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"La perfección lo es todo, cielo."


Dos años después.

Madison llevaba varias horas manejando por la autopista. Su destino final era la ciudad de Sacramento y estaba a casi nada de llegar. Ella es originaria de San Francisco, ciudad de la cuál se iba por primera vez para formar su nueva vida. Siempre vivió dónde mismo, y todo esto era un nuevo reto para ella, todo gracias a él, Justin.

Justin es un hombre de treinta años, con un bar por abrir en la colonia más popular de su pequeño pueblo y con una pequeña hija de ocho años. Él conoció a Madison dos años atrás cuando visitó a un viejo amigo en San Francisco, desde ese día hubo un click impresionante entre ellos, solo que había un pequeño detalle... Justin seguía casado.

Tras varios meses esperando, ahora ella estaba allí, mudándose a casa de su novio.

Al estacionar su coche afuera de la gran mansión que solía ser de los padres de Bieber y que estos se la habían heredado, el castaño salió por la puerta entusiasmado por volver a ver a su mujer.

—¡Has llegado! —dijo con una gran sonrisa en sus labios. —Ansiaba verte de nuevo, Mad.

La rubia caminó rápidamente hacía él y lo abrazó tiernamente. —Yo también, pero por fin estamos juntos.

—Así es —contestó separándose de ella. Miró detrás de su espalda y señaló con su dedo índice. —¿Has traído varias cajas?

Madison volteó sobre sus talones y rió. —No, solo unas cuantas, recuerda que ahora viviremos juntos.

—Si —le tendió un beso fugaz. —Bueno, vale, hay que llevar tus cosas dentro.

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Él la sostenía fuertemente de sus caderas, moviéndola al ritmo de los latidos de ambos. Era increíble que ahora podría hacerle el amor cada noche.

Después de varios minutos, los dos soltaron un último grito lleno de placer y se desvanecieron completamente sobre la cama. Justin volteó a su derecha donde se encontraba ella con la respiración demasiado agitada. Sonrío al verla, era tan hermosa, realmente lo era. Se acercó y besó con dulzura su hombro descubierto.

—Eres perfecta —susurró. —Perfecta, mi amor.

Madison se sonrojó y acarició su pecho mojado de sudor. —Tú lo eres más, te amo.

—Yo te amo a ti. —la abrazó más contra él, necesitaba sentirla. —Olvidé decirte algo..

—¿Que pasa? —lo miró levantando sus cejas.

—Leslie vendrá a casa mañana, se quedará por unos días... —hizo una pausa y después continuó. —Espero no te moleste, Kate y yo nos turnamos a nuestra pequeña, una semana y una semana.

—¡Por supuesto que no! —contestó sonriendo. —Me encantaría conocerla.

Justin suspiró aliviado. —Ella es muy tierna, estoy seguro que se la llevarán muy bien.

—Ya verás que si, Biebs.

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Kate cepillaba a su hija, la cuál solo hacía gestos de dolor. No podía decir absolutamente nada, ya que no quería que su madre se enojara con ella, así que solo tenía que aguantar los jalones de cabello.

—La belleza cuesta, ¿lo sabías, verdad cariño? —preguntó la pelirroja seriamente mientras se miraba en el espejo del tocador.

La pequeña apretó los labios a causa de otro jaloneo. —Si mami, lo sé.

—¿Qué más sabes? —dijo esperando la respuesta de su hija.

—Que tú eres perfecta —contestó tratando de sonreír. —Y yo debo ser igual de perfecta.

—Exacto —afirmó dando una última cepillada en el largo cabello rubio de su niña. —La perfección lo es todo, cielo.

Kate tomó del mentón a Leslie y le sonrió. La pequeña solo le devolvió la sonrisa y después la abrazó.

Al separarse de ella, volvió a hablar. —Hoy conocerás a la novia de tu padre, sé buena niña.

Leslie solo se limitó a asentir con la cabeza.

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El timbre de la casa retumbó fuertemente. Justin bajó rápidamente las escaleras para llegar a la entrada principal y abrir la gran puerta. —¡Mi niña! —exclamó emocionado al ver a su hija delante de él.

La tomó entre sus brazos y la abrazó dando vueltas por el aire. Segundos después, sus piesitos volvieron a tocar el suelo. —Te extrañé papi.

—Yo más princesa —sonrió.

—Yo también estoy aquí —interrumpió Kate saludando sarcásticamente con la mano.

—Claro —contestó el castaño riendo y la besó en la mejilla. —¿Qué tal todo, Kate?

—Todo bien, gracias por preguntar. —sonrió mostrando su dentadura perfecta. —Y... ¿Vas a presentárnosla?

—Si papi, quiero conocerla —habló rápidamente la rubia menor.

Justin estaba a punto de gritar su nombre cuando ella apareció inmediatamente a su lado.

—Hola, soy Madison —se presentó con una sonrisa encantadora, y se colocó en cuclillas frente a la pequeña. —¿Tu debes ser Leslie, verdad?

La niña solo asintió. —Si, y ella es mi madre. —señaló a la pelirroja.

Madison miró a Kate. También era hermosa, y bastante, por un momento se sintió intimidada ante tanta... ¿Perfección?

—Hola, Madison —tendió su mano hacía ella. La rubia correspondió el gesto tomándosela. —Un gusto.

—El gusto es mío —respondió curvando sus labios.

Las dos se quedaron mirando por varios segundos. Madison sintió como su mirada era tan penetrante y no la quitaba de encima de ella.

Justin al sentirse un poco incómodo, decidió hablar. —La cena se va a enfriar, es mejor qué pasemos.

—Si, si —dijo Kate y después besó la mejilla de su hija. —Nos vemos en una semana, ¿de acuerdo? Estaré llamando.

Leslie sonrió. —Si mami, adiós.

Kate los miró una última vez antes de caminar hacía su coche y meterse al asiento de piloto. Justin se despidió a lo lejos con su mano, y con esta misma después tomó la mano de su ahora novia. La pelirroja sólo miraba la repugnante escena, cómo entraban los tres felizmente a la casa y cerraban la puerta detrás de ellos.

Kate encendió su bmw y suspiró agachando la mirada. —Esa debería ser yo, maldita zorra. —retomó la postura y prosiguió. —Te juro que volverás a tomar mi mano, no creas que te dejaré el camino libre, mi querido Jay... Esto apenas comienza.

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¡Hola mis niñas! Aquí el primer capitulo de esta macabra historia muajaja. Espero que les haya gustado, por favor dejenme sus opiniones sobre esto, estaría muy agradecida de saberlas. Voten y comenten, porfavor💖 gracias, las adorooo.

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