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Capitulo 12

Escuchando la conversación de quienes se encontraban al otro lado de esas puertas,  Jung Kook dudaba si salir iba a ser buena idea. No podía ver nada, pero su oído estaba atento a aquella voz, una que comenzó a resultarle familiar.


—Por favor, Yoon Gi...


Los ojos inundados en lágrimas de su hermano lo cegaron sólo por unos segundos. A Yoon Gi le resultaba irreal que sus padres fueran cazados; dos adultos tan experimentados como ellos, no podían caer tan fácilmente en las trampas de unos simples cazadores de los que apenas sabía algo. Pero, si bien las falsas lágrimas de Tae Hyung podían otorgarle un premio a la mejor actuación, Yoon Gi sabía que lo mejor era alejarse de allí.


—Vamos, salgamos de aquí —dijo de inmediato, terminando de colocarse apropiadamente sus prendas para luego cubrirse con su abrigo.


Por más obvia que fuera su situación, el peligris tenía la seguridad de que si se alejaban, Jung Kook no estaría en problemas. Su hermano podría haberlo olido perfectamente y hacer que la situación se volviera más complicada. Cediendo ante su llanto y ruego, tuvo la suerte de poder marcharse, aunque el hacerlo de ese modo después de lo que había hecho no le dejaría un sabor tan dulce en la boca.

Sin decir ninguna palabra durante el apresurado retorno al hogar, la sensación que Yoon Gi tenía se hacía cada vez peor. No podía despegar su mirada del castaño porque sabía que algo tenía que ocurrir una vez llegaran. Tae mantenía su actitud preocupada y hasta algo alterada,  por el modo en que se movía. Para ambos, el volver juntos en silencio les resultó incómodo, sobre todo a Tae. Sus manos fueron invadidas por un leve temblor involuntario que hicieron que Yoon Gi dejara de lado su sospecha. Aun así le era difícil confiar, Tae se pasó gran parte de su vida mintiendo y manipulando a todo el mundo, sus palabras y gestos nunca podían tomarse en serio.


El silencio en los alrededores de la casa era algo a lo que ambos estaban acostumbrados. Y, si bien sus padres tampoco parecían estar nunca, el que sólo se escuchara el sonido del viento entrando por las ventanas a medio abrir, descolocaban al peligris. Seguía dudando de todo, del ambiente, de la actitud de su hermano... Revisó las salas del primer piso, buscando alguna pista, algo que le dijera que allí había estado alguien ajeno a su familia, pero realmente no encontró nada. Todo estaba en perfecto orden.

Tae Hyung no se había movido de la sala principal, allí donde la gran chimenea seguía encendida. Observó las llamas fijamente, esperando a que su hermano volviera a él. Sabía que no tardaría en darse cuenta de que en realidad todo era mentira. Quería que volviera a estar con él, no soportaba el hecho de pensar que estaba con otro. El odio que sentía y esas ganas de cobrar venganza lo llevaron a pensar en esa situación. No podía sentirse más que satisfecho al completar el segundo paso, del cual había dudado.


—Todo está completamente bien, Tae— Yoon Gi le habló desde la distancia, sin intención de acercarse mucho—¿Qué quieres?


—No, no está bien. Sé que se los han llevado— el castaño se giró bruscamente para mirarlo, aún con los ojos cristalizados—Es una trampa, ellos dejaron todo intacto para que creamos que nada pasó.


—¿Cómo eres capaz de creerte tus propias mentiras? 


—¿Cómo eres tú capaz de creer en ellas?— drásticamente, el rostro triste del castaño se tornó diferente. Sonrió de lado, mostrado parte de su dentadura y metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón— ¿Estás cegado por el amor? 

   

Los celos de Tae Hyung eran más que notables y estaba claro que después de esa pequeña pausa silenciosa, algo sucedería. Yoon Gi no se movió de su lugar, no quería mostrar debilidad ante la inestabilidad de su hermano; dar un paso atrás podría ser un grave error y, antes que ser víctima de una inesperada emboscada, decidió pensar fríamente su próximo movimiento.

  

—No quiero hacerte daño, Tae.


El menor elevó un poco sus cejas, viéndose sorprendido por escuchar aquello. No creía que Yoon Gi fuera capaz de hacerle algo, incluso aunque él mismo diera el primer paso. Más allá de esa vez que recibió un golpe, era imposible que llegara a más. Por eso, sonrió levemente y siguió avanzando en su dirección, sin quitar las manos de sus bolsillos.


—Yo tampoco quiero hacerte daño, hermano. Pero a veces, hay cosas que son inevitables, no se pueden controlar— detuvo su  caminar frente al peligris, sin quitar la mirada de sus ojos—. Tú eres importante para mí, claro que no te dañaría. Pero eso no quiere decir, que no se lo haga a los demás, ¿verdad?


Dicho eso, Yoon Gi dio un rápido paso hacia atrás a punto de escapar. Se dio cuenta de que el castaño estaba ocultando algo en su bolsillo; no tenía intención de averiguar lo que era y, dado que estaba siendo de algún modo amenazado, decidió moverse. Tae Hyung tenía los reflejos más rápidos que su hermano,  por lo que cuando se percató de sus intenciones, lo único que hizo fue sacar la mano derecha de su bolsillo y, mientras que con la otra lo sostuvo por el cuello, rocío el líquido que guardaba en un pequeño frasco de vidrio.     

En ese momento en que la sustancia hizo contacto con la piel de Yoon Gi, éste sintió un leve ardor y seguido un fuerte mareo. Su cuerpo quedó débil, tanto que no pudo sostenerse por sí mismo. Tae Hyung lo abrazó y lo llevó hasta el sillón para dejarlo allí tumbado mientras observaba cómo sus ojos empezaban a cerrarse lentamente. Lo único que podía hacer para apartarlo de su camino era dejarlo dormir. El efecto podía durarle horas, según le dijo Ho Seok, a quien acudía cuando necesitaba ayuda. Tae Hyung sabía cómo aprovechar las oportunidades y más sabiendo que aquel chico se sentía atraído por él por mucha resistencia que pusiera ante su mirada depredadora.


—Tranquilo, Yoon Gi—se acercó al rostro de su hermano, teniendo la precaución de no tocarlo—. Cuando despiertes no recordarás nada.


Apenas escuchó eso, el peligris hizo un esfuerzo por abrir sus ojos y mover sus labios para decirle que se detuviera. Pero aunque lograra hacerlo, Tae no le prestaría atención. Estaba decidido a ir a por Jung Kook, sea como fuera y ese anillo debía sacarlo de su dedo, por las buenas o por las malas.

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