El día de hoy era diferente; semi-nublado con estadísticas de la temperatura de unos 29°C. El aire fresco se colaba por las ventanas y así, en el salón de Psicología de memoria, se encontraba Catherine Mc Claire trabajando en un proyecto que las maestra les proporcionó. Era evidente que la Psicología era una carrera difícil de entender -al igual que cualquier otra -pero lo que si era verdadero, era que si lo hacías con pasión y dedicación, todo era más sólido y natural.
Hubo momentos donde ella estaba desorbitada y fuera de este mundo, se alejaba del exterior teniendo la mirada hacia un punto ciego de la pared, desenredando sus pensamientos, y hablando con el corazón.
Salió de la clase, y el inoportuno saludo de chico de ojos zafiro; Germain, sintió un desagrado y náuseas en el estomago. Era un tipo que no era para nada de su agrado.
¿¡ Qué persona te recrimina un casillero, que ni siquiera es de él?! Si, sólo ese tipo.
-¡Hola hermosa! -saludó el bellaco de Germain.
-Primera, no me digas hermosa -sus ojos mostraban un total coraje -, y segundo, ¿Qué quieres?
El parisino atónito, no musitó ninguna palabra y sólo se limitó a reír confuso.
-Sólo te saludaba y quería ver si ya me decías tu nombre -otra vez siguió de presuntuoso y elevó ambas cejas , esperando una respuesta por parte de una pelirroja bastante... molesta
-No te diré mi nombre -le habló mordaz, volteó los ojos, y dio media vuelta para marcharse con disgusto.
Siguió el día de la misma manera, los rayos de sol se reflejaban en el suelo y si, había estado hablando por teléfono con Edmond. Hablaban de cualquier tema espontáneo que se les viniera en la mente. Animales, política, economía, guerras bélicas e incluso del amor.
Más enamorada no pudo estar, al contestar el ojiverde la pregunta:
¿Qué es el amor para ti?
<< El amor es como una célula substancial, es la dopamina que nuestro cuerpo no quiere dejar, se absorbe en ella y sólo sucede. El amor ocurre de repente, como si el mundo se congelará de forma innata. Te envuelve en una ola de emociones, y te provoca el mejor de tus suspiros. Acelera tu corazón, y te engloba en mundo de la atracción y sensualidad>>.
Ese día, la pelirroja sonrió tanto; que los pómulos y la quijada le dolían, de lo grato que en ese momento era para ella, sonreír.
Hoy se verían, cerca de la Universidad de la pelirroja se encontraba un lago, lleno de exuberantes flores bien cuidadas y una paz interior inaudita.
Entró en la parte superior de lago, tenía una superficie de mil quinientas hectáreas, y estaba rodeado por un bello jardín de estilo inglés. "El lago de Saint Mandé" , como comúnmente se solía llamar, cuya arboleda y vegetación, le aportaban los colores y contrastes más bellos. El agua era deleitosa y ópticamente agradable.
Es uno de los más hermosos de Francia, también de los más conocidos, siendo el lugar de visitas preferidos para muchas familias, llegando a él con un sólo objetivo; gozar de la abundancia de sus jardines, y el dinamismo de sus aguas, pasar un día agradable y sobre todo, sereno. Alejados del estrés y la vida capital.
Sus ojos sólo se podían enfocar en el agua cristalina, y en las aves que chapoteaban, en los voluminosos charcos. Casi por reflejo, le pareció ver una sombra de un hombre, pero no le dio gran importancia, hasta que...
-¡Catherine! -una voz bastante familiar la hizo despegar su vista del lago, y luego posarla en el ahora ojiverde, parado frente a ella.
-¡Hola Ed! -saludó al chico con n abundante abrazo. Él, sonrió como un vil idiotizado y atolondrado adolescente, porque la chica que le gusta lo abraza.
El ojiverde se notaba diferente y eso, no pasó por desapercibido por Catherine. Traía los ánimos más...sobresalientes. Sus ojos se encontraban con un brillo bastante notorio, estaban envueltos en una ligera capa de cristal, casi imposible de describir.
-Te extrañé -la oración se dejó escapar de los labios de Catherine, a lo cual el ojiverde lo hizo sentirse incomodo.
-¿Por qué pelirroja? -cuestionó, y ahora estaba en una encrucijada.
-Porque hemos estado hablando mucho últimamente y eso hace extrañarte, el no verte físicamente -sus ojos ahora eran ¿Cabizbajos?
-Lo sé, quizás me extrañas, pero cuando era mi verdadero yo -frunció los labios, y se movía de un lado a otro, mostrando inestabilidad.
-¿De qué estás hablando?
-Extrañas al otro Edmond, Catherine -sus facciones se tornaron serias, y su mirada lo decía todo.
Estaba impotente, melancólico. Quería ser el de antes, mucho antes que le ocurriera el accidente. Quería ser el verdadero Edmond Monet, quería saber su pasado, el cómo conoció a la chica que ahora, estaba frente a él, con los ojos totalmente perplejos sin saber que decir.
