se veía más precavida y no hacía movimientos raros frente a la cámara, ya se veía más aburrida.
Cuando Rebecca llegó al museo se despidió de sus fans prometiendo un live y más cosas para interactuar. Entró al museo que era cuidado por un hombre grandote al que le sonrío con cautela, le dijo su nombre y el sujeto la dejó pasar con una sonrisa.
Charlotte ya estaba en la entrada platicando con alguien y de nuevo se notaba ese rostro de superioridad que solía tener con los empleados
-Ella es Nam, guía del museo
Las mujeres estrecharon las manos
-Mucho gusto, soy Rebecca Armstrong
-La hermana perdida- comentó Nam sin querer ofenderla, pensó que aún la reconocería
Charlotte asintió y le dedicó una sonrisa a ambas.
—Las dejaré para que hagan el recorrido y yo iré a revisar el itinerario de la nueva exposición
—Si señorita Charlotte
La mayor se alejó dejando a solas a las nuevas conocidas. Nam le dio una sonrisa a Rebecca, en ese momento era una más de las visitantes y no la trataría diferente solo por tener un apellido importante y Rebecca estaba bien con eso porque no quería ser tratada de diferente manera.
Nam comenzó a caminar a través de los majestuosos pasillos del museo. Los techos altos y las paredes adornadas con artefactos y obras de arte de todo el mundo creaban una atmósfera de asombro en la menor de los Armstrong quien no sentía mucha emoción por su recorrido.
—Aquí tenemos una colección de esculturas egipcias que datan del periodo del Imperio Nuevo —explicaba Nam mientras pasaban por una serie de estatuas intrincadamente talladas—. Los detalles en estas esculturas nos cuentan mucho sobre la vida y las creencias de los antiguos egipcios.
Rebecca escuchaba con atención, sus ojos recorriendo cada pieza con curiosidad e intentaba leer las inscripciones rápidamente sin lograr quedarse con algo significativo.
—Es impresionante cómo cada pieza tiene una historia única —dijo Rebecca, deteniéndose frente a una estatua especialmente llamativa—. Me pregunto cuántas más historias no contadas hay detrás de estas paredes.
Nam sonrió
—Es cierto, cada pieza es como una ventana al pasado. Y eso es lo que hace nuestro trabajo aquí tan significativo.
Continuaron su recorrido, pasando por galerías que albergaban artefactos griegos, romanos, asiáticos y de muchas otras culturas. Finalmente, llegaron a la sala de restauración, una zona del museo que no estaba abierta al público en general.
—Y aquí es donde la magia realmente sucede —dijo Nam, deteniéndose frente a una puerta pesada de madera—. Esta es la sala de restauración, donde nuestros expertos trabajan para preservar y restaurar los artefactos.
Rebecca guardó silencio cuando escuchó un par de voces provenientes del interior. Reconoció la voz de Sarocha hablando con otra mujer. Ella quería saber de qué hablaban pero sabía que sería muy difícil, aún así decidió esperar a ser llamada y conocer la sala de restauración.
Dentro de ese salón se estaba dando una acalorada discusión académica entre la tutora y su asesorada.
—Entonces te dejare con tus dibujos y lo que te falta por pulir. Creo que podríamos sacar algun artículo de esas joyas
La mujer mayor se acercó a la puerta y la abrió topándose con la señorita Armstrong y la señorita Nam
—¡Buenas tardes! Lamentamos la tardanza, pueden pasar. Sarocha, tu discípula te busca; parece que necesita mucha ayuda.
La cara de confusión sobre lo que estaban hablando allí dentro definitivamente dejó sin palabras a Bec
—Por cierto, lindo encuentro con Vogue. Ya nos verás pronto a nosotros también en NatGeo y verás que también tenemos a nuestro círculo
—Yo...
No pudo decir nada frente a la doctora, de nuevo todos estaban siendo duros con ella, ya veía que en este mundo no sería bienvenida tan fácilmente.
—Señorita Nam, dejemos a las chicas a solas, este recorrido lo puede dar mi alumna, muéstreme esa nueva idea de exhibición
—Si doctora
Las mujeres salieron dejando a las chicas a solas, Becky suspiró, creía que todo estaría mejor pero al parecer aún no era tiempo
—¿Por qué son tan duros conmigo?— Rebecca odiaba expresar sus sentimientos con personas que no conocía
—El mundo no te va a complacer— contestó sencillamente Freen— ahora, debes seguir aprendiendo para seguir entendiendo
—No quiero encajar
—Lo sé, solo te estoy pidiendo que complazcas a tu audiencia
—Pero...
—Tú mejor que nadie debería saberlo, en el espectáculo no le caes bien a todos y solo unos cuantos te siguen así que has eso y estarás bien
—¿No me necesitan en su círculo?
—No Rebecca, recuerda que todo esto solo es profesional ¿Nunca habías trabajado en un equipo?
—No desde la preparatoria
—Bien, entonces solo mezclate. Si confías en el equipo ellos confiarán en ti
—¿Por qué sigues siendo amable conmigo?
—Está en mi naturaleza serlo, muchos dicen que soy muy suave pero si abusas de mi confianza es muy difícil que la recuperes
Rebecca se quedó en silencio agradeciendo la honestidad de Sarocha
—Bien, ahora vamos al recorrido
—Si— esa sería de las primeras veces que Rebecca agacharía la mirada ante alguien que no fuera de su familia
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