
18★
Las despedidas habían sido duras, pero por fin llegó el verano y las vacaciones. Echaría de menos a su madre y a su hermanita, pero ahora, más que nunca, estaba seguro que su sitio estaba en Madrid.
A la llegada al aeropuerto, Olivia no pudo contener las lágrimas. Sabía que partir de ese momento las cosas serían al revés. Robert viviría con su padre, y ella solo podría tenerle algunos fines de semana y vacaciones, si él lo deseaba. Su hermana pataleo, le pidió que no se fuera, incluso le amenazó con romper todas sus cosas si se iba.
— Vendré pronto, te lo prometo. Y tu también puedes venir a visitarme. Te prepararé una habitación llena de juguetes para cuando lo hagas. ¿Ok? — prometió haciendo que la niña se calmara.
— Te echaré de menos — dijo ella secándose las lagrimas, y extendiendo los brazos para que él la cogiera y la consolara. Robert sintió un cuchillo clavado en su corazón y él tampoco pudo evitar soltar algunas lágrimas.
El viaje se hizo largo. Su vida cambiaria mucho. Nunca había pasado más de dos meses seguidos en esa casa desde que se marchó. Planeo tantas cosas en su mente que deseaba hacer, que no veía el momento de llegar. Deseaba verla y abrazarla, y no tener que volver a despedirse.
Por fin llegó a Madrid. Y en el aeropuerto cogió un taxi de camino a casa. Sabía que su padre estaría allí esperándole, también Ina. Esperaba que también hubieran llegado todas sus cosas, o al menos que no tardaran demasiado. Reservó mesa en un asador, para comer con su padre. Si sus cuentas no le fallaban dispondría de al menos dos horas en casa antes de salir a comer.
Saludo a Ina, dándole un fuerte abrazo. Y ella no podo dejar de llorar, sabiendo que por fin tendría a su niñito querido en casa. Le quería como una abuela consentidora.
— Tu padre está en el despacho — informó animándole a ir allí.
Al acercarse a la puerta, pudo escuchar que mantenía una conversación con alguien así que llamó a la puerta para no interrumpir nada.
— Pasa — dijo su padre desde el otro lado, poniéndose en pie.
Se acercó a él y le dio un abrazo de bienvenida. No podía disimular lo feliz que estaba de que por fin hubiera llegado.
— ¿Que tal el viaje? — preguntó, con las manos aún en sus hombros.
— Cansado, pero bien. Tenía muchas ganas de llegar.
Al separarse, Robert reparó en la presencia de Sofía, que sonreía al ver la imagen desde el otro lado, junto a la mesa.
— Sofía, me alegro de verla. ¿ Que tal está? — saludó extendiendo la mano.
— Muy bien. Gracias. Tu padre me estaba contando que debías estar a punto de llegar.
— ¿Que tal está Abril? — preguntó de forma casual.
Sofía Resopló. — Está niña me tiene loca. Tan pronto está con una sonrisa de oreja a oreja que va llorando por los rincones. Y si la pregunto que la pasa, me dice que nada. Que yo no lo entendería. Me temo que saliendo con algún chico, pero sea quien sea, la está volviendo loca.
Robert puso una mueca intentando ocultar una sonrisa. El entendía perfectamente como se sentía, porque él se había sentido de igual manera todo ese tiempo.
— Ya... Adolescentes... Quién nos entiende. — Terminó diciendo Robert bromeando.
— Bueno. Yo os dejo solos, tendréis muchas cosas de las que hablar. — dijo Sofía, poniéndose de pie y recogiendo sus papeles. — lo revisaré en casa y te mando un mail esta tarde con las propuestas.
— ¿Y por qué no venís a comer? — interrumpió Robert. — De camino reservé mesa en un asador, pero seguro que pueden ampliarla para cuatro.— ofreció Robert sabiendo que pondría en un aprieto a Abril. Pero tenía tantas ganas de hacerlo formal que no veía la manera de hacérselo ver.
— Es una magnífica idea Rob. — Apoyó Alejandro.
— Os lo agradezco muchísimo, pero...
— No hay peros Sofía. Ese restaurante te va a encantar, es muy acogedor, tiene unas vistas preciosas y se come de maravilla. — Sofía sonrió, la propuesta sonaba demasiado bien para rechazarla, pero no le parecía justo entrometerse entre padre e hijo. — Créeme Sofía, me voy a hartar de ver a mi hijo por casa.— Insistió Alejandro.
— Lo siento Sofía, creo que no tienes escapatoria. — añadió Robert encogiéndose de hombros. Esperando no ponerla en un incómodo compromiso.
Sofía no sopo que decir, no sabía si estaba vestida acordé de los restaurantes que ellos solían frecuentar. Y Abril, esa niña cabezota podría empeñarse en ir en vaqueros al restaurante más lujoso de la ciudad. Y así se lo hizo saber.
— Tranquila Sofía. Está usted perfecta y si Abril quiere ir en vaqueros, haré yo juego con ella. Solo dame la dirección de tu casa y voy a buscarla, y mientras ... termináis lo que estáis haciendo. — Robert se moría de ganas por verla. Y darle una sorpresa así, era algo que seguro que no esperaba.