El sentía algo, sentía que la conocía desde hace mucho tiempo. Dicen, que la reencarnación existe, y que por circunstancias de la vida, llegas a encontrarte con las personas que quizás en tu otra vida; estuviste comprometido o tuvo que ver algo contigo. Sientes una conexión inexplicable y tratas de buscar una razón lógica, del porque sientes conocerla anteriormente. Pero eso, era una ideología estúpida, porque la única razón era, que él había sufrido un accidente, perdió la memoria, y no sabía con total seguridad si ella era algo de su pasado.
Jugaron, rieron, daban moronas de pan a las inofensas y hermosas palomas, que se acercaban a ellos. Y la tensión llegó, en ese momento él la besó, y sintió como una llamarada de fuego se prendía por todo su ser. Por fin era el momento, el momento de que la pelirroja llevará al ojiverde a su casa...
El tránsito del lago a su casa, fue particularmente pacifico. No hubo interacción alguna , sólo había un eterno silencio que se quebró, al llegar a la casa de Edmond.
-Me encantó pasar la tarde contigo, me gustaría que se volviera a repetir -la pelirroja de forma coqueta le guiño el ojo, y él sólo dejó que sus pómulos rojizos se dieran a notar.
-El placer es mío, señorita -sus cejas se elevaron de forma seductora, y ella, suspiró suavemente.
<<Te amo tanto >>
Sólo esa frase se pegaba en sus pensamientos, cada vez que él decía algo que la hacía recordar al otro Edmond.
-Tengo que irme -sus ojos se englobaron en una ola de emociones nublosas, en escalas grisáceas.
-Lo sé, cuídate ¿De acuerdo?
-Lo haré -su voz era firme, y ella se despidió robándole un beso fugaz en la comisura de sus labios, para lo cual él sólo se tocó los labios atolondrado.
-Ed...
-¡Lo siento! No quería hacerlo, me fue inevitable -sus ojos ahora se reflejaban introvertidos.
-¡Au Revoir! -se despidieron, pero justo Edmond salió del auto, cuando su madre ya lo esperaba en el umbral de la puerta principal.
Su madre apresuró el paso, y se fue directamente al auto de la pelirroja:
-¡Hola señora Monet! -saludó a la madre de Edmond, con toda la naturalidad posible.
-¡Hola querida!, ¿Se ha portado bien mi hijo? -sus ojos eran firmes y serios. La pelirroja, para su desgracia, estaba prácticamente condicionada en cierto aspecto.
-Claro que si señora, sabe que Ed se porta muy bien -su sonrisa se ensanchó, y sus ojos se cerraron por un instante.
-Bien, quería hablar con usted señorita -rió con cierta burla, para tratar de no generar tensión en el ambiente que ya se estaba encapsulando.
-Ok, dígame -su preocupación aumentó ¿Será qué algo le pasa a Edmond? , sólo le quedaba escuchar a la madre de su amado.
-Muy bien -soltó un suspiro al aire y continuó -: Necesito aclarar unas cosas; primero, espero que mi hijo siga como lo he estado viendo estos últimos días, feliz y con los ojos brillosos -sus orbes se iluminaron, al mencionar como se hallaba su hijo.
-De eso, no se tiene que preocupar señora -apretó su hombro, y está sólo se limitó a sonreír.
-Pero hay algo más... -sus manos jugaban en sus piernas, y la pelirroja le sonrió mostrando seguridad -. Ahora que el fin de semana se fueron de viaje, encontré una caja. Esa caja, contiene todas las cartas y cosas que él nunca te dio... -dejo de hablar al notar que Catherine se quedó petrificada, era como si su cuerpo hubiera entrado a un estado de "Shock".
-Querida, ¿Te encuentras bien? -su mirada era expectante, no quería arruinar lo que había construido la pelirroja con su hijo pero, era justo que supiera la verdad.
-Claro, digo ¿Me podría dar esa caja? Hay cosas que tengo que saber y resolver.
-Lo sé, por eso decidí esperar a que llegarán -sonrió, y sujetó el hombro de Catherine con fuerza -: Necesito que abras esa caja cuando realmente estés segura, y lista de saber la verdad.
-Ok -sus ojos no se despegaban del vidrio de la ventana.
-Muy bien -entregó la caja llena de sorpresas que le traían a la pelirroja. En esa caja, contenía toda la verdad y la causa, del porqué hizo todo eso.
Quizás era el momento de afrontar el pasado, y tomar una decisión el cual venía el ojiverde de por medio.
El pasado te sigue, te persigue a donde vayas y bueno, eso era lo que ahora le pasaba a Edmond Monet.
Llegó a su casa, se sentó en su sofá favorito, y ese día con truenos, y la noche taciturna:
Catherine supo la verdad...
NOTA DE AUTOR:
¡¡HOLI ANONYMES!! ¿Cómo están?
Aquí esta el capítulo de hoy, les viso que ya será así, todos los fines de semana subiré capítulo, ya que se me ha hecho muy pesado en los otros días.
También comentarles que el día de hoy, les estaré dejando algunas pistas de mi "libro sorpresa" Espero les agrade y puedan ir a verlo cuando lo publiqué, que será el día de mañana =3
¡Gracias! por sus comentarios y no dejen de votar ¡Por favor!
¡Nos vemos en el otro capítulo!
Se despide de ustedes...
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