
Momento 4
No había visto su reflejo tan claro, en las aguas cuyo cuerpo descansaba, se notaba ojerosa y pálida, debido a la falta de sueño y mala alimentación.
Había pasado tan solo un día, pero ella lucia como un cuerpo sin vida, estaba tan demacrada que sentía lastima por sí misma. Lo que lo hacía mucho peor, por un momento cerro los ojos y trato de mantener su mente en blanco, recorrió con las manos su cuerpo, aun adolorido y cansado, era inevitable sentirse mal, tenía un sentimiento de odio hacia el Youkai muy grande, se sentía sucia, usada, como si la hubiera ultrajado contra su voluntad de la peor forma posible.
Y ahí es cuando se angustiaba y las lágrimas silenciosas recorrían sus mejillas, ella no había puesto resistencia, sino todo lo contrario, y aunque recordaba muy poco, tenía la certeza, esa sensación muy en el fondo de su alma, de que Sesshōmaru no mentía, él podía ser despreciable incluso un asesino, pero no era un violador.
Sesshōmaru podía poder llegar a ser muy malo, pero no en esos extremos, aunque Aome deseara echarle la culpa, no era justo.
Cuando regreso a la cabaña, el sol caía con lentitud en el horizonte, tiñendo en tonos naranjas toda su inmensidad, suspiro y mientras admiraba la puesta cepillaba con los dedos la humedad de su cabello, aun tenia puesto sus viejas prendas, solo que estas estaban un poco en mal estado.
Debía encontrar algo que ponerse o buscar sus cosas, recordó que siempre traía un atuendo de repuesto.
-"No puedo estar así"- se dijo así misma, debía ocupar su mente y el tiempo en alguna tarea, de lo contrario iba a volverse loca.
Así que termino de recolectar frutas, bayas y algunas hierbas medicinales, también volvió a la laguna y lleno un balde con sus aguas, recolecto ramas y trozos de madera, para encender una fogata.
No supo exactamente el motivo, tal vez solo quería sentirse a gusto, pero arreglo ese viejo lugar, cubierto de polvo y telas de arañas, lo dejo tan limpio que sintió admiración por sí misma, sobre una pequeña mesa de madera coloco un plato con las frutas, un pequeño jarrón con flores de diversos colores, le daba un toque menos sombrío, además de que desprendían un riquísimo aroma; encendió la fogata y puso una olla con agua cocinaría algo de comer, tal vez un guisado o una sopa de pescado, aprovecho esos minutos de cocción para separar las hierbas medicinales y prepara ungüentos.
-"Ahora luce mucho mejor"- murmuro sonriendo apenas, sacudió el polvo que cubría el viejo futon donde dormía, se sentó y espero en silencio a que la cena estará lista.
Se escucharon pasos a las afuera de la cabaña, el corazón se le encogió y se sintió paralizada, si era un monstruo o un bandido, no tenía con que defenderse, pero suspiro aliviada al ver que solo era un pequeño y peludo intruso.
-"Me asustaste"-lo regaño, aquel conejo la observo por segundos, con sus grandes ojos celestes, antes de volver a huir.
La vieja cortina se abrió con violencia, Aome dio un grito de espanto y se hizo hacia atrás del susto-"Eras tu"- dijo sin aliento, reconociendo al fin, la imponente figura del peli plata- "Creí que eras un monstruo"- llevo una mano hasta su pocho, sentía su alocado corazón chocar con fuerzas.
-"No hay monstruos aquí"- respondió este viéndola desde arriba, noto el cambio en el ambiente, la manera en que todo cambio, no solo en cuanto a la cabaña sino también en ella, parecía tranquila, pero era solo eso, una apariencia, porque la esencia de la joven miko estaba cubierta por la angustia, el odio y la soledad.
Ella lo observo por unos segundos, para luego fijar sus ojos sobre las llamas, no dijo nada, tan solo asintió y se dedicó a terminar de preparar su cena.
Realmente era muy incómodo, permanecer juntos en el mismo espacio, no se atrevía a hablarle mucho menos a mirarlo, ya sea por vergüenza o por temor de que reaccionara mal y le hiciera daño.
¡Genial, se había acostado con un hombre al cual le tenía miedo, su enemigo, y lo que lo hacía aun peor, era el hecho de fuera el hermano de Inuyasha!
Realmente se sentía abrumada., y no quería, no, ella era Aome Higurashi, la muchacha que no le tenía miedo a nada, aquella joven con el valor más grande que esta época haya visto. Si fue la causante de que la perla de shikon se rompiera en pedazos, y aun así sabiendo, por todo lo que tendría que pasar, por las veces en que su vida correría peligro, jamás se echó para atrás, ella no huía, no se daba por venida, y mucho menos lo aria ahora.
Y aunque le costara horrores convivir con Sesshomaru, se acostumbraría y acabaría por aceptar su triste realidad, se aria cargo de sus propios actos, porque Aome Higurashi, no era ninguna cobarde, pondría su mejor empeño en llevarse bien con este desagradable sujeto.
Alzo la vista decidida, mientras el solo observaba el resplandor de las llamas danzar en el centro de la habitación- "Sesshomaru"- lo llamo y cuando él fijo sus frías pupilas doradas sobre ella, se sintió indefensa, por segundos aquel valor, parecía esfumarse, más aun no se retractó-"Necesito- necesito buscar mis cosas"-titubeo, porque podía sentir una frialdad aplastante a cada frase que ella decía- "Mi- mi mochila, mi ropa y mi arco, también los fragmentos de la perla que llevaba conmigo"-solo deseaba eso, y se podía apreciar la súplica en el marrón de sus ojos, también había algo más, que no se atrevía a decir, quería hacer algo antes de comenzar su viaje en compañía del Youkai.
Sesshomaru la detallo en silencio, podía negarse o podía simplemente ignorar lo que ella decía y continuar como si nada, pero ¿entonces porque no lo hacía? Tal vez, por curiosidad, sabía que la humana decía las cosas a medias, ¿en verdad lo creía tan estúpido?, su olor la delataba, todo ella emanaba nerviosismo.
-"Haz lo que quieras"-soltó después de segundos que parecieron eternos.
Jadeo con sorpresa, porque estaba convencida de que él se negaría incluso se preparó física y mentalmente, para recibir amenazas.
Pero no esto, ahora solo estaba confundida.
-"¿Puedo hacerte una pregunta?"- su voz sonó como un murmullo, tal vez estaba hablando más de la cuenta, sabía que su "pareja" no era el hombre más comunicativo del mundo.
El no dijo nada, tan solo la miro de soslayo, Aome tomo esto como un estímulo-"¿Dónde están tus acompañantes?"
-"A salvo en las tierras del Oeste"
-"Me alegro que la pequeña Lin y ese sapo se encuentren bien"- lo dijo más para sí misma que para él, necesitaba darse un poco de aliento, de mantener su estado de ánimo lo suficientemente alto, para no cometer una locura.
Le costaría, pero Aome estaba decidida a llevarse bien con él, aunque en ciertos momentos lo odiara, y no soportara si quiera respirar el mismo aire, tenía que hacerlo.
Por su bien...
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