Pedazos de sueños quedaron regados, cómo vidrios de una bombilla rota que adornan el suelo... Uno tras otro cayeron mil sueños, y no sé sabe cuántos más caerán. Ahora se vuelve difícil caminar y no todos se atreverán.
Es un camino difícil para aquella que lo intenta cruzar, es un camino de rosas y espinas que sin duda alguna, la piel y el alma pueden rasgar.
Valiente es aquella alma que lo intenta, algunas no llegan ni a empezar. Otras se quedan varadas y retroceden cuando se cansan llegando a la mitad.
Al borde hay un premio para recompensar,
el valiente intento de romperse una y otra vez para llegar hasta el final.
Yo lo he intentado,
pero el juego no ha cambiado. Siguen existiendo los candados y las llaves perdidas,
lo callejones sin salida y un laberinto de confusión por cruzar,
para un mar de emociones desbordar.
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