Midnight call
El timbre del teléfono fijo comenzó a sonar justo cuando la primera gota de lluvia cayó.
Mingyu seguía dormido, pero abrió los ojos.
No se molestó en deshacerse de la manta que había tomado de la habitación antes de caer rendido sobre el sillón de la sala, simplemente se aferró al calor que esta le proporcionaba y recorrió con pasos lentos el camino hasta el teléfono.
Sintió con sus dedos el viejo teléfono y percibió el frío deslizarse a través de su piel. Suspiró y descolgó.
—Hola. —Fue lo que escuchó desde el otro lado de la línea.
Mingyu se aclaró la garganta, tapando momentáneamente la bocina, y trató de reprimir su sonrisa mordiendo su labio.
—Estuve esperando tu llamada.
Una risilla coqueta se escuchó y la sonrisa de Mingyu se ensanchó.
—Siempre dices que la esperas. Pensé que ya habrías cambiado el número —bromeó la voz melosa.
—No podría hacerlo —aseguró Mingyu—. Sabes que siempre espero tu llamada, Kwannie.
El reloj de pared fue el único sonido que se escuchó por unos segundos. Cuando Mingyu se fijó en la hora apenas había dado la media noche.
—¿Llegaste a Jeju? —indagó a pesar de saber de antemano la respuesta.
Seungkwan tardó unos momentos en hablar.
—El mar me recuerda a ti —cambió de tema—. ¿Qué tal estás tú?
—Bien —respondió Mingyu tratando de no vacilar. Aferró la manta que llevaba sobre sus hombros y se dejó embriagar por el aroma que se mantenía impregnado en la tela—. He estado pensando en ti.
—Me pregunto si es un pensamiento recurrente —se burló Seungkwan.
Las mejillas de Mingyu ardieron ante el comentario.
—Lo es. No te habría propuesto matrimonio si no te la vivieras en mi cabeza.
—Tonto —se quejó Seungkwan, y Mingyu adivinó que el chico estaría haciendo un adorable puchero.
—Te amo —declaró entonces. Miró el bonito anillo en su dedo anular y contuvo su aliento.
—Yo también te amo.
—¿Me amas como el mar? —Mingyu dejó a sus caninos asomar.
—Te amo como el mar.
La voz de Seungkwan era el sonido favorito de Mingyu. Le gustaba como hablaba, la manera en la que sus mejillas se abultaban cuando sonreía y los bonitos lunares que adornaban su piel.
Seungkwan era el poema más precioso para Mingyu.
—Seungkwannie, déjame preguntarte algo.
—Dime.
Mingyu frunció sus labios y desvió la mirada hasta sus pies descalzos.
—¿Cuándo regresarás?
—¿Importa? —cuestionó Seungkwan.
—¡Claro que importa! Yo... te extraño.
El silencio se apoderó de la llamada por un rato que pareció una eternidad para el moreno.
—Yo también te extraño.
Mingyu tragó en seco, sintiendo las palabras tan desgarradoras como el día en que Seungkwan se fue. Tomó el teléfono fijo y lo llevó con él hasta la alfombra, cuidando que la conexión se mantuviera estable mientras se acomodaba sobre la suave tela.
—Te esperaré —aseguró, parpadeando lento y jugando con el borde de la manta que llevaba.
—No hace falta.
—Pero quiero hacerlo.
—Sabes que no necesitas aguardar a verme una vez más para saber que te amo.
—Lo sé —reprochó Mingyu—. Pero te esperaré. Lo haría aunque tardaras toda una vida.
—Gyu...
—Seungkwan —dijo, su voz sonando como un lamento—. Por favor...
—No puedes dejar pasar tu vida así, se te escapará entre tus dedos y, cuando más lo desees, te darás cuenta de que no tendrás más tiempo.
—¿Por qué me dices esto? —indagó y esperó pacientemente la respuesta—. ¿Seungkwannie? ¿Seung...?
La línea quedó muerta y Mingyu vaciló. Soltó el teléfono solo para darse cuenta de que ahora pasaba de media noche.
Se envolvió con la manta en el suelo del departamento y se hizo un ovillo. Contó hasta que llegó al 100 y se incorporó. Volvió a tomar el teléfono y marcó el número que anteriormente lo llamó.
"¡Hola! Estás hablando al teléfono de Boo, deja un mensaje después del bip y me comunicaré contigo en cuanto pueda."
Lo intentó una vez más.
"¡Hola! Estás hablando al teléfono de Boo, deja un mensaje después del bip y..."
Mingyu mordió su labio tan fuerte que lo sintió sangrar.
Lo intentó una última vez, apretando los números tan brusco que las teclas quedaron marcadas en sus dedos.
"¡Hola! Estás hablando al teléfono de..."
Suspiró.
Mingyu odiaba a Boo Seungkwan. Lo odiaba tanto que incluso se arrepintió de haberlo amado.
Porque amar a Seungkwan fue lo más doloroso que le pasó en la vida. Y, a pesar de eso, lo volvería a hacer.
Maldijo su voz melosa , su cabello dorado como la arena de una playa virgen y sus ojos castaños.
Si jamás lo hubiera conocido...
Si nunca se hubiera enamorado...
Si no lo hubiera dejado ir a Jeju solo...
Mingyu despertó.
Frotó sus ojos y se estiró un poco. Seguía en el piso y estaba enredado entre los cables del teléfono fijo.
Aferró la manta favorita de Seungkwan a su cuerpo y se dejó embriagar por el cada vez más imperceptible aroma de su prometido.
A pesar de querer levantarse e irse, se hizo otra vez con el teléfono. Marcó al buzón de voz y cerró los ojos, jamás preparado para el mensaje grabado.
"Mingyu, cariño. Te amo, te amo tanto como amo el mar, ¿te lo he dicho?
Te amo como amo las puestas del sol y los poemas que me escribiste.
Sé que es medianoche, pero no estoy seguro de que el avión...
Gyu, perdón por no poder regresar contigo. No tienes que esperarme más.
Te amo. Te amo como el mar."
Mingyu miró sus paredes despintadas, llenas de recuerdos vacíos y fotografías dolorosas.
Tenía mucho trabajo por hacer.
Solo le quedaba esperar una vez más.
A medianoche quizá Seungkwan lo llamaría de nuevo.
uh... la vdd ni yo sé q escribí (Ծ‸ Ծ)
cualquier duda pueden preguntar, aunque no prometo saber la respuesta jaksja
gracias por leer ( ˘ ³˘)
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