— Ok. Creo que tienes razón. No me dejas más escapatoria. — dijo con una amplia sonrisa, y apuntando la dirección, que obviamente él sabía de sobra.
— No la diga que voy para allá. A ver qué cara pone. Quién sabe, lo mismo la pillo con el novio ese.
Salió del despacho, dejando a ambos con una amplia sonrisa. Subió a su cuarto y se ducho rápidamente, se puso unos vaqueros y una camisa blanca. Y fue directo a coger la moto.
— Robert... Por qué no coges mi coche. — ofreció su padre, al verle pasar por delante. Sabia que siempre había querido conducirlo, y hoy se encontraba tan feliz que habría sido capaz de regalar la empresa a cualquiera que pasara por la calle. — Nosotros podemos ir en el de Sofía, si te parece bien. Y nos vemos allí. — le pregunto a ella.
Robert arrancó la "joyita" y salió en busca de su chica.
Aparcó justo en la entrada, cosa que había deseado hacer siempre, y llamó al timbre.
Abril apareció tras la puerta con un pijama de tirantes verde, con el pelo atado en despeinado moño, que dejaba sueltos perfectos rizos decorando su limpio rostro. No podía creerse que Robert estuviera allí de pie, frente a ella. Se sintió ridícula al recibirle así, ¿Pero como se le había ocurrido aparecer alli? Su madre estaría apunto de llegar. Deseaba abrazarle y enredarse en sus brazos pero se quedó parada de pie, con una sonrisa de oreja a oreja y sin palabras.
— ¡Buenos días! ¿No piensas ni darme un beso? — Pronunció Robert haciéndose el ofendido.
— ¿Que haces aquí? — dijo ella sin saber cómo reaccionar. — Mi madre puede aparecer en cualquier momento. — Abril miró detrás del chico esperando que no estuviera su madre observando.
— WoW! Si. Yo también te eché de menos. — Respondió sorprendido por su reacción.
— ¡No seas tonto! Claro que te eché de menos. Pensé que no te vería hasta mañana. — dijo mordiéndose el labio, con una sonrisa que no la cabía en la cara.
Robert entró en la casa sin dar explicaciones y ella no pudo aguantar más las ganas y se colgó de su cuello, enredando sus piernas en su cintura. Robert la abrazó tan fuerte como pudo y la besó.
— No podía esperar hasta mañana. — Susurró a su boca deseando subir a su cuarto.
— Pero mi madre estará apunto de llegar... Y si te ve aquí... — sus palabras temblaban en sus labios.
Abril no quería que se marchara, pero qué otra cosa podría hacer. Sin embargo, Robert no parecía tener ninguna intención de escucharla, ni de darla explicaciones, y siguió besándola, y acariciándola, sacándole la camiseta, y el pantalón del pijama.
— Robert, no me hagas esto — dijo ella entre dientes, sin dejar de besarle. — te prometo que se lo diré este verano, pero si viene y nos ve así…
Robert no contestó, solo la sonrió satisfecho de escuchar esa promesa. Y con ella entre sus brazos, subió los escalones hacia su habitación, preguntándose cuál de esas puertas sería. Deseaba disponer de más tiempo, y poder saborear cada rincón de su cuerpo, pero sabía que eso no era posible, así que solo entró en la habitación, la tumbó en la cama, dejándola solo con la ropa interior y se separó de ella lentamente.
— ¡Vístete! Nos están esperando.
Abril se apoyó sobre los codos, sin entender nada de lo que estaba pasando. Hacia un momento él estaba quitándole la ropa, y ella planeando escusas si su madre entraba. Estaba sofocada, anhelando tocarle y el ahora se había apartado y estaba husmeando en su armario, buscando algo para que se vistiera.
— ¿Nos están esperando? ¿Quién?
— Tu madre ... Mi padre...
Abril se quedó sin palabras, estaba más confundida aún.
— Tu madre estaba en el despacho con mi padre, así que no te preocupes que no nos van a pillar. Y yo no podía esperar a mañana para verte, así que la invité a comer. Bueno os invité.
— ¿Así que mi madre sabe que estás ...aquí?
Robert afirmó. — la dije que yo vendría a buscarte mientras ellos terminaban no se qué...
Robert miró el reloj. Si ella se vestía rápido aún disponía de media hora y en ese tiempo se podían hacer muchas cosas.
Volvió a tumbarse sobre ella en la cama, situando sus piernas desnudas alrededor de su cintura. Sintió él deseo crecer en ella con cada caricia. Beso su cuello, y respiró su aroma. Abril le quito la camiseta, dejando su torso desnudo, calentar el suyo. " Media hora. Podía hacerla el amor en ese tiempo. Ella estaba preparada, no le diría que no. Incluso podría echarle la culpa al tráfico si necesitaba más tiempo. Está vez no le preocupaba lo más mínimo llegar tarde" Sacudió la cabeza y deshecho esa idea absurda de la cabeza. Deseaba poseerla plenamente, pero no de esa manera, quería hacerlo sin prisas y que fuera especial. Contuvo el aliento, y el dolor de su creciente deseo bajo su pantalón.
Su respiración acelerada, poco a poco se fue calmando, y aún, tumbado en la cama, la sonrió.
— Tenemos que irnos. — Avisó Robert, dándola un corto beso y poniéndose en pie.
